A cinco meses del Plan Fundamental de Numeración Nacional,
el mercado no parece haber asumido aún sus consecuencias para
las comunicaciones de las empresas. Folletería, bases de
datos, call centers y equipos telefónicos ingresarán en
el torbellino de la conversión.
El 24 de enero del año que viene comienza la agonía
de todos los números telefónicos vigentes: desde los
que disca automáticamente un modem para aceptar una tarjeta de
crédito o los que aparecen por millones en las bases de datos,
hasta los entrañables números grabados en los imanes
que se aferran a la puerta de la heladera.
Ese día entrará en vigencia el Plan Fundamental de
Numeración Nacional promovido por la Secretaría de
Comunicaciones, una medida inscripta en el proceso de
desregulación telefónica que repercutirá sobre
todas las formas de comunicación que llevan a cabo las
empresas:
• Generará nuevos números. En el caso de
líneas fijas resultará sencillo deducirlos; en el caso
de celulares, 0-800 y 0-600 las alteraciones serán mayores.
• Eliminará los viejos números de fácil
recordación.
• Obligará a revisar la capacidad de las centrales
telefónicas y eventualmente a reemplazarlas.
• Requerirá reprogramar todos los accesos remotos,
modems, faxes, telesupervisión, tarifadores, agendas y bases
de datos.
• Desactualizará por completo a la papelería,
publicidad en vehículos y carteles de vía
pública.
El plan le agregará a los números actuales dos
dígitos. Desde la Secretaría de Comunicaciones estiman
que esta extensión garantizará la vigencia del sistema
durante 40 años, habilitará a las
compañías telefónicas a brindar nuevos servicios
y además aventará los fantasmas de saturación
que merodean hoy tanto a las redes en el interior como a ciertas
prestaciones (celulares, por ejemplo).
El precio de los diez tonos
Lo que aún es imposible calcular es cuánto les
costará a las empresas ajustarse a las nuevas normas. “En
otros países hubo mucha resistencia al principio, porque las
empresas asumieron que estaban cargando con inversiones que no eran
enteramente propias”, admite Julio Carossella, integrador de
soluciones de Telecom. “Pero al final reconocieron que es costo de
actualización tecnológica que va a permitir, a la
larga, una mejora importante en los servicios.”
Las firmas que operan con bases de datos parecen ser las
principales afectadas por la innovación. “Para nosotros esto
es ante todo un problema, porque nos obliga a modificar todos
nuestros registros”, señala Norberto Varas, presidente de la
firma Full Sale.
Varas advierte que, para muchas organizaciones, éste
será ante todo un trabajo de software, pero que para los
clientes que operan con centrales pequeñas el agregado de
dígitos significará barrer con los equipos.
“Y un caso aparte es el de las empresas que operan de manera
constante con el exterior. Tenemos clientes que tuvieron que dar
prioridad al cambio de numeración por sobre la bomba del
año 2000. No sólo tienen que informar el cambio, sino
asegurarse de que la otra punta esté tecnológicamente
preparada para asumirlo”, señala Varas.
En plena era de telemarketing y call centers, dicen en Full Sale,
el mercado no parece preparado para el salto, que “inevitablemente
acarreará durante los primeros meses pérdidas de
llamadas”. Ven con preocupación que, a diferencia de toda la
industria montada en torno al año 2000, aún no aparece
oferta de software o consultoría de actualización.
Las telefónicas piden calma: para la mayoría de los
servicios habrá entre tres y seis meses de convivencia en el
que números nuevos y viejos resultarán indistintos. “Y
la experiencia de Francia o México indica mucha
colaboración de los usuarios”, tranquiliza la gente de
Telecom.
El pasado las condena
Más allá de la prórroga, las bases de datos
tendrán que ser convertidas. En una situación ideal, un
programa estandarizado debería estar en condiciones de
discernir -de acuerdo con la localidad- a qué
telefónica pertenece, agregar el número identificador y
actualizar el código. El único inconveniente
estaría en el layout de la pantalla, quizá demasiado
ajustado para diez dígitos.
Pero la nueva numeración pone en evidencia la precariedad
congénita de las bases de datos. “Por lo general, lo que se
encuentra en el mercado de listas es bastante deficiente”, opina
Fredy Rosales, integrante de la consultora Di Paola & Asociados.
“Nos topamos con ingresos mal hechos, campos vacíos que no le
permiten al software discernir qué agregar, varios
números en un mismo espacio, códigos de área con
o sin paréntesis; desprolijidades aparentemente menores que
terminan convertidas en problemas”, dice Rosales.
Y éstos, a su vez, se transforman en horas hombre, “porque,
por muy bueno que sea el programa, la adaptación
mecánica no superará 60% de los registros”, indica
Gustavo Cussi, presidente de Dun & Bradstreet. Aunque los costos
se disparan con la intervención manual, Cussi sostiene que la
forma más rápida de corregir una base de datos es poner
a un ejército de telefonistas a llamar a las empresas. “Por
eso, el plan de numeración tendrá como correlato la
consolidación de las empresas serias y la descolocación
de todos los que venden refritos o listas truchas.”
Diego Ardiaca
El código postal también
cambia
Así como las nuevas numeraciones telefónicas
preocupan a los hombres del marketing, los códigos postales
que regirán desde octubre son esperados con entusiasmo.
La explicación es simple: el Correo identificará
cada una de las 21 millones de caras de manzanas existentes en las
ciudades de más de 500 habitantes, lo que significa que de
ahora en más un código postal guardará una
relación estrechísima con perfiles
psicográficos.
“Es uno de los desarrollos más interesantes de los
últimos años” -afirma Mary Teahan, directora de
Marketing del Correo Argentino- “porque todas las acciones de
microsegmentación geográfica se basarán en
nuestros códigos. El número que señala hoy a un
barrio no dice nada sobre su población, pero de ahora en
más podremos suponer que identificará a pequeños
grupos con características demográficas y actitudinales
comunes y a los que va a resultar muy sencillo acceder con un
mailing.”
Los nuevos códigos arrancan con una letra -que
será la de las viejas patentes provinciales de
automóviles-, replican el número anterior y
culminan con otras tres letras que definen la cuadra y su mano.
Entran en vigencia el 1º de octubre aunque, dicen los operadores
del Correo, coexistirán con los anteriores por algún
tiempo.
Para la empresa, la innovación representa lograr una
preclasificación de las piezas mucho más precisa,
aumentar la calidad del servicio y, al mismo tiempo, bajar los costos
de distribución.
