lunes, 1 de junio de 2026

    ¿Los gigantes saben bailar en el ciberespacio?

    Las grandes compañías coquetean con los ropajes de la
    revolución informática &endash;un sitio Web por aquí,
    un sistema de correo electrónico por allá, intercambio electrónico
    de datos entre planta y depósito&endash;, pero aún muchas
    de ellas no han modificado el estilo de su organización para pasar
    de la era de la máquina a la era de la mente. La era industrial
    proporcionó herramientas para el cuerpo, máquinas capaces
    de aumentar las capacidades físicas de las personas. La era informática
    proporciona herramientas para la mente. Pero, en lugar de crear una nueva
    cultura en sintonía con las mayores posibilidades humanas del ciberespacio,
    son demasiadas las empresas que se quedan confinadas en el buroespacio,
    la cultura mecanicista de la burocracia.

    Compare las diferencias entre las webs del ciberespacio y las cadenas
    de control del buroespacio. El ciberespacio es multidireccional y disemina
    la información rápidamente. El buroespacio, en cambio, con
    sus jerarquías de superiores y subordinados y líneas de mando
    verticales, es unidireccional y está diseñado para controlar
    la información.

    El ciberespacio está conectado. El buroespacio aísla y
    pone énfasis en una cultura de territorios y áreas de dominio
    exclusivas. El ciberespacio insta a las personas a buscar nuevas ideas
    y métodos. El buroespacio, con sus normas, reglamentos, descripciones
    de trabajo, organigramas y manuales de procedimiento, insta a las personas
    a repetir el pasado.

    Las culturas organizativas semejantes a una máquina funcionaban
    razonablemente bien en una economía industrial definida por una
    teoría basada en la máxima de Karl Marx de que el poder proviene
    del control sobre los medios de producción. Esa teoría ya
    había mordido el polvo antes de que cayera el comunismo. En la economía
    informática globalizada actual, el poder está pasando de
    los que producen bienes y servicios a los que los compran u otorgan valor
    agregado para los usuarios finales. La tecnología informática
    convierte al mundo en un gran shopping en el que los clientes, dondequiera
    que estén, pueden acceder a lo mejor del mundo y contar con el poder
    de elegir.

    Este desplazamiento del poder transforma industrias enteras. En el área
    de las computadoras, los grandes fabricantes solían indicar a los
    clientes qué comprar, controlando estrechamente la distribución
    y cobrando por un paquete completo, fuera necesario o no. Ahora el hardware
    está pasando a la categoría de producto básico y los
    fabricantes que una vez dominaban la situación, como IBM, están
    poniendo sus marcas en productos fabricados por otros, y el área
    actual de más crecimiento es la del software, un industria orientada
    a las aplicaciones, en la que los clientes determinan a menudo qué
    deben fabrican los productores.

    ¿Los productos farmacéuticos? Las compañías
    de medicamentos eran en un tiempo las niñas bonitas del mercado
    accionario de Estados Unidos porque sus ganancias estaban garantizadas.
    Los visitadores médicos indicaban a los médicos qué
    recetar, y los hospitales o las farmacias cumplían con los pedidos.
    Ahora, las cadenas de hospitales, cooperativas de compra y organizaciones
    de mantenimiento de la salud determinan qué precios están
    dispuestos a pagar y cómo quieren que se entreguen los productos,
    con sistemas de compra electrónicos.

    ¿El sector minorista? Los fabricantes de alimentos de Estados
    Unidos solían indicar a los almacenes cuándo volver a efectuar
    pedidos de las marcas de mejores precios de las empresas, las marcas que
    supuestamente los consumidores preferían por las publicidades de
    los fabricantes. Ahora, los supermercados equipados con scanners tienen
    información en tiempo real sobre las preferencias de los consumidores,
    y son ellos los que determinan cuándo producir y enviar los productos.

    Para competir eficazmente en el ciberespacio, los activos físicos,
    tan importantes en el buroespacio, importan menos que los activos intelectuales
    intangibles. Las compañías de nivel mundial necesitan contar
    con un abundante stock de tres recursos: conceptos, las mejores y últimas
    ideas, y tecnologías, lo que significa invertir en innovación
    constante, competencia &endash;la habilidad de cumplir al pie de la
    letra las normas de calidad mundial y al mismo tiempo ofrecer servicios
    adicionales a los clientes, lo que implica invertir en capacitación
    y desarrollo de las aptitudes de la fuerza laboral&endash; y conexiones;
    es decir, contar con los mejores socios para ampliar el alcance de la compañía
    y potenciar sus productos, lo cual implica invertir en colaboración.
    Estos activos dependen de las capacidades humanas: creatividad e imaginación,
    enseñanza y aprendizaje, confianza y respeto.

    Contar con los mejores conceptos es fundamental, especialmente en industrias
    que requieren una innovación constante a fin de atraer y satisfacer
    a los clientes. Esa verdad de la tecnología de avanzada es válida
    también para las industrias de servicios. La industria del transporte
    aéreo, por ejemplo, podría fácilmente pasar a ser
    un producto básico: el mismo avión, las mismas configuraciones
    de asientos, la capacitación del piloto, etc. American Airlines
    se salió del molde al desarrollar el primer sistema de reservas
    computarizadas e inventando los programas para viajeros frecuentes. Las
    demás compañías copiaron estos conceptos, y American
    corrió el riesgo de quedarse atrás. Después, British
    Airways marcó el rumbo con conceptos como salas de llegada para
    viajeros internacionales, nuevos diseños de asientos y comodidades
    para pasajeros pernoctantes. Southwest Airlines encontró un nicho
    en los servicios de bajo costo a través de la creatividad de sus
    empleados; es decir, las ideas del CEO aumentadas por el mandato impartido
    al personal para “intentar lo que sea”.

    Las compañías más grandes son intrínsecamente
    más conservadoras que las nuevas o las más pequeñas:
    tienen que exprimir los beneficios de las inversiones que realizaron y,
    además, la innovación puede verse bloqueada por otros departamentos
    que tienen sus propios planes. Aun cuando se insta al personal a probar
    cosas nuevas, la regla del éxito en el buroespacio es “sacar el
    cuello lo suficiente para que te corten el pelo pero no la cabeza”. Pero
    las condiciones competitivas en el ciberespacio requieren que las compañías
    desafíen la sabiduría convencional y reinventen los modelos
    industriales.

    La competencia es el segundo activo importante para el éxito
    de una empresa. No es sólo cuestión de tener las habilidades
    necesarias sino también la capacidad de transmitir el know-how y
    facultar a la fuerza laboral a actuar según los intereses de los
    clientes. Los gigantes corporativos a menudo pronuncian el deseo de convertirse
    en “organizaciones de aprendizaje”, pero fallan en la práctica debido
    a una característica importante del buroespacio de organización
    vertical: la importancia del rango. Ascender a un rango más elevado
    en las empresas de la era industrial conllevaba privilegios especiales.
    En primer lugar, no era necesario que el personal senior volviera a hablar
    con alguna persona que estuviera en desacuerdo con ellos. En segundo lugar,
    no hacía falta que aprendieran nada, sólo decirles a los
    demás qué hacer. Y tercero, tenían el monopolio de
    la información. La condición de gerente estaba definida por
    poder conocer las cosas antes que los demás.

    Los funcionarios de las compañías deliberadamente retenían
    la información del alcance de los empleados de menor rango para
    poder controlarlos, como el caso de los trabajadores de una fábrica
    automotriz de California que oyeron en la radio, al volver a sus casas,
    que la planta cerraría al día siguiente. ¡Intente siquiera
    hacer eso en el ciberespacio!

    En la actualidad, los líderes que se rodean de aduladores o que
    se aíslan de las críticas se pierden la información
    vital para dirigir el cambio. Cuanto más alta sea la posición
    de la persona, mayor será la necesidad de recibir directamente las
    opiniones de los demás. Los ejecutivos top de Powersoft asisten
    a menudo a foros on line en los que los participantes critican a fondo
    los productos de la compañía. El jefe de una de las unidades
    estadounidenses más grandes de ABB mide a sus gerentes por la cantidad
    de quejas de los clientes que informan.

    En la era de la informática, el aprendizaje tiene lugar en todas
    las direcciones, no solamente de arriba abajo o desde la oficina central
    para afuera. Los nuevos empleados que traen conocimientos de afuera pueden,
    en algunos casos, agregar más valor que los veteranos de la compañía.
    Los nuevos les enseñan a sus superiores; el distinguido jefe de
    redacción de Slate, Michael Kinsley, está desaprendiendo
    las reglas de publicación de las revistas y aprendiendo Internet
    a través de los gerentes de Microsoft décadas más
    jóvenes. En lugar de encerrarse en la oficina central, exitosos
    CEO como Alfred Zeien, de Gillette, viajan constantemente para intercambiar
    ideas en forma personal.

    La diseminación simultánea de la información significa
    que los gerentes se informan al mismo tiempo que los que les rinden cuentas
    a ellos. A menudo reciben la información después que sus
    subordinados. Por ejemplo, en una compañía de productos envasados
    de consumo que practica el nuevo estilo de gerencia basado en equipos,
    los trabajadores de la planta responsables de programar la producción
    tienen vínculos directos con los principales minoristas y reciben
    los datos de ventas antes que los gerentes de marca de más jerarquía
    y sueldos más altos.

    Las conexiones son el tercer activo con que deben contar las compañías
    de nivel mundial. Cuando los gigantes bailan, necesitan acompañantes.
    Deben conocer íntimamente a sus clientes, hacer de los proveedores
    colaboradores y encontrar socios para combinar productos o ampliar mercados.
    Compañías grandes como Digital Equipment cuentan con los
    logros tecnológicos de socios pequeñísimos y especializados
    como Dragon Systems, un líder del mercado en el área de sistemas
    de reconocimiento de voz, con un plantel de sólo 200 personas. Dragon
    necesita socios grandes como Digital para alcanzar mercados internacionales.

    El quid de la cuestión es que los gigantes bailen con socios
    sin pisarles los pies. Esto requiere de varias cosas que se oponen a la
    naturaleza del buroespacio: compartir la información con los socios,
    conectarse entre las compañías a múltiples niveles
    de la organización, tener en cuenta los intereses de los socios
    cuando se elaboran las estrategias, estar dispuestos a aprender de aquellos
    que no pertenecen a las torres burocráticas y mostrar respeto por
    culturas corporativas diferentes. A veces, las grandes compañías
    albergan la arrogancia de que “el que tiene el poder, tiene la razón”.
    La colaboración requiere humildad y empatía.

    Las grandes compañías tienen mucho a favor, incluso en
    el ciberespacio: desde el valor de la marca hasta el poder de la distribución.
    Pero deben concentrarse en el factor humano en torno del cual gira la revolución
    informática. No pueden depender únicamente de la tecnología
    o de procesos reingenierizados. A pesar de alegar “transformación”,
    la reingeniería es sólo un mejor uso del buroespacio. No
    produce la revolución de la conciencia humana requerida para dominar
    el ciberespacio.

    Las grandes organizaciones deben derriban las estructuras verticales
    confinantes que dan forma al buroespacio: la visión desde rascacielos,
    torres, silos, paredes y túneles. Deben comportarse como redes de
    compañías más pequeñas, permitiendo a las personas
    pensar como empresarios pero conectándolos para compartir el conocimiento
    y formar un grupo fluido de equipos de proyecto, dentro de la compañía
    y con socios. La industria del software, impulsora de la era informática,
    también proporciona los modelos organizativos más atractivos.
    Nacidas con aspiraciones y estándares internacionales, y densamente
    conectadas a través de redes de alianzas que se superponen, las
    compañías de software prosperan con la imaginación,
    el aprendizaje compartido y la conectividad humana. Ese es el ritmo que
    se baila en el ciberespacio.

     

    © Forbes ASAP / MERCADO

     

    (*) Rosabeth Moss Kanter es profesora en la Escuela de Negocios de Harvard
    y ex jefa de redacción de la Harvard Business Review. Es autora
    de When giants learn to dance, The change masters y, recientemente, World
    Class.