-¿Cuál será la necesidad de financiamiento de la Argentina durante el año próximo?
-Estamos previendo amortizaciones por US$ 11.800 millones. Podrían cambiar un poco si hubiera alguna emisión corta, pero andarán por allí. Y estamos trabajando con un déficit fiscal de US$ 4.500 millones. Además, hay otras necesidades que son de superávit no expropiable, con lo cual llegaríamos a alrededor de US$ 17.000 millones, que está en línea con lo que venimos colocando en los mercados locales e internacionales en los últimos años. El sector privado tendrá vencimientos por alrededor de US$ 6.000 millones, más altos que los de este año. Pero si uno mira la estructura de vencimientos de la deuda verá que gran parte fue tomada por empresas extranjeras en la Argentina, casi todas ellas investment grade. En general, esas empresas han podido mantener el crédito, tanto en el exterior como en el mercado local. No veo mayores problemas para el sector privado.
-¿Hay margen para proponer y obtener una reprogramación de los vencimientos de la deuda?
-No. Y creo que no hace falta. La deuda pública se puede refinanciar a través de los mecanismos tradicionales, que son los mercados de capitales, locales e internacionales. Y, si es necesario, están los organismos multilaterales. El FMI ha dicho reiteradamente que está dispuesto a escuchar a la Argentina; por supuesto, en la medida en que se siga manteniendo la prudencia fiscal.
-¿Es posible que se cumpla el déficit de US$ 4.500 millones previsto en el proyecto de presupuesto que rechazaron tanto la oposición como el propio candidato oficialista?
-Primero, US$ 4.500 millones es un número acorde con la Ley de Convertibilidad Fiscal. Segundo, es lo que el mercado está esperando.
-Sin embargo, muchos dicen que es más realista pensar en un déficit de US$ 7.000 millones.
-Digo que el mercado lo está esperando como lo que el gobierno tiene
que proponer. No es una proyección pasiva sino activa. Los economistas
de la city, los analistas de Wall Street, los funcionarios del Tesoro
estadounidense y los técnicos del FMI y el Banco Mundial coinciden en
que, dado que este año hubo un deterioro en las cuentas fiscales, el
año que viene tendría que mejorar la situación. No olvidemos
que el programa con el Fondo preveía originalmente para el 2000 un déficit
de menos de US$ 2.800 millones. Ir a US$ 4.500 millones ya es un salto importante.
A pesar de que este gobierno está yéndose, es nuestra obligación
elaborar un presupuesto con lo que nosotros pensamos que son las políticas
que hay que seguir llevando adelante para garantizar que la Argentina siga teniendo
acceso a los mercados, que el sector privado siga financiándose, que
siga habiendo inversiones y que sigamos en la senda del crecimiento. Lo que
muestra este proyecto de presupuesto es una forma de llegar a los US$ 4.500
millones. Hay otras formas. Lo que sería un error es desviarnos de los
US$ 4.500 millones.
-¿Cuál sería el nivel crítico de necesidad de financiamiento que haría disparar una situación de desconfianza en los inversores externos?
-No hay números mágicos. No se pasa de la tranquilidad al abismo. Lamentablemente, el año pasado y éste no se logró bajar la necesidad de financiamiento como se esperaba, en gran parte porque tuvimos una recesión, porque tuvimos shocks externos muy fuertes. Pero más que un número, lo que hay que demostrar es que la Argentina, de ahora en más, va a controlar el déficit fiscal y va a seguir con una política de financiamiento a largo plazo para evitar la concentración de vencimientos. Gran parte de la capacidad de absorber deuda va a depender del tamaño del mercado de capitales: ahí sí hay que hacer un esfuerzo muy importante en seguir desarrollando el mercado local, para que la Argentina se financie más en el país que en el exterior, a tasas razonables.
-¿Qué hay que hacer para desarrollar el mercado local de capitales, cuando cada vez más empresas están retirándose de él?
-No es un fenómeno solamente argentino; es regional y en parte se debe
a que los precios de las acciones están hoy muchísimo más
bajos que en 1992 o 1993 y no es tan atractivo para las empresas ir a la Bolsa.
Si tuviéramos un Indice Merval de 800 o 1.000 puntos, muchas empresas
estarían emitiendo acciones. ¿Qué va a impulsar al Merval
a 1.000? Primero, una rebaja del costo financiero. Si baja el riesgo país,
será un factor importante. Segundo, perspectivas de crecimiento más
prolongado. Si esas condiciones se dan, no habrá ninguna razón
para que el Merval no suba, porque existe demanda.
-¿El sector público está frente a la probabilidad
de una situación de insolvencia?
-No, para nada. El sector público tiene una deuda del orden de 40%
o 41% del PBI. Los intereses que estamos pagando, si bien son altos en relación
con lo que fueron históricamente, son bajos comparados con los de otros
países. Por ejemplo, en Polonia y México el servicio de intereses
equivale a 3% del PBI y en la Argentina estamos en 2,4%. Además, aunque
las tasas puedan parecer altas, la convertibilidad ayuda a bajar el costo. Mientras
tanto, países con tipos de cambio flotantes están pagando tasas
mucho más altas que las que pagamos nosotros. Los países que corren
peligro de insolvencia son los que tienen déficit de 6% o 7% del producto.
-Usted, seguramente, no ignora que hay analistas que dicen que al próximo
gobierno le va a quedar financiamiento asegurado nada más que para 40
días.
-¿Eso dicen? De hecho, no va a ser así. Nosotros estamos trabajando
en un programa para asegurar que el próximo gobierno, entre lo que tenga
en caja y los desembolsos comprometidos, pueda cubrir sus necesidades hasta
marzo del 2000. Por lo menos, un trimestre. Queremos poner todos nuestros esfuerzos
para que ésta sea una transición ordenada porque eso va a ayudar
a bajar el riesgo país. Vamos a tener terminado el programa financiero
del año antes de las elecciones. Con la línea de garantía
del Banco Mundial pensamos hacer una emisión importante de, por lo menos,
entre US$ 800 millones y US$ 1.000 millones. Con esa base y algunas otras emisiones
que tenemos en vista, la Argentina no debería tener ningún problema
para empezar la próxima administración.
-Tampoco debe ignorar que hay quienes dicen que sería bueno que
usted se quede, al menos durante unos meses, trabajando en el próximo
gobierno. Incluso, hay quienes aseguran que ya se lo han propuesto.
-Por ahora estoy pensando en el presente. Aún soy parte de este gobierno.
Si me lo ofrecieran y yo considerara que podría hacer un aporte al país
quedándome, lo voy a analizar seriamente. Todavía no me han ofrecido
nada y por ahora estoy planeando irme de vacaciones en diciembre.
-Convengamos que su permanencia sería una señal muy tranquilizadora
para los mercados y para los inversores.
-No sé. Puede ser. La verdad es que no quiero especular sobre ese tema.
-Dolarización: ¿sí o no?
-Yo soy partidario de la dolarización. Hoy, como están dadas
las condiciones, hay más para ganar que para perder. Dado que existe
el convencimiento de que salir de la convertibilidad no sería prudente,
eliminar el riesgo devaluatorio va a ayudar a que haya más credibilidad
en el largo plazo. Pero pienso que para llevarla adelante en forma exitosa es
necesario algún tipo de acuerdo bilateral con el gobierno estadounidense
que, en su momento, mostró interés para comenzar a discutir el
tema. Si se avanzara hacia la dolarización hay dos temas que discutir,
a ver si se puede encontrar una solución. El primero es que el país
va a perder el señoraje, la capacidad de percibir ingresos por las reservas
que tenemos. Eso tiene un costo de US$ 800 millones a US$ 1.000 millones por
año y habría que ver alguna forma de que la Argentina se resarciera
de eso, porque en momentos en que estamos pidiendo un ajuste, esa cantidad es
grande. Y segundo, asegurar que el Banco Central pueda seguir actuando como
prestamista de última instancia.
-¿Qué opina sobre las ideas económicas de los dos
principales candidatos?
-Preferiría responder qué opino sobre lo que han hecho los referentes
económicos. Por suerte, he tenido la oportunidad de tener bastante diálogo
tanto con Jorge Remes Lenicov como con José Luis Machinea. Creo realmente
que los dos tienen una muy buena formación y, en mi opinión, tienen
las prioridades bastante claras. Ponen un acento muy fuerte en mejorar las cuentas
públicas y en el objetivo de que la Argentina llegue al investment
grade, lo cual permitirá rebajar el costo del financiamiento. No
están cuestionando ni la convertibilidad ni las privatizaciones. Lo que
quieren es mejorar el sistema existente. Desde ese punto de vista me siento
muy tranquilo con cualquiera de los dos.
-¿La situación de Brasil puede seguir complicándose?
Si el real siguiera devaluándose, ¿cómo afectará a
la Argentina?
-Es difícil tener una visión clara. Si uno mira la situación
fiscal, ve que el superávit primario ha estado creciendo y llega casi
a 3,5% del producto. Es un número razonable. No veo problema por ahí.
Y esperaría a corto plazo un ajuste fiscal mucho mayor en materia de
superávit primario. En cambio, si uno mira los intereses… Eso va a
depender mucho de cuál sea la tasa de interés nominal. El gobierno
brasileño ha hecho un programa que cierra bien si la tasa de interés
nominal llega a 12% a fin de año o principios del año que viene.
Hasta ahora, a lo largo del año los intereses han ido bajando en línea
con el cronograma establecido. La pregunta es: ¿van a poder seguir bajando
así? Dado que se ha estado controlando bien la inflación, que
la economía se ha reactivado un poco y que hay más confianza en
el real, creo que es posible. Si se cumplen esos objetivos, no veo mayores problemas.
Y si en algún momento el real se depreciara, no sería un problema
demasiado serio: está dentro de las reglas de juego del tipo de cambio
flotante.
-¿Cuál debería ser la agenda inmediata del próximo
gobierno para ganar la confianza de los inversores externos?
-Dos cosas. Primero, mostrar que existe la voluntad política de hacer
el ajuste fiscal que es necesario y que para eso es capaz de generar el apoyo
del Congreso. Segundo, mostrarle al mercado una estrategia de financiamiento
que pueda llevarse adelante sin problemas.
-¿Qué hipótesis arriesgaría, tanto para el mejor de los casos como para el peor, en materia de spreads con respecto a los bonos del Tesoro estadounidense para el 2000?
-Depende del plazo. Creo que en algún momento la Argentina va a llegar a su investment grade, con lo cual vamos a llegar a spreads, incluso para bonos largos, de entre 150 y 200 puntos básicos. No es algo inmediato pero puede pasar dentro de los próximos cuatro años. Y el peor escenario sería el del año pasado y el de éste, en que tenemos spreads inusualmente altos, de entre 600 y 800 puntos básicos. No creo que se mantengan mucho tiempo más.
-¿Se espera para fin de año una corrida de depósitos por el problema informático del año 2000?
-No. Mi opinión es que el sistema financiero argentino está muy bien preparado para el 2000. Y creo que la gente está percibiéndolo. Hubo recientemente un informe del gobierno estadounidense calificando a la Argentina como de bajo riesgo. Naturalmente, siempre hay un aumento de la demanda de efectivo a fin de año y puede que esta vez sea mayor. Pero no una corrida. Probablemente la gente va a pedir más dinero por las dudas, pero no a niveles que lleguen a pánico ni nada por el estilo.
