-¿Cómo describiría el actual panorama internacional,
sobre todo desde la perspectiva de la región latinoamericana?
-Vemos un fuerte surgimiento de los peligros latentes que
pueden ser ocasionados por la inestabilidad financiera en el mundo.
Inestabilidad que se ha ido desarrollando en el curso de los
últimos 20 años a partir de los procesos de
liberalización financiera que tuvieron lugar en Estados Unidos
y Europa y también en los países emergentes.
Desde la perspectiva de América latina, estamos en una
situación muy vulnerable, tanto a los shocks externos
positivos como a los negativos. Los shocks positivos nos traen
fuertes entradas de capital y la expansión de nuestras
economías. Pero luego los shocks negativos nos llevan a
grandes caídas, como la de 1982, la de México del ´94,
y la de Tailandia y Corea del ´97.
-¿Cómo cree usted que está evolucionando el sistema financiero
internacional? ¿Hay un avance hacia el orden o hacia el desorden?
-Está evolucionando hacia el desorden. Hacia una
situación peligrosa en la que el mundo financiero apabulla al
mundo real. Esto es malo para el mundo en su conjunto y pésimo
para los países en desarrollo, más vulnerables que los
países industriales en cuanto a sus capacidades de defensa
constructiva.
Vemos en estos días que la aceleración de los flujos
de capital de corto plazo está afectando el ajuste entre
Estados Unidos y Japón.
Japón es un país que tiene fuertes excedentes
comerciales con Estados Unidos y sus capitales se dirigen hacia
allí. Pero esto va generando un ajuste cambiario que es
contrario a lo que necesitan ambos para lograr un mayor equilibrio
comercial. Es decir que el tipo de cambio se mueve en forma contraria
a lo que se requiere para balancear los flujos comerciales. Y en la
medida en que esto se produce es la economía financiera la que
manda sobre los sectores productivos
-¿Cómo se ve, en ese contexto, el avance de la unificación
europea?
-Es un factor positivo para la región y,
además, puede contribuir a la estabilidad internacional.
Pero me parece que en su construccion se le está dando un
papel demasiado predominante a la dimensión financiera, lo que
se refleja en el establecimiento de un Banco Central Europeo que no
solamente es un banco autónomo de las autoridades
económicas y políticas de los países miembros,
sino también de los propios bancos centrales nacionales.
Hablamos, entonces, de una sobredimensión de uno de los
planos, donde se autonomiza demasiado el manejo financiero y
cambiario. Se impone, por lo tanto, un patrón uniforme entre
economías que presentan aún fuertes diferencias
económicas.
Puede darse un auge inicial debido a una situación de
optimismo, pero la pregunta es qué sucederá
después, cuando se tome conciencia de que se perdieron
instrumentos de ajuste, como las tasas de interés y los tipos
de cambio, entre los países miembros.
-¿Ha pasado lo peor de la crisis asiática? ¿Qué
tipo de efectos pueden esperarse aún?
-Sus efectos pueden tener un carácter prolongado,
con repercusiones tanto en la dimensión financiera como en la
productiva. La crisis actuará como un factor de choque
negativo en Améríca latina, que obligará a hacer
ajustes muy intensos en algunos países. Esto incluye ajustes
cambiarios, como tendrá que ocurrir en el caso chileno. Es
que, si los déficits alcanzan grandes dimensiones, o se los
corrige con una gran recesión, o se los corrige con el tipo de
cambio. No hay milagros en economía.
-¿Es tan preocupante que un país emergente tenga un déficit
importante en su cuenta corriente?
-Si ese déficit está estabilizado a un nivel
moderado, es natural que una economía emergente esté
importando capital. El problema se presenta cuando se trata de montos
muy elevados y crecientes, como es el caso de algunos países
de América latina.
Esto significa que un país usó fondos del exterior
para gastar más que lo que produjo, y así aumentan los
pasivos externos. Muchos de esos pasivos no se cuentan como deuda y
lo grave es que se pueden ir de un momento para otro, como la
inversión bursátil o los depósitos bancarios en
moneda extranjera, sean o no de residentes nacionales.
-¿Y por qué Chile, un país al que muchos califican como
el tigre de América latina, tiene actualmente desequilibrios tan pronunciados
en su cuenta corriente?
-El buen desempeño de la economía chilena
alentó fuertes entradas de capital, especialmente durante 1996
y 1997, que fueron llevando a un atraso en el tipo de cambio. Esas
entradas generaron una fuerte suba de la bolsa durante 1997, un
proceso que encuentra su contrapartida actualmente. Se calcula que la
apreciación cambiaria alcanzó a 10%, en términos
reales, entre junio de 1996 y septiembre de 1997. El problema es que
luego se hace muy complicado corregir esas desviaciones del tipo de
cambio.
Por eso yo planteo que hay que tener cuidado en los
períodos de bonanza, evitar que se produzcan distorsiones
fuertes de los precios.
Si bien Chile utiliza ciertos encajes para frenar la entrada de
capitales, resultaron insuficientes durante esos años. En mi
opinión, esos encajes deben ser aumentados o reducidos en
función de la oferta de fondos del exterior.
-Lester Thurow dijo aquí, en Buenos Aires, hace unas semanas, que
los países asiáticos intentan superar la crisis con una estrategia
de ventas al exterior y que cuando todos quieren jugar el juego del crecimiento
sobre la base de las exportaciones, se acabó el juego. ¿Qué
opina al respecto?
-Cuando uno observa el desempeño exportador de
América latina en los últimos 20 años observa
que ha sido bastante bueno, pero que estuvo acompañado por una
mala situación de precios en tanto que la oferta de nuestros
productos creció más que su demanda.
Y esta situación se acentúa más ahora, porque
eran los países asiáticos los que contribuían
fuertemente a llevar la demanda hacia arriba. Y ahora están
reduciendo la demanda y aumentando la oferta para corregir sus
déficits en cuenta corriente.
Esto se manifestará en mayores dificultades para exportar a
precios remunerativos, es decir que, hacia principios del año
próximo, veremos deterioros adicionales en los términos
de intercambio.
Como la tarea exportadora se hace más difícil
necesitaremos instrumentos más eficientes. Estoy pensando en
los tipos de cambio y en todo lo relacionado con la competitividad
sistémica. Y esta última tiene que ver con el nivel y
la calidad del gasto público. Si uno sacrifica gasto
público en educación, o en salud, está
dificultando la competitividad. Es lo que nos pasó durante la
década de los ´80. Hubo mucho ajuste sacrificando futuro. Y lo
que hay que hacer es ajuste construyendo futuro.
-La Cepal tuvo un peso importante en el pensamiento
económico de América latina durante los años ´50
y ´60. ¿Cómo ha evolucionado este pensamiento durante la
última época?
-En esta década, la Cepal busca recoger todos los
problemas acumulados en los ´80 para mejorar la inserción
internacional y atacar al mismo tiempo el problema social de la
regresividad en la distribución del ingreso. Porque no se
trata de una cosa a expensas de la otra. Hay una buena
reflexión en varios documentos centrales que plantean mejorar
conjuntamente la productividad y la distribucion del ingreso. En ese
sentido adquieren importancia las políticas económicas
y la interrelación entre lo macro y lo microeconómico.
Es que el problema de la regresividad se agudiza. Hay partes de nuestros países
que se desarrollan, mientras que otras partes quedan estancadas, lo cual nos
aleja de la competitividad sistémica, en la que el conjunto de la economía
se mueve hacia arriba. Los países desarrollados avanzaron integrando
a todas las regiones, con políticas que buscaron distribuir los aumentos
de la productividad a toda la sociedad.
