La globalización generó, por la vía de la desintegración de los procesos productivos que se realizaban en el mismo lugar y de la mejora en los sistemas de información y comunicación, cambios significativos en la naturaleza de las inversiones y los factores asociados que determinan su eficiencia. En particular, este proceso redujo la importancia relativa de la localización de las empresas en relación con los oferentes de insumos, pero aumentó la de otros aspectos, como el acceso a los servicios de infraestructura.
En la Argentina, la situación de la infraestructura presentó cambios en la última década: al tiempo que se produjo un incremento de la inversión privada, se pusieron de manifiesto algunas dificultades para adaptarse al nuevo entorno competitivo, como, especialmente, deficiencias asociadas al comportamiento macroeconómico (en particular de la tasa de interés) y al papel del Estado en cuanto a su actitud poco proclive a la utilización de políticas activas y a su papel como regulador y coordinador de las inversiones privadas.
La fuerte sensibilidad de la tasa de interés local a los movimientos financieros internacionales y la ausencia de mecanismos permanentes o alternativos de financiación condicionaron, en parte, el desempeño de las inversiones en infraestructura. No obstante, en algunas áreas los procesos de privatización y desregulación redundaron en incrementos de la inversión privada, que permitieron mejorar parcialmente la calidad de la prestación de los servicios.
Este esquema mixto, sin embargo, presenta marcados desequilibrios: en tanto el sector privado invierte en las áreas más rentables gozando de incentivos y regulaciones muy favorables, el Estado debe sostener las de menor rentabilidad sin un esquema permanente de financiación y, por lo tanto, dependiendo de las restricciones cíclicas del nivel de actividad.
Según un informe realizado por las Entidades Empresarias y Profesionales de la Ingeniería Argentina (Infraestructura – Siglo XXI), las principales carencias del sector público en la regulación del sector son:
- conducción fragmentada a escala nacional;
- escasa coordinación federal;
- falta de estrategias generales y sectoriales de inversión;
- ineficiente asignación de recursos;
- escasa utilización de metodologías objetivas de evaluación
de proyectos; - carencia generalizada de proyectos con estudios documentados con respaldo;
- bajos niveles de gestión y control de ejecución de las obras.
- Según el mismo estudio, las principales asignaturas pendientes en
materia de inversión en infraestructura, al nivel sectorial, son: - en materia de obras viales, el trazado de un nuevo esquema vial que supere
el actual, de rutas radiales al puerto de Buenos Aires; - en vivienda, el déficit habitacional es de aproximadamente 3,2 millones
de unidades; - en recursos hídricos y saneamiento, según estimaciones oficiales,
alrededor de seis millones de habitantes no tienen acceso al abastecimiento
público de agua potable por red domiciliaria y un número superior
no cuenta con desagües cloacales por red domiciliaria; - en educación, salud y seguridad, se estima que los requerimientos
de infraestructura en concepto de construcción, reparación,
equipamiento y mantenimiento de centros de salud, escuelas públicas
y unidades penitenciarias alcanzarían a US$ 1.600 millones para el
período 2000-03; - en transporte, la necesidad de inversiones en el sector ferroviario, la
ampliación de la red de subterráneos y un plan de desarrollo
portuario y de las vías navegables.
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