La crisis asiática puso al desnudo las fallas estructurales del
modelo coreano, mientras que Taiwán, con planes menos ambiciosos
y menor concentración económica, sobrellevó el temporal
sin grandes pérdidas.
Taiwán y Corea del Sur pertenecen a la categoría de los
tigres económicos, pero parecen representar especies muy diferentes.
En Corea la política del gobierno apuntó a colocar el eje
del desarrollo económico en manos de gigantescos conglomerados dominados
por familias: la estructura que se conoce como chaebol. Enormes plantas
automotrices, siderúrgicas y fábricas de chips fueron el
orgullo del país. Taiwán recorrió el camino inverso:
grupos relativamente pequeños y medianos dominaron el panorama,
con una orientación básica hacia la manufactura liviana y
la electrónica.
Y este modelo está ganando. Corea parece prácticamente
quebrada. Su moneda y su bolsa de valores por el suelo. Enfrenta un año
– 1998 – de crecimiento cero, o incluso negativo.
En cuanto a Taiwán, hasta diciembre su moneda sólo había
caído 15% frente al dólar. La bolsa de valores había
subido 17% , y éste fue el único mercado importante que subió
en Asia. El PBI creció 6,7% en 1997, según cálculos
del gobierno, y debería crecer 6% en 1998. “Taiwán superó
la crisis mejor que nadie”, comenta Kenneth Courtis, del Deutsche Bank
Group Asia Pacific.
La crisis financiera asiática se disparó cuando los bancos
se negaron a renovar préstamos a países con déficit
de cuenta corriente y enorme deuda externa de corto plazo. Nada de eso
ocurría en Taiwán, que viene exhibiendo excedentes de cuenta
corriente durante 17 años consecutivos y, como Japón y Singapur,
es un gran acreedor mundial neto.
Sin embargo, en muchos sentidos, Taiwán la pasó peor que
Corea del Sur. Ante la insistencia de China, la isla fue expulsada hace
mucho tiempo del FMI y del Banco Mundial. Sabiendo que estaba prácticamente
sola, desarrolló el hábito de confiar sólo en sí
misma, financiando el crecimiento con sus ahorros internos y recibiendo
el capital externo con condiciones favorables. Se ha empeñado en
evitar el déficit de sus cuentas externas porque sabe que no puede
contar con la ayuda de los organismos internacionales.
Calle de una sola vía
Taiwán, una nación con 21 millones de habitantes, ha mantenido
reservas en divisas extranjeras de más de US$ 80.000 millones. Corea
del Sur, con una población que equivale a más del doble,
sólo tenía US$ 30.000 millones cuando estalló la crisis.
Mientras Taiwán era un país acreedor, Corea del Sur era
un fuerte deudor: tomó grandes préstamos en el extranjero
pero siempre fue hostil a la inversión foránea directa. Hizo
todo lo posible por proteger a los poderosos chaebols. Para Corea, el comercio
libre era una calle de una sola vía.
Con un gobierno que controlaba en buena medida la economía y
dirigía el rumbo de las inversiones, Corea despilfarró capital.
En la década de 1990 la tasa de inversión de capital de Taiwán
fue de 21% a 23% del PBI, apenas la mitad de la cifra que mostraban sus
vecinos asiáticos, y sin embargo el dinero fue invertido sabiamente
por capitalistas privados, que sabían que si cometían un
error podían ir a la quiebra.
En Corea, el dinero que entraba del exterior en forma de préstamos
financiaba muchas inversiones que no respondían a las señales
del mercado sino a la política del gobierno. Mientras Corea construía
monumentales plantas siderúrgicas, automotrices y de semiconductores,
Taiwán invertía en componentes electrónicos, periféricos
de computación y máquinas herramientas.
Según Merrill Lynch, las primeras diez compañías
industriales en Taiwán lograron un retorno promedio sobre el capital
de 14% en 1996, comparado con 4% para una muestra similar en Corea. “Si
aquí uno no muestra buenas ganancias, no puede obtener dinero de
los bancos o del mercado bursátil”, dice Chi Schive, vicepresidente
del Consejo para Planeamiento y Desarrollo Económico de Taiwán.
Las garantías del gobierno y la política indujeron a las
compañías coreanas a correr riesgos con dinero prestado.
Una típica compañía en Taiwán tiene una relación
deuda/capital de 1 a 1. La relación de la deuda en el chaebol de
Corea oscila entre 4 a 1 y 8 a 1. “Si el chaebol pierde plata, pide más
préstamos”, afirma Wu-Rong-I, presidente del Instituto de Investigaciones
Económicas de Taiwán.
Pero un día las puertas de los bancos se cerraron. Los estrechos
lazos chaebol-gobierno fueron un caldo de cultivo para la corrupción.
En muchos sentidos Corea estaba más cerca del modelo socialista
que del modelo capitalista.
El mercado y el gobierno
“Taiwán tiene el mercado de capital más eficiente del
mundo, por la forma en que los ahorros son canalizados hacia los empresarios”,
dice Tobias Brown, director gerente de General Oriental Investments(HK)
Ltd. “El mercado informal de capitales es el corazón del capitalismo
chino.” En Corea el mercado de capitales es casi una rama del gobierno.
Taiwán se ha convertido en el mayor exportador mundial de hardware
de computación
Las empresas de Taiwán, relativamente pequeñas, son ágiles
a la hora de cambiar con el mercado, y las computadoras son un negocio
que cambia con la velocidad de la luz. “En la informática la flexibilidad
y la velocidad son más importantes que la economía de escala”,
explica Eric Wu, presidente de Taiwan Securities Co., Ltd. Los gigantescos
conglomerados coreanos y la rígida burocracia no estaban preparados
para operar en este tipo de mercado.
Taiwán sentirá que le llegan vientos hostiles desde sus
vecinos, que, desesperados por divisas, se convertirán en competidores
implacables. Pero con su excedente de cuenta corriente y su sólida
situación financiera podrá darse el lujo de estimular su
economía interna para compensar cualquier disminución en
sus exportaciones.
El veredicto ya se ha pronunciado.
Andrew Tanzer
© Forbes / MERCADO
