La soberanía de datos se posiciona como un aspecto clave en la toma de decisiones estratégicas de las empresas para 2026, cuando el 94% de las compañías globales ya utiliza servicios de nube pública y el mercado cloud podría acercarse a los US$ 950 mil millones, según estimaciones de la industria.
Durante más de una década, la migración hacia la nube pública estuvo motivada por la agilidad, escalabilidad y eficiencia de costos. Sin embargo, la presión regulatoria y la fragmentación de normativas llevan a las compañías a cuestionar la localización y el control de sus datos sensibles. Más del 82% de los responsables de decisiones cloud identifica la gestión de costos como una barrera crítica, mientras que la exposición a riesgos regulatorios, geopolíticos y operativos obliga a revisar la arquitectura tecnológica.
Diego Cigna, Hybrid Cloud Practice Manager para Argentina, Uruguay y Paraguay, sostiene que esta tendencia se acelera en distintas regiones: “Se está dando en varios países, sobre todo en Europa, y también en Latinoamérica. Tiene que ver con la protección de los datos, una mezcla de realidad y percepción, y con el entendimiento de que las grandes nubes públicas están sujetas a legislación extranjera, particularmente la de Estados Unidos, sin importar dónde se encuentren físicamente sus centros de datos”.
La existencia de normativas como el CLOUD Act en Estados Unidos convierte a la soberanía de datos en un factor tangible de evaluación de riesgos. En sectores regulados, datos financieros y bancarios resultan los principales candidatos a migrar hacia nubes que garanticen soberanía local, mientras la banca tradicional mantiene información crítica en infraestructuras controladas localmente.
En América Latina, surgen alternativas como la infraestructura de Antel en Uruguay y el rol de ARSAT en Argentina, que abren la posibilidad de plataformas con capacidad de soberanía nacional para organismos y cargas sensibles. “El desafío es equilibrar control, cumplimiento y costos operativos sin resignar innovación”, resume Cigna.
Así, 2026 se perfila como el año en el que las organizaciones redefinen qué nube utilizan, bajo qué reglas y en qué jurisdicción, en un entorno donde el dato se consolida como un activo estratégico.












