viernes, 3 de abril de 2026

    La demanda (¿insatisfecha?) de inteligencia

    El joven que aparece en esta tapa de MERCADO es un desconocido.
    En la Argentina abundan los estudios destinados a definir el perfil
    de los adolescentes, las amas de casa o los consumidores del segmento
    ABC1. Poco o nada se sabe, en cambio, acerca de los adultos
    jóvenes que, a punto de salir de la universidad, están
    iniciando el camino que los llevará, en una década o
    menos, a los puestos de conducción de organizaciones y
    empresas.

    La idea de que vale la pena el esfuerzo de empezar a conocerlos
    justifica esta iniciativa de MERCADO, que encomendó a la firma
    MORI una extensa investigación entre más de 600
    estudiantes que cursan el último año de sus carreras.

    Llama la atención, para empezar, el ranking de las
    empresas donde estos jóvenes creen que encontrarán los
    ámbitos de trabajo más prometedores y estimulantes. Las
    preferencias se concentran en bancos, consultoras y
    compañías de tecnología informática. Pero
    las ausencias son, quizá, más significativas que las
    presencias en la lista de empresas favoritas. Los sectores más
    dinámicos de la economía argentina reciben un
    índice de menciones sugestivamente bajo. Esto se observa con
    claridad en el rubro de las compañías
    energéticas y en la industria de los alimentos y bebidas.
    Entre los grandes prestadores de servicios públicos
    privatizados sólo aparecen, y con modestas cifras, Telecom y
    Edesur.

    Tampoco cosechan buenas notas entre los estudiantes grandes
    nombres de prestigio internacional, como Philip Morris, Esso o 3M.

     

    Coincidencias

    Los lectores de MERCADO advertirán aquí una
    notable simetría con las conclusiones del estudio realizado
    por la firma Hewitt publicado en la edición de septiembre
    (“Quién paga los mejores sueldos”). Los bancos y las
    industrias de alta tecnología aparecieron, en esa
    investigación, como los sectores más proclives a
    remunerar con generosidad a sus cuadros gerenciales.

    El sueldo, sin embargo, es el ítem mencionado en segundo
    lugar entre las aspiraciones de los estudiantes avanzados. Les
    importa más conseguir capacitación y oportunidades de
    desarrollar sus aptitudes. Y otro requerimiento de peso es la
    flexibilidad de horarios, para poder cursar un posgrado (algo que,
    por otra parte, consideran imprescindible para encontrar un buen
    empleo).

     

    Calidad de las cabezas

    El autorretrato de estos jóvenes es también
    sorprendente. Los trazos más fuertes están puestos en
    cualidades tales como la responsabilidad y la voluntad de trabajar
    con empeño. La imaginación, la inteligencia, la
    capacidad de análisis y la madurez son, en cambio, virtudes
    que no abundan en la evaluación que hacen de sí mismos.

    Sin embargo, los directores de carreras universitarias reunidos
    por MERCADO en una mesa redonda (ver nota en la página 36)
    coincidieron en afirmar que lo que cuenta hoy, en la formación
    de profesionales, no es el cúmulo de conocimientos
    específicos adquiridos, sino la calidad de las cabezas y los
    espíritus bien armados. Es decir, capacidad de
    análisis, de decisión y de adaptación al cambio,
    cualidades todas ellas que remiten a la inteligencia, la
    imaginación y la madurez.

    Liberar para aprender

    “Esta es una industria del conocimiento en la que el principal
    capital son las personas. Nuestra tarea básica es allanar los
    caminos, liberar a las personas, para que utilicen su inteligencia y
    su intuición en el negocio”, afirma Hugo Strachan, el CEO
    local de Hewlett-Packard -una de las diez empresas favoritas de los
    estudiantes encuestados-, en otro artículo de esta
    edición (“La elite electrónica”, pág. 157).

    Los directivos de empresas de tecnología
    informática consultados por MERCADO para indagar en lo que
    asoma como una cultura de vanguardia en el management coinciden en
    admitir que los talentos requeridos por el sector escasean, lo que
    hace trepar los índices de rotación y los salarios.

    “Sacamos gente de donde podemos, pero la verdad es que no
    alcanza”, reconoce Claudia Segovia, gerenta general de Unisys
    Sudamericana. “No selecciono a nadie para hoy, porque sé que
    en poco tiempo va a tener otra función”, explica su colega de
    Microsoft Argentina, Eduardo Rossini. La obsolescencia acelerada de
    los conocimientos técnicos conduce, inexorablemente, a
    privilegiar la capacidad de aprendizaje.

     

    Los nuevos millonarios

    Las empresas high tech no sólo están dispuestas
    (o resignadas) a pagar los sueldos más altos por las mejores
    inteligencias disponibles en el mercado. También son las
    más inclinadas a convertir a sus empleados en socios mediante
    los beneficios en acciones. Este es, precisamente, el origen de las
    fortunas de la mayoría de los 100 magnates de la era digital
    que la revista Forbes incluye en el ranking que se despliega a partir
    de la página 141 de esta edición.

    La nómina está encabezada, como no podía
    ser de otro modo, por el mítico Bill Gates (el hombre
    más rico de Estados Unidos). También están las
    grandes cabezas de corporaciones como Intel, Hewlett-Packard y
    Oracle, que se disputan no sólo lugares en el ranking, sino el
    dominio del rumbo que tomará la informática (redes
    versus PC) en el próximo siglo. Y abundan, de la mitad para
    abajo de la nómina, nombres menos estelares, de ejecutivos de
    empresas que encontraron fenomenales oportunidades de crecimiento en
    nichos que dejaron pasar los más grandes.

     

    Todo en discusión

    Otro dato a tener en cuenta es que doce de los cien magnates de
    la lista de Forbes pertenecen a Microsoft, la compañía
    que en estas últimas semanas se ha colocado en el centro de
    una profunda controversia por su enfrentamiento con el Departamento
    de Justicia norteamericano, que la acusa de prácticas
    monopólicas, por obligar a los fabricantes de computadoras a
    adquirir su programa Explorer (de navegación en Internet) para
    poder instalar el sistema operativo Windows en sus máquinas.

    El debate va mucho más allá de la
    cuestión legal. “Esto se llama capitalismo, no monopolio”,
    argumentó Bill Gates. “¿Quién, que no sean los
    consumidores decide qué le ponemos a Windows?”

    Esta parece ser la primera gran batalla de un prolongado
    conflicto en el que la tecnología, las leyes y la ética
    tendrán que encontrar algún punto de coincidencia.

    Algo que preocupa al futurólogo Alvin Toffler, que en su
    columna “Los clobots, los genes humanos y el espacio” reflexiona
    sobre los dilemas morales y filosóficos que depara el avance
    de la tecnología, y hasta qué punto está
    amenazado, en este nuevo escenario, el imperio de la inteligencia
    humana.

     

     

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