domingo, 12 de abril de 2026

    Dos dígitos cambian todas las cuentas

    A cinco meses del Plan Fundamental de Numeración Nacional,

    el mercado no parece haber asumido aún sus consecuencias para

    las comunicaciones de las empresas. Folletería, bases de

    datos, call centers y equipos telefónicos ingresarán en

    el torbellino de la conversión.

    El 24 de enero del año que viene comienza la agonía

    de todos los números telefónicos vigentes: desde los

    que disca automáticamente un modem para aceptar una tarjeta de

    crédito o los que aparecen por millones en las bases de datos,

    hasta los entrañables números grabados en los imanes

    que se aferran a la puerta de la heladera.

    Ese día entrará en vigencia el Plan Fundamental de

    Numeración Nacional promovido por la Secretaría de

    Comunicaciones, una medida inscripta en el proceso de

    desregulación telefónica que repercutirá sobre

    todas las formas de comunicación que llevan a cabo las

    empresas:

    • Generará nuevos números. En el caso de

    líneas fijas resultará sencillo deducirlos; en el caso

    de celulares, 0-800 y 0-600 las alteraciones serán mayores.

    • Eliminará los viejos números de fácil

    recordación.

    • Obligará a revisar la capacidad de las centrales

    telefónicas y eventualmente a reemplazarlas.

    • Requerirá reprogramar todos los accesos remotos,

    modems, faxes, telesupervisión, tarifadores, agendas y bases

    de datos.

    • Desactualizará por completo a la papelería,

    publicidad en vehículos y carteles de vía

    pública.

    El plan le agregará a los números actuales dos

    dígitos. Desde la Secretaría de Comunicaciones estiman

    que esta extensión garantizará la vigencia del sistema

    durante 40 años, habilitará a las

    compañías telefónicas a brindar nuevos servicios

    y además aventará los fantasmas de saturación

    que merodean hoy tanto a las redes en el interior como a ciertas

    prestaciones (celulares, por ejemplo).

     

    El precio de los diez tonos

    Lo que aún es imposible calcular es cuánto les

    costará a las empresas ajustarse a las nuevas normas. “En

    otros países hubo mucha resistencia al principio, porque las

    empresas asumieron que estaban cargando con inversiones que no eran

    enteramente propias”, admite Julio Carossella, integrador de

    soluciones de Telecom. “Pero al final reconocieron que es costo de

    actualización tecnológica que va a permitir, a la

    larga, una mejora importante en los servicios.”

    Las firmas que operan con bases de datos parecen ser las

    principales afectadas por la innovación. “Para nosotros esto

    es ante todo un problema, porque nos obliga a modificar todos

    nuestros registros”, señala Norberto Varas, presidente de la

    firma Full Sale.

    Varas advierte que, para muchas organizaciones, éste

    será ante todo un trabajo de software, pero que para los

    clientes que operan con centrales pequeñas el agregado de

    dígitos significará barrer con los equipos.

    “Y un caso aparte es el de las empresas que operan de manera

    constante con el exterior. Tenemos clientes que tuvieron que dar

    prioridad al cambio de numeración por sobre la bomba del

    año 2000. No sólo tienen que informar el cambio, sino

    asegurarse de que la otra punta esté tecnológicamente

    preparada para asumirlo”, señala Varas.

    En plena era de telemarketing y call centers, dicen en Full Sale,

    el mercado no parece preparado para el salto, que “inevitablemente

    acarreará durante los primeros meses pérdidas de

    llamadas”. Ven con preocupación que, a diferencia de toda la

    industria montada en torno al año 2000, aún no aparece

    oferta de software o consultoría de actualización.

    Las telefónicas piden calma: para la mayoría de los

    servicios habrá entre tres y seis meses de convivencia en el

    que números nuevos y viejos resultarán indistintos. “Y

    la experiencia de Francia o México indica mucha

    colaboración de los usuarios”, tranquiliza la gente de

    Telecom.

     

    El pasado las condena

    Más allá de la prórroga, las bases de datos

    tendrán que ser convertidas. En una situación ideal, un

    programa estandarizado debería estar en condiciones de

    discernir -de acuerdo con la localidad- a qué

    telefónica pertenece, agregar el número identificador y

    actualizar el código. El único inconveniente

    estaría en el layout de la pantalla, quizá demasiado

    ajustado para diez dígitos.

    Pero la nueva numeración pone en evidencia la precariedad

    congénita de las bases de datos. “Por lo general, lo que se

    encuentra en el mercado de listas es bastante deficiente”, opina

    Fredy Rosales, integrante de la consultora Di Paola & Asociados.

    “Nos topamos con ingresos mal hechos, campos vacíos que no le

    permiten al software discernir qué agregar, varios

    números en un mismo espacio, códigos de área con

    o sin paréntesis; desprolijidades aparentemente menores que

    terminan convertidas en problemas”, dice Rosales.

    Y éstos, a su vez, se transforman en horas hombre, “porque,

    por muy bueno que sea el programa, la adaptación

    mecánica no superará 60% de los registros”, indica

    Gustavo Cussi, presidente de Dun & Bradstreet. Aunque los costos

    se disparan con la intervención manual, Cussi sostiene que la

    forma más rápida de corregir una base de datos es poner

    a un ejército de telefonistas a llamar a las empresas. “Por

    eso, el plan de numeración tendrá como correlato la

    consolidación de las empresas serias y la descolocación

    de todos los que venden refritos o listas truchas.”

    Diego Ardiaca

     

    El código postal también

    cambia

    Así como las nuevas numeraciones telefónicas

    preocupan a los hombres del marketing, los códigos postales

    que regirán desde octubre son esperados con entusiasmo.

    La explicación es simple: el Correo identificará

    cada una de las 21 millones de caras de manzanas existentes en las

    ciudades de más de 500 habitantes, lo que significa que de

    ahora en más un código postal guardará una

    relación estrechísima con perfiles

    psicográficos.

    “Es uno de los desarrollos más interesantes de los

    últimos años” -afirma Mary Teahan, directora de

    Marketing del Correo Argentino- “porque todas las acciones de

    microsegmentación geográfica se basarán en

    nuestros códigos. El número que señala hoy a un

    barrio no dice nada sobre su población, pero de ahora en

    más podremos suponer que identificará a pequeños

    grupos con características demográficas y actitudinales

    comunes y a los que va a resultar muy sencillo acceder con un

    mailing.”

    Los nuevos códigos arrancan con una letra -que

    será la de las viejas patentes provinciales de

    automóviles-, replican el número anterior y

    culminan con otras tres letras que definen la cuadra y su mano.

    Entran en vigencia el 1º de octubre aunque, dicen los operadores

    del Correo, coexistirán con los anteriores por algún

    tiempo.

    Para la empresa, la innovación representa lograr una

    preclasificación de las piezas mucho más precisa,

    aumentar la calidad del servicio y, al mismo tiempo, bajar los costos

    de distribución.