Debate sobre regular o no regular las big tech
Dos posiciones frente a esta economía de las “súper estrellas”.
Una dice que hay que dejarlas que sigan haciendo lo que hacen, que disfruten el producto de su creatividad, de su innovación y de su eficiencia. Ya llegará el momento en que arriben otras a quitarles la corona. La otra posición es que los reguladores deben intervenir ahora. Según esta óptica es necesario que los gobiernos intervengan para impedir que los monopolios ahoguen la innovación futura. Una posibilidad es dividir las compañías más grandes.
Los reguladores podrían decidir que una compañía no puede tener una plataforma y además ofrecer allí sus productos. Este es el argumento que expresó hace pocos días la precandidata presidencial por el partido Demócrata en Estados Unidos, Elizabeth Warren. Otra postura, expresada también recientemente por el Digital Competition Expert Panel de Gran Bretaña, propone regular la conducta de los grandes grupos digitales en lugar de cambiar su estructura.
Los reguladores podrían insistir en que haya estándares para el intercambio de datos e interconexión con jugadores establecidos para que los competidores pequeños puedan crecer sobre o alrededor de las plataformas existentes. Hay muchas dudas sobre este tema. Primero porque siempre existe la posibilidad de que los organismos reguladores cometan injusticias. Segundo porque es difícil definir cuáles son las compañías que pueden ser consideradas súper estrellas.
Hay otra posibilidad que proponen Germán Gutiérrez y Thomas Philippon, economistas de la Universidad de Nueva York. Sugieren elegir las 20 compañías más valiosas en la economía estadounidense y las cuatro más valiosas en cada uno de los sus 60 sectores económicos, sean digitales o no; sean muy productivas o no.
Tamaño y productividad
Según este punto de vista no siempre las súper estrellas de la economía estadounidense son muy grandes o muy productivas. Cualquier grupo grande contribuye a la productividad de la economía general de dos maneras: directamente, generando productos e indirectamente absorbiendo recursos de jugadores menos productivos. Ambos catedráticos sugieren que la contribución directa que hacen a la economía del país las principales compañías, es más pequeña que antes, pero la indirecta no aumentó lo suficiente como para compensar.
Esto puede deberse a que es muy difícil medir productividad, especialmente en servicios y todavía más en servicios brindados gratuitamente a cambio de datos y de atención. Pero el opacamiento de las "estrellas" puede ser real y sorprende porque hemos convertido a los grandes grupos digitales en símbolos de escala y poder de mercado. La economía norteamericana tiene un problema de monopolios; la concentración crece en casi todos los sectores.
Las compañías ganan menos aumentando eficiencia y más aprovechando su poder para fijar los precios. Lo cierto es que ahora el camino se ha puesto más difícil para las grandes empresas tecnológicas (Big Tech) que ahora deben sortear un entorno regulatorio más duro. Más inmediatamente, podrían ser penalizadas en Europa. Bruselas está a punto de multar a Google por obstaculizar a posibles anunciantes de buscadores rivales.
Spotify hizo una denuncia antimonopólica ante la UE acusando a Apple de abusar de su dominio del Apple Store para favorecer a su propio servicio Apple Music. Hay muchas herramientas para impedir que los líderes tecnológicos desplacen injustamente a competidores nuevos y la queja de Spotify señala una de ellas.
Impacto del modelo de negocios
Para completar el cuadro, baste tener en cuenta que todos los días muere un modelo de negocios. Y que cada día aparece uno nuevo. Negocios tradicionales, exitosos, convencionales, no ven venir el riesgo y de pronto, un recién llegado los desplaza, los supera, y hasta les extiende el certificado de defunción. No es solamente la disrupción tecnológica (aunque tiene mucho que ver). A veces basta con interpretar lo que piensa el cliente, la experiencia que está esperando que le brinden.
Pero eso no es todo. El escenario lo completan una tendencia irresistible a fusiones y concentraciones que hace que cada vez haya más gigantes en el mundo corporativo, y además el encumbramiento de las poderosas big tech, empresas que a lo mejor no existían hace diez años y hoy están al tope por su valor de capitalización. La primera empresa en llegar a un valor de US$ 1 billón (millón de millones) ha sido Apple. Pero cerca, listos para alcanzar esa marca están también Amazon y Google. Todas ellas (las llamadas big tech) tienen un valor superior al PBI de muchas naciones industrializadas.
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