-Duhalde construye su posición con críticas
al modelo económico y al presidente Menem. ¿Esto lo ubica a usted
como el candidato de la derecha en la carrera interna del justicialismo?
-Me parece que los acontecimientos que han ocurrido en el mundo dicen claramente
que hoy es más que utópico hablar de izquierdas y de derechas.
Hay una flexibilidad permanente, marcada por los mercados. Estar, actualmente,
a la izquierda o a la derecha es como no haber vivido la historia.
–¿Eso va para Duhalde, que dice que está a dos grados a
la izquierda de la Alianza?
-Va para todo aquel que no tenga la capacidad de captar las mutaciones que
se van produciendo. De todos modos, creo entender lo que quiere decir Duhalde.
Y no dice nada novedoso con respecto a la preocupación que todos tenemos
por los problemas sociales.
–¿Cuál debería ser, en su opinión, la agenda
del posmenemismo?
-Habrá que hacer lo que no se ha hecho aún; corregir, si es
que hay cosas que corregir. El modelo evidentemente está conectado en
la frecuencia en la que se mueve el mundo. No es fácil, hay todo un problema
cultural para que aprendamos que tenemos que salir a ganar los mercados, a competir.
-¿Qué cosas deberían ser corregidas?
-El tema social. Vengo de ocupar esa cartera y observé que se puede
ser más eficiente en el gasto social, promover otros mecanismos de ayuda
y terminar con el asistencialismo. Por otro lado, creo que todavía la
administración pública es lenta, pesada, burocrática.
-¿Se gasta mal en los planes sociales?
-Se puede reasignar el gasto y se lo puede volver mucho más beneficioso
para la gente. Me despedí presentando al gabinete un proyecto para reacomodar
los programas, invertir mejor y buscar además otros objetivos, como recuperar
la noción de núcleo familiar, con la mujer como agente de esos
programas. Porque el Estado, que se mete a comprar, fraccionar o construir comedores,
lo hace mal. El problema de la pobreza es importante, pero ¿cómo
se lo soluciona si no se va al corazón del asunto? Y esto es lo que ha
hecho el presidente Menem, porque el resto era ir poniendo algunos parches.
Ahora pusimos al cuerpo en un quirófano para ver realmente qué
es lo que había que hacer. Y no cicatriza tan rápido.
-¿Usted llevaría a su gobierno a figuras del gabinete de
Menem?
-Me parece que va a ser muy difícil porque, por más que respete
a mucha gente que está hoy en la función pública, nadie
tiene el mismo pensamiento en todas las cosas. Los equipos los arma uno.
-El hecho de ser el precandidato elegido o apoyado por Menem, ¿amplía
o empeora sus chances electorales?
-No creo que existan motivos para pensar que soy el elegido de Menem. Yo no
siento hasta aquí ser el candidato de Menem, no ha habido una señal
concreta para que pueda pensar eso.
-¿La espera?
-Yo creo que más que esperar el apoyo, el dedo que señala al
delfín, lo que tenemos que reconocer es que el peronismo necesita de
todos. Acá no gana un candidato solo, no gana Duhalde solo, Ortega solo
o el presidente Menem solo. Se necesita al justicialismo para ganar.
-¿Es posible una fórmula Ortega-Duhalde o Duhalde-Ortega?
-Después de la interna seguramente podrán sentarse a conversar
los equipos de ambos lados.
-¿Qué pasó en Tucumán para que, después
de cuatro años de gobernar usted, se impusiera Bussi?
-Más que por mérito propio, Bussi ganó por un error inexplicable
del justicialismo, en ese momento manejado por Duhalde. Yo goberné cuatro
años sin partido político, porque no gané con el justicialismo,
sino con un partido provincial propio, al que después se sumó
un PJ intervenido. Tuve las dificultades más grandes del mundo para gobernar,
sacar una ley en la legislatura era imposible, porque la indisciplina del PJ
era total, incluido quien fuera mi vicegobernador. Para colmo de males, se le
ocurre ir de candidata a una señora, por entonces senadora (Olijela Rivas),
cuando las encuestas le daban más de 50% de imagen negativa.
-¿No teme la reedición de problemas similares si resulta
electo presidente y Menem sigue al frente del PJ hasta el 2002?
-No, porque en este tiempo creo haber aprendido bastantes cosas como para
que no me pase lo mismo que me pasó en Tucumán y, además,
porque sé que si Menem sigue al frente de la conducción partidaria
no habrá problemas.
-¿En quiénes pensaría para armar el equipo económico
de su gobierno?
-No me gusta hacer nombres. Si digo que tengo respeto por la capacidad técnica
y profesional de Cavallo podría parecer que lo quiero bajar de su aspiración
presidencial para pedirle que vuelva a ser ministro. Pero pienso también
en gente joven. Hay una generación de personas valiosas, como Horacio
Rodríguez Larreta, a quien tuve trabajando conmigo en la Secretaría
de Desarrollo Social. El viene haciendo una muy buena experiencia en la función
pública y realmente tiene una gran capacidad y la audacia que le da la
edad.
-También están en su equipo de economistas Aldo Ducler
y Orlando Ferreres.
-No, ellos aceptaron ser asesores en la Secretaría, ad honorem,
y en las reuniones en las que se habla de economía están presentes,
pero el que estuvo trabajando conmigo es Horacio.
-Del otro lado, en la Alianza, aparecen nombres muy fuertes, como López
Murphy o Machinea. ¿No le parece que tendría que oponer figuras
con un peso similar?
-No creo que sean más capaces que Rodríguez Larreta. Y desde
el punto de vista electoral, la gente nunca vota a un ministro de Economía,
vota a un presidente. Además, tengo la sensación de que, tal como
está el mundo hoy, en la Argentina empieza a perder peso la figura del
ministro de Economía. Hay que tener un buen ministro, pero son los acontecimientos
del mundo los que marcan el ritmo. Y hay otra cosa, que me gustaría que
quedara apuntada y volviéramos a charlarlo a fines del ´99: si cualquiera
de las dos figuras que está barajando la oposición llega al Ministerio,
yo zapateo un malambo en el Obelisco.
-Mire que esto queda registrado.
-Hasta ahora son todos nombres que se van tirando, pero estoy seguro de que
cualquiera que llegue a la Presidencia de la Nación convoca a cualquier
economista, de cualquier partido, y acepta.
-¿Usted lo llevaría a Roque Fernández?
-No sé, no lo he pensado.
-¿Cómo cree que lo ve el establishment económico?
-Creo que me ven bien; y, como en todos los casos, debe haber algunos que
me ven mejor que otros, aunque no me preocupa el tema. Tengo un gran respeto
por la actividad privada pero no estoy pendiente de lo que el establishment
piense de mí. A mí me importan los que hacen al triunfo en una
elección.
Verónica Rímuli y Diego Ardiaca
