Esta es la 13ª encuesta que realiza MERCADO entre directivos
de las compañías líderes de la Argentina para
evaluar sus expectativas con respecto al rumbo de los negocios y la
economía. A lo largo de estos seis años, éste ha
demostrado ser un instrumento singularmente preciso y sensible a los
cambios en el clima predominante en el ámbito de las empresas.
A ello ha contribuido, esencialmente, la coherencia en la
metodología empleada para la medición. En todas las
ocasiones, la investigación fue diseñada por el
sociólogo Heriberto Muraro y procesada por la firma
Telesurvey. El extenso cuestionario se ha mantenido
prácticamente sin variantes y el perfil de la muestra ha sido,
también, notablemente homogéneo.
Desde 1991, esta encuesta semestral ha reflejado el impacto del
nacimiento y la evolución del plan de Convertibilidad, sus
momentos de euforia y crisis (especialmente durante el estallido del
efecto tequila a fines de 1995) y las reacciones suscitadas, a
mediados del año pasado, por el relevo de Domingo Cavallo en
el Ministerio de Economía.
Vale la pena tener en cuenta que esta medición fue realizada
al cumplirse el primer año de Roque Fernández al frente
del Palacio de Hacienda y constituye, por lo tanto, un valioso
indicador acerca del grado de confianza que inspira su gestión
en el mundo de los negocios. La encuesta publicada en enero de este
año reflejaba un escepticismo bastante generalizado con
respecto a la gestión del equipo económico oficial, que
contrastaba llamativamente con un sólido optimismo acerca de
las perspectivas de los negocios.
Se mantiene la apuesta
La estimación acerca de cómo evolucionarán
las ventas de la propia empresa durante el próximo semestre
constituye el indicador más relevante del optimismo de los
empresarios. El gráfico que muestra su evolución
durante los últimos seis años es, por cierto,
elocuente.
En esta ocasión, los índices se mantienen virtualmente
sin cambios con respecto a la encuesta anterior. Quienes anticipan
ventas algo o muy superiores para el próximo semestre vuelven
a representar 73% de la muestra. Hay, sí, un leve descenso (de
22 a 19%) en la proporción de encuestados que prevén
una tendencia estacionaria en las ventas, y un aumento equivalente
(de 5 a 8%) entre quienes pronostican un descenso.
A la hora de señalar cuáles son los principales motivos
de preocupación en materia de aumento de costos, 24% de los
empresarios muestra un renacimiento de la inquietud con respecto a la
evolución de las tasas de interés. Este índice
es considerablemente más bajo que el que reflejó la
encuesta realizada en medio de la crisis bancaria (había
llegado entonces a 38%), pero exhibe un aumento de 5 puntos con
respecto a la última medición.
Se observa, en cambio, un descenso pronunciado en los niveles de
preocupación por el incremento de los impuestos: 22% lo
señala como principal factor de inquietud, frente a 35% en la
encuesta publicada al comenzar el año.
El panorama de las expectativas exportadoras reproduce los mismos
niveles de dos años atrás: 67% de los empresarios
espera colocar sus productos en el exterior. Pero, entre ellos, una
sólida mayoría de algo más de dos tercios estima
que las exportaciones absorberán menos de 20% de su
producción. Sólo 15% (el índice más bajo
desde 1995) aspira a llevar ese índice al rango de 21 a
40%.
La moderación del optimismo en este terreno se advierte
también en las respuestas sobre la evolución de la
tendencia exportadora de la propia empresa: 49% (frente a 52% de la
medición anterior) prevé un aumento.
Quizá porque los conflictos en la relación comercial
con Brasil alcanzaron particular intensidad durante este
último período, el “proteccionismo de otros
países” alcanza en esta ocasión un índice
de menciones inusualmente alto (17%) como factor de limitación
de las exportaciones argentinas.
Así y todo, es llamativamente favorable la estimación
sobre la rentabilidad de las ventas al exterior, con 72% de
respuestas que la califican como positiva.
Al mismo tiempo, se mantiene la firmeza de la tendencia importadora.
Llega a 26% el índice de los que prevén que sus insumos
provendrán predominantemente del exterior, y 8% proyecta
abastecerse exclusivamente en los mercados externos.
Los signos de los tiempos
Probablemente alentada por la creciente difusión de los
signos de inquietud social, vuelve a manifestarse la
preocupación por las cuestiones salariales, que asomó
con nitidez en la medición anterior. Las remuneraciones son,
junto con los costos financieros, el factor más frecuentemente
mencionado como probable causa de futuros aumentos en la estructura
de costos de las empresas.
En cuanto al incremento previsto en los salarios del personal, en la
medición anterior se quebró la tendencia, prevaleciente
desde los inicios de la Convertibilidad, a estimarlos en niveles
iguales o inferiores a la inflación. Ahora llega a 25% el
índice de respuestas que proyectan aumentos algo o muy
superiores al del costo de vida. Y los que prevén una
depresión salarial representan apenas 25% de la muestra.
Otro indicio de la atención que suscitan las presiones
sociales se encuentra en el incipiente renacimiento del protagonismo
sindical. Un año atrás, la totalidad de los encuestados
que preveían aumentos salariales para su personal los
atribuían a la decisión de la empresa. Ahora, el
índice desciende a 83% y los que señalan a la
acción gremial como factor determinante suman 12%.
Así y todo, más de la mitad de los empresarios (51%) no
cree que surjan enfrentamientos en el terreno laboral y 47% anticipa
que los conflictos serán manejables. Seis de cada diez
encuestados califican como “fluidas y cordiales” sus
relaciones con las representaciones sindicales. Y, más
importante aún, 35% (el porcentaje más alto registrado
en los últimos dos años) planea aumentar en hasta 20%
su dotación de personal.
El optimismo que surge de este cuadro se advierte también en
los planes de los empresarios de recurrir al crédito. Desde
mediados de 1995 se venía registrando una clara
retracción en la disposición a incrementar el
endeudamiento: las respuestas positivas venían descendiendo de
19 a 8% en la última medición. Ahora, con 12%, parece
empezar a revertirse la tendencia.
Como dato paradójico, sin embargo, es preciso señalar
que ha decaído, de 49 a 40%, la tasa de previsiones optimistas
con respecto a la fluidez de acceso al crédito bancario.
La propensión a aumentar el endeudamiento es coherente, en
cambio, con la mayor firmeza de los planes de realizar inversiones
durante el próximo semestre. Es excepcionalmente alto (82%) el
índice de respuestas afirmativas en este sentido. Y los montos
proyectados (31% de los encuestados los estiman entre $ 1 y 5
millones) muestran también una tendencia ascendente.
Esto se corresponde también con las claras muestras de
optimismo acerca de los resultados operativos. Una muy elevada
proporción (76%) de los empresarios proyecta un horizonte de
rentabilidad para la segunda mitad de 1997. Apenas 4% anticipa
resultados deficitarios.
Las expectativas favorables se diluyen, en cambio, con respecto al
comportamiento del sector financiero. Lo que no deja de resultar
llamativo, si se considera que la actual medición se
realizó en medio de la ola de inversiones extranjeras en el
sistema bancario local.
Los empresarios no parecen confiar en que los recientes cambios en el
control de las instituciones —y las insistentes admoniciones del
gobierno— vayan a reflejarse en mayores niveles de eficiencia y
menores costos del sistema. Casi la mitad (49%) vaticina que las
tasas de interés se mantendrán por encima del
índice de inflación. Más aún, uno de cada
cinco encuestados prevé que el diferencial seguirá
siendo muy pronunciado.
Buenas notas para Roque Fernández
Uno de los vuelcos más notables en los resultados de la
encuesta es el que se advierte en las respuestas sobre los efectos
que se esperan de la gestión económica oficial. En la
medición anterior, con Roque Fernández recientemente
instalado en la sala de mando, el cuadro era sombrío.
Más de un tercio (35%) anticipaba resultados algo o muy
desfavorables, 39% optaba por la neutralidad y apenas 25% auguraba
consecuencias positivas. Ningún encuestado arriesgó,
por cierto, un vaticinio “muy favorable”.
Ahora, una pequeña pero significativa minoría de 5% se
pronuncia por esa calificación. Los pronósticos
“algo favorables” acumulan 35% de las respuestas. Los
juicios neutros se mantienen con escasas variantes (39%). Y los
pronósticos negativos descienden notablemente: de 35 a
20%.
Es cierto que estas calificaciones están muy lejos de las
muestras de entusiasmo que recibió la gestión de
Domingo Cavallo en sus épocas de esplendor. Pero la encuesta
revela claramente que en el último semestre Roque
Fernández ha logrado remontar una situación
difícil en cuanto a la imagen de su equipo.
Con todo, esto no alcanza para reforzar la escasa confianza en que se
logre el equilibrio de las cuentas públicas. Por el contrario,
una amplia mayoría de 58% —que seguramente tiene presente
la circunstancia de que éste es un año electoral—
pronostica un déficit fiscal.
Finalmente, resulta interesante comprobar que, a pesar de las
dificultades por las que viene transitando durante los últimos
meses, el Mercosur convoca expectativas crecientemente favorables
entre los empresarios. Suman ahora 71% las respuestas que apuntan a
un resultado positivo, lo que supera todos los índices
registrados desde 1995. Y —lo que quizá resulte
más auspicioso— la evolución más clara se
observa no tanto en los pronósticos más entusiastas,
sino en los que apuntan a un optimismo moderado, que vienen
incrementándose a ritmo parejo, desde 44% en julio de 1995 al
actual 55%.
Dolores Valle
Ficha técnica
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