sábado, 17 de enero de 2026

¿Debería su empresa reducir la inversión en IA… por ahora?

Una reciente provocación de HBR desafía la urgencia del “más IA, siempre”: ¿es momento de frenar o recalibrar las inversiones en inteligencia artificial?

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La inteligencia artificial se ha convertido en la gran apuesta de los líderes corporativos: “el futuro”, bajo control, sin escasez de recursos ni objeciones. Pero un nuevo ensayo en Harvard Business Review —escrito por Ramyani Basu, asociado en Kearney— rompe este ritmo vertiginoso. ¿Vale la pena seguir invirtiendo sin pausa en IA?

Desde grandes despliegues automatizados hasta prototipos de laboratorio, la narrativa dominante impulsa a las organizaciones a escalar, escalar y escalar en IA, confiando en la promesa de productividad, eficiencia y ventaja competitiva. El volumen global proyectado de inversión en IA superará los 630 mil millones de dólares hacia 2028  . Pero, ¿a qué costo?

Basu propone una pausa estratégica: antes de seguir inyectando capital, las empresas deberían evaluar la madurez de sus modelos de negocio, los retornos reales generados y el nivel de preparación organizacional. Una analogía clara: si una startup recibe financiación pero no valida su producto, crecerá… hacia el abismo.

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¿Por qué esta reflexión es tan relevante ahora? Muchas implementaciones de IA se asientan sobre estructuras frágiles: datos incompletos, procesos fragmentados, escasa cultura tecnológica. Sin una base sólida, las inversiones aceleradas desembocan en fracasos tardíos, desalineación entre tecnología y propósito, e incluso pérdida de confianza interna.

El artículo sugiere un enfoque más prudente: “evaluar qué soluciones aportan valor real, probar en entornos controlados y escalar solo después de confirmarlo con hechos”. Así, las organizaciones evitan gastar en modas pasajeras y refuerzan la confianza en el cambio tecnológico como motor sustentable.

Este matiz es clave en un ecosistema donde el retorno de inversión (ROI) de la IA se presume elevado, pero raramente se simula con rigor. La pregunta ya no es si es crítico invertir en IA —eso quedó claro hace tiempo—, sino cómo y cuándo hacerlo sin comprometer la coherencia estratégica.

La lección para los directivos y gerentes digitales es contundente: pausar no es desistir. Es calibrar. Alinear metas, capacidades y consecuencias. Una inversión consciente, no frenética, que prioriza resultados y aprendizajes antes que velocidad.

 

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