jueves, 2 de abril de 2026

    Electrónica y automóviles

    Las automotrices surcoreanas serán fuertes competidores en
    el mercado de componentes electrónicos para vehículos
    en los próximos años, asegura el informe titulado
    “The Electronics Revolution in the Motor Industry”,
    producido por The Economist Intelligence Unit (EIU). El estudio
    señala, además, que la incorporación de piezas
    electrónicas a los automóviles registrará un
    fuerte incremento: aumentará de los actuales US$ 920 por
    vehículo a más de US$ 1.700 en diez años, y en
    Norteamérica y Japón ese valor excederá los US$
    2.000. Una buena parte de las ganancias que produzca este mercado en
    constante crecimiento será absorbida por los proveedores ya
    establecidos, como Bosch de Alemania, Valeo de Francia y Rockwell de
    Estados Unidos. Pero los fabricantes de vehículos que tengan
    sus propia línea de producción de piezas
    electrónicas gozarán de una ventaja adicional.

    Los principales fabricantes surcoreanos, como Hyundai y Daewoo, que
    son a su vez miembros de grandes conglomerados con muchos intereses
    en la industria electrónica, estarán en una muy buena
    posición para explotar el auge de este segmento. Ambas
    compañías planean, además, unirse a su
    compatriota Samsung, el gigante de la electrónica que
    comenzará a producir sus propios automóviles en
    1997.

    El informe de EIU pronostica que el valor total del mercado mundial
    de componentes electrónicos para vehículos, hoy valuado
    en US$ 36.900 millones, alcanzará los US$ 83.800 millones en
    el año 2000. Algunos de los mayores fabricantes occidentales,
    como Ford y General Motors, y los japoneses que ya cuentan con sus
    propias compañías productoras de componentes
    electrónicos enfrentarán mejor pertrechados la
    competencia surcoreana. La industria europea, en cambio, no
    estará en tan buena posición, aunque algunos de sus
    grandes fabricantes ya comienzan a prepararse. Mercedes-Benz se
    asoció con IBM para desarrollar una gama de componentes
    electrónicos. Ford y Volkswagen ya ofrecen un sistema
    satelital de guía de rutas desarrollado por Bosch y Philips.

     

    Biotecnología en el banquillo

    Muchos expertos en alimentación auguran que la
    genética aplicada a la agricultura contribuirá
    notablemente a solucionar el problema del hambre mundial.
    Técnicas desarrolladas en Estados Unidos e Israel
    permitirían duplicar la producción de cultivos. Un
    estudio del Food Studies Group de la Universidad de Oxford sostiene
    que los gobiernos y las organizaciones internacionales deben
    respaldar la iniciativa privada en proyectos de ingeniería
    genética para agricultura y asegurar así que el mundo
    en desarrollo tenga acceso a la nueva tecnología.

    Sin embargo, el uso de la biotecnología ha creado una fuerte
    oposición. Hay crecientes dudas acerca de sus efectos sobre la
    salud humana y el medio ambiente. Grupos ecologistas radicales como
    Greenpeace ya piden la prohibición total de experimentos de
    campo con ingeniería genética. La misma Unión
    Europea podría bloquear las importaciones de los cereales
    alterados genéticamente, lo que representaría un
    desastre para el sector agropecuario estadounidense y las
    compañías dedicadas a desarrollar biotecnología
    para usos agrícolas.

    Durante la reciente Cumbre de la Alimentación, en Roma, el uso
    de la biotecnología para crear nuevas variedades más
    productivas fue uno de los temas más controvertidos. Los
    países pobres, que han aportado 250.000 del total de 270.000
    especies vegetales clasificadas como de utilidad alimentaria,
    pretenden regular las relaciones con los países
    industrializados para evitar la explotación de sus reservas
    fitogenéticas. Según la FAO ya se ha perdido 85% de la
    diversidad genética de los cultivos agrícolas
    importantes. A cambio de compartir sus tesoros vegetales y animales,
    los países en desarrollo quieren recibir la tecnología
    avanzada en ingeniería genética. La exigencia de los
    países en vías de desarrollo se acentuó tras
    conocerse un estudio de la FAO que mostraba el aumento de los
    registros de patentes de las variedades modificadas
    genéticamente para su posterior comercialización, lo
    que indica la intención de las grandes multinacionales de
    crear un nuevo mercado al que estos países pobres
    tendrán dificultades para acceder.

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