lunes, 15 de junio de 2026

    ¿Hasta dónde llegará Intel?

    Intel reinventó un mercado, construyó una de las
    marcas más poderosas del mundo y va en camino de convertirse
    en una de las empresas más rentables de Estados Unidos. Pero
    hay un problema.

    Martin Reynolds, analista de la firma Dataquest, advierte que en
    algún momento tendrá que quebrarse el ciclo de
    creación de nueva demanda de microprocesadores. Intel no es la
    mítica máquina del movimiento perpetuo, y enfrenta
    duros desafíos en el terreno donde ha cosechado sus grandes
    éxitos: el marketing.

    El presidente de la empresa, Andy Grove, admite que la nueva
    planta donde se producirán los chips de la próxima
    década demandará una inversión de US$ 10.000
    millones, lo que lo convierte en el proyecto más grande
    asumido por una empresa privada. El problema es que hasta 75% de los
    equipos instalados en la nueva fábrica se tornarán
    obsoletos en apenas tres años.

    “Sólo los paranoicos sobreviven” es la frase que
    popularizó Grove. Y lo cierto es que la compañía
    necesita mantenerse particularmente alerta, porque si el mercado
    entra en una fase recesiva no logrará recuperar sus colosales
    inversiones.

     

    Cambio de interlocutor

     

    El gran salto adelante de Intel en materia de marketing se produjo
    en 1989, cuando su publicidad dejó de dirigirse a los
    fabricantes de computadoras y apeló al consumidor final. Un
    año después lanzó la campaña “The
    computer inside”, dirigida a promover la marca más que el
    producto. Este sería el antecesor del célebre “Intel
    inside”, de 1991, cuando la empresa decidió pagarles a los
    fabricantes de PC para que incluyeran el logo en sus avisos.

    El presupuesto publicitario de Intel trepó de US$ 6
    millones en 1989 a los actuales 900 millones. Poner el logo Intel
    inside en los avisos de computadoras ha costado algo más de
    US$ 2.000 millones. Pero el gasto y la estrategia rindieron generosos
    frutos: la empresa logró generar una continua demanda para sus
    chips 486, Pentium, Prentium Pro y ahora el Pentium II.

    Dennis Carter, vicepresidente de ventas y marketing (considerado
    por analistas de la industria como el cerebro creador de la
    estrategia de la marca), señala que buena parte del
    éxito se debe a la temprana decisión de Intel de
    insertarse en las campañas publicitarias de sus clientes, los
    fabricantes de computadoras.

    El mecanismo -afirman los observadores- obliga a aumentar
    constantemente el presupuesto de publicidad, negociar acuerdos con
    más fabricantes de PC, incrementar la competencia y hacer
    bajar precios para expandir la demanda y el mercado.

    “Estoy de acuerdo con eso”, admite Carter, aunque advierte que “se
    generaliza demasiado” cuando se responsabiliza a Intel por la
    caída en los márgenes de rentabilidad de la industria.

    “El marketing de los microprocesadores Intel ha tenido un profundo
    impacto positivo en toda la industria informática mundial”,
    asegura. “Sin estas campañas, el desarrollo habría sido
    mucho más lento.”

    Suman ya alrededor de 1.500 los fabricantes (desde Compaq hasta
    pequeñas empresas locales) que reciben un reembolso
    equivalente a 6% de sus compras de chips a cambio de colocar el logo
    de Intel en sus PC y anuncios publicitarios (4% en gráfica y
    el resto en televisión). La compra de espacios es absorbida
    por mitades en el caso de los medios audiovisuales. En gráfica
    Intel aporta 70%. A este paquete de opciones se ha sumado
    recientemente la publicidad compartida en Internet.

    Intel no sólo mueve el mercado informático, sino
    también el publicitario. En el primer semestre de este
    año el logo Intel inside apareció en avisos que
    representan 80% de la inversión publicitaria (US$ 202,9
    millones) de los fabricantes de PC en revistas de informática
    y negocios.

    Y ahora que la marca planea su desembarco en la Web, se espera
    para el próximo año una inyección de US$ 150
    millones en publicidad en Internet. “Es un medio nuevo y fascinante”,
    señala Dover. “Una verdadera vidriera de tecnología.
    Este es el momento justo para entrar.”

     

    Rebelión en la industria

     

    En 1994 dos titanes del tamaño de Compaq e IBM resolvieron
    cancelar el acuerdo y separar a sus marcas del omnipresente Intel
    inside. Jim Garrity, entonces director de Marketing de Compaq,
    argumentó que el logotipo competía con la marca de la
    PC y la convertía en un commodity.

    Pero ambos gigantes volvieron al redil en 1996. “Nos dimos cuenta
    de que Intel inside es algo tan universalmente difundido que la gente
    cree ver la etiqueta en la PC aunque no esté allí”,
    razona Garrity, quien ahora ocupa un cargo de vicepresidente en First
    Union Corp. “Si esta percepción existe, ¿cuál es
    el sentido de renunciar a los beneficios.”

    Los beneficios, aseguran analistas del mercado, llevan a algunos
    grandes fabricantes a comprar más chips que los que necesitan.
    Así consiguen financiar más campañas
    publicitarias, negociar mejores precios de Intel y ubicarse en la
    lista de clientes privilegiados, a los que les llegan primero los
    nuevos productos de la compañía. Los chips sobrantes
    abastecen un mercado gris de pequeños ensambladores de PC.

    Según Carter, las encuestas realizadas por la
    compañía demuestran que la marca ostenta un
    índice de conocimiento de 80% en los usuarios
    hogareños. (En 1992, cuando se lanzó el eslogan, era de
    apenas 20%.) En las empresas la proporción crece a 90%.

    Y, lo que es más importante aún, 70% de los usuarios
    hogareños y 85% de los que trabajan en empresas señalan
    que están dispuestos a pagar un precio más alto por un
    producto equipado con un chip de Intel. Según Dataquest, un
    fabricante puede subir el precio en no menos de 10% si lleva Intel
    inside.

    ¿Es posible competir con Intel en estas condiciones? Este
    año Cyrix logró venderles chips a Compaq e IBM para
    algunos modelos de bajo precio. Pero los analistas advierten que, con
    su capacidad colmada, a Intel no le importa ceder parte de los
    segmentos más bajos del mercado a un rival de menor porte. Su
    estrategia apunta a los estratos más altos, a ciclos de vida
    de producto cada vez más cortos y a una incesante
    innovación.

    “Antes proyectábamos en términos de años,
    ahora pensamos en meses”, admite Carter, para quien el horizonte de
    bonanza se extenderá con el advenimiento de nuevas
    tecnologías (reconocimiento de voz, video digital) que
    seguirán impulsando la demanda de chips cada vez más
    veloces.

    MERCADO/ Business Marketing

     

    ¿Por qué viene aquí?

     

    Intel ha anunciado la decisión de establecerse con
    presencia propia en países en los que, como la Argentina, sus
    clientes directos, los fabricantes de PC, no han instalado capacidad
    productiva. El movimiento responde a razones menos abstractas que el
    simple afán de promoción. La compañía se
    ha lanzado resueltamente a captar el segmento de los productores
    locales que en algunos mercados emergentes (el Este europeo es un
    ejemplo notable) comienzan a adquirir fuerte peso.

    Se trata, en general, de ensambladores de clones que empezaron
    compitiendo por precio y que ahora, llegados a la mayoría de
    edad, están interesados en estampar el Intel inside en sus
    productos para ganar respetabilidad y penetración de mercado.

     

     

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