viernes, 3 de abril de 2026

    “Hay que terminar con el asistencialismo”

    -Duhalde construye su posición con críticas
    al modelo económico y al presidente Menem. ¿Esto lo ubica a usted
    como el candidato de la derecha en la carrera interna del justicialismo?

    -Me parece que los acontecimientos que han ocurrido en el mundo dicen claramente
    que hoy es más que utópico hablar de izquierdas y de derechas.
    Hay una flexibilidad permanente, marcada por los mercados. Estar, actualmente,
    a la izquierda o a la derecha es como no haber vivido la historia.

    ¿Eso va para Duhalde, que dice que está a dos grados a
    la izquierda de la Alianza?

    -Va para todo aquel que no tenga la capacidad de captar las mutaciones que
    se van produciendo. De todos modos, creo entender lo que quiere decir Duhalde.
    Y no dice nada novedoso con respecto a la preocupación que todos tenemos
    por los problemas sociales.

    ¿Cuál debería ser, en su opinión, la agenda
    del posmenemismo?

    -Habrá que hacer lo que no se ha hecho aún; corregir, si es
    que hay cosas que corregir. El modelo evidentemente está conectado en
    la frecuencia en la que se mueve el mundo. No es fácil, hay todo un problema
    cultural para que aprendamos que tenemos que salir a ganar los mercados, a competir.

    -¿Qué cosas deberían ser corregidas?

    -El tema social. Vengo de ocupar esa cartera y observé que se puede
    ser más eficiente en el gasto social, promover otros mecanismos de ayuda
    y terminar con el asistencialismo. Por otro lado, creo que todavía la
    administración pública es lenta, pesada, burocrática.

    -¿Se gasta mal en los planes sociales?

    -Se puede reasignar el gasto y se lo puede volver mucho más beneficioso
    para la gente. Me despedí presentando al gabinete un proyecto para reacomodar
    los programas, invertir mejor y buscar además otros objetivos, como recuperar
    la noción de núcleo familiar, con la mujer como agente de esos
    programas. Porque el Estado, que se mete a comprar, fraccionar o construir comedores,
    lo hace mal. El problema de la pobreza es importante, pero ¿cómo
    se lo soluciona si no se va al corazón del asunto? Y esto es lo que ha
    hecho el presidente Menem, porque el resto era ir poniendo algunos parches.
    Ahora pusimos al cuerpo en un quirófano para ver realmente qué
    es lo que había que hacer. Y no cicatriza tan rápido.

    -¿Usted llevaría a su gobierno a figuras del gabinete de
    Menem?

    -Me parece que va a ser muy difícil porque, por más que respete
    a mucha gente que está hoy en la función pública, nadie
    tiene el mismo pensamiento en todas las cosas. Los equipos los arma uno.

    -El hecho de ser el precandidato elegido o apoyado por Menem, ¿amplía
    o empeora sus chances electorales?

    -No creo que existan motivos para pensar que soy el elegido de Menem. Yo no
    siento hasta aquí ser el candidato de Menem, no ha habido una señal
    concreta para que pueda pensar eso.

    -¿La espera?

    -Yo creo que más que esperar el apoyo, el dedo que señala al
    delfín, lo que tenemos que reconocer es que el peronismo necesita de
    todos. Acá no gana un candidato solo, no gana Duhalde solo, Ortega solo
    o el presidente Menem solo. Se necesita al justicialismo para ganar.

    -¿Es posible una fórmula Ortega-Duhalde o Duhalde-Ortega?

    -Después de la interna seguramente podrán sentarse a conversar
    los equipos de ambos lados.

    -¿Qué pasó en Tucumán para que, después
    de cuatro años de gobernar usted, se impusiera Bussi?

    -Más que por mérito propio, Bussi ganó por un error inexplicable
    del justicialismo, en ese momento manejado por Duhalde. Yo goberné cuatro
    años sin partido político, porque no gané con el justicialismo,
    sino con un partido provincial propio, al que después se sumó
    un PJ intervenido. Tuve las dificultades más grandes del mundo para gobernar,
    sacar una ley en la legislatura era imposible, porque la indisciplina del PJ
    era total, incluido quien fuera mi vicegobernador. Para colmo de males, se le
    ocurre ir de candidata a una señora, por entonces senadora (Olijela Rivas),
    cuando las encuestas le daban más de 50% de imagen negativa.

    -¿No teme la reedición de problemas similares si resulta
    electo presidente y Menem sigue al frente del PJ hasta el 2002?

    -No, porque en este tiempo creo haber aprendido bastantes cosas como para
    que no me pase lo mismo que me pasó en Tucumán y, además,
    porque sé que si Menem sigue al frente de la conducción partidaria
    no habrá problemas.

    -¿En quiénes pensaría para armar el equipo económico
    de su gobierno?

    -No me gusta hacer nombres. Si digo que tengo respeto por la capacidad técnica
    y profesional de Cavallo podría parecer que lo quiero bajar de su aspiración
    presidencial para pedirle que vuelva a ser ministro. Pero pienso también
    en gente joven. Hay una generación de personas valiosas, como Horacio
    Rodríguez Larreta, a quien tuve trabajando conmigo en la Secretaría
    de Desarrollo Social. El viene haciendo una muy buena experiencia en la función
    pública y realmente tiene una gran capacidad y la audacia que le da la
    edad.

    -También están en su equipo de economistas Aldo Ducler
    y Orlando Ferreres.

    -No, ellos aceptaron ser asesores en la Secretaría, ad honorem,
    y en las reuniones en las que se habla de economía están presentes,
    pero el que estuvo trabajando conmigo es Horacio.

    -Del otro lado, en la Alianza, aparecen nombres muy fuertes, como López
    Murphy o Machinea. ¿No le parece que tendría que oponer figuras
    con un peso similar?

    -No creo que sean más capaces que Rodríguez Larreta. Y desde
    el punto de vista electoral, la gente nunca vota a un ministro de Economía,
    vota a un presidente. Además, tengo la sensación de que, tal como
    está el mundo hoy, en la Argentina empieza a perder peso la figura del
    ministro de Economía. Hay que tener un buen ministro, pero son los acontecimientos
    del mundo los que marcan el ritmo. Y hay otra cosa, que me gustaría que
    quedara apuntada y volviéramos a charlarlo a fines del ´99: si cualquiera
    de las dos figuras que está barajando la oposición llega al Ministerio,
    yo zapateo un malambo en el Obelisco.

    -Mire que esto queda registrado.

    -Hasta ahora son todos nombres que se van tirando, pero estoy seguro de que
    cualquiera que llegue a la Presidencia de la Nación convoca a cualquier
    economista, de cualquier partido, y acepta.

    -¿Usted lo llevaría a Roque Fernández?

    -No sé, no lo he pensado.

    -¿Cómo cree que lo ve el establishment económico?

    -Creo que me ven bien; y, como en todos los casos, debe haber algunos que
    me ven mejor que otros, aunque no me preocupa el tema. Tengo un gran respeto
    por la actividad privada pero no estoy pendiente de lo que el establishment
    piense de mí. A mí me importan los que hacen al triunfo en una
    elección.

    Verónica Rímuli y Diego Ardiaca

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