Para asegurar su autonomía de gestión y convertirse en una compañía eficiente y competitiva, YPF debe colocar acciones en la Bolsa. Cuanto más lo sea, mayor será su aptitud de generar ganancias y su valor como empresa en marcha. Su condición de factor dominante en el mercado doméstico no complica la competencia interna si hay verdadera competencia internacional. Su dimensión relativa, en cambio, puede ser importante para posicionar a la industria petrolera argentina en el exterior. A partir de estas premisas, es más sencillo discernir entre las estrategias alternativas de colocación.
Hay que decidir entre una colocación masiva o gradual, y entre la dispersión y la concentración accionaria. La experiencia comparada hace aconsejable el gradualismo de la mano de la dispersión.
Pero este camino condiciona, a su vez, la selección de los potenciales compradores: ¿inversores institucionales o inversores individuales? Los institucionales son más permeables a una colocación directa de acciones. Los pequeños accionistas individuales, más adversos al riesgo de la operación,
prefieren los bonos convertibles en acciones (ADR). Si en el momento de la conversión se transforman en accionistas terminan siendo tenedores de más largo plazo.
Cualquiera sea el balance entre inversores institucionales e individuales, lo más seguro es que el management de YPF siga siendo público, aun en el caso en que se venda la mayoría del paquete accionario. Los inversores bursátiles buscan dividendos, no el control de la compañía. Si ésta es conducida eficientemente y sin interferencias políticas, los potenciales accionistas privados se dan por satisfechos. Repsol de España, con 55% de sus acciones en el mercado de capitales, mantiene la conducción puesta por el sector público.
Para transferir el management de la compañía habría que licitar un paquete de control, interesando a inversores petroleros. Esto desnaturaliza la dispersión y no garantiza a futuro que el management pase a otro grupo de control o retorne al accionista público que mantendrá, como mínimo, 20% del capital, representación en el directorio y decisiones de veto.
El punto clave en la colocación inicial es el precio de corte. YPF es una empresa petrolera que arrastra un pasado de interferencias políticas a su gestión y déficit operativo. Se redimensionó vendiendo activos no estratégicos, pero también muchas reservas. Es fuerte en el mercado doméstico, pero inexistente en el mercado mundial.
De allí que se deba avanzar en el mercado con prudencia y evitando colocaciones masivas. Es preferible que el valor de colocación inicial sea bajo y luego se revalorice. PETROCANADA tuvo una amarga experiencia inicial. El gobierno fijó el valor inicial de venta en 14 y al poco tiempo la cotización bajó a 8. Al gobierno (llámese Ministerio de Economía) le corresponde decidir el precio de corte. Pero el proceso de colocación accionaria lo debe hacer la empresa, porque de esta manera afianza la confianza en su gestión.
Si la voracidad fiscal y la especulación política de corto plazo desnaturalizan los objetivos y el proceso, habrá que preocuparse por la postransformación.
