En la historia de la guitarra eléctrica, ciertos nombres quedan asociados a un instrumento como si fuera una extensión física de su cuerpo. En el caso de Jim Campilongo, esa fusión se da con la Fender Telecaster. Desde mediados de los años noventa, este músico nacido en San Francisco ha construido un sonido reconocible y, sobre todo, personal: un fraseo que puede ser delicado o feroz, un timbre que se adentra en el jazz sin abandonar la tierra del country, y una forma de improvisar que convierte cada concierto en un territorio impredecible.
Campilongo subirá al escenario de Bebop Club en Palermo para su tercera visita a Buenos Aires. Lo acompañarán tres músicos de peso en la escena local: Mariano Otero en bajo, Nana Arguen en guitarra rítmica y Sergio Verdinelli en batería. No será solo un encuentro con uno de los guitarristas más respetados del circuito internacional, sino la oportunidad de verlo en el formato que mejor le sienta: un grupo reducido, sin artificios ni sobrecargas, donde el diálogo entre los instrumentos es tan importante como las notas que se tocan.
La voz de la Telecaster
Campilongo es, ante todo, un intérprete que cree en la simplicidad. Fiel a su Telecaster de 1959, evita el uso de pedales de efectos y prefiere obtener cada matiz directamente de la guitarra y el amplificador. El suyo es un lenguaje construido a partir de recursos mínimos: cambios en la intensidad del ataque, variaciones de tono con el control de volumen, uso del vibrato natural de la mano izquierda. Para él, la Telecaster es un instrumento capaz de “cantar” como una voz humana, con la capacidad de transmitir emoción sin depender de artificios.
Esa búsqueda estética lo emparenta con leyendas como Roy Buchanan, Don Rich o Roy Nichols, pero Campilongo nunca se limitó a la nostalgia. Sus composiciones incorporan giros armónicos del jazz moderno, pasajes de blues y un sentido rítmico que remite al R&B y al rock. Lo suyo es un mapa sonoro que une distintas tradiciones de la música estadounidense sin borrar las fronteras entre ellas.
De California a Nueva York
Su carrera comenzó en la costa oeste a mediados de los noventa, al frente de Jim Campilongo and the 10 Gallon Cats. Allí estableció la base de su estilo: country instrumental con un pie en el swing y el otro en el rock. Pero fue su mudanza a Nueva York en 2002 la que expandió su horizonte. En esa ciudad formó su Electric Trio, un formato que le permitió explorar con más libertad el espacio y la dinámica.
En paralelo, cofundó The Little Willies junto a Norah Jones, un proyecto que navegó por el country clásico y que lo acercó a un público más amplio. Aun así, Campilongo mantuvo un perfil bajo: la suya siempre fue una carrera más ligada a la consistencia artística que a los rankings de ventas.
Una discografía de referencia
A lo largo de tres décadas, Campilongo ha editado una quincena de discos. Entre ellos, varios se han convertido en puntos de referencia para entender su lenguaje.
Su debut con Jim Campilongo and the 10 Gallon Cats (1996) mostró la energía cruda de sus primeras composiciones, con una guitarra al frente y arreglos mínimos que dejaban espacio para la improvisación. Dos años más tarde, Table for One (1998) reveló un costado más introspectivo, con melodías que jugaban con el silencio y la tensión armónica.
En American Hips (2003), ya instalado en Nueva York, combinó la calidez del country con la sofisticación del jazz urbano, un equilibrio que se volvería marca registrada. Heaven Is Creepy (2006) amplió ese territorio con temas de estructuras menos previsibles y un clima más oscuro, casi cinematográfico.
Orange (2009) confirmó su capacidad para reinventar el formato del trío eléctrico: fue un disco vibrante, con grooves que alternaban delicadeza y furia. En Dream Dictionary (2014) volvió a apostar por climas evocativos y un tono más melódico, mientras que Last Night, This Morning (2016) condensó la experiencia de años de giras en grabaciones que transmiten la inmediatez del vivo.
Su álbum más reciente, She Loved the Coney Island Freak Show (2024), al frente de un cuarteto, lo encuentra en plena madurez creativa: composiciones precisas, ejecución sin fisuras y ese inconfundible sonido de Telecaster que lo ha acompañado desde siempre.
La experiencia en vivo
Quienes lo han visto en directo coinciden en un punto: Campilongo no se limita a reproducir sus discos. Cada interpretación es distinta, marcada por la interacción con sus compañeros de banda y por la respuesta del público. Esa elasticidad es la que convierte sus shows en eventos únicos.
En Bebop Club, su repertorio probablemente incluya temas de sus trabajos más celebrados, versiones personalísimas de clásicos y pasajes improvisados que solo existirán en esa noche. La presencia de Otero, Arguen y Verdinelli garantiza un contrapeso local a la propuesta: músicos que entienden el valor del espacio, del silencio y de la escucha atenta.
Un artista de culto
Aunque su nombre no figure en las listas comerciales, Campilongo ha construido una reputación sólida entre músicos y críticos. El New York Times lo elogió por su “conocimiento astuto” de los estilos norteamericanos, mientras que The New Yorker destacó su habilidad para capturar matices que pocos guitarristas logran. Fender, por su parte, le dedicó un modelo Telecaster Signature, un reconocimiento que solo reciben aquellos cuya identidad artística está profundamente ligada a un instrumento.
Más allá de los premios o las colaboraciones con figuras como Norah Jones, Cake o J.J. Cale, lo que distingue a Campilongo es la coherencia. Desde su primer disco hasta el más reciente, ha mantenido una voz propia, reconocible desde las primeras notas. Su música no persigue modas ni busca impresionar por velocidad: se concentra en decir algo con cada frase.
La cita
La presentación de Jim Campilongo en Bebop Club es una oportunidad para escuchar de cerca a un guitarrista que ha hecho de la honestidad musical su sello. Con una Telecaster en las manos y tres cómplices en el escenario, desplegará un repertorio que une la tradición y la exploración, la calma y el vértigo.
En un mundo donde la música tiende a consumirse como fondo, la propuesta de Campilongo es un acto de presencia: un sonido que pide ser escuchado con atención, como si cada nota fuera una historia que se cuenta por primera y última vez.
Jim Campilongo se presenta en Bebop Club (Uriarte 1658, Palermo Soho) el sábado 9 de agosto, con funciones a las 20:00 y 22:30 h. Entradas disponibles en Passline y en la boletería del club.












