viernes, 1 de mayo de 2026

    Los de arriba y los de abajo

    El nuevo escenario competitivo que se instaló durante la ultima década tuvo efectos muy diversos en las economías regionales, caracterizadas, a su vez, por una amplia heterogeneidad. La Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, tiene un ingreso per cápita (US$ 22.038) equivalente al de prósperos países europeos como Francia (US$ 22.030) o Austria (US$ 22.070). Provincias como Formosa (US$ 2.002) o Santiago del Estero (US$ 1.984), se ubican en un nivel cercano al de países como la ex república soviética de Georgia (US$ 1.960) o Nicaragua (US$ 1.977).


    El nuevo escenario


    La apertura del comercio exterior, la creciente desregulación de la actividad económica y la privatización de las empresas públicas generaron un proceso de reconversión que condicionó la viabilidad de las tradicionales producciones regionales y abrió oportunidades para nuevos desarrollos competitivos.


    Por otra parte, el nuevo patrón competitivo de la economía argentina se caracterizó por un marcado incremento de la inversión extranjera directa, básicamente dirigida hacia dos tipos de actividad: los servicios públicos, primero, y luego empresas privadas pertenecientes, en su mayoría, al sector alimentario.


    Se registró, al mismo tiempo, un fuerte retroceso del peso relativo de la industria sobre el total del PBI y, a la vez, un aumento relativo de los servicios que, para fines de la década, pasaron a representar casi dos tercios del total.


    El patrón productivo se concentró en actividades intensivas en capital o recursos naturales, en detrimento de las actividades que emplean mayor proporción de trabajo.


    “Los principales desafíos de las economías provinciales, en términos de su desarrollo socioeconómico, tienen que ver con la muy aguda crisis que afecta a los productores de menor tamaño, por su incapacidad estructural de permanecer en el mercado y el creciente proceso de concentración económica que los excluye de su actividad y los empuja a la emigración hacia los centros urbanos de mayor tamaño dentro de cada provincia”, afirma Alejandro Rofman, investigador principal del Conicet y especialista en economías regionales.


    “La pequeña y aun la mediana producción de las regiones extra pampeanas, frente a la competencia externa, la caída de los precios internacionales, la ausencia de crédito barato de apoyo, la ausencia de regulación estatal para poder operar en mercados de comercialización fuertemente conectados y la incapacidad de afrontar por sí solos el proceso de reconversión productiva, coloca a estos productores en una situación de retroceso sin precedentes en la historia moderna y contemporánea argentina.”

    Situación social


    La marcada concentración de la riqueza que se consolidó en la última década tuvo su efecto más notable en la situación del segmento de 20% de la población de menores recursos. Según un estudio de la consultora Equis, ese grupo dispone, en la Argentina, de un ingreso per cápita de US$ 781 anuales, muy por debajo de los US$ 1.558 de Chile, los US$ 813 de Perú, y apenas 11% más que el promedio registrado en Bolivia para ese estrato de la sociedad.


    Sólo seis provincias superan esa media. Y se registran situaciones extremas en Chaco y Corrientes, donde una de cada cinco personas vive con apenas $ 1,1 por día.


    En cuanto al desempleo, mientras el promedio nacional se ubica en 13,8%, algunos aglomerados urbanos presentan una tasa muy superior: por ejemplo, Concordia (17,5%), Gran Rosario (16,8%), San Salvador de Jujuy (16,1%) y Catamarca (16%).


    Y algo similar ocurre con la precarización laboral. El promedio nacional de ocupados en el sector informal se ubica en 45% del total, pero en provincias como La Pampa (57,7%), Córdoba (57,2%) o Tucumán (55%) la situación se tornó aun más aguda.


    Según un estudio de la Fundación Capital (“Ranking Social Provincial”, de septiembre de 1999), la situación de las provincias exhibe significativos contrastes:

    • Tierra del Fuego, Córdoba, Santa Cruz, La Pampa, Mendoza y Santa
      Fe son las que tienen una mejor situación social.
    • En el otro extremo, se ubican la mayoría de las provincias del norte
      (tanto del este como del oeste).
    • En las regiones con menor nivel de ingreso se observa una distribución
      menos equitativa.
    • No existe una correlación positiva regional entre niveles de pobreza
      y tasa de delincuencia. Tampoco se corrobora una relación significativa
      entre los niveles de educación y la realidad laboral.
    • En cambio, se verifica una estrecha relación entre las condiciones
      de pobreza y los niveles de ingreso y el desempleo.


    El cuadro fiscal


    La crisis de las economías regionales derivó en marcados desequilibrios fiscales de las provincias más afectadas. A su vez, ese efecto fue agravado por estructuras institucionales incapaces de dar respuestas satisfactorias. De esta forma, frente al panorama productivo, en muchos casos, los estados provinciales fueron los encargados de mantener, aunque fuera parcialmente, un delicado equilibrio social a través del incremento del empleo público.

    “La contracara funcional a la persistente degradación del mercado de
    trabajo privado es la crítica magnitud del empleo público regional,
    muchas veces improductivo y resultado de décadas de clientelismo político
    e ineficiencia estatal”, describe en un informe la consultora Equis. “Empleo
    público transformado en única salida ocupacional formal, que regionalmente
    asume proporciones cuya magnitud es proporcional a la pobreza de las provincias.”


    Mientras el gobierno nacional emplea a 15,7% de la fuerza de trabajo total, la mayoría de las provincias (con la excepción de las cuatro más grandes) se ubica muy por encima de ese promedio. Sobresale, en este terreno, el caso de Río Gallegos, donde más de la mitad de la población económicamente activa se desempeña en el sector público.


    A diciembre de 1999, el estado financiero de la mayoría de las provincias mostraba un saldo crítico, con un nivel de endeudamiento que superaba los $ 20.000 millones, financiado a altas tasas y con buena parte de los recursos coparticipables comprometidos. El panorama fiscal acumulaba un déficit consolidado de las provincias de $ 3.600 millones.


    Sin embargo, el panorama no es igual para todas las provincias: mientras las más grandes mantienen cierta autonomía fiscal, un sector público más ajustado y niveles de endeudamiento manejables, las más pequeñas y afectadas por la situación económica tuvieron que recurrir al gobierno nacional para refinanciar sus pasivos y superar, transitoriamente, la asfixia financiera.


    La más próspera


    La región pampeana fue la que exhibió un mejor desempeño durante la última década, impulsada por sus ventajas de concentración poblacional, su ubicación estratégica, su desarrollo industrial y la riqueza natural de sus tierras.


    Además, el proceso de inversión extranjera directa ha tendido a concentrarse mayoritariamente en esta región, lo que generó segmentos productivos de alta competitividad, aunque con escaso impacto en términos de empleo. Esos núcleos más dinámicos son los que configuran una cara del país: los que han logrado incorporar los avances más importantes en materia de tecnología y gestión, y alcanzaron estándares de calidad de nivel internacional.


    Sin embargo, algunos sectores de su circuito productivo fueron severamente afectados por la crisis brasileña, ya que es la región que concentra la mayor proporción de exportaciones hacia el socio principal del Mercosur. Por ejemplo, el sector autopartista y la producción de trigo, cebolla y pescado congelado.


    La producción agropecuaria, uno de las fortalezas competitivas de la región, presenta un panorama muy heterogéneo. Por un lado, algunas grandes explotaciones incorporaron tecnología y compiten a escala mundial en algunos productos primarios. Los pequeños productores, en cambio, enfrentaron serias dificultades para llevar adelante una reconversión productiva necesaria en términos de costos y calidad.


    Para Walter Ceballos, secretario de Asistencia a las Provincias del Ministerio del Interior, “esos sectores, que en su mayoría son pequeños y medianos productores agropecuarios, están sufriendo las consecuencias de un proceso de concentración de la riqueza. Ese pequeño productor, que tenía que reconvertirse pero no disponía de acceso al crédito, terminó desprendiéndose de su campo o fundiéndose”.

    Mientras la actividad industrial padeció una marcada retracción
    en las últimas décadas (en especial en el tradicional sector metalmecánico,
    a excepción del complejo automotor, que gozó de un régimen
    especial), otras producciones pampeanas exhibieron un alentador desempeño
    competitivo.


    Por ejemplo, el complejo exportador de la soja, con una marcada diversificación en el destino de las colocaciones. A partir de esta performance, la Argentina logró ubicarse en un puesto de liderazgo del ranking mundial en la exportación de aceite y harina de soja.


    Este es un ejemplo ilustrativo del cambio del perfil productivo del país en los últimos años: excelentes desempeños exportadores y diversificación de los destinos en actividades de bajo valor agregado y escasa utilización de mano de obra, aprovechando las ventajas comparativas de costos en productos intensivos en recursos naturales y, paralelamente, un marcado retroceso y dependencia de Brasil en las actividades tecnológicamente más sofisticadas y en las que generan más empleo.


    Este tipo de transformaciones estructurales tendieron a generar, en la región, fuertes cambios sociales, con un marcado crecimiento de la desigualdad y concentración en la distribución del ingreso. Su tasa de desempleo se encuentra cerca del promedio nacional (13,8%) pero con picos como el del conurbano bonaerense (16,1%) o el Gran Rosario (16,8).


    En términos de las finanzas públicas, estas provincias fueron las que encabezaron los procesos de reforma del Estado. A su vez, la mayor riqueza de su estructura productiva se refleja en una mayor autonomía y menor nivel de endeudamiento. Sin embargo, en los últimos años, el déficit fiscal ha tendido a aumentar, en especial en la Provincia de Buenos Aires, al igual que el grado de exposición financiera.


    El nuevo Centro


    “En la década de 1990 la Argentina estabiliza el valor de su moneda y comienza el proceso de apertura de su economía a los mercados internacionales. Estas dos reformas crean un nuevo escenario económico que exige a las empresas la revisión de los patrones de producción y comercialización. Tal como sucede a escala del país, la estructura productiva de la Región Central se modifica y provincias como Córdoba desarrollan un nivel de actividad aun superior al promedio, aunque en parte sustentado por un Estado que aumentó sustancialmente el gasto público y su endeudamiento”, afirma Nadín Argañaraz, de la Fundación Mediterránea.


    “En el caso de la producción de bienes transables, se produjo una reasignación de recursos hacia sectores que presentaban ya ventajas comparativas en el concierto internacional, como es el caso de la industria de aceites y de alimentos en general, que además fueron capaces de complementar rápidamente estas ventajas naturales con la adopción de nuevas técnicas de producción y comercialización.”


    Los sectores que no tenían ese tipo de características y no pudieron generar ventajas competitivas fueron desplazados del circuito productivo, lo cual generó un impacto importante en términos de la distribución de los ingresos y nivel de desempleo.


    Desde el punto de vista financiero, la región no se encuentra entre las que presentan mayores problemas presupuestarios, en especial la provincia de Córdoba, tanto desde el punto de vista de su déficit fiscal, endeudamiento o empleo público.


    “En términos generales, la respuesta de las autoridades locales a las demandas y exigencias del nuevo escenario económico ha sido insuficiente en los últimos años”, sostiene Argañaraz. “La primera serie de reformas estructurales, que consiste básicamente en el retiro del Estado de la producción y en la modernización de la prestación de servicios públicos se está por concretar recién ahora. Es vital que el Estado provincial brinde las máximas condiciones de competitividad al sector privado.”


    Más que sol y buen vino


    La economía de la región cuyana se encuentra, por su parte, en una situación intermedia, con una producción más diversificada que el promedio nacional.


    Mendoza, cuarta en cuanto al tamaño de su mercado, encuentra su mayor potencial en la industria vitivinícola, el turismo y productos primarios como ajo, aceitunas y frutas. En los últimos años declinó el peso de la industria pesada en su potencial productivo.


    “En Mendoza ha habido una modernización de las actividades de servicios, comercio y producción, impulsada por la incorporación de la informática y las comunicaciones en un contexto de estabilidad macroeconómica”, afirma Juan Antonio Zapata, de la Fundación Mediterránea de Mendoza.


    “Hay sectores como el vitivinícola que se han transformado completamente, y adquirieron un perfil exportador que no tenían hace diez años. Otras actividades, sin embargo, no han podido enfrentar la globalización. La provincia fue muy afectada por la crisis mexicana en 1995 y por la de Brasil en 1999. También se nota el efecto de los regímenes de promoción en otras provincias.”


    La situación es bastante diferente en el resto de la región. Los regímenes de promoción industrial jugaron allí un papel fundamental.


    San Luis es una de las provincias de mejor desempeño de la década. Elevó en 659% su PBI interno y su PBI industrial se multiplicó por 22, motorizado (como en el caso de Catamarca, La Rioja y San Juan) por la promoción industrial.


    Sin embargo, según Ceballos, el crecimiento de estas provincias no debe confundirse con un auténtico proceso de desarrollo sostenido. “Hay dos cuestiones fuertemente condicionantes. Por un lado, el vencimiento del beneficio de la promoción industrial y, por otro, la suspensión de los créditos fiscales para las promociones agropecuarias”.


    En los últimos meses, algunas producciones regionales se vieron afectadas por los cambios en el mercado mundial y, en particular, por la situación de Brasil. Tanto en Mendoza como en San Juan, los sectores productores de cebolla y ciruelas disecadas, básicamente orientados al mercado brasileño, sintieron el alto impacto de la crisis.


    Estos cambios se reflejaron, a su vez, en la evolución social de la región. “Es obvio que en Mendoza ha habido un aumento de la marginalidad: la pobreza se observa en las esquinas. Ha aumentado la inseguridad”, dice Zapata.


    Con respecto a la situación fiscal, las provincias de la región se ubican en un nivel intermedio frente al promedio del país, con bajos niveles de desequilibrio y bajo nivel de eficiencia en el gasto. En ese contexto, sobresale el sólido desempeño fiscal de San Luis y la delicada situación de La Rioja, en especial, en cuanto al nivel de endeudamiento, la fuerte dependencia de las transferencias nacionales y una muy alta proporción de empleados públicos sobre la ocupación total.


    “El sector público de la región, al igual que en muchas otras provincias, no supo mantener instituciones financieras eficientes ni llevar adelante una política para el empleo y las Pymes adecuada a los nuevos tiempos de la globalización. Tampoco tuvo respuesta en las áreas de desarrollo comunitario y humano con el apoyo educativo suficiente como para acompañar las oportunidades que también brindan los cambios estructurales que trae la nueva economía”, afirma Zapata.


    La Patagonia privatizada

    “No hay una identificación nítida de sectores económicos
    beneficiados y perdedores en la región patagónica. En general,
    las actividades de pequeña escala sufren los mismos problemas que en
    el resto de la Argentina”, afirma Anahí de Tappatá, de la Fundación
    Mediterránea de Comahue.


    Sin embargo, el mayor impacto del cambio de escenario competitivo se vincula con la privatización de YPF y de Gas del Estado, que tuvieron un gran impacto sobre la economía regional: “Uno negativo de corto plazo, con efectos sobre el empleo y la actividad en localidades petroleras enclave, y otro de largo plazo y positivo, porque se potenció la actividad hidrocarburífera. La extracción de petróleo aumentó más de 60% y la del gas en 40% durante el período. De esto se benefician especialmente los gobiernos provinciales porque perciben mayores recursos fiscales por los ingresos de regalías, de ingresos brutos y de impuestos de sellos”, dice Tappatá.


    En cambio, para Ceballos, el proceso tiene un significado diferente. “En lugares como Comodoro Rivadavia, Neuquén y zonas de Santa Cruz, donde el petróleo era la principal fuente de proyección económica, el impacto ha sido muy fuerte, ya que nos hemos encontrado con una disminución de los niveles de inversión en exploración. Los cambios tecnológicos impactaron no solamente en el empleo sino también en la disminución de las inversiones en exploración petrolera”.


    Otras actividades como la ganadería ovina y la fruticultura de exportación no han tenido una evolución positiva, pero esto no se relaciona directamente con el escenario macroeconómico sino con problemas estructurales, propios de esos circuitos, que continúan sin resolución.


    “Desde el punto de vista fiscal, se distinguen diversos estilos de administración: mientras que Santa Cruz y, en menor medida, Chubut no tienen graves situaciones fiscales, Tierra del Fuego, Neuquén y (de manera crónica) Río Negro, sí los tienen. Los problemas fiscales de estas dos últimas provincias son de tal magnitud que llevará muchos años resolverlos, especialmente en Río Negro”, sostiene Tappatá.


    Luces y sombras del NOA


    En las provincias del noroeste, la mayoría de los indicadores sociales refleja los contrastes generados por el desarrollo asimétrico de los últimos años. En Santiago del Estero, por ejemplo, la tasa de analfabetismo alcanza a 9% de la población y el ingreso per cápita es inferior al de Paraguay. En Tucumán, más de la mitad de la población ocupada trabaja en el sector informal. En todas las provincias de la región, uno de cada cinco habitantes sobrevive diariamente con menos de $ 1,30 por día.


    Según Rofman, en los últimos años esta región ha visto decrecer significativamente la actividad en sus áreas estratégicas:

    • El azúcar, con su secuela de expulsión de miles de
      cañeros de sus fincas, imposibilitados de soportar la fuerte caída
      de los precios, en Tucumán, o el cierre o la eliminación masiva
      de puestos de trabajo en los ingenios de Salta y Jujuy.
    • El algodón, especialmente en Santiago del Estero, donde la
      retracción de las cotizaciones internacionales en el último
      bienio descolocó a miles de productores.
    • El poroto, en Salta, con una baja de 60% en su cotización,
      y el consiguiente impacto negativo en la subsistencia de sus productores.
    • La explotación petrolera, también en Salta, que eliminó
      fuentes de trabajo luego de la privatización de YPF, por las transformaciones
      técnicas y organizativas de la nueva empresa privada.
    • Desde el punto de vista de sus finanzas públicas, el desempeño
      de las provincias de la región se caracteriza por la baja capacidad
      de generar recursos propios y por altos niveles de endeudamiento.


    “El sector público acudió al expediente de acentuar su estrategia clientelista, repartiendo subsidios o puestos públicos de muy baja remuneración para evitar estallidos sociales y conservar el poder, pero sin suplir la inacción estatal nacional para instalar una política de apoyo a las Pymes y absorber el empleo desocupado”, opina Rofman.


    “La secuela indefectible de este proceso de ruptura del sistema productivo ha sido la generalización de la pobreza, como lo indica el informe de 1998 del Banco Mundial, con niveles superiores a 50 % de la población bajo la línea de la pobreza, y el desempleo y subempleo como característica dominante en el mercado de trabajo.”


    La que menos creció


    “El noreste argentino tuvo un comportamiento irregular en términos del Producto Bruto Geográfico en virtud de su estructura productiva y de la dependencia de determinados productos primarios en el volumen de su producción y exportaciones”, afirma Jorge Capitanich, de la consultora M-Unit. “La evolución del PBG, de las exportaciones, de la inversión en infraestructura y de los diversos indicadores sociales del NEA (empleo, salud, educación) permiten visualizar que esta región es la que menos creció en comparación con el resto del país.”


    Los cambios en el escenario macroeconómico tuvieron un fuerte impacto en términos del desarrollo productivo regional. En la primera etapa del plan de Convertibilidad, los sectores que más crecieron, impulsados por la estabilidad monetaria, la expansión del consumo y los precios internacionales favorables, fueron los más perjudicados en la segunda parte de la década, cuando estos indicadores tendieron a revertirse.


    La producción algodonera, cultivo emblemático de la región, tuvo también un comportamiento errático: pasó de una situación muy favorable en términos de precios y rendimientos, a una pronunciada caída, producto de factores climáticos adversos (sequía y luego inundaciones), precios internacionales bajos, incapacidad de financiamiento de los productores y la crisis brasileña, que tuvo un alto impacto, especialmente en la provincia de Chaco.

    “La dependencia del sector primario influyó notoriamente para que el
    volumen de exportaciones de la región experimente el menor crecimiento
    relativo de la década, lo que impulsó una caída del PBG
    per cápita e impidió el desarrollo de una estrategia productiva
    adecuada”, sostiene Capitanich.


    El déficit consolidado de Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones alcanzó en 1999 a aproximadamente $ 600 millones, lo que representa 20% del total de los recursos de la región. El nivel de gasto público provincial llegó en 1999 a $ 3.400 millones, con bajos niveles de eficiencia y fuerte aumento del empleo público.


    También aquí, las diferencias con el resto del país son notorias: según el método utilizado por Naciones Unidas para medir el desarrollo humano, mientras los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires tienen un índice promedio (0,923) similar al de Suecia o Bélgica, en Corrientes (0,791), Chaco (0,758) y Formosa (0,732) el mismo indicador alcanza el nivel de países como Panamá, Bulgaria o Belice.

    “Durante la última década, la región experimentó
    un incremento de los índices de desempleo, pobreza e indigencia, que
    configuran una particularidad de las economías de la región, producto
    de la insuficiencia en la acumulación de capital y escasa diversificación
    e integración de sus estructuras productivas. La región exhibe
    los peores indicadores sociales del país y la situación social
    tiende a ser explosiva si no se resuelven los problemas estructurales de funcionamiento
    de la economía”, advierte Capitanich.