Por Ivan Dackiewicz (*)
La inteligencia artificial está acelerando el desarrollo de software como nunca antes. Sin embargo, junto a esa velocidad aparece un efecto menos visible: ¿esa velocidad realmente se traduce en mejores resultados de negocio?
A medida que el desarrollo se vuelve más asistido por IA, aumenta la cantidad de código que se incorpora a los proyectos sin una comprensión profunda. Cuando el volumen de código crece y las propuestas aparecen constantemente, el desafío es que las organizaciones no siempre logran sostener el control al mismo ritmo. Lo que antes se analizaba en detalle, ahora termina aprobándose sin una revisión profunda.
En este contexto aparece un riesgo conocido en el mundo del software: la deuda técnica. Se trata de sistemas que funcionan, pero que con el tiempo se vuelven más difíciles de mantener, escalar o modificar. El código generado por IA puede resolver un problema puntual, pero no siempre respeta los estándares del proyecto, la arquitectura del sistema o las decisiones de diseño que tomaron los equipos.
La inteligencia artificial no introduce este problema, pero sí lo amplifica. Si una organización no tiene criterios claros sobre cómo se construyen sus sistemas, la IA no corrige eso: lo acelera.
(*) Solution Architect en Flux IT












