jueves, 2 de abril de 2026

    Nadie tiene todas las cartas

    A la hora de negociar, la gente suele cometer cuatro errores
    capitales, advierte Miguel Angel Martín, presidente desde 1992 del Instituto
    Argentino de Negociación, Conciliación y Arbitraje (Ianca). La
    principal (y más frecuente) equivocación es confiar en la habilidad
    personal y no prepararse a fondo. “Conozco a algunos negociadores que se preparan
    a muerte. Eso no solamente hace que obtengan buenos resultados sino que les
    da mucha seguridad.”

    El segundo error, continúa el especialista, proviene de la
    doctrina de Harvard &endash;popularizada por figuras como Roger
    Fischer y William Ury&endash; que pone el acento en la necesidad de
    colaborar y generar valor para negociar. “Mucha gente piensa que
    ésta es la única forma de negociar. Sin embargo, sirve
    para 50% de los casos, cuando el otro está dispuesto a
    colaborar. Pero si no lo hace, aunque yo genere valor,
    ¿cómo lo distribuyo después?”, cuestiona
    Martín.

    En la famosa escuela de negocios suelen dar un ejemplo
    típico: el de dos hermanas que se disputan una naranja. Para
    conformarlas, su madre parte la fruta por la mitad,
    salomónicamente. El caso sirve para señalar el error
    que cometió la madre al no analizar para qué reclamaba
    cada una la fruta, ya que una quería preparar un postre y la
    otra obtener jugo. Conclusión: podría haber satisfecho
    a las dos. Martín resta validez al ejemplo porque “no siempre
    están tan claros los objetivos ni es posible generar valor.
    Cuando eso sucede, tenemos que regatear”.

    Los otros dos errores, dice, son descuidar el buen manejo de la
    información y despreciar el pensamiento del otro. “Un
    individuo con argumentos sólidos es muy difícil de
    rebatir y si no sé cómo piensa el otro o lo que
    realmente quiere, nunca va a quedar satisfecho.”

     

    Según pasan los años

    El presidente del Ianca dice que la forma de negociar ha cambiado
    notablemente en los últimos tiempos. “Quizás el shock
    más importante fue comenzar a analizar cómo piensa el
    otro. Eso se debe a que en las empresas la gente va hoy más
    preparada a la negociación y busca colaborar con la otra parte
    porque se da cuenta de que, en última instancia, si no hay
    negocio para uno no lo hay para ninguno.”

    Martín recuerda que, antes, la negociación era
    sinónimo de regateo. “Eso no quiere decir que hoy no haya
    todavía situaciones en las que lo esencial es tratar de sacar
    toda la ventaja posible sobre el otro. Sin embargo, cada vez
    más gente comprende que un buen negocio tiene que serlo para
    todos. De lo contrario, tarde o temprano surgirá la pregunta
    inevitable: ¿cumplirán lo acordado? Difícilmente
    lo hagan, porque cuando alguien se siente derrotado, aunque
    sólo sea psicológicamente, no quiere tratar más
    con el supuesto vencedor.”

    A veces, se pierden excelentes negocios porque hay un malestar
    psicológico entre las personas. Como los sofistas de la
    antigua Grecia, hay quienes discuten con el único fin de
    doblegar al otro. “No importa si ganan o pierden, lo único que
    quieren es tener razón y no se dan cuenta de que la habilidad
    no está en derrotar al otro, sino en saber adaptarse
    intelectualmente a él. Uno debería aplicar todo lo que
    tiene a mano, incluso herramientas como la inteligencia emocional.
    Saber negociar es mucho más que aprender tres o cuatro
    reglas.”

     

    Enfrentar al poderoso

    ¿Qué pasa cuando hay que negociar con personas u
    organizaciones más poderosas? “Nunca hay gigantes en la
    negociación, porque si alguien está sentado del otro
    lado de la mesa no cabe duda de que necesita o desea algo” responde
    Martín, quien en uno de sus libros enumera nada menos que 103
    formas de ejercer poder sobre la otra parte.

    No hay desventajas, asegura, si uno ha aprendido a negociar. “Una
    de las partes puede tener grandes poderes. Pero, cuidado, porque aun
    empresas monopólicas &endash;como las que operan los servicios
    públicos&endash; tienen sus puntos débiles. Lo
    más importante es mantener la distancia y ser racional en la
    argumentación que uno va a llevar. No es verdad que alguien
    poderoso tiene todas las de ganar. Siempre puede haber alguna forma
    de llevarlo a algún otro tipo de instancia que a veces no es
    la ideal, o es costosa, pero es una oportunidad al fin.
    Además, es un hecho comprobado que cada uno que entra en la
    negociación piensa que el otro tiene más poder que
    él. El secreto está en saber qué es lo que la
    otra parte desea de mí.”

     

    Mediación

    Difícilmente alguien esté dispuesto a negar la
    premisa de que una negociación es la mejor forma de resolver
    un conflicto. Pero no siempre es posible. Es allí cuando
    aparece la mediación, si las partes tienen todavía
    alguna capacidad para dialogar, aunque sea a través de un
    tercero.

    La mediación tiene sus ventajas: las partes mantienen la
    capacidad de decisión y es mucho más barato que otros
    procesos como el arbitraje o la demanda judicial.

    “Acudir a la justicia involucra un costo equivalente a 35% de lo
    que determina el fallo y es un proceso mucho más lento. Por
    eso hay fueros, como civil y comercial, en los que durante los
    últimos tiempos disminuyó en 30% la cantidad de causas
    ingresadas, y en el laboral ese índice trepa a 40 o 50%”
    afirma Martín.

    Lentamente, la mediación se está volviendo un lugar
    común en la Argentina, aunque persiste cierto grado de
    desconfianza alrededor del procedimiento. El problema, argumenta
    Martín, es que se puso a mediar a gente insuficientemente
    preparada y ahora el Ministerio de Justicia está haciendo
    malabares para arreglar la situación. “Sin embargo, pienso que
    en un futuro próximo la mediación se impondrá
    porque es un fenómeno mundial. Eso va a aliviar mucho a la
    justicia, a la que van a llegar sólo las causas realmente
    importantes, en términos económicos.”

    Según Martín, para que la mediación se imponga tendrá
    que haber un apoyo decidido de las cámaras empresarias. “Ya hay movimientos
    importantes en ese sentido en la Unión Industrial Argentina y en la Cámara
    Argentina de Comercio, que tienen comisiones trabajando en el tema y lo difunden
    permanentemente. Creo que en cinco años la mediación va a ser
    un instrumento definitivamente instalado”, pronostica el experto.