miércoles, 29 de abril de 2026

    “Estamos encerrados en una trampa”

    – El mes pasado, en MERCADO, Pablo Gerchunoff sostuvo que luego de lo que sucedió en Brasil, la Argentina tiene cuatro alternativas: abandonar la convertibilidad y seguir en el Mercosur, abandonar el Mercosur y seguir con la convertibilidad, abandonar los dos o mantener ambos. ¿Cuál de las cuatro le parece la más aconsejable?


    – El Mercosur es un objetivo que la Argentina no puede abandonar. Es la única región del mundo en la cual tenemos superávit comercial. El nivel de competitividad que hay en el mundo y las crisis en algunas áreas donde podríamos tener un crecimiento de las exportaciones me hacen pensar que no es sustituible en el corto plazo. Abandonarlo generaría una situación aun más grave desde el punto de vista del deficit de la balanza comercial. Por otro lado, hay una jugada estratégica a la cual el país apostó y tendría un alto costo abandonar la idea del Mercosur. En relación con la convertibilidad, estamos en una situación de emergencia y no creo que estemos en condiciones de pensar en salir de ella todavía. Entonces, hay que seguir con la convertibilidad y hay que seguir con el Mercosur, y hay que negociar para que todo esto sea compatible.


    – ¿Cuál es el camino para que las dos cosas sean compatibles?


    – Es un tema difícil. Estamos en una dificultad seria, pero a los dos países les interesa esto. Brasil quiere ser uno de los puntos de referencia internacional, para lo cual necesita al Mercosur. En el Mercosur, la Argentina es una pieza clave; no es reemplazable. En ese contexto de interés mutuo hay que buscar la solución. Me parece que hay algunos puntos que hay que empezar a plantear. Primero, lo que ha dicho el mismo gobierno ­que, lamentablemente, sólo ahora se acuerda­ sobre la necesidad de estructurar políticas macroeconómicas comunes en un plazo de cinco años o algo así. Nosotros veníamos planteando las diferencias políticas del Mercosur, hablábamos de los subsidios que daba Brasil. Nunca se hizo caso: se pensaba que Brasil por ese camino no iba a poder perdurar. Y Brasil perduró y ahora sí se dan cuenta de que es indispensable fijar políticas económicas comunes. Esto es un elemento altamente positivo.


    – Esas políticas a acordar dentro del Mercosur, ¿salvarían la falta de una política industrial o de exportaciones dentro de la Argentina o, paralelamente, la Argentina debería tener sus propias políticas?


    – Primero hay que fijarlas dentro del Mercosur. Tiene que haber una suerte de coincidencia y de distribución racional de todo, y buscar potenciar a la región en su conjunto. La industria automotriz es un buen ejemplo: hemos crecido en forma significativa pensando en una complementación regional. Eso puede permitirnos, de acá a unos años, tener una industria mucho más eficiente. Lo que no puede hacerse es, por un lado, acordar eso y, por otro, que uno dé subsidios y el otro no, porque entonces las inversiones ya no se orientarían en un marco regional sino en función de dónde se obtiene el mejor beneficio. Se han comprometido en la región inversiones muy grandes, de aproximadamente US$ 20.000 millones sólo entre las terminales, a lo que hay que sumar las autopartistas. Ahora uno no puede alterar esto en forma brusca. Hoy, a raíz de la nueva situación de Brasil, no podemos exportar allí porque tenemos una diferencia de costos de 30% a 35%. Creo que a los dos países debería interesarles racionalizar esto y, mientras se discuten las políticas de largo plazo, buscar algunos mecanismos que permitan que se siga operando igual que antes. Peor sería que no pudieran cumplir sus planes y las empresas suspenan las inversiones.


    – ¿Podrían haberse evitado, al menos parcialmente, los efectos que la situación de Brasil causó en la Argentina?


    – Mucho no se puede hacer. Me parece muy ingenuo cuando se dice: “Vamos a abrir los mercados”. En el caso particular de nuestro sector, la apertura de los mercados es un tema de costos. Y el costo no tiene que ver con nuestra competitividad sino con las políticas del Estado y con la capacidad de éste de manejar su déficit. Si no hay reembolsos a las exportaciones, si no se nos quitan impuestos, si no se aplican otras políticas, es muy difícil lograr esos costos. Además de las áreas de influencia que cada uno de nosotros tiene. En otros sectores industriales tampoco se abren las regiones tan fácilmente. Y tampoco estamos en el mejor de los momentos para eso.


    – Parece que no había alternativa: la crisis se venía y estábamos atados de pies y manos…


    – Lo que no se previó era que Brasil no iba a ir por el camino de la Argentina. Acá hay una cierta creencia en que nuestra política económica y el cumplimiento estricto de ciertos patrones que hoy imperan en el mundo son palabra santa y nadie se va a ir de ello porque el que se va, se destruye. Si uno analiza el mundo, en la convertibilidad no hay nadie más que nosotros; los países devalúan y ajustan sus tipos de cambio. Cuando algunos países tomaron medidas muy dramáticas hubo una gran convulsión pero, a la larga, fueron estabilizándose y resolvieron algunos de los problemas por los cuales tuvieron que ir a esas medidas: redujeron la deuda pública, ajustaron los precios relativos, mejoraron la competitividad. Entonces, pensar que no debíamos preocuparnos porque a la larga Brasil debería haber ido a una política como la nuestra fue un poco ingenuo. Fue producto de la falta de conocimiento de lo que es Brasil, de cómo son allí las relaciones de poder. Cuando nosotros le decíamos al gobierno que creíamos que podría haber una devaluación, nos respondían que no podía ser porque el presidente o el ministro tal se los había prometido. El gobierno no veía cuáles eran las relaciones efectivas de poder en Brasil. Hoy, ellos ya han resuelto su problema y exportan; nosotros estamos encerrados en una trampa. Por eso estamos preocupados: porque si yo supiera que en 30 días volvemos a la misma relación de precios reales que había antes de la devaluación, no me mortificaría. Pero hoy estamos todos convencidos de que por un largo plazo vamos a tener un Brasil que ha mejorado su relación de cambio y que eso nos afecta.


    – ¿Es posible construir un mercado común y una relación suficientemente sólida cuando hay tanto recelo y tanta desconfianza de ambos lados?


    – Es una dificultad. Al menos en algunos sectores de las clases dirigentes y de pensamiento hay, evidentemente, una divergencia notable en la forma de analizar los problemas y cómo manejarlos. El sentido común no siempre prevalece, pero hay muchos intereses en la región que apuestan a que prevalezca. Nosotros invertimos US$ 20.000 millones en siete años y vamos a presionar para que así sea. No creo que a nadie le convenga emitir desde la región señales negativas, generar desconfianza en el sector inversor. Por lo tanto, pasada esta ola de efervescencia en la que se dicen muchas cosas, Brasil entrará en el camino de la estabilidad y los gobiernos se sentarán a pensar en los errores cometidos y en las medidas de transición. La Argentina no puede salir de la convertibilidad a corto plazo y no puede compartir una región abierta con un país que va a tener, por la vía de la devaluación, una mejor efectividad en su tipo de cambio.


    – Tampoco ha cortado Brasil los subsidios a sus exportaciones.


    – No. Estos son los puntos que queremos discutir. Brasil tiene que sacar los subsidios en algunos sectores. No sé si en todos, pero sí en aquellos que nos afectan seriamente, como el caso de la industria automotriz. Nosotros propusimos un arancel adicional que además sirva para financiar las exportaciones argentinas. Es difícil que Brasil lo acepte en este momento, pero una vez que las cosas se estabilicen y el Fondo Monetario les diga que los subsidios no pueden seguir, me parece que vamos a ir llegando a un punto de equilibrio. De lo contrario, será la desesperación y el caos.


    – Si no fuera así, ¿vendría una guerra de subsidios?


    – La Argentina no puede hacer nada porque tiene un esquema de convertibilidad en el cual su déficit tiene que estar muy controlado. Sí creo que la Argentina tendría que empezar a pensar en algunas herramientas como algún déficit adicional si con eso puede promover más las exportaciones para reducir la dependencia de Brasil.


    – El gobierno sigue diciendo que va a privilegiar el Mercosur por encima de la situación de las empresas locales, mientras las exportaciones siguen cayendo. ¿Es, como dijo alguna vez Francisco Macri, que Brasil cuida mucho a sus empresarios y la Argentina no?


    – No sé qué quiso decir Macri, pero interpreto que se habrá referido a este fenómeno tan propio de la Argentina de creer que las cosas tienen que ir por el rumbo que los mercados dictan. Es un disparate. Porque ni siquiera los mercados actúan de acuerdo con los operadores, sino que están influidos por montones de variables que son incontrolables. A nosotros se nos cayeron las ventas, como a todo el país, 30% a partir de agosto o septiembre. ¿Por qué regla del mercado? ¿Porque un grupo de especuladores produjo una caída de las bolsas del sudeste asiático? ¿Porque a través de un fax se movieron capitales y quebraron la situación de varios bancos en Japón? Si en esas condiciones el Estado no interviene para corregir esos desequilibrios, el empresario está totalmente solo y cada vez peor: puede quebrar, fundirse y perder sus inversiones. Esto no es así en Brasil, donde hay una preocupación permanente por el mundo empresario. Pero supongo que estos golpes nos van a enseñar y vamos a tener que llegar a una conclusión: el equilibrio fiscal que requiere un modelo de convertibilidad se puede lograr únicamente en un país que crece en forma sostenida y que exporta en forma sostenida para contener eventuales problemas de divisas. Y esto hay que hacerlo apoyando al empresario y actuando.


    – Usted sugiere que la crisis de Brasil podría durar poco más o menos que lo que duraron otras crisis recientes y que todo volverá a la normalidad a corto plazo. Ahora, ¿cuánto puede quedar en el camino para la Argentina?


    – Primero que nada: ¿qué crisis de Brasil? Brasil redujo 50% su deuda interna en estos días. El problema es de los bancos que le prestaron o nuestro porque no podemos competir con las exportaciones de Brasil. Que esto nos va a costar es seguro, porque Brasil hizo esta devaluación para mejorar su tipo de cambio, aumentar sus exportaciones y reducir sus importaciones. Y 30% de lo que exporta la Argentina va a Brasil.


    – El año próximo vence el actual régimen para la industria automotriz. ¿Hacia dónde se debe ir?


    – El acuerdo vigente habla de un mercado libre, sin restricciones, en el 2000. Ya habíamos dicho que tenía que haber algún tipo de restricciones por el desequilibrio que había entre las políticas internas de los países, por todos los subsidios que Brasil da y que nosotros no tenemos. Hoy creo que no va ni lo acordado antes ni lo que se discutió últimamente. Primero habrá que ver cómo evoluciona esta negociación inmediata en el campo del Mercosur y qué medidas está dispuesto a aceptar Brasil para compensar la diferencia de costos, y, a partir de allí, hablar para después del 2000. Probablemente habrá que postergar esta decisión por algunos años más. No imagino hoy, en las condiciones actuales, que se pueda abrir totalmente el Mercosur sin infligirle un costo muy alto a la Argentina.