lunes, 6 de abril de 2026

    El plato fuerte de las exportaciones

    La industria alimentaria mueve al año cerca de $ 45.000
    millones a precios al consumidor o $ 30.000 millones si se toman los
    precios de salida de fábrica. Es el sector que más
    inversiones recibió. En ampliaciones, modernización y
    construcción de nuevas plantas se desembolsaron $ 8.000
    millones en el período 1991/97, con un claro predominio por
    parte de empresas de capitales nacionales, que participan con
    más de 60% del total invertido.

    También fue el rubro que más cambios de manos
    experimentó, con cerca de $ 3.000 millones destinados a la
    venta y adquisición de nuevas compañías, aunque
    en este caso 80% salió del bolsillo de firmas multinacionales.

    Hoy, el sector representa 36% de las exportaciones totales de la
    Argentina. La producción aumentó cerca de 40% desde
    1991 a la fecha, pero el nivel de empleo se mantuvo en los mismos
    260.000 trabajadores de hace seis años. A la vez, es uno de
    los pocos rubros que permiten pensar que el primer mundo no
    está tan lejos: en la actualidad la Argentina exhibe, por lo
    menos en lácteos, galletitas y fideos, niveles de consumo
    similares o incluso superiores a los de los países más
    desarrollados.-

     

    Elaborados vs. commodities

     

    El crecimiento sostenido de las exportaciones de alimentos, que se
    viene registrando desde principios de la década, tuvo su
    epicentro en 1995, cuando las ventas en el exterior treparon a US$
    7.580 millones, lo que representó un salto de 26% con respecto
    al año anterior. En 1996 el aumento fue menor (16%) y el monto
    de las operaciones alcanzó a US$ 8.800 millones. Para el ´97
    el objetivo es superar la barrera de los US$ 9.500 millones.

    Sin embargo, el talón de Aquiles de este boom exportador es
    el bajo valor agregado: hoy, los productos elaborados, según
    datos de la Coordinadora de Industrias de Productos de
    Alimentación (Copal) -una de las dos cámaras que
    agrupan a las empresas del sector-, representan sólo 15% de
    las ventas al exterior, aunque si se incluye a los semielaborados el
    porcentaje trepa a 63%.-

    “Una cosa es exportar leche en polvo, un commodity basado
    simplemente en deshidratar la leche y despachar el polvo que queda,
    que es una tarea elemental, y otra es exportar manteca y queso de
    alta calidad; la industria argentina, lamentablemente, todavía
    está en la primera etapa”, asegura el economista Jorge
    Schvarzer, quien se desempeña como docente universitario e
    investigador del Conicet. –

    Déborah Giorgi, economista de la consultora Alpha, tiene
    una visión mucho más optimista con respecto a la
    evolución del sector: “Hasta ahora la revolución
    más importante se dio en la etapa primaria y no en la
    industrial”, dice, y agrega: “Los aumentos más grandes de
    competitividad se produjeron en los ciclos y en el manejo de la
    producción, ya sea en la agricultura tradicional, con el uso
    de fertilizantes y la combinación de siembras, o en la no
    tradicional (frutas, lácteos), con la complementación
    de los procesos con atmósferas controladas”.

    Giorgi considera a la actual como una etapa de transición.
    “Las multinacionales todavía están conociendo el
    mercado doméstico y las locales están en un proceso de
    redefinición, pagando un derecho de piso más elevado”,
    sostiene.-

    Frente a las críticas recurrentes que acusan a la industria
    local de no dotar de valor agregado a los productos que exporta,
    desde las cámaras sectoriales se defienden señalando
    que en los últimos años se registró un cambio en
    la tendencia de las exportaciones argentinas de alimentos.

    “Hay que distinguir entre la foto y la película”, advierte
    la economista Beatriz Nofal, del Departamento de Comercio Exterior de
    la Unión de la Industria de la Alimentación (Unida, la
    otra cámara), y explica: “En la foto, en el total de
    exportaciones todavía predominan los productos sin
    elaboración, pero si se observa la película se descubre
    que las tasas de crecimiento más importantes en los
    últimos años se registraron en rubros de alto valor
    agregado, como chocolates, panadería, preparados alimenticios
    y lácteos”.-

    Gerardo Gargiulo, asesor económico de la Copal, apunta
    contra las barreras que se aplican en distintos mercados: “Estamos
    vendiendo tantos productos con valor agregado como podemos; tenemos
    facilidad para exportar semielaborados y restricciones de muchos
    países para los elaborados”, dice.

    Admite que “el porcentaje de productos más sofisticados es
    bajo”, pero advierte que “superarlo es un objetivo no cumplible por
    las restricciones”. No obstante, asegura que “la estrategia para los
    próximos 10 años es aumentar en cantidad” y pronostica
    que los “grandes clientes del futuro” son América latina, Asia
    y Africa.

    Nofal coincide con que el mayor crecimiento de las exportaciones
    de alimentos elaborados se producirá en forma más
    pronunciada hacia los países de la región. “En varios
    rubros está creciendo la participación de productos de
    mayor valor agregado, pero hasta ahora lo más notorio se
    registra en las ventas a América latina”, dice.

    “A los fabricantes argentinos les resulta más fácil
    ingresar a Brasil y el Mercosur con productos de alto valor agregado,
    porque no sólo no existen barreras arancelarias y
    paraarancelarias, sino también por otros factores, como los
    sistemas de distribución y las facilidades que existen para
    consolidar su marca en estos mercados”, explica la economista.

    “Desarrollar esos puntos implica un trabajo mucho mayor y grandes
    inversiones, que por el momento están encarando muy pocas
    empresas, como Arcor, que ya exporta a Estados Unidos y Asia con su
    propia marca, o Bongrain, que está intentando algo parecido en
    Estados Unidos, con su línea de quesos duros”, agrega Nofal.-

     

    La niña bonita

     

    De cada cuatro productos comestibles que se venden en la Argentina
    uno proviene de la industria láctea, que en el segmento de
    alimentos con valor agregado es el sector que más factura
    localmente. En 1996 el consumo interno de lácteos
    superó los 220 litros anuales por habitante, lo que pone al
    país al mismo nivel de Estados Unidos o Francia. Por eso, en
    la industria la coincidencia es unánime a la hora de apostar a
    las exportaciones.-

    “No hay duda de que la capacidad de crecimiento de la
    lechería en la Argentina va a estar dada por un incremento de
    las ventas al exterior”, sostiene Francisco Boggino, gerente de
    Relaciones Institucionales de Mastellone Hnos., y explica que “de
    aquí en más se torna difícil que el consumo per
    capita de lácteos siga aumentando por encima del crecimiento
    vegetativo de la población”, por lo cual “lo más seguro
    es que la mayor producción se termine volcando hacia las
    exportaciones”.-

    En la actualidad el mercado lácteo factura $ 4.500 millones
    al año. La actividad representa 1,5% del producto bruto
    interno (PBI) y 3% del producto bruto industrial. En los
    últimos 20 años el sector vivió un espectacular
    proceso de expansión. A mediados de los ´70 se elaboraban
    5.000 millones de litros por año en 44.000 tambos y hoy,
    según un relevamiento del Indec, se producen 8.500 millones en
    23.000 establecimientos, lo que implica un aumento de la
    productividad superior a 300%.

    A pesar de que el mercado sufrió una fuerte
    retracción en el número de empresas -las actuales 750
    representan apenas 70% de las que existían en 1989-, la
    incidencia de las cooperativas continúa siendo muy fuerte, y
    más de la mitad de los productores controla hoy todas las
    etapas del negocio, desde la obtención de la leche hasta la
    comercialización de los productos.-

    El primer puesto en ventas se lo disputan, palmo a palmo,
    Mastellone y SanCor, que, con $ 833,4 y $ 701 millones
    respectivamente, concentran en conjunto casi 40% de la
    facturación total del sector. Sin embargo, ambas empresas
    apuntan a mercados diferentes: mientras SanCor está orientada
    a la industrialización de productos lácteos, Mastellone
    tiene como principal actividad la producción de leche fluida.

    Según un estudio de AC Nielsen, la leche fluida representa
    35% de la facturación total de los lácteos en la
    Argentina. En ese segmento Mastellone es líder con una
    participación de 60%, mientras también está
    primera en yogures, con casi 70%. Sin embargo, en materia de quesos
    la número uno es SanCor, con un share superior a 20%.-

    Un escalón más abajo se ubican las locales Milkaut y
    Williner, con ventas por $ 147 y $ 127,9 millones respectivamente, y
    la suiza Nestlé, que es la única multinacional con una
    larga historia en el mercado local: opera en la Argentina desde 1937
    y en la actualidad controla 7% del mercado lácteo,
    además de ser líder en leche en polvo; en 1996,
    incluyendo todos sus negocios, facturó $ 460 millones y tiene
    en marcha un plan de inversiones por $ 100 millones para el
    período 1996/98, para ampliar y modernizar sus plantas en
    Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba.-

    En los últimos años también fueron
    sumándose nuevos operadores al mercado local. El primero fue
    la francesa Danone, que en 1995 se asoció con Mastellone para
    la producción de yogures, leches saborizadas, postres y quesos
    untables. Después llegaron Argentine Venture Partners -un
    fondo de inversiones integrado por Santiago Soldati y tres ex
    miembros de The Exxel Group-, que el año pasado
    adquirió Establecimientos La Paulina; la chilena Loncoleche,
    que se asoció con La Suipachense a través de un aporte
    de capital de $ 3 millones, y Socma Alimentos, del grupo Macri, que
    desde hace unos meses se convirtió en el accionista
    mayoritario de la cordobesa La Lácteo, asociado con la
    italiana Iomo.

    Si bien en los últimos tres casos las firmas que
    adquirieron son medianas o chicas, en el sector todos apuestan a que
    esas operaciones representan sólo un primer paso de esas
    compañías dentro de un proceso de expansión
    mucho mayor, por lo que no pasará demasiado tiempo antes de
    que vuelvan a salir de compras.-

    Como sucede en el resto de la industria, 1995 fue el punto de
    despegue para las exportaciones de lácteos. Ese año,
    las ventas al exterior de los productos elaborados en la Argentina
    superaron los US$ 225 millones, frente a los US$ 131 millones del
    año anterior, con Brasil como principal destino. Esa verdadera
    explosión se explica por la caída de los subsidios en
    los países de la Unión Europea y el aumento de los
    aranceles extra Mercosur, que dejó mal parados a los
    exportadores europeos. Brasil tiene una producción lechera
    deficitaria, que no alcanza a satisfacer la demanda interna, lo que
    despertó en la década de los ´90 el interés de
    las empresas argentinas. –

    La primera compañía local en hacer pie en Brasil fue
    SanCor, que en 1986 montó SanCor do Brasil Produtos
    Alimentícios, en San Pablo. “En los últimos dos
    años las ventas en el exterior aumentaron 40% y esperamos un
    incremento similar para 1997, con lo que superaremos los US$ 75
    millones”, asegura Oclides Cardellino, presidente del Consejo de
    Administración de SanCor Cooperativas Unidas Ltda. –

    En la actualidad el Mercosur recibe 70% de sus exportaciones y sus
    proyectos en la región son más ambiciosos.
    “Recientemente inauguramos un gran depósito para
    lácteos en Brasil, con perspectivas de realizar algún
    tipo de proceso industrial”, cuenta Cardellino, y agrega: “Mediante
    un convenio con la cooperativa brasileña Batavo, estamos
    elaborando productos con su marca, pero no descartamos acciones y
    proyectos para afianzar nuestro nombre en ese mercado, donde
    actualmente seguimos completando el sistema de distribución”.

    En tanto, Mastellone creó su filial Mastellone do Brasil en
    1991. Posee un centro de distribución en San Pablo, a
    través del cual atiende a supermercados y distribuidores.
    “Queremos especializarnos en productos frescos en la Argentina, y en
    leche en polvo en el exterior; en el caso de Brasil estamos
    introduciendo la marca La Serenísima y ya tenemos 15% del
    mercado en San Pablo y 4,5% al nivel nacional”, explica Boggino. La
    filial brasileña espera facturar US$ 70 millones este
    año e iniciar la producción en tierra local antes del
    2000.-

    La italiana Parmalat desembarcó en la Argentina a
    principios de los ´90, con la compra de los activos y la cuenca
    lechera de La Vascongada. En 1995 inauguró su planta en Pilar
    y el año pasado la filial argentina exportó por US$ 25
    millones a Brasil, donde la compañía tiene una
    posición dominante y pelea con Nestlé y Danone los
    primeros puestos. “Desde Pilar hoy abastecemos a otras plantas de la
    compañía, principalmente a Brasil, donde estamos
    ingresando muy fuerte con la leche de larga vida y los concentrados
    de tomate”, dice Miguel Reyes Borzone, director general ejecutivo de
    Parmalat Argentina, cuyas ventas en 1996 llegaron a $ 70 millones.-

    Aunque el logotipo de la empresa recorrió el país en
    la camiseta del primer equipo de fútbol de Boca Juniors, lo
    que le permitió alcanzar un amplio grado de exposición,
    hasta ahora tiene una participación minoritaria en el mercado
    local, inferior a 4%. Sin embargo, en el primer semestre del ´97
    registró un aumento de 45% en su facturación, lo que
    parece indicar que su share está en camino de ponerse a la
    altura del nivel de recordación de la marca.

    Este año se sumó otro player extranjero, con la
    particularidad de que viene del Japón a un mercado que hasta
    ahora era dominado exclusivamente por firmas locales y europeas. La
    que rompió la tradición fue Yakult, que en mayo
    inició la comercialización de leche fermentada, el
    único producto que fabrica en todo el mundo y que en las
    góndolas domésticas termina compitiendo con el yogur.

    Por ahora, sus productos son importados desde Brasil, pero la
    firma tiene planeado levantar una planta en el país antes de
    que termine el siglo. Para ello invertirá $ 15 millones.
    “Nuestro objetivo es llegar a vender 600.000 frascos por mes,
    operando sólo en supermercados”, asegura el brasileño
    Joel Claudino de Oliveira, gerente de Ventas de Yakult Argentina.

    “Dentro de tres o cuatro años, ya con planta propia,
    queremos tener como clientes a 3% de la población, con un
    millón de unidades por día”, agrega. Para alcanzar esa
    meta, la empresa pondrá en práctica un sistema de
    distribución domiciliaria que ya aplica en la mayoría
    de los países donde tiene presencia, incluido Brasil.

     

    Una dulce tentación

     

    La industria alimentaria tiene el particular privilegio de
    encabezar el ranking de fusiones y adquisiciones. Desde la puesta en
    marcha del plan de Convertibilidad, en abril de 1991, es el sector
    que registró el mayor número de pases de empresas
    locales a manos de multinacionales. Desde 1990 a la fecha se
    produjeron más de 60 ventas dentro de este rubro y en la
    actualidad, de las 20 firmas más grandes de alimentos
    procesados, sólo Arcor conserva su carácter de empresa
    de capital 100% nacional y, además, familiar.

    “Arcor siempre estuvo adelantada a su época”, asegura
    Enrique D´Alessandro, gerente de Comunicaciones y Relaciones
    Públicas del grupo, y explica: “Durante la década de
    los ´80 se preparó para la Argentina globalizada que se
    avecinaba, incorporando tecnología y reduciendo costos, lo que
    nos permite hoy contar con el respaldo para no estar obligados a
    vender o asociarnos a una empresa extranjera. Y también se
    anticipó al Mercosur, puesto que 15 años antes del
    inicio del mercado común ya tenía plantas en Paraguay,
    Uruguay y Brasil”.

    Gargiulo destaca además el correcto traspaso generacional
    de sus ejecutivos, para explicar el hecho de que Arcor no se haya
    dejado tentar por una oferta de compra. “Es un poco la
    excepción a la regla”, dice. “Hay muchas empresas familiares,
    grandes o Pymes, que no tienen pensada la transición de la
    actual generación a la siguiente, y cuando se produce la
    necesidad del traspaso salen a la búsqueda de un comprador o
    un socio externo”, explica. Según el asesor de la Copal,
    “dentro de las 150 mayores empresas de alimentación del
    país, un cuarto tienen esas características y son, por
    lo tanto, candidatas a ser vendidas”.-

    Cuando en 1951 Fulvio Pagani fundó Arcor lo hizo apuntando
    al mercado de golosinas. Pero en estos casi 50 años fue
    ingresando en otros negocios y hoy casi 70% de sus ingresos proviene
    de rubros tan diversos como harinas, envases, energía, aceites
    o conservas.

    Sin embargo, D`Alessandro asegura que las golosinas y los
    chocolates continúan siendo el core business de Arcor.
    “Nuestro objetivo -dice- es liderar el mercado de golosinas en toda
    América latina; los alimentos tienden a ser commodities, lo
    que hace cada vez más difícil lograr una
    diferenciación específica; en golosinas, en cambio, el
    valor de marca sigue siendo muy alto, lo que nos permite entrar a
    mercados sofisticados como Estados Unidos.”

    La aspiración de liderar el mercado regional de las
    golosinas se sustenta en algunos datos concretos. -En la Argentina
    las ventas se dividen en partes casi iguales entre los productos sin
    chocolate (caramelos, pastillas, gomas de mascar) y los que llevan
    chocolate. Arcor es líder en caramelos y chocolates, con 75% y
    38% de las ventas, respectivamente, y es segundo en gomas de mascar,
    con 35%, superado sólo por la inglesa Cadbury -propietaria de
    la tradicional local Stani-, que en 1996 facturó alrededor de
    $ 60 millones sólo por gomas de mascar.

    En chocolates Arcor compite principalmente con Kraft Suchard, del
    grupo norteamericano Philip Morris, que tiene 11% del mercado;
    Nabisco-Terrabusi, con 10%, y Danone-Bagley, con 6%.

    En el orden regional Arcor Brasil triplicó sus
    exportaciones en cinco años, desde los US$ 7,5 millones que
    vendió en 1991. Este año, la facturación total
    de la operación brasileña superará los US$ 155
    millones, 29,2% más que los US$ 120 millones del año
    pasado.

    El último negocio en el que ingresó Arcor es el de
    las galletitas, a través de la apertura de una planta en la
    localidad bonaerense de Salto, en 1995, y la compra, hace un par de
    meses, de la firma cordobesa LIA, por $ 90 millones.

    Precisamente, el de las galletitas fue uno de los segmentos
    más convulsionados en los últimos años. Hasta
    1994 el mercado estaba casi íntegramente en manos de firmas
    argentinas, pero todo cambió con el arribo de dos pesos
    pesados, como la norteamericana Nabisco y la francesa Danone. Claro
    que la industria local no se quedó de brazos cruzados: un
    año antes de que Arcor dijera presente el grupo Macri se
    alzó con Canale.

    El interés por las galletitas se explica por el aumento
    que experimentó el consumo. Tradicionalmente los argentinos
    comían cinco kilos por año, pero a partir de 1994 el
    consumo trepó hasta nueve kilos, superando incluso el promedio
    de los países del primer mundo, donde oscila entre siete y
    ocho kilos.

    El negocio de las galletitas mueve $ 900 millones por
    año, que se reparten principalmente Bagley (30%), Terrabusi
    (25%), Arcor (que a partir de la compra de LIA tiene 20%) y Canale
    (5%). El resto está en manos de Granix, pequeños
    productores del interior y algunas panificadoras, como Fargo y Bimbo.

    Las dos últimas se disputan el mercado del pan de molde,
    aunque por ahora con clara ventaja para Fargo, que controla
    más de 70% de un negocio que mueve $ 200 millones al
    año. La mexicana Bimbo llegó al país en 1995,
    cuando abrió una planta en Pilar. Poco después se
    instaló Grand Metropolitan, perteneciente al grupo
    británico ADB -propietario en todo el mundo de las cadenas de
    hamburgueserías Burger King y de heladerías
    Häagen-Dasz, y de las fábricas del vermouth Cinzano-,
    mediante la adquisición de la panificadora La Salteña y
    de la cadena de panadería y pastelería Delicity, que
    tiene una planta en San Fernando.

    La operación más grande en todo el mercado de
    alimentos la protagonizó Nabisco, cuando en abril del ´94
    compró 70% de Terrabusi por $ 245 millones. En marzo del ´96
    adquirió la fábrica de especias Mayco-Capri por $ 35
    millones y actualmente está ejecutando un plan de inversiones
    para el trienio 1996/98, por $ 50 millones, que incluye la
    construcción de un nuevo depósito en la planta de
    General Pacheco.

    En diciembre del ´94 Danone pagó $ 240 millones por
    Bagley. Posteriormente, la compañía francesa -que
    factura US$ 18.000 por año en todo el mundo- se asoció
    con Mastellone y en marzo del año pasado adquirió 50%
    de la embotelladora de agua mineral Villa del Sur. Según sus
    directivos, el objetivo es posicionarse en primer lugar entre las
    empresas alimentarias del Mercosur, a través de su
    incursión en rubros de alto valor agregado, como las
    galletitas o algunos productos lácteos.

     

    Quién manda en el almacén

     

    Aunque los especialistas ubican al mercado de las pastas secas en
    el orden de los $ 300 millones, según AC Nielsen, entre junio
    de 1996 y mayo de 1997 los argentinos compraron spaghetti, maccaroni
    y demás pastas envasadas por $ 333,8 millones. En el
    país se comen anualmente unas 230.000 toneladas de pastas
    secas, lo que arroja un consumo per capita bastante alto, cercano a
    siete kilos al año, que llega a 12 si se suman las pastas
    frescas.

    A diferencia del negocio de las galletitas, en el que los grandes
    jugadores se separan sin inconvenientes del resto de la competencia,
    en el de las pastas secas las líderes deben codearse con un
    batallón formado por más de 150 pequeñas firmas.
    El resultado es que ninguna marca acapara más de 10% del
    mercado y, si se suman las diferentes líneas de las
    principales compañías, las primeras tres no superan 40%
    del sector.-

    Mientras Molinos -con sus marcas Matarazzo y Favorita- muerde 19%
    de la torta, Terrabusi (con Don Felipe, Vizzolini y Nabisco) absorbe
    15%, la chilena Lucchetti 7% y el resto se lo disputan otras marcas,
    como Manera (de Oleaginosa Moreno, firma que está en
    negociaciones para ser adquirida por la suiza Glencore, 4,5%),
    Canale, Minetti (ambas con 3,6%), Don Vicente (3,5%), la chilena
    Carozzi (dueña de Bonafide) y Buitoni. –

    Durante los últimos años el consumo de estos
    productos muestra una meseta que evoluciona a la par del aumento de
    la población. Entre el primer semestre de 1996 y el de 1997,
    el precio de las pastas secas cayó 4,5%. En ese mismo
    período el consumo aumentó 2,3%, pero la
    facturación del sector bajó 2,3%.

    De todos modos, el alto grado de desarrollo no impidió que
    las empresas siguieran haciendo inversiones. Para ampliar su
    participación, Nabisco-Terrabusi adquirió en agosto de
    1996 Vizzolini, empresa que cuenta con un molino harinero.

    También Molinos está poniendo sus dólares en
    este mercado. “La empresa está encarando una serie de
    proyectos estratégicos clave, entre los que se destaca la
    contrucción de un polo farináceo de última
    generación”, señala Rubén Calónico,
    gerente de la unidad de negocio Comestibles de Molinos. El
    emprendimiento, que demandará más de $ 50 millones en
    los próximos tres años, contempla un nuevo molino
    harinero con una capacidad para procesar 1.200 toneladas por
    día, que reemplazará la unidad de Dique III (Puerto
    Madero) en febrero de 1998. Además, la firma tiene planeado
    instalar una tercera planta de pastas secas, con una inversión
    de $ 5 millones, y otras integraciones de harina con mayor valor
    agregado.-

    A partir de la década de los ´90 el grupo Bunge y Born -al
    que pertenece Molinos- inició un proceso de
    concentración en el sector de los alimentos. Poco a poco fue
    desprendiéndose de todas las controladas que no formaban parte
    de su core business: Envases Centenera, Alba y Atanor, entre otras.
    Hoy, con $ 1.215,4 millones de facturación en la Argentina,
    Molinos es la alimentaria número uno del país y cerca
    de un cuarto de sus ventas provienen del negocio farináceo.

    Con marcas como Matarazzo, Blancaflor, Favorita, Exquisita y
    Preferido, la firma también participa en las góndolas
    con tapas para empanadas, prepizzas, pastas congeladas, polvos
    premezcla para tortas, rebozadores y harinas fraccionadas. En estos
    últimos dos segmentos concentra casi 50% del mercado.-

    Además de Molinos, otra de las firmas que está
    apostando fuerte en el mercado de las pastas secas es Lucchetti. La
    empresa, del grupo chileno Luksic (holding que vende por $ 200
    millones), está produciendo localmente desde julio pasado en
    su nueva planta de Tortuguitas, donde invirtió $ 40 millones.
    La fábrica posee un molino harinero con una capacidad de
    50.000 toneladas y una línea de envasado para 35.000 toneladas
    anuales. En Chile elabora otras 100.000 toneladas y en Perú, a
    partir del año próximo, sumará 40.000
    más.-

    Hace tres años, asociada con productores locales, Lucchetti
    comenzó un desarrollo agrícola que hoy le permite
    contar con 20.000 hectáreas sembradas con trigo. “Venimos
    creciendo 35% por año; en 1996 facturamos $ 18 millones, pero
    llegaremos a $ 27 millones este año”, asegura Jorge
    Basaldúa, gerente general de la filial local.

    A pesar de que en Chile la empresa también participa en
    aceites, pasta de tomate, caldos y sopas, eligió salir al
    Mercosur con pastas secas. “Nuestra oportunidad en el mercado local
    estaba en este sector que, a diferencia de otros, no está tan
    concentrado”, explica el directivo. La Argentina fue el primer
    país que encaró la empresa en su desarrollo
    internacional, luego le siguió Perú y ahora
    están haciendo pie en Brasil.

    La que está avanzando sin tropiezos en el país
    vecino es Socma Alimentos. Aunque localmente, con Canale, apenas
    llega a 4% del mercado, en Brasil -donde se consumen unas 800.000
    toneladas de pastas secas- es líder con 10%, gracias a la
    compra de las empresas Basilar, en San Pablo, e Isabela, que
    también produce galletitas, en Río Grande do Sul.

    Con estas adquisiciones bajo el brazo, la empresa del grupo Macri
    está intentando ampliar sus horizontes y empezar a competir en
    sectores en los que antes no tenía presencia. “Cada mercado
    tiene sus peculiaridades; no se puede pensar tan fácilmente
    que teniendo una estructura comercial en uno de los dos países
    más grandes del Mercosur se puede participar sin dificultades
    en los otros mercados”, dice Félix Devoto, presidente de Socma
    Alimentos.

    “Esa -agrega- es una de las razones por las cuales entramos a
    Brasil a través de empresas regionales con buen
    posicionamiento. Nos propusimos estratégicamente tener una
    participación relevante en el sur y el sudeste
    brasileños, que comprenden los estados de San Pablo, Santa
    Catarina, Paraná y Río Grande do Sul.”

    Este año Brasil aportará a la empresa $ 150
    millones, de los $ 280 millones que espera facturar. Socma ya
    está dando los pasos necesarios para convertirse en una
    compañía regional: a través de distribuidores
    exporta a Uruguay, Chile y Paraguay. “En alimentos
    facturábamos $ 6 millones en 1994; pretendemos superar los $
    400 millones en 1998 y llegar a los $ 1.000 millones en el 2003, lo
    que sólo se puede lograr a través de adquisiciones y
    toma de participación de mercado”, pronostica Devoto.-

    Para continuar con su plan de expansión en Brasil, Socma
    está detrás de otras empresas de farináceos del
    sur o el sudeste brasileños. La estrategia se
    completará con la expansión en tres segmentos del
    sector: productos secos (pastas, galletitas), refrigerados
    (lácteos y derivados de la carne) y congelados.- Socma y
    Molinos, entonces, tendrán que verse las caras no sólo
    en la Argentina, ni tampoco únicamente en los mercados de
    pastas secas y congelados.

    “Estamos dando prioridad al desarrollo de nuestra presencia en
    cada uno de los países del Mercosur; desde principios de 1995
    estamos en Chile y en Uruguay a través de subsidiarias, y
    tenemos previsto cubrir el resto de América latina”, indica
    Calónico.

    El balance de la alimentaria que pilotea Jorge Castro Volpe arroja
    ventas consolidadas por $ 1.340,7 millones en 1996, de los cuales 60%
    los obtiene del mercado doméstico. Unos $ 535 millones
    provienen de sus operaciones en el exterior y de exportaciones, “lo
    que representa un crecimiento de 44% con respecto a 1995”,
    según Calónico. Sin embargo, apenas $ 91,1 millones de
    sus ventas al exterior provienen de la colocación de productos
    de marca (aceite y arroz Cocinero, mayonesa Ri-K o premezclas
    Matarazzo, por ejemplo); el resto está conformado por
    commodities agroindustriales.

    Con 14 centros industriales, la firma participa en 15 negocios
    distintos. Invirtió $ 200 millones en los últimos dos
    años y en lo que va de 1997 ya desembolsó otros $ 25
    millones.

    Molinos se acostumbró a ser líder o segunda marca en
    casi todos los segmentos en los que opera. La pelea palmo a palmo no
    distingue firmas locales de multinacionales. En el mercado
    doméstico de aceites, que nuclea a unas 70 empresas y
    representa anualmente unos $ 400 millones, la compañía
    es líder con alrededor de 60% de la torta.

    Los productos oleaginosos aportan cerca de la mitad de los
    ingresos de la firma, que posee 7% de la producción local.
    Pero ese market share no durará mucho tiempo: el grupo Bunge y
    Born acaba de alzarse con el control de Ceval Alimentos, una de las
    mayores empresas brasileñas del sector y la más grande
    procesadora de soja de América latina. Para cerrar el negocio
    tuvo que pagar US$ 1,6 millón en efectivo, más la
    absorción de un pasivo de US$ 1.200 millones. Con la movida,
    el holding también se quedó con la local Guipeba,
    procesadora de porotos de soja y maní.

    En el segundo lugar del ranking local se ubica Aceitera General
    Deheza que, con su marca Natura, controla 15%. Más abajo se
    encuentra Mazola, de Refinerías de Maíz, que suma entre
    10% y 15% del mercado de aceites puros, que mueve anualmente unas
    200.000 toneladas. Esa cifra representa poco menos de la mitad del
    total del consumo, que absorbe apenas 20% de la producción
    nacional. El resto se destina a la exportación,
    mayoritariamente dominada por los envíos a granel.

    Entre las empresas de aceites y harinas proteicas, sectores que no
    detuvieron su crecimiento en los últimos años, hay
    inversiones en marcha por unos $ 400 millones hasta 1998 y se calcula
    que este año las ventas al exterior podrían rozar los $
    5.000 millones. Pero en el mercado interno, en lo que va del
    año, los argentinos compraron casi la misma cantidad de
    aceites que en 1996 y los precios disminuyeron casi 10%. El
    único producto que aumentó sus ventas -alrededor de 10
    puntos- es el aceite de oliva, en tanto los puros, especialmente los
    de girasol, están ganándoles terreno a los mezcla.

    Además de participar en el sector de aceites comestibles,
    Refinerías posee, con su marca Knorr, la mayor parte del
    mercado de caldos concentrados, que factura unos $ 120 millones al
    año, y de sopas, que mueve otros $ 60 millones. “Ambos
    segmentos tienen un consumo alto per capita, pero nosotros no
    apuntamos a un crecimiento del negocio a través de las
    exportaciones sino por medio de la innovación, desarrollando
    nuevas categorías de productos más listos para el
    consumo”, dice Esteban Coll, director comercial de la firma.

    En caldos y sopas -rubros que representan la principal fuente de
    ingresos de la compañía-, Refinerías tiene que
    competir con Maggi (de Nestlé) y con una serie de marcas como
    Tibaldi, Caldiet o Safra. La filial local de CPC -empresa
    norteamericana que hacia fin de año separará
    internacionalmente en dos firmas sus áreas de molienda y
    consumo- facturó $ 300 millones en este último rubro y,
    para este año, planea crecer 15%.

    La marca Hellmann´s se lleva el segundo puesto en los ingresos de
    Refinerías. El mercado de los dressings suma anualmente unas
    50.000 toneladas, aproximadamente $ 150 millones. Para condimentar
    sus comidas, los argentinos prefieren la mayonesa, producto que
    acapara más de 70% del consumo del sector y cuyas ventas
    aumentaron 6% en lo que va del año. De cada 10 frascos que se
    venden, uno es de bajas calorías.

    Bastante lejos de la mayonesa se ubican las ventas de mostaza,
    salsa golf y ketchup. Con Hellmann´s, Savora y Wilde,
    Refinerías suma más de la mitad del mercado, seguida
    por Molinos. La oferta de productos alimenticios de Refinerías
    se completa con Maizena y Ades (que elaboran, junto con el resto de
    sus líneas, en las seis plantas con que cuenta la empresa) y
    las premezclas importadas Betty Crockers.

    En los últimos tres años la compañía
    invirtió $ 100 millones y tiene previsto desembolsar otros $
    17 millones en 1997. La política global de Refinerías
    es concentrarse en los rubros en los que opera. “Vamos a seguir en
    los negocios en los cuales ya somos fuertes, evitando entrar en
    mercados nuevos en los que tendríamos una participación
    minoritaria; nuestra estrategia se basa en tener una sola marca por
    segmento y de nivel premium”, explica Coll.

     

    El jamón del sandwich

     

    Lo primero que señalan los productores de carnes
    procesadas, cuando intentan hacer una cuantificación del
    volumen del negocio en el que se mueven, es que la alta
    evasión fiscal anula cualquier intento serio por ponerle
    números al mercado. Sin embargo, existe una coincidencia en
    sostener que en el rubro de chacinados -fiambres más
    salchichas- se facturan unos $ 950 millones. El consumo local de
    fiambres se ubica en torno de las 250.000 toneladas y otras 60.000
    corresponden a las salchichas envasadas.

    Según las cifras que maneja AC Nielsen, entre agosto de
    1996 y julio de este año el consumo hogareño de
    salchichas significó un gasto de $ 250 millones, de los cuales
    53% estuvo concentrado en Capital Federal y Gran Buenos Aires y el
    restante 47% en el interior del país. En este mercado las dos
    principales empresas acaparan cerca de tres cuartas partes de las
    ventas. Molinos, con Vieníssima y Wilson, concentra casi 50%,
    seguida por la argentina Paladini, con un market share que ronda 15%.

    En fiambres las cuentas son menos claras, ya que el sector
    está atomizado en unas 250 empresas. También en este
    segmento se distinguen Paladini y Molinos, pero el ranking se
    invierte. Mientras la firma santafesina araña 20%, Tres
    Cruces, la compañía del grupo Bunge, suma entre 10% y
    15%. El resto del mercado está copado por empresas como
    Frigorífico Rafaela, Quickfood, Riosma, -La Piamontesa, San
    Carlos, La Foresta, Swift, Sadia, la española Campo
    Frío y las marcas propias de los supermercados, entre otras.

    Para mantener el primer puesto, Paladini, compañía
    que factura $ 175 millones al año, puso en marcha un plan de
    inversiones por casi $ 100 millones. El proyecto contempla la
    construcción de un nuevo centro de distribución en el
    Gran Buenos Aires -con tres subcentros-, que demandará cerca
    de $ 5 millones.

    Con otros $ 50 millones levantará una nueva planta, que
    será vecina a la actual que poseen en Gobernador
    Gálvez, cerca de Rosario. Esta fábrica contará
    con una faenadora de ganado vacuno destinado a la exportación,
    una de cerdos, una nueva línea para elaborar embutidos y un
    depósito de productos congelados que serán enviados al
    exterior. Otros $ 40 millones serán destinados a la
    reproducción de cerdos.

    Mientras Paladini ya hizo pie en Brasil, donde posee una filial,
    las firmas brasileñas también vinieron a buscar a los
    consumidores argentinos. El último en llegar fue el
    frigorífico Perdigao, que selló una alianza
    estratégica con el grupo argentino Lactona para comercializar
    en el país una línea de 12 fiambres derivados de
    porcinos, desarrollados especialmente para el mercado. Por ahora, la
    empresa busca llegar a vender unos $ 2 millones por mes.

    Cinco años antes, Sadia, su principal competidora en
    Brasil, había comenzado a operar directamente. Con una
    inversión de $ 7 millones, la firma inauguró en
    diciembre pasado un centro de distribución en Escobar, con
    cuatro cámaras frigoríficas, oficinas, una planta de
    feteado y otra de envasado de fiambres. Según sostienen en la
    empresa, con los 50 productos que comercializan localmente ya suman
    4% del negocio, especialmente con productos nuevos para el mercado
    local, como los fiambres de pavo o el paté.

    Un dato que tuvieron en cuenta los brasileños al
    desembarcar en la Argentina fue el consumo per capita. En el
    país se comen 8,5 kilos de chacinados al año por
    persona, cifra que se ubica bastante lejos de los 20 kilos que
    ingieren los europeos. Pero, si se toma el caso del jamón
    cocido -uno de los fiambres más consumidos localmente-, los
    17,5 kilos por habitante doblan el volumen de lo que se come al
    año en Brasil.

    Por el momento, no está en los proyectos de Sadia dedicarse
    a la producción local. La compañía, filial de un
    holding que factura cerca de US$ 3.000 millones, vendió
    fiambres y embutidos por $ 19,7 millones en 1996. “Aunque el mercado
    argentino no crece hace tres años, nosotros esperamos aumentar
    nuestras ventas cerca de 10% en 1997”, señala Raúl
    Marinángelo, director de la filial local.

    Una de las estrategias con que Sadia encarará la
    expansión es la apuesta en productos más elaborados.
    “Existe una tendencia mundial hacia productos listos para el
    consumo”, explica José Mayr Bonassi, director de Ventas de
    Productos Procesados. “Nosotros tenemos algunos platos elaborados con
    pollo y carne en Brasil, pero también podríamos hacer
    desarrollos específicos para este país, donde el
    mercado es muy sofisticado y exigente; los argentinos tienen un
    conocimiento de la cultura culinaria mundial, por eso quieren
    productos listos para ser servidos con sabores diferenciados”,
    agrega.

    Una de las futuras incursiones de la firma en el mercado local
    será el sector de carnes congeladas, un negocio en el cual
    posee una participación de 48% en Brasil, con productos como
    hamburguesas y platos listos para el consumo.

    Localmente, el sector de hamburguesas frescas y congeladas mueve
    unas 25.000 toneladas. El negocio está dominado por el
    frigorífico Quickfood, que factura $ 185 millones al
    año. A través de su marca Paty posee una
    participación cercana a 45%. Sin embargo, en las congeladas la
    líder -con más de 40%- es Good Mark, marca que el
    Frigorífico Rioplatense vendió a Unilever hace dos
    años, y el segundo puesto lo pelean Quickfood y Molinos, que a
    fines del año pasado se alzó con la línea de
    productos congelados de Cargill.

    Bastante más abajo se encuentran firmas como Whin, Nutryte
    (Cabañas Las Lilas), Norte (Norburg), Cepa (Masterbeef) y
    Swift. Esta última firma, filial de la norteamericana Campbell
    Soup, lanzó su línea de hamburguesas a principios del
    año pasado y hoy alcanza un market share aproximado de 5%. La
    empresa facturó $ 250 millones y exportó por $ 160
    millones en 1996.

    “Además de Brasil, aumentamos nuestras ventas a Chile y
    estamos presentes en las góndolas de los supermercados de
    Uruguay”, dice Carlos Oliva Funes, presidente de Swift-Armour
    Argentina. “La expansión en estos mercados se realiza con una
    particularidad: negociamos directamente con los canales de
    distribución -los supermercados- con los que desarrollamos
    nuestras propias marcas (Swift, Fray Bentos, Plate, Armour); en ese
    sentido, tenemos acuerdos con la cadena Makro en Colombia y con
    supermercados Santa Isabel en Chile”, agrega.

    Swift-Armour Argentina lidera el mercado local de conservas de
    carne. Después de la venta de 50.000 hectáreas y 87.000
    cabezas de ganado por $ 25 millones, se concentrará
    sólo en el procesamiento y en la producción de
    productos cárnicos con valor agregado.

    La otra movida del sector la protagonizó el
    frigorífico Cepa, empresa de la familia Moché que
    factura $ 210 millones al año. Sus dueños le vendieron
    70% de las acciones al grupo Garovaglio y Zorraquín por $ 84
    millones. En este rubro, en el centro de la tormenta por los altos
    índices de evasión, actúan cerca de 400
    frigoríficos, con ventas al mercado interno por casi $ 5.000
    millones. Al exterior se envían al año unas 500.000
    toneladas, que representan alrededor de $ 1.000 millones, cifra que
    ubica al sector como el cuarto exportador, detrás de las
    oleaginosas, los combustibles y los cereales.

    La apertura del mercado norteamericano para las exportaciones de
    carnes frescas y la vía libre que se proyecta para entrar al
    sudeste asiático posiblemente eleven aun más el aumento
    que ya se está observando en los precios. Los empresarios
    avícolas miran de cerca el movimiento en el sector
    cárnico, con la esperanza de que quizá movilice otros
    productos sustitutos como el pollo, mercado que no aumenta sus ventas
    desde 1994, año en que el consumo per capita se clavó
    en 23 kilos. En los últimos cinco años las empresas
    productoras desembolsaron unos $ 120 millones para aumentar su
    capacidad de 550.000 toneladas a las 725.000 actuales.

    En el rubro avícola las que lideran el mercado son San
    Sebastián, Rasic Hnos. (Cresta Roja), Granja Tres Arroyos,
    Albayda, Soychú, Fepasa, Las Camelias, Miralejos y Nestorex.
    San Sebastián y sus controladas suman 20% de las ventas,
    mientras el segundo lugar es para Rasic, que controla 16,5%. Granja
    Tres Arroyos ocupa el tercer lugar y entre las tres
    compañías suman 50% del mercado. Para no poner todas
    las fichas en este negocio, Rasic -con ventas anuales por $ 150
    millones- ya anunció una inversión de $ 45 millones,
    que será destinada a diversificar su producción e
    ingresar en los mercados de carne vacuna y de cerdo, vegetales y
    pescado con marca propia a partir del año que viene.

     

    Un negocio que se está calentando

     

    Aunque es un mercado que apenas ronda los $ 100 millones, el de
    los alimentos congelados -junto con el de las galletitas- es uno de
    los que más atrajo la atención de las firmas
    multinacionales. En los últimos dos años ingresaron al
    país compañías como la canadiense McCain, la
    holandesa Farm Frites -a través de una joint-venture con la
    local Alimentos Modernos-, la anglo-holandesa Lever y la francesa
    Bonduelle.

    El arribo de jugadores de peso llevó a Molinos a dar un
    paso estratégico para posicionarse en este negocio: tras pagar
    $ 60 millones, se quedó con los productos y las marcas de
    Cargill, la número uno en el segmento con un promedio de 40%
    de la torta. Hasta hace menos de un año la empresa sólo
    competía en el nicho de vegetales, con su marca Huerta Andina,
    pero ahora en ese segmento suma más de 30%, seguida por Lever,
    con 20%; la chilena Frisac, con 12%; Norte, con 10%; Bonduelle, que
    en menos de un año en el país ya acapara 8%, y una
    serie de firmas entre las que se destacan Bon Freeze (de Socma
    Alimentos), la local Congelar, la trasandina Minuto Verde y Bell´s,
    de Disco.

    Todas las empresas del sector sostienen que a este mercado hay que
    tenerle paciencia. Actualmente el consumo per capita es muy bajo (un
    kilo, contra 3,8 kilos de Brasil y 7 de Canadá), y las
    compañías se quejan de que es ridícula la
    proporción entre la oferta de productos y los espacios que
    tienen los congelados en los supermercados. De todos modos, el
    negocio crece 10% cada año, impulsado por el desarrollo de las
    cadenas de frío y los supermercados, donde se concentra la
    mayoría de las ventas.

    Según AC Nielsen, a la hora de llenar el freezer los
    argentinos prefieren las hamburguesas de carne y luego las de pollo.
    Bastante más atrás en el gusto gastronómico
    quedan las comidas preparadas, las verduras y los productos de
    pescado. Sin embargo, el producto que está liderando el
    crecimiento del sector en los primeros meses del año son los
    vegetales, con una suba de 25%, casi a la par de los pescados, con un
    salto de 20%. El consumo de hamburguesas apenas aumentó 4% y
    los productos de pollo muestran una contracción de 20% en lo
    que va del año. En este último segmento Molinos tiene
    60% del negocio mediante Granja del Sol.

    Una de las primeras firmas extranjeras en abrirse paso en este
    rubro fue la canadiense Mc Cain. La compañía
    invirtió $ 33 millones para levantar una planta en Balcarce y
    cerró un jugoso acuerdo para ser la proveedora exclusiva de
    McDonald´s en el Mercosur. Las ventas a la cadena de fast-foods
    representa 70% de su facturación de $ 40 millones, que
    también incluye la venta de tortas, pizzas y vegetales
    congelados.

    Alimentos Modernos, que opera hace siete años en el mercado
    de papas congeladas con su marca Rapipap, desembolsó $ 11
    millones para ampliar su planta e inaugurará otra antes de fin
    de siglo en la Argentina o Brasil. De socio eligió a la
    holandesa Farm Frites.

    Lever también le echó un ojo al negocio. Desde fines
    de 1995 está vendiendo pescados y vegetales con su marca Iglo
    y planea levantar dos plantas para producir ambas líneas de
    alimentos con una inversión de $ 14 millones. Si el sector
    sigue la tendencia del resto de los mercados, es de suponer que se
    incrementará la por ahora baja presencia de productos
    más elaborados. En este línea de congelados hoy se
    ofrecen pastas, empanados de pollo y pizzas y empanadas, sectores
    controlados por Molinos y Bon Freeze.

    Informes: Gabriel Macaggi

     

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