Súper Google, un fantasma que asusta al mundo

El joven gigante de Silicon Valley ya se halla en condiciones de escrutar -¿espiar?- hábitos de compra o consumo monitoreando millones de personas físicas y jurídicas. A eso puede llevarlo el control de quienes usan computadoras y celulares.

17 diciembre, 2009

<p>Existe un nuevo s&iacute;ndrome con nombre propio, &ldquo;<em>fog</em>&rdquo;. En ingl&eacute;s, <em>fear of Google</em>; f&aacute;cilmente traducible como &ldquo;<em>mag</em>&rdquo;, miedo a Google. Ese temor radica en el peligro, t&iacute;pico en internet, de que el megamotor de b&uacute;squedas monopolice flujos de datos y conocimientos.</p>
<p>En realidad, <em>fog</em> o <em>mag</em> datan de 2004, cuando la compa&ntilde;&iacute;a fundada por Lawrence Page y Serge Brin (septiembre de 1998) empez&oacute; a perfilarse como un pulpo de tecnolog&iacute;a inform&aacute;tica. Hace cinco a&ntilde;os, todav&iacute;a, las pretensiones de organizar el conocimiento universal sonaban ingenuas. Hoy ya no lo son.</p>
<p>La veloz expansi&oacute;n de &ldquo;s&uacute;per Google&rdquo;, paralela a la de tecnolog&iacute;as potentes y ubicuas, desvela a gobiernos, empresas y, claro, a Silicon Valley. Por supuesto, a la vanguardia de los miedos surge los mapas de Street view, que varios pa&iacute;ses y organismos no gubernamentales ven como amenazas a la privacidad de las personas.</p>
<p>Las aprensiones no se limitan a un motor que controla 65% del mercado norteamericano de b&uacute;squedas, sino que apuntan a otras tecnolog&iacute;as capaces de radiografiar rincones cada d&iacute;a m&aacute;s remotos de la realidad. El sistema <em>G-mail </em>escruta electr&oacute;nicamente los mensajes y env&iacute;a avisos personalizados a los usuarios. En este plano, el futuro depara muchas inc&oacute;gnitas relativas a comunicaciones celulares, terreno donde Google est&aacute; ingresando v&iacute;a la plataforma Android o los sistemas <em>Google Voice </em>(voz) y <em>Google Wave </em>(onda).</p>
<p>No obstante, todav&iacute;a los negocios dominantes se vinculan a los 800 millones de computadoras que se activan diariamente alrededor del planeta. Este universo involucra sistemas como la &ldquo;biblioteca universal&rdquo;, <em>Google News </em>o <em>YouTube</em>. En verdad, s&uacute;per Google podr&iacute;a ya mismo elaborar perfiles individuales o colectivos cada vez m&aacute;s articulados. No s&oacute;lo en cuanto a comprar online sino, adem&aacute;s, reservar entradas, pasajes o alojamientos. Todo ese conjunto de servicios cubre tambi&eacute;n reparticiones p&uacute;blicas, bancos, empresas, etc.</p>
<p>Por supuesto, Google se defiende negando comportamientos u objetivos monop&oacute;licos y sosteniendo haber respetado el lema de sus creadores, &ldquo;no hacer da&ntilde;o&rdquo;. Sin embargo, un casi ilimitado poder inform&aacute;tico y su concentraci&oacute;n en un solo pa&iacute;s, Estados Unidos, le permite licuar modelos de negocios en sectores enteros. Por ejemplo, diarios en perpetua crisis &ndash;que lo diga Rupert Murdoch — o televisi&oacute;n, v&iacute;ctima de <em>YouTube</em>. En resumen, <em>fog</em> o <em>mag </em>se justifican.</p>
<p>En esencia existe un factor aun m&aacute;s peligroso. La aceleraci&oacute;n misma del desarrollo tecnol&oacute;gico de Google genera escenarios econ&oacute;micos, sociales, jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos hace poco inimaginables. Todav&iacute;a hoy pocos los captan y casi nadie podr&iacute;a afrontarlos. <br />
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