El grupo holandés Salentein decidió seguir al pie de la letra las recomendaciones de quienes aseguran que el futuro económico de la Argentina está estrechamente ligado a la agroindustria. Ocho años atrás comenzó a comprar algunas tierras en Entre Ríos. Hoy y casi sin pisar Buenos Aires maneja un pequeño imperio que abarca algo más de 70.000 hectáreas en las zonas más ricas de Mendoza, el NOA, la Mesopotamia y la Pampa Húmeda, seis estancias dedicadas al turismo de aventura y una bodega recién inaugurada. En total, los holandeses llevan invertidos cerca de US$ 100 millones en el país, y no tienen la mira puesta en el mercado local sino en la exportación.
Detrás de Salentein se encuentra Pon Holding, que en Holanda factura US$ 3.500 millones anuales, aunque mantiene la estructura de una empresa familiar. En la actualidad, está presente en varios rubros, aunque su negocio más fuerte es la representación para su país de la marca Volkswagen.
Aquí, todas sus inversiones se encuentran consolidadas en el holding Salentein Argentina que reúne a cuatro empresas: Farming Salentein (agro, ganadería y lechería), Salentein Fruit (producción y comercialización de frutas), Salentein Tourism (turismo de aventura, caza, pesca y cabalgatas) y Bodegas Salentein.
“El grupo comenzó con inversiones agropecuarias tradicionales, a las que fue incorporando nuevas actividades, para otorgarles mayor valor agregado”, explica Carlos Pulenta, presidente del grupo. “Con este esquema, a la explotación de frutas ya le sumamos la comercialización de la producción, con la compra de una firma exportadora, y con la inauguración de la bodega en Mendoza estamos siguiendo el mismo camino en el negocio vitivinícola”.
Pulenta, quien hasta 1997 fue accionista y presidente del grupo Peñaflor, asegura que los ejes de crecimiento de Salentein en la Argentina están, precisamente, en los negocios de la fruta y el vino, que absorberán prácticamente la totalidad de los US$ 15 millones que el holding tiene planeado invertir en los próximos doce meses.
“Ahora buscamos mejorar nuestra producción, bajando los costos para hacerla más eficiente. La idea es darle a cada uno de los negocios la mayor independencia posible. Por el momento estamos en la etapa de desarrollo, que preferimos encarar solos, pero no somos una empresa cerrada y, para más adelante, no descartamos sumar algún socio en los distintos proyectos”, anticipa Pulenta.
Un lugar en el mundo
Fuera de la compra de tierras, la vitivinicultura es el rubro donde el grupo tiene más avanzado su plan de inversiones. Bodegas Salentein inició hace cinco años la compra de las primeras fincas en la localidad de La Arboleda, Tupungato, y hoy cuenta con más de 2.000 hectáreas, de las cuales 300 están dedicadas a la producción de vinos, y una bodega que fue inaugurada en marzo de este año, con una inversión de US$ 10 millones. Desde el punto de vista inmobiliario, el grupo ya hizo un excelente negocio: en promedio pagó menos de US$ 1.000 la hectárea y ahora el precio se sitúa entre US$ 5.000 y 6.000.
Como ocurre con la mayoría de las bodegas que surgieron en la Argentina en los últimos años, el negocio de Salentein está orientado a la exportación y el plan del grupo es destinar sólo un tercio de la producción al mercado local. “En Europa y Estados Unidos hay una curiosidad muy grande por los vinos argentinos. Están dadas las condiciones para que se pongan de moda. Nuestra idea es colocar entre 60 y 70% de la producción en el exterior”, revela Pulenta.
Los planes apuntan a facturar US$ 4 millones en el primer año de operaciones. Los vinos de la bodega que son comercializados con la marca Salentein empezaron a ser distribuidos en el mercado local en mayo de este año. Con precios que se sitúan en torno a $ 12, compiten en el segmento premium, donde hoy pelean el liderazgo Trapiche, Navarro Correas y Luigi Bosca. La empresa también lanzó una edición limitada, de 500 cajas, con la marca Primus, que se venderá sólo en algunos restaurantes y vinotecas a $ 30 la botella. “Del total de 300 hectáreas que tenemos en Mendoza, sólo una se destina al vino Primus”, señala Pulenta.
Además de los US$ 10 millones invertidos en la bodega, el grupo se propone desembolsar otros US$ 2,4 millones en la plantación de nuevos viñedos en sus campos de Mendoza. Sin embargo, por el momento no está en los planes adquirir más tierras en la zona de Cuyo, “aunque no descartamos instalarnos más adelante en alguna otra zona vitivinícola, como Salta o Río Negro”, admite Pulenta.
Frutas jugosas
La otra área de negocios que concentra una parte importante de las inversiones de Salentein en la Argentina es el negícola, donde el grupo ya compite con otros jugadores internacionales, como San Miguel que cuenta entre sus accionistas a la inglesa Albert Fisher y la italiana Bocchi.
Los holandeses desembarcaron en este mercado hace tres años con la compra de 2.000 hectáreas para el cultivo de vid, manzanas, peras y nueces en Mendoza. A fines del año pasado se alzaron con 100% de la rionegrina Bermida. La firma está en el cuadro de honor de las diez mayores exportadoras de frutas del país y cuenta con centros de producción propios en la región del Al Valle y Tucumán.
Las frutas le aportan al grupo ingresos por US$ 12 millones anuales y para potenciar su presencia en este mercado Salentein Fruit inauguró en los primeros días del 2000 un frigorífico en el Valle de Uco, provincia de Mendoza, que cuenta con una capacidad de enfriamiento de 5.000 cajas diarias y demandó una inversión de US$ 4 millones.
“En este negocio también queremos crecer a través de la exportación. El hecho de que nuestra casa matriz está en Holanda nos abre oportunidades de potenciar la gestión de comercialización”, dice Pulenta.
Vacas, antílopes y búfalos
Las prioridades del grupo pasan por los vinos y las frutas, pero el negocio más antiguo de Salentein en la Argentina está en el campo. Entre todas las actividades agrícolas y ganaderas, su filial Farming Salentein ya está facturando US$ 6 millones anuales, y en la actualidad cuenta con tierras propias en Entre Ríos, Corrientes y la provincia de Buenos Aires, donde cultiva trigo, maíz, sorgo y soja.
La firma tiene integrada su cadena de producción, con un depósito de granos y una planta de alimentos balanceados, y procesa la mayor parte de las 3.000 toneladas de su cosecha anual en su propia planta de silos, ubicada en Cerrito, a pocos kilómetros de la ciudad de Paraná.
Una porción de la producción de granos se utiliza para abastecer las necesidades de alimentos balanceados del ganado. Los holandeses no se limitan a criar vacas. Tienen búfalos en Corrientes, y son dueños de 500 hectáreas en Buenos Aires reservadas para antílopes. El cuadro se complementa con cuatro tambos, que producen 30.000 litros diarios de leche, destinados por ahora, a la venta a terceros, aunque para más adelante no descartan iniciar su procesamiento puertas adentro.
El mayor número de cabezas corresponde al ganado vacuno de las razas Holando Argentina, Aberdeen Angus, Hereford, Braford y Brangus. Sin embargo, Farming Salentein apuesta a diferenciarse del resto de los productores locales con la cría de búfalos, un rubro en el que, con 4.000 cabezas, ya controlan 10% del rodeo total de la Argentina.
“Uno de nuestros objetivos, en materia de ganadería, es potenciar el negocio de la carne de búfalo. En la Argentina, el mercado todavía no está muy desarrollado y este tipo de productos se comercializa como carne vacuna, pero en Europa, y particularmente en Holanda, tiene un precio diferenciado; la gente está dispuesta a pagar más, porque tiene la misma calidad de la carne de vaca, pero con menos colesterol”, explica Pulenta.
Montaña, islas y pantanos
La apuesta más reciente del grupo es el turismo. A través de su controlada Salentein Tourism, los holandeses operan seis estancias y lodges en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Mendoza y Buenos Aires. “Para nosotros, no es un negocio importante por volumen, sino por imagen”, reconoce Pulenta. “Lo que buscamos es captar a los extranjeros que llegan a la Argentina en tours de pesca o para visitar cotos de caza”.
Las casas de huéspedes se emplazan en los mismos campos de Salentein y cada estancia tiene un perfil bien definido. Santa Rosa, a orillas del Paraná, en Corrientes, Los Laureles, en el noroeste de Entre Ríos, y El Timbó, en el norte de Santa Fe, están destinadas a los amantes de la pesca y la caza. En cambio, Finca La Pampa, en Mendoza, ofrece excursiones de montaña, trekking y rafting. Las Colas, en las afueras de Gualeguay, acerca a los viajeros a una experiencia singular: visitar los cercanos pantanos.
La joya del grupo es La Sistina, que se levanta en la única isla privada
de la Argentina, ubicada en La Laguna del Monte, en Guaminí, a menos
de 500 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. La isla cuenta con una
pista de aterrizaje de 1.200 metros y ofrece una amplia variedad de actividades,
como pesca, caza, cabalgatas y deportes náuticos.
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