1. Una economía estancada
Según estimaciones preliminares, el PIB habría caído 4,5% en el segundo trimestre de este año con respecto al mismo lapso de 1998. Aunque los datos parciales hasta ahora conocidos no permiten pronosticar cuándo se producirá una inflexión del ciclo recesivo, la mayoría de los analistas coincide en que la economía permanecerá estancada, por lo menos, hasta después de las elecciones. En palabras del ex viceministro de economía, Carlos Rodríguez, “la comunidad inversora de la Argentina y del exterior quiere esperar, antes de ingresar otra vez capitales al país, a que la nueva administración muestre sus verdaderas intenciones”.
Sin embargo, hay quienes sostienen que lo peor de la recesión ya habría pasado o que, incluso, el final de la etapa recesiva podría haberse alcanzado durante julio, aunque ello no impediría que en el tercer trimestre del año se registre otra caída inter-anual en el nivel del PIB.
De todos modos, no es posible descartar que acontecimientos que escapan al control del gobierno (como un nuevo deterioro de los precios externos, una suba de las tasas de interés internacionales, o el estallido de una crisis en algún país emergente) interrumpan ese cambio de tendencia y empujen a la economía, otra vez, a una fase recesiva.
Por último, si se cumple el pronóstico sostenido por la mayoría de los analistas de que el PIB caerá entre 3,5% y 4% durante este año, esto significará que la recesión fue más fuerte que la derivada del efecto tequila y que el nivel absoluto del producto será equivalente al registrado en 1997. Lo que conduce, en definitiva, a la conclusión de que en los dos últimos años se produjo una apreciable caída en el ingreso por habitante.
2. Alto desempleo
Es poco probable que el índice de desocupación que se registró a mediados de año (casi 15%) haya descendido cuando asuma el nuevo gobierno. Por el contrario, no resultaría sorprendente que la cifra sea todavía mayor. Por lo menos tres factores contribuyen al incremento:
- la recesión se extendería hasta que se disipe la incertidumbre;
- la rebaja de los aportes patronales no tiene un impacto inmediato sobre
el proceso de generación de puestos de trabajo; - los fuertes problemas de competitividad de la economía inducirán
a nuevos ajustes en los planteles de trabajadores.
3. Distribución del ingreso
Uno de los aspectos más negativos del proceso de transformaciones económicas de los últimos diez años fue el deterioro en la distribución funcional, personal y familiar de los ingresos.
Los numerosos estudios realizados sobre el tema coinciden en señalar la pérdida de participación de la masa salarial en el PIB total y el aumento en la proporción del ingreso correspondiente a los estratos más altos en la estructura de la distribución personal y familiar de la riqueza. Este proceso muestra, nuevamente, una tendencia a acentuarse.
Los datos sobre la evolución de los niveles de pobreza entre mayo de 1998 y mayo de 1999 en el ámbito de la Capital y el Gran Buenos Aires exhiben un cuadro muy semejante al que se observaba durante los episodios hiperinflacionarios de 1989 y 1990.
4. Consecuencias de la concentración
La apertura comercial y financiera, la venta de activos públicos, la privatización de las empresas estatales y la desregulación alentaron un fuerte avance de la concentración de la producción en empresas de mayor tamaño y, simultáneamente, un importante desembarco de capitales extranjeros.
Las consecuencias negativas de este proceso se reflejan en una menor tasa de creación de empleos por el desplazamiento de Pymes, un impacto desfavorable en el rubro de servicios reales y financieros del balance de pagos y problemas derivados del abuso de posiciones dominantes en el mercado.
5. Déficit fiscal
El déficit fiscal de 1999 será, en principio, muy semejante al que, como herencia del equipo Cavallo, recibió en 1996 la actual conducción económica: alrededor de US$ 6.000 millones.
Pero, en realidad, como se encargan de advertir analistas, el déficit es aún mayor.
La variación del endeudamiento público es muy superior al déficit fiscal, lo que estaría revelando la existencia de quebrantos en otros rubros que se encuentran fuera del presupuesto, o la consolidación de deuda flotante hasta ahora no reconocida.
Pero la mayor preocupación de los inversores reside en que ese déficit de US$ 6.000 millones puede alcanzar, en ausencia de un nuevo ajuste de las cuentas públicas, valores cercanos a los US$ 10.000 millones el año próximo.
En el 2000 habrá que pagar mayores intereses por la deuda externa, no será ya posible generar recursos por privatizaciones (como los que produjo la venta de las acciones de YPF), y las cuentas públicas se resentirán por los efectos de la anunciada decisión de reducir los aportes patronales. Todo ello puede traducirse en un impacto negativo adicional de US$ 4.000 millones.
Y esta estimación no toma en cuenta otra de las herencias que recibirá
el próximo gobierno: el creciente desequilibrio en las finanzas de las
provincias, que conduce no sólo al ya visible recrudecimiento de los
conflictos sociales, sino también a crecientes demandas de ayuda financiera.
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6. Endeudamiento creciente
En el contexto del régimen de convertibilidad, el déficit del Estado sólo puede financiarse a través de la colocación de deuda interna y externa. Debido al deterioro de las cuentas fiscales, en los últimos años aumentó de manera significativa el peso de la deuda pública. La cuestión que más inquieta a los inversores locales y externos es si el país podrá hacer frente a esos mayores compromisos en un momento en que los indicadores de solvencia fiscal y externa muestran un visible deterioro.
La preocupación se agrava si se consideran otros factores. No puede descartarse, por ejemplo, la posibilidad de que las tasas de interés internacionales registren nuevas y sucesivas alzas, que generarían mayores presiones sobre el gasto público.
Otro punto débil es el perfil de vencimientos. Las dificultades de
acceso al mercado de capitales privados que enfrenta últimamente la Argentina
tienen dos consecuencias directas: un mayor costo del endeudamiento y un acortamiento
de los plazos.
| Deuda externa total Saldos al 31 de diciembre de cada año (en miles de millones de dólares y en porcentaje) ![]() |
7. Crisis del Mercosur
La devaluación de la moneda brasileña, a comienzos del año, coincidió con otras circunstancias que contribuyeron a agravar los conflictos comerciales dentro del Mercosur:
- una fuerte caída en los precios internacionales de la mayoría
de los productos que exporta la Argentina, - la apreciación del dólar en relación con las otras
monedas fuertes, - devaluaciones significativas en la mayor parte de los países emergentes,
que pugnan por entrar en los mercados de las naciones desarrolladas, - un proceso recesivo, tanto en la Argentina como en Brasil.
La preocupación sobre el futuro del bloque se acrecienta ante la ausencia de instrumentos legales que permitan resolver los conflictos provocados por el cambio brusco de las condiciones macroeconómicas de alguno de los dos socios principales.
Es preciso tener en cuenta, por otra parte, que la dificultad para coordinar
políticas macroeconómicas no es una cuestión que pueda
resolverse satisfactoriamente a corto plazo y que tampoco ayuda a mejorar las
cosas el clima de incertidumbre económica prevaleciente en Brasil y la
Argentina.
| Resultado fiscal (en miles de millones de dólares y en porcentaje) ![]() |
8. Baja competitividad externa
Un indicador de los problemas de competitividad y de precios externos que enfrenta la economía argentina es el comportamiento de la balanza comercial.
La actual reversión del déficit es el resultado de una fuerte contracción de las importaciones (derivada de la recesión) que compensa holgadamente la significativa caída de las exportaciones.
Esta situación es muy diferente de la que se registró en 1995, en plena crisis del tequila, cuando la disminución de las importaciones estuvo acompañada de un notable incremento en las exportaciones.
En estas condiciones, no es sorprendente que surjan crecientes dudas acerca de la capacidad de la economía argentina para generar las divisas que le permitan atender sus compromisos externos; sobre todo si un cambio en la dirección de los flujos internacionales de capitales privados impone aún mayores obstáculos a las posibilidades de financiamiento externo del país.
Aunque se estima que los precios internacionales de los bienes que exporta la Argentina habrán de mejorar el año próximo, los observadores no se inclinan a pronosticar que el aumento será importante y sostenido.
Parece poco probable, por otra parte, que se produzca un proceso de apreciación de la moneda brasileña. Por el contrario, se multiplican los temores en torno de la posibilidad de una nueva ronda devaluatoria. Las todavía elevadas tasas de interés reales, las persistentes dificultades en materia fiscal, y la débil reacción de las exportaciones a la devaluación, contribuyen a incrementar las preocupaciones sobre el futuro de Brasil.
Tampoco hay motivos para confiar en que el actual proceso de depreciación del dólar en relación con las otras monedas fuertes avance mucho más allá de los niveles que ha alcanzado en los últimos tiempos. Por un lado, los japoneses manifiestan creciente resistencia a que su moneda se revalúe otra vez. Por el otro, los estadounidenses no se muestran convencidos de que un dólar aún más depreciado sea, en este momento, beneficioso para la economía de su país.
Una de las vías más rápidas y efectivas para mejorar la competitividad externa de la economía argentina es la reducción de los costos del trabajo, y particularmente de las cargas impositivas en esta área. Pero la dura realidad de la penuria fiscal representa un obstáculo para emprender este camino. La otra alternativa alentar un proceso de disminución nominal de los salarios o de expulsión de mano de obra involucra obvios costos sociales y políticos.
En cuanto al factor capital, dos aspectos son de crucial importancia: por un lado, el nivel de la tasa de interés y el acceso al financiamiento; por el otro, una estructura de tributación que estimule la inversión en capital físico y en recursos humanos.
Aunque hay margen para avanzar en este terreno, es preciso tener en cuenta que el nivel de las tasas de interés y el acceso al financiamiento son cuestiones sobre las cuales suelen tener escaso peso las decisiones gubernamentales.
Frente a la alternativa de reducir los costos mediante un uso más eficiente de los recursos energéticos, los insumos y las materias primas, quienes conocen la situación de los sectores exportadores destacan que, en la mayoría de los casos, ya se ha hecho casi todo lo que había por hacer.
Las empresas que colocan sus productos en el exterior o que compiten con las importaciones ya han llevado a cabo casi todos los ajustes posibles en los factores de competitividad no relacionados con los costos: mejor uso de la capacidad instalada, adaptación a normas técnicas, acortamiento de los tiempos de entrega, diferenciación de productos y especialización.
Queda, quizás, algún margen para avanzar en las actividades no transables; pero los progresos en esa área no se harían sentir a corto plazo en el resto de la economía.
Todo ello contribuye, en suma, a tornar aún más exiguo el menú
de opciones para cambiar las opacas perspectivas que dominan el escenario de
la vigilia preelectoral.
| Balanza comercial de bienes (en millones de dólares) ![]() |



