“A medida que sus vidas se extendían y sus músculos se endurecían, los placeres pecaminosos de la carne ya no les interesaban tanto y comenzaron a abandonar la monotonía del gimnasio y los rigores de las pesas para interesarse por el suave sonido del agua y el delicado masaje manual, mientras admitían mansamente: quizá fue muy necio buscar el cuerpo perfecto, y además, duele mucho. Muéstranos el camino para vivir con la serenidad que nos permita sentirnos bien el resto de nuestros días“.
Esta parece ser la nueva declaración de principios que rige la cultura del bienestar en Estados Unidos, donde se impone una nueva religión: el spa.
¿Y el gimnasio? Sí, todavía existe, pero se está convirtiendo en un culto antiguo, un monumento primitivo a un dios cruel. La mortificación puritana de la carne no es ya la clave. El concepto budista de armonía de la mente y el cuerpo es lo que está en boga.
Los inversores tomaron debida nota del fenómeno. Un año atrás, el Starwood Realty Trust de Barry Sternlicht inauguró en Manhattan el primer Spa Away. Poco después, se inauguraron otros hoteles de la cadena con spas similares en Atlanta, San Francisco y Seattle.
El gimnasio del Spa Away le permitirá al huésped matarse con los aparatos, si ése es su deseo, pero también puede optar por un masaje javanés. El tratamiento incluye la toma de la imagen fotográfica de su aura que plasma los colores de los campos de energía que rodean su cuerpo. El paquete de jornada completa, con fotografía del aura, sesión de personal training, limpieza facial, masaje, manicura y pedicura le costarán US$ 375.
Beneficio sin sacrificio
En 1990, un heterogéneo grupo de 50 personas se reunió en el New Age Spa de Neversink, Nueva York y creó la International Spa & Fitness Association. En ese momento, no llegaban a medio centenar los spas afiliados a la asociación. El año pasado, la reunión anual congregó a 1.300 representantes.
“Presten atención a estas cifras y escucharán el crujido de toda una generación”, dice Jonathan DeVierville, profesor de psicología de la Universidad de Texas, que también administra el spa de su familia, Alamo Plaza.
DeVierville y muchos otros comienzan a difundir el concepto de que verse bien y sentirse bien no tienen por qué ser cuestiones antagónicas. Por el contrario, generalmente van de la mano. Los europeos adoptaron esta filosofía siglos atrás, pero los norteamericanos tendrían que abandonar primero su consabido mantra: no hay beneficio sin sacrificio.
“Nos enseñaron a liberar el estrés de nuestra mente colocando todo el estrés en nuestro cuerpo y eso es aberrante”, dice Anne Bramham, directora del Bramham Institute, en West Palm Beach, Florida. “Se habla siempre del poder de la mente sobre la materia, pero la mente es materia”.
Entre la razón y el delirio
El término spa cubre una variedad muy amplia de tratamientos de salud y belleza, que van desde lo sensato hasta lo delirante. Hay clínicas cuyo personal se viste con almidonados guardapolvos blancos otras que adoptan un estilo puramente New Age.
Los tratamientos con hierbas y minerales comparten el escenario con el misticismo del aroma a incienso o con el salón de belleza de un pequeño pueblo. En un spa llamado Miraval Life en Balance, cerca de Tucson, Arizona, se alienta a la clientela a susurrarle sus secretos a un caballo llamado Magic.
También está el masaje watsu (US$ 75) aplicado al cliente mientras lo acuna y envuelve el agua tibia, muchas veces con música suave que llega directamente desde el líquido y penetra en su afiebrado cerebro.
No hay nada nuevo bajo el sol, por supuesto. Todo nació con los romanos que disfrutaban sumergiéndose en las aguas termales cercanas a la ciudad belga de Spa y así nació el problema de la imagen. Y mire lo que les pasó, podríamos haber dicho hasta no hace mucho tiempo: fueron aplastados por los primitivos bárbaros mientras se cortaban las uñas de los pies.
Hágalo usted mismo
Una de las razones por las cuales este negocio ha crecido tanto es que sus clientes ya no son exclusivamente mujeres. Los hombres aportan actualmente una cuarta parte de la facturación.
El auge de los spas en Estados Unidos no surgió de la nada. Periódicamente, los norteamericanos suelen manifestar una fuerte necesidad de dejar de lado la medicina tradicional y hacerse responsables de su propio bienestar. Tienen, incluso, sus propios gurúes nativos, como Sylvester Graham, fanático vegetariano e inventor de la famosa galletita homónima.
John Harvey Kellog le ofreció al mundo el cereal en hojuelas para el desayuno, pero también fundó el Battle Creek Sanitarium, singular antecedente del moderno spa, que a principios del siglo XX tuvo como clientes a los industriales más poderosos de la época.
El Hospital de Loma Linda, en California, fue pionero en terapias de rehabilitación acuática, con los auspicios de los Adventistas del Séptimo Día, que tienen su propia tradición de medicina alternativa.
Para tener una idea más acabada acerca de adónde conduce todo esto, hay que visitar las praderas de Vista, California, a una hora de automóvil de San Diego. Este es el lugar que eligieron William y Marlene Power para construir el pequeño y costoso Cal-a-Vie en 1986.
Dos docenas de invitados pagan casi US$ 5.000 por cabeza para disfrutar de una semana de caminatas que comienzan a las 5:30 de la mañana, masajes, baños con algas, pedicuría y una dieta sabrosa pero espartana.
Bill Power fundó una verdadera religión en 1970, luego de pasar una semana en el Golden Door. Había amasado una fortuna en lo que él llama “el negocio de los enfermos”, pero finalmente optó por vender su parte en varios hospitales privados de Sacramento y San Diego.
“Decidí que quería construir un spa diferente, no como los de Estados Unidos, todo fitness y nada de tratamiento, ni tampoco como los europeos, que son exactamente lo opuesto”, dice.
El spa mental
En Cal-a-Vie, malcrían a cada cliente como a un bebé y luego de una semana se afianza un estado conocido como spa mental.
Pero Bill Power tiene planes mucho más ambiciosos. Hace catorce años, obtuvo un permiso para construir un centro de bienestar en terrenos linderos con Cal-a-Vie. El establecimiento albergará a 175 huéspedes, algunos sólo por días y otros por un mes. El nuevo centro combinaría las disciplinas de los spas con tratamientos de medicina alternativa como acupuntura y quiropraxia para todo tipo de dolencia, desde hipertensión hasta cáncer.
“El bienestar se convertirá en la actividad de mayor crecimiento en Estados Unidos”, afirma Power, parafraseando los vaticinios del empresario evangelista John Harvey Kellogg. “Un spa no es una granja para gordos o el negocio de hacer sudar a la gente. Se puede hacer mucho dinero con la medicina alternativa”.
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