A fines de la década de 1970, los directivos de Sidus, una empresa farmacéutica de capital argentino fundada en 1938, decidieron emprender el camino para ingresar en la nueva frontera tecnológica. En 1980 constituyeron el área de biotecnología, y tres años después fundaron Bio Sidus como una compañía independiente.
“En 1990 se produjo nuestro primer lanzamiento: la eritropoyetina, una proteína de origen renal que estimula la formación y proliferación de glóbulos rojos. Pero habíamos pasado diez años sin introducir productos”, evoca Carlos Melo, gerente de Desarrollo de la empresa. “El producto fue muy bueno. Fuimos hábiles vendiendo. Y somos la Coca-Cola de la eritropoyetina en América latina. Tenemos la participación más alta en el mercado regional.”
De esta manera, Bio Sidus creció y su mercado se expandió a Uruguay, Paraguay y Brasil. También llegó a México. Hoy vende en toda América latina, salvo en algunos países del Caribe, y en este producto exhibe una participación que fluctúa entre 60% y 70%. Otro de los productos desarrollados por la empresa es el interferón.
Datos, cifras y horizontes
Bio Sidus es una compañía argentina que pertenece a la familia Argüelles. Precisamente, Marcelo Argüelles es el presidente del Grupo de Empresas Farmacéuticas Sidus. La firma facturó el año pasado $ 36,7 millones. Y se estima que trepará a $ 40 millones en el 2000. Las exportaciones aportan aproximadamente dos tercios de las ventas.
Aunque la inversión realizada hasta ahora es difícil de calcular, debido a los procesos inflacionarios, Melo estima que alcanza los $ 50 millones.
La empresa tiene 300 empleados, distribuidos en dos plantas: una está ubicada en el barrio porteño de Almagro, y se especializa en la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, además de producir material a granel. La otra está en Bernal, provincia de Buenos Aires, destinada a envasado y packaging.
Después de hacer pie en América latina, el laboratorio comenzó a buscar otros horizontes. Se lanzó a India, Tailandia y Líbano. La siguiente etapa de la estrategia apunta a Siria. Pero el plato fuerte es el gigante asiático que constituye el sueño de cualquier empresa en expansión: China.
“Allí queremos tener un licenciatario europeo para que venda nuestros productos. Hace seis años que estamos estudiando nuestras posibilidades en China. Y llevamos cuatro años trabajando para tratar de conseguir la aprobación de nuestros productos”, explica Melo.
“El primer paso es vender. Luego se podría instalar una planta en sociedad con una empresa europea. Podría ser Schwarz Farma, una firma alemana que es nuestra licenciataria en ese país. Porque el modelo de venta funciona a través de licenciatarios locales.”
La empresa planifica, además, la fabricación en el exterior. Tiene proyectos en Brasil y Canadá, para producir en el Nafta, el bloque comercial que conforman Estados Unidos, México y Canadá.
Cómo hacer para ganar
Competir en este mercado impone varias exigencias. Según Melo, lo primordial “es el liderazgo tecnológico. Es la clave número uno. En sus inicios, la empresa tomó un riesgo tecnológico muy alto. Y eso significa un riesgo económico, asumido por la familia Argüelles”. También, agrega, es importante mantener la inversión en el tiempo, que es lo que afrontó Bio Sidus, ya que en sus diez primeros años no tuvo productos destinados a la venta.
“Hasta 1993 registramos pérdidas. Recién en 1994 se llegó al equilibrio económico y aparecieron las ganancias. La firma puso dinero de su bolsillo durante 14 años, casi sin apoyo estatal.”
Por otro lado, asegura que hay que mantener los ojos bien abiertos. “Sin dormirse en los laureles de un producto rentable, porque si no hay algo nuevo, los mercados ganados se pierden”.
Y cuando se le pide la receta con la que Bio Sidus mantiene su posición de privilegio en América latina, Melo explica: “Se requiere conocimiento del mercado, llegada al médico local y licenciatarios hábiles. Esa es nuestra clave. No en todos los países somos líderes, pero lo somos en la Argentina y Brasil. Lo fuimos hasta el año pasado en Colombia. Nos faltaría México”.
El riesgo y el genoma
A mediados de este año se anunciaron los primeros resultados del Proyecto Genoma Humano, que permitirá conocer el verdadero significado de la secuencia de genes. El descubrimiento generó nuevos interrogantes, sobre todo en el fértil campo de la biotecnología.
“Se trata de un adelanto fenomenal. Pero hay que ser cautos para ver qué va a pasar con las patentes, que también deben tener una utilidad. Quieren patentarlo diciendo que será útil para conocer enfermedades. Ahora hay que saber cómo”, afirma Melo.
Otro de los obstáculos que la biotecnología debe sortear en estas latitudes es su financiamiento. Melo cree que “debe generarse un mercado de capitales de riesgo y no de especulación, dedicado a la investigación y desarrollo. Como sucede en Estados Unidos o Europa. Gente que invierta en proyectos de riesgo”.
La empresa aún no ha previsto desarrollar alianzas. Aunque, dice Melo, hay un proyecto con vistas a futuro, con la licenciataria de Bio Sidus en Brasil, Biosintética. “Pensamos en un joint venture para levantar una gran planta de producción. La que tenemos aquí es de alta tecnología, pero no para cantidades masivas. Es para productos de muy alto valor agregado. Pero hay productos que requieren volúmenes enormes y aquí no podemos hacerlos. Esa es la idea en Brasil”.
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