lunes, 6 de abril de 2026

    Un modelo muy competitivo

    Recientemente la revista CompuWorld investigó
    cuáles eran los l00 mejores lugares para trabajar en los
    Estados Unidos. El primer puesto fue para Price Waterhouse, una de
    las big six de la consultoría internacional.

    ¿Qué fue lo que llevó a Price al tope de la
    tabla? “Uno de los principales motivos fue la instalación del
    modelo de competencias. Fue fundamental para posicionar en el mercado
    estadounidense a una organización como la nuestra, que aspira
    a contar con los mejores recursos, ya que lo que vende es
    precisamente conocimiento”, afirma Omar C. Spinelli, socio de la
    división de consultoría internacional de Price
    Waterhouse Argentina.

    Cristina Calegari, a cargo de los recursos humanos de esa
    misma división, explica que el modelo de las competencias
    permite trabajar con un análisis de puestos muy diferente del
    habitual. Se construye a partir de una matriz basada en tres
    indicadores: los productos y servicios que brinda la firma, los
    procesos en los que trabaja y los segmentos del mercado. A
    través de la medición de los contenidos de esta matriz,
    se puede trazar el perfil de un ejecutivo, partiendo de los
    conocimientos que realmente posee. “Lo que se evalúa no es
    solamente el potencial sino también la experiencia que esa
    persona tiene concretamente”, afirma la especialista.

    Creado en 1973 por David McClelland, un experto en recursos
    humanos de Harvard, el modelo de competencias permite que, como todo
    producto o servicio, cualquier procedimiento con el que las personas
    trabajan pueda traducirse en una competencia capaz de medirse.

    Price divide la carrera laboral en tres niveles básicos
    llamados foundation y cuatro superiores conocidos como mastery. “En
    general, cuando tomamos a un pasante o una persona que proviene de
    una universidad, si no tiene una experiencia sustancial preliminar,
    ingresa en algunos de los niveles fundacionales. Después, a
    medida que desarrolla su trabajo va pasando a los próximos
    niveles de competencia”, explica Spinelli.

    “En los niveles foundation se piden conocimientos relacionados
    con la dimensión de la competencia. En tecnología
    informática, por ejemplo, debe demostrar que cumple con los
    estándares de conducta profesional requeridos, desde el punto
    de vista de la personalidad. Por otro lado, tiene que estar avalado
    por un título universitario con un alto nivel académico
    en su performance. Si no lo tiene, deberá contar con una
    relevante experiencia en esa materia”, dice Calegari.

     

    Punto de partida

    Al incorporar a una persona a la organización, lo
    primero que se hace es definir, en función de los datos
    comprobables contenidos en su currículum, en qué lugar
    de la matriz debería estar. La consultora aplica un proceso
    de selección con determinadas etapas que intentan medir
    técnicamente el perfil psicológico del aspirante, y su
    nivel de aprendizaje para evaluar si podrá seguir incorporando
    elementos durante el desarrollo de su carrera laboral en la firma.
    Sin embargo, “hay una serie de cosas que se ven más desde el
    plano personal y que tienen que ver con el estilo de trabajo de
    Price”, aclara Calegari.

    Esa misma matriz sirve para registrar la evolución de
    cada individuo. Cuando ingresa se ubica en un determinado nivel, pero
    a medida que transcurre el tiempo, si responde a los elementos
    contenidos en el lugar siguiente de la grilla, evoluciona a un nivel
    superior. Este modelo, a su vez, está concebido de manera que
    los distintos niveles se relacionen con los correspondientes
    mecanismos de recompensas.

     

    Hecho a medida

    Normalmente, la gente no desarrolla todas sus capacidades en
    forma pareja. Por lo tanto, la flexibilidad del método reside
    en la posibilidad de medir el desarrollo de una persona en cada una
    de sus distintas competencias. “Por ejemplo, podemos tener una
    persona que no ha desarrollado el nivel de servicio pero sí el
    de tecnología informática, tiene alguna experiencia en
    una empresa, conoce determinados procesos y, también,
    demuestra capacidad de gerenciamiento”, dice Calegari.

    “Lo que tenemos en primera instancia es un inventario de
    competencias de cada persona. Pero luego se transforma en un
    mecanismo de desarrollo. Si queremos que nuestra gente se desarrolle
    en alguna de estas dimensiones, el modelo nos indicará
    qué debe hacer para avanzar a ese lugar ya que, en un cierto
    período, sabemos que tendremos gente formada en change
    integration o en niveles mastery de Project Management o Industry”,
    explica Spinelli.

    Año a año cada persona es monitoreada y
    modifica su ubicación en la matriz.

    “Cuando alguien ingresa a la firma, le decimos: ´Esta es su foto
    hoy, pero dentro de un año, seguramente, va a tener un perfil
    distinto, con lo cual la imagen va a cambiar´”, comenta Calegari.

     

    Ascender ya no es la meta

    No hay un tiempo límite establecido para que alguien
    pase de un nivel a otro. “Habitualmente, las organizaciones de
    consultoría se manejaban con el concepto de up or out
    (asciende o se va). Ahora dejamos esta idea de lado y pasamos a la de
    contribution or out (contribuye o se va). Es decir, si la persona
    agrega valor a la organización desde donde está,
    ¿por qué tiene que ascender?”, dice Spinelli.

    Una vez que sabe cuáles son los niveles de sus
    competencias, cada miembro de la firma tiene la posibilidad de armar
    su propio plan de desarrollo de carrera.Un papel muy importante
    dentro del modelo de Price es el que cumple el coach (entrenador),
    que conoce las posibilidades que tiene para desarrollar cada nuevo
    integrante de la firma y debe ocuparse de brindarle
    orientación.

    Según afirma Spinelli, la problemática principal
    del modelo de competencias no está en la teoría que lo
    sustenta sino en su implantación. El concepto básico es
    cuán desagregada está la estrategia de la
    organización como para poder identificar claramente
    cuáles son los niveles de competencia requeridos. “Esto
    implica un cambio de tipo filosófico y
    psicológico-social dentro de las organizaciones”,
    señala Spinelli. “Antes se pensaba que el capital
    permitía acceder a todo y los recursos humanos eran
    básicamente headcounts que se instalaban ahí donde se
    necesitaran. Hoy, en cambio, se entiende que en el momento en que se
    comienza a desarrollar la estrategia se debe definir cómo
    deben ser las personas que la llevarán a cabo. A su vez, hay
    que tener en cuenta cuáles son los elementos reales en
    nuestros recursos humanos, para saber cómo éstos van a
    soportar la estrategia en el tiempo y establecer políticas en
    función de ello.”

     

     

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