miércoles, 27 de mayo de 2026

    Miedo a volar

    Cuentan que un joven gerente,
    dominado por el pánico, se negó en pleno aeropuerto a subir al
    avión que lo llevaría al otro lado del mundo a concretar un negocio
    millonario. El ejecutivo de mayor jerarquía que lo acompañaba
    lo miró fijamente y le dijo con soltura: “viajás o te despedimos”.
    Finalmente el hombre subió a bordo y cuando le preguntaron por qué
    había cambiado de opinión, respondió: “nadie jamás
    me había explicado con tanta claridad y exactitud cuáles eran
    los dispositivos de seguridad del viaje”.

    A pesar de que las estadísticas consagran al avión como el medio
    de transporte más seguro después del tren, el miedo a volar sigue
    siendo un fenómeno extendido. Tres de cada 10 pasajeros preferirían
    no estar suspendidos en el cielo y sólo en Estados Unidos habría,
    según un estudio encomendado por la compañía Boeing, 25
    millones de personas con aviofobia.

    Hay razones para suponer, por cierto, que la desconfianza y el temor pueden
    haber recrudecido cuando el 3 de septiembre pasado un avión de Swissair
    ­la línea aérea asociada a los máximos niveles de
    seguridad­ se estrelló en Canadá, con el saldo de 229 pasajeros
    muertos. Claro que, cada vez que se registra una catástrofe de esta magnitud,
    pocos recuerdan que sólo en la Argentina mueren 21 personas por día
    en accidentes de tránsito callejero.

    Perder el control

    La necesidad y obligación laboral de trasladarse a otros puntos geográficos
    estratégicos para la compañía no disminuyen el terror a
    los aviones. Por el contrario, según los expertos, los ejecutivos y en
    particular los hombres, serían especialmente propensos a este tipo de
    fobia.

    Consejos prácticos

    Al Forgione, director del Institute for Psychology of Air Travel, de
    Boston, asegura que, hoy, la mayoría de los casos de miedo a volar
    afectan a aquellas personas acostumbradas a viajar. Para prevenir los
    trastornos de ansiedad que provoca el viaje propone algunos consejos prácticos:

    • Comer algo antes de viajar. Largos períodos de ayuno
      provocan en el cuerpo una producción extra de adrenalina para
      mantener en equilibrio los niveles de azúcar en sangre. Se recomienda
      también consumir alimentos nutritivos cada tres horas y media
      durante el vuelo.
    • No correr para llegar a tiempo al aeropuerto. El apuro causa
      una ansiedad que no desaparece inmediatamente. Teniendo en cuenta que
      el despegue es uno de los momentos más estresantes del vuelo,
      ya que el cuerpo experimenta sensaciones poco comunes, lo mejor es llegar
      con tiempo y subirse al avión lo más relajado posible.
    • Tratar de manejar la respiración con el diafragma.
      Puede ser útil colocar una almohada detrás de la cintura,
      reclinar el asiento y colocar una mano sobre la boca del estómago.
      Si la mano sigue los movimientos de inhalación y exhalación,
      el ejercicio está bien hecho.
    • Practicar algunos métodos de relajación. Cerrar
      los ojos y pensar en una escena o situación agradable. Imaginar
      una playa y seguir con la respiración el ritmo de las olas que
      rompen puede ayudar a desplazar el foco de atención para no perder
      el control. Se recomienda que una vez elegida la escena no se la cambie.

    “El miedo a volar aparece generalmente en personas que sienten la necesidad
    de controlar todas las situaciones. El hombre de empresa se caracteriza particularmente
    por tener que manejar el qué, el cómo y el cuándo de lo
    que ocurre. En el vuelo debe entregarse inevitablemente a que otro ­el
    piloto, el azar­ conduzca lo que él no puede ni sabe controlar y,
    entonces, en ese momento, aparece la angustia”, explica Alba Brengio, miembro
    de la Asociación Argentina de Psicología. “En este tipo de situaciones
    debemos admitir que hay leyes fuera del sujeto y que muchas veces no podemos
    contener nuestras emociones.”

    Al tratar de explicar los orígenes de la aviofobia los especialistas
    coinciden en que este tipo de miedo es sólo la punta del iceberg
    de otros temores ­temor a las situaciones imprevistas, al encierro, a la
    muerte­ potenciados por la incertidumbre que provoca un ambiente desconocido.

    Por otra parte, está comprobado que la ansiedad aumenta en momentos
    de crisis vital. “Los seres humanos tenemos que cursar la vida tratando de elaborar
    duelos. Volar es otra forma de separación. Es despegarse de la tierra,
    de lo seguro, de la familia”, explica Brengio.

    Vías de escape

    Roberto Rubio, ex comandante, instructor de vuelo, e integrante de Alas y Raíces
    ­el primer curso que se dicta en la Argentina para vencer el miedo a volar­
    cuenta, entre otros casos, el de un pasajero que debía tomar el vuelo
    a Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, y optó a último momento por
    hacer el recorrido en auto. Por supuesto, nadie en la empresa se enteró
    de esta decisión.

    Una persona con miedo a volar empieza, por lo menos dos días antes del
    viaje, a pensar en cómo esquivar la cuestión. Cuando finalmente
    sube al avión lo primero que hace es pedir el más popular de los
    ansiolíticos: la bebida alcohólica. Habitualmente la combina con
    alguna pastilla para dormir que algún conocido le recomendó y
    entonces cree que está preparado para soportar las peripecias del viaje.
    El problema es que muchas veces esta mezcla trae efectos paradojales y la persona
    se siente aún más nerviosa y excitada.

    “Es probable que cuando llegue a destino resuelva mal las cuestiones que se
    había propuesto tratar durante su viaje de negocios y que, además,
    a la vuelta arrastre una fatiga relacionada con todas las complicaciones que
    le causó el vuelo”, señala la psicóloga Liliana Aróstegui,
    integrante del equipo que dirige Alas y Raíces.

    Una vez arriba del avión, los síntomas físicos del miedo
    se relacionan generalmente con los efectos del estrés: sudoración
    de las manos, taquicardia, sensación de ahogo y afonía. Son comunes
    también los trastornos digestivos como náuseas, cólicos
    y, en casos de ataques de pánico agudo, hasta desmayos. Una de las manifestaciones
    más típicas es el llamado “aleteo de mariposa” en el estómago,
    una sensación única de los viajes en avión, que se traduce
    en un sacudón de las vísceras.

    El temor al ridículo lleva, a la vez, a tratar de ocultar este tipo
    de trastornos y disimular el ataque de pánico. Aróstegui cree
    que en el caso de los hombres de empresa el miedo se esconde porque hay una
    tendencia a pensar que su revelación afecta el reconocimiento de las
    aptitudes profesionales. Las exigencias provocan una disminución de la
    autoestima porque la persona siente que no puede hacer algo que para los demás
    es tan simple.

    Ayuda virtual

    Superar por completo el miedo a volar es una tarea difícil y generalmente
    requiere un tratamiento terapéutico. Sin embargo, hay ciertas técnicas
    de aprendizaje que brindan herramientas de autoasistencia para poder manejarlo.
    Los ejercicios de relajación y respiración o la terapia de desensibilización
    sistemática que consiste en un lento acercamiento al objeto temido, pueden
    brindar soluciones a corto plazo. En Estados Unidos ya se está utilizando
    la realidad virtual para simular el viaje y tratar de disminuir el pánico.

    El primer consejo de los especialistas es tratar de entender que el peligro
    está en la mente y no en el avión. Quien viaja con miedo cree
    seriamente que la turbulencia es sinónimo de tragedia y que si se demora
    el aterrizaje nunca volverá a ver a su familia. “Es importante que el
    pasajero conozca en detalle toda la información relacionada con el funcionamiento
    del avión y con los dispositivos de seguridad. En realidad, se carga
    al viaje con fantasías catastróficas y negativas que no se corresponden
    con la realidad del vuelo”, afirma Rubio.

    Florencia Barreiro

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