miércoles, 22 de abril de 2026

    Con el acento en el futuro

    Andersen Consulting ya no es más Andersen Consulting. Y esto no tiene que ver únicamente con su separación definitiva de Arthur Andersen, formalizada en agosto por un arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional. Tampoco se resume sólo en la adopción de su nuevo nombre, Accenture. El cambio es más profundo y representa, en parte, el futuro mismo de la consultoría.


    “La separación de la empresa y el cambio de marca coincidió con la finalización de un proceso de planeamiento estratégico que delineó una nueva misión para Andersen Consulting: la ampliación del alcance del negocio”, señala Daniel Nycz, presidente de Accenture en la Argentina.


    “Nuestra definición interna apuntaba a reinventar la consultoría hacia el futuro. Ahora pretendemos ser más que una firma consultora. La idea es que las empresas que necesitan nuestros servicios profesionales nos vean como sus socios”, argumenta Nycz.


    Para llevar a cabo este objetivo, la flamante Accenture agregó formalmente dos áreas de negocios nuevas a las tradicionales unidades de consultoría, tecnología y outsourcing. Una es la de alianzas y la otra la de venture capital.


    Para el presidente local de Accenture, “el mercado podría estar cerca de la saturación, hay muchos competidores. Para conseguir un crecimiento de 20% anual ­que fue nuestra velocidad histórica­ necesitábamos una línea distinta de servicios”.


    La firma materializa de esta manera la tendencia ya arraigada en las grandes consultoras de cobrar los honorarios profesionales con participaciones en empresas y de realizar inversiones directas en negocios atractivos.


    “De las utilidades del año que terminó, alrededor de 20% proviene de la rentabilidad de compañías en la que somos socios a través de nuestra unidad de capital de riesgo”, señala Nycz, quien además aclara que hasta ahora estas inversiones generaban buenos resultados pero, básicamente, a través de un par de negocios aleatorios. “No estábamos estructuralmente posicionados en este segmento. Ahora, en lugar de ser oportunistas, vamos a ser proactivos. Al tener organizaciones dedicadas específicamente a esta área, en vez de esperar vamos a salir a buscar las mejores alternativas.”


    Líneas horizontales


    Aunque en la Argentina aún no comenzaron a incursionar en este segmento, Nycz asegura que lo harán en cuanto se instale en el mercado el nuevo nombre. Hasta ahora, uno de los negocios más fuertes de la filial local de Andersen Consulting fue el oustsourcing. “Más de la mitad de nuestros 1.200 profesionales están en contrato de larga duración de más de cinco años”, revela Nycz.


    “Trataremos de hacer alianzas o inversiones en aquellas compañías que sean afines a las competencias que tenemos como profesionales, es decir, en el área de estrategias, procesos, tecnologías y recursos humanos.”


    Si bien este nuevo posicionamiento responde en parte a las reglas de la nueva economía y a la explosión de las start-ups, el presidente de Accenture aclara que en la política de alianzas buscarán “ampliar horizontalmente la oferta de lo que hacemos. Si bien las empresas de software e Internet son las más afines, no se descartaría, por ejemplo, una alianza con un proveedor de servicios financieros que completaría nuestra oferta”.


    El nuevo alcance de los negocios está asociado también a una posible oferta inicial de acciones (IPO en las siglas en inglés) que se concretaría a mediados de año. En febrero comenzaría un road show interno, en abril se contaría con la aprobación de los socios y en junio se lanzarían al mercado de capitales.


    “De este modo, se cerraría un círculo estratégico que define al Accenture del mañana, con un alcance de negocios y un formato corporativo totalmente distinto”, destaca Nycz.


    Capital propio


    El ejecutivo asegura que al transformarse en una empresa con acciones cotizadas en bolsa se lograrán dos objetivos básicos que hasta ahora eran inalcanzables.


    Uno de ellos es el acceso al capital porque, siendo una firma tradicionalmente de profesionales, no tenía manera de obtener fondos. “Si nosotros decidíamos estar en venture capital sin tener capital hubiese sido una contradicción”, explica Nycz. “Por otro lado, al transformarnos en una sociedad anónima, en una compañía internacional, vamos a tener una moneda de cambio para entrar en el juego de las alianzas y adquisiciones, ya que estas operaciones se realizan generalmente a través del intercambio de acciones”.


    “Sentimos que esto es borrón y cuenta nueva. Tenemos que poner toda la energía en lo nuevo, y no necesariamente mirar hacia atrás. Nuestra intención es comunicar que tenemos un nuevo nombre y que también somos una empresa distinta. Somos más de lo que éramos antes.”

    Un largo y ardiente
    divorcio

    El arbitraje
    que decidió el desprendimiento de Andersen Consulting (AC) fue
    un proceso que duró más de dos años. Sin embargo,
    la pelea por la separación se remonta a 1989 cuando AC consiguió
    que Arthur Andersen (AA) le concediera una cierta independencia operativa.
    A pesar de esta conquista parcial, la estructura financiera y la conducción
    general habían quedado bajo el mandato de una entidad madre, denominada
    Andersen Worldwide.

    En los ´90,
    Andersen Consulting creció aceleradamente en el negocio de la consultoría,
    especialmente informática, y en sólo cuatro años
    superó en facturación a sus parientes auditores. En los
    estatutos internos de la casa matriz había una disposición
    que obligaba a la entidad que ganaba más a subsidiar a la otra
    con hasta 15% de los ingresos. Y, con algunas excepciones, Andersen Consulting
    tuvo que desprenderse, durante esos años, de parte de su facturación.

    Pero la
    paciencia de AC pareció agotarse cuando AA lanzó su propia
    división de consultoría, denominada Arthur Andersen Business
    Consulting. “Se hacía insostenible una situación donde,
    por un lado, estábamos juntos, pero al mismo tiempo, en una de
    las divisiones ­la de consultoría­ competíamos”,
    explica Daniel Nycz.

    Los socios
    de AC sabían que para poder aventurarse en el negocio del capital
    de riesgo era necesario desvincularse definitivamente de sus socios contadores.
    Las restricciones impuestas por la SEC (comisión de valores de
    Estados Unidos) prohíben a las empresas auditoras tener participaciones
    accionaras en las compañías de sus clientes.

    Finalmente,
    el arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional, pedido por
    AC, dictaminó en agosto la separación de las dos unidades.
    Si bien el estatuto general estipulaba que cualquier empresa miembro que
    quisiera desprenderse debía pagar una indemnización, Andersen
    Consulting quedó eximida de la multa de US$ 14.500 millones que
    le exigía AA.

    Aunque la
    separación fue sin costo adicional, AA se quedó con la totalidad
    de los fondos que había recibido hasta ese momento a través
    del sistema de ingresos compartidos; incluso una tajada equivalente a
    15% de los dos últimos años, guardados desde el inicio del
    arbitraje en un depósito judicial.

    Otra de
    las decisiones que afectó a AC fue la obligación de ceder
    el nombre y cambiarlo antes del 31 de diciembre de 2000. En un proceso
    contra reloj, los socios sometieron a votación a unos 20 nombres
    que surgieron de un concurso interno. Entre los más mencionados
    estaba Accenture.

    La propuesta
    ganadora fue sugerida por un empleado noruego que trabaja en Dinamarca.
    Según su creador la nueva marca contiene dos conceptos que engloban
    la nueva identidad de Andersen Consulting: accent y future.