sábado, 11 de abril de 2026

    Los ejes del debate económico

    A principios de agosto se realizó en la Universidad

    Torcuato Di Tella un seminario internacional sobre “América

    latina y la crisis asiática”. Economistas de la Reserva

    Federal de Estados Unidos, de universidades de ese país, de

    Brasil, Chile y Uruguay, y funcionarios del FMI debatieron, con

    catedráticos y funcionarios locales, acerca de los temas

    más relevantes de la actualidad.

    Una de las conclusiones más trascendentes de los debates

    fue que un régimen de tipo de cambio fijo cumple una

    función inestimable en países que, como la Argentina,

    atravesaron episodios de naturaleza hiperinflacionaria. Esa

    función es la de comprar credibilidad.

    La elección de este régimen tiene, sin embargo, dos

    costos evidentes. Por una parte se pierde, en principio, la

    posibilidad de utilizar la herramienta cambiaria para corregir los

    desequilibrios que se presenten en los mercados financieros y de

    bienes. Además, con un tipo de cambio fijo, el Banco Central

    renuncia, en el caso extremo, o dispone de un estrecho margen para

    recurrir (como en el caso argentino) a la política monetaria

    como instrumento de política económica.

    No obstante, parecería estar gestándose un consenso

    alrededor de que estos aspectos no darían origen a

    consecuencias graves si no fuera porque la naturaleza de las crisis

    actuales parece haber cambiado. A diferencia de lo sucedido en

    anteriores situaciones, cuando los desequilibrios se

    producían, inicialmente, en los flujos reales de bienes y

    servicios, en la actualidad esos desequilibrios se manifiestan, al

    principio, en los stocks financieros.

    En estas condiciones, lo que primero se pone a prueba es la

    solidez del sistema bancario y financiero. Esto, a su vez, significa

    que en la resolución de la crisis los recursos que quedan

    comprometidos tienden a ser más elevados. Y se hace necesaria

    una actuación más activa de los organismos financieros

    internacionales y de los bancos centrales de los principales

    países del mundo. Otra conclusión es que, en el

    ámbito de las economías individuales, se requiere la

    existencia de un Banco Central con capacidad de actuar como

    prestamista de última instancia.

    Tras la crisis en los países del sudeste asiático

    que habían establecido regímenes de tipo de cambio

    fijo, buena parte de la corriente de recomendaciones apunta a la

    conveniencia de contar con un sistema de tipo de cambio flexible.

    Sin embargo, en el seminario se observó una curiosa

    coincidencia entre los economistas del gobierno, los vinculados a la

    oposición y los expositores extranjeros invitados: tal

    recomendación no resulta apropiada para la Argentina.

    Más aún, se supone que cualquier intento orientado a

    modificar el régimen cambiario tendría imprevisibles

    consecuencias. En particular si ese intento se realizara en un

    contexto de crisis externa como el actual y de debilidad en algunos

    aspectos de la política económica; como la

    situación de las cuentas públicas y externas.

     

    Controles de capitales

    Todo tiende a señalar que, por detrás de las

    turbulencias en los mercados de divisas, de acciones, de bonos, y en

    los agregados monetarios y financieros, se encuentran los cambios de

    orientación, muchas veces inesperados, de los flujos de

    capitales privados. De ahí a plantear la necesidad de

    establecer controles a estos movimientos hay un solo paso.

    Apoyados por las experiencias de menor volatilidad y fragilidad

    financiera que han exhibido la economía chilena y la

    colombiana, se inscriben en esta tendencia muchos economistas.

    En la Argentina, sin embargo, los funcionarios del equipo

    económico son totalmente renuentes a establecer controles a

    los movimientos de capital privado. Sostienen que los elevados

    requisitos de liquidez que se imponen en el sistema bancario

    constituyen, en sí mismos, una suerte de control. Pero este

    mecanismo sólo se aplica a la fracción de capitales que

    ingresa por ese canal. Además, la política del control

    está acompañada generalmente por una

    penalización cuando los flujos de capital entran por plazos

    menores que los que esos controles establecen.

    Existe un aspecto en el cual el consenso es total: si se quiere

    poner controles a los movimientos de capital privado, ello debe

    hecerse en una situación normal; esto es, cuando pugnan por

    ingresar a un determinado país. Intentar colocarlos cuando la

    tendencia es a la salida, sólo aceleraría la fuga.

     

    El déficit en la cuenta corriente

    El equipo económico ha sostenido, reiteradamente, que no es

    importante que una economía exhiba un déficit en la

    cuenta corriente del balance de pagos. Desde un punto de vista

    estrictamente teórico, ello debería ser así,

    siempre y cuando exista el financiamiento que cubra el saldo

    negativo.

    El problema se plantea cuando, por alguna razón, se produce

    una brusca contracción en la entrada de capitales. Ahora bien,

    ¿qué podría producir un fenómeno de esas

    características? Por lo pronto, una devaluación fuerte

    e inesperada; una posibilidad que está excluida por

    hipótesis en el caso argentino. No así, en cambio, lo

    que se suele llamar el contagio internacional; esto es, el efecto

    generado por países que comparten con la Argentina el

    carácter de emergentes, o un régimen cambiario

    semejante, y que no pudieron salir airosos de un ataque especulativo

    hacia sus monedas. Tal podría ser el caso de Hong-Kong, China,

    Rusia y Brasil.

    En un escenario de crisis, los inversores externos no sólo

    se fijarán en la existencia de un déficit en la cuenta

    corriente sino, principalmente, en su nivel. Cuanto mayor sea,

    probablemente menor será su disposición a financiar la

    brecha externa. Y, con ello, mayores serán las pérdidas

    en términos de producción y empleo para aquel

    país que tenga que ajustarse a una menor disponibilidad de

    financiamiento.

     

    Indicadores reales – Países

    emergentes

    (en miles de millones de dólares)

    Ultimos 12 meses

    Reservas Internacionales

    Bal.Comerc.

    Cta.Corriente

    Ultimo dato

    Un año atrás

    China

    45.0

    24.6

    140.9

    120.9

    Hong-Kong

    -16.8

    -6.1

    96.4

    66.6

    Indonesia

    17.7

    -5.8

    18.0

    20.3

    Malasia

    6.4

    -4.8

    19.7

    26.3

    Singapur

    -0.5

    13.6

    71.9

    80.4

    Corea del Sur

    24.7

    23.4

    40.8

    34.1

    Tailandia

    4.8

    2.9

    26.7

    32.3

    Argentina

    -6.1

    -11.2

    22.8

    19.7

    Brasil

    -6.4

    -32.5

    71.4

    57.5

    Chile

    -3.1

    -5.1

    15.1

    17.0

    Colombia

    -3.1

    -5.5

    8.7

    9.9

    México

    -4.5

    -10.7

    30.7

    23.8

    Venezuela

    9.5

    6.0

    12.6

    13.2

    Sudáfrica

    1.5

    -1.9

    5.3

    3.7

    Rusia

    14.7

    3.3

    11.2

    20.4

    Fuente: The Economist, 15 de agosto de

    1998.

    Países

    emergentes

    Variación en % de los índices

    bursátiles respecto del 12/8/98(*)

    Semana

    Un año

    anterior

    atrás

    China

    -8.9

    0.7

    Hong-Kong

    -8.1

    -36.0

    Indonesia

    -7.5

    -57.5

    Malasia

    -10.0

    -46.7

    Singapur

    -5.4

    -37.3

    Corea del Sur

    -5.4

    3.2

    Tailandia

    -7.8

    -27.7

    Argentina

    -12.2

    -29.4

    Brasil

    -14.4

    -21.3

    Chile

    -4.1

    -24.5

    Colombia

    -1.0

    -29.7

    México

    -12.2

    -40.2

    Venezuela

    -11.6

    -59.0

    Sudáfrica

    -6.6

    -21.6

    Rusia

    -23.6

    -74.2

    (*) En términos de dólares

    Fuente: The Economist, 15 de agosto de

    1998.