Con ésta suman doce las encuestas semestrales realizadas
hasta ahora por MERCADO entre los máximos dirigentes de las
empresas que operan en el ámbito local, para indagar en el
rumbo y la intensidad de sus expectativas. Como en las anteriores
ocasiones, la investigación fue diseñada por el
sociólogo Heriberto Muraro y procesada por la firma
Telesurvey.
Puesto que el cuestionario que sirve de base a la encuesta y la
metodología para llevarla a cabo se han mantenido virtualmente
sin variantes desde 1991, éste ha sido un instrumento
excepcionalmente preciso para medir las actitudes y estados de
ánimo predominantes en el sector privado de la economía
durante todo el período del plan de Convertibilidad.
Vale la pena tener en cuenta que la última encuesta
—publicada en la edición de julio— terminó de
procesarse en las tormentosas vísperas de la renuncia de
Domingo Cavallo. Esta medición constituye, por lo tanto, un
indicador de singular interés, puesto que cubre el primer
semestre de gestión del nuevo equipo económico
conducido por Roque Fernández.
En la interpretación de los resultados de esta encuesta, las
estimaciones de ventas han sido siempre consideradas como el
principal signo revelador del grado de optimismo predominante entre
los empresarios. En este sentido, el panorama no ha variado
apreciablemente con respecto a junio. Suman ahora 72% los que
prevén ventas algo o muy superiores para el próximo
semestre, un retroceso muy módico con respecto al
índice de 79% registrado en la medición anterior. Los
que no anticipan modificaciones representan 22% (frente a 18% en
junio) y se mantiene en descenso la curva de pronósticos
negativos (ventas algo o muy inferiores), que en esta ocasión
exhibe 6%, la cifra más baja registrada desde diciembre de
1992.
La confianza en la reactivación se manifiesta, indirectamente,
en las expectativas acerca del comportamiento de los precios. Llega
en esta ocasión a 11% la proporción de quienes
anticipan aumentos moderados, un índice que se había
mantenido en 8% a lo largo de las últimas dos encuestas. Sin
embargo, continúa siendo muy elevado (32%) el porcentaje de
respuestas que apunta a una deflación.
El fantasma de la avidez fiscal ha retornado al primer plano de las
tribulaciones de los empresarios argentinos. Los impuestos aparecen
mencionados como el factor más preocupante de aumento de los
costos por 35% de los encuestados, un índice sin precedentes
desde que comenzó a realizarse esta encuesta. También
se advierte un repunte en las previsiones de mayores costos
salariales: 26% los señala como principal motivo de inquietud
en este sentido. Este es, quizás, el cuadro que exhibe
más cambios en el último semestre. Las respuestas a la
encuesta anterior colocaban los costos financieros como principal
fuente de desvelo (26%), seguidos por los insumos y materias primas
(23%).
Horizontes lejanos
El publicitado boom exportador argentino es un notorio ausente en
esta medición. El hecho de que el auge se concentra en
sectores muy específicos de la actividad económica se
confirma aquí con un índice excepcionalmente bajo de
las previsiones optimistas: sólo 61% de los encuestados tiene
previsto realizar ventas al exterior, lo que representa una notable
caída frente al 71% registrado en junio.
Y, aun entre quienes esperan llegar a los mercados externos, las
expectativas son bastante modestas: 64% no prevé destinar
más de 20% de su producción a las exportaciones.
Los costos internos argentinos aparecen nuevamente mencionados (esta
vez por 31% de los encuestados) como el principal factor negativo en
la evolución esperada de las exportaciones. El proteccionismo
de otros países viene siendo crecientemente señalado en
este sentido (15%). Y se advierte un porcentaje excepcionalmente alto
(17%) de empresarios que admiten desconocer los motivos que frenan
las exportaciones.
La impresión de que los costos locales tornan ineficientes los
esfuerzos por competir en el exterior se refuerza con otro dato
contundente: cuatro de cada diez empresarios encuestados anticipan
que en 1997 las exportaciones no generarán ganancias o que se
realizarán con márgenes de rentabilidad negativos.
Por el lado de las importaciones, el panorama exhibe una
confirmación de las tendencias durante los últimos dos
años. Ha caído a 14% el número de encuestados
que prevé abastecerse de insumos exclusivamente en el mercado
interno (la tasa más baja registrada desde diciembre de
1993).
La preocupación por las políticas fiscales vuelve a
aparecer aquí, con 20% de empresarios que anticipa costos
más altos por la vía de aranceles a la
importación.
El frente laboral
Algunos de los resultados más sorprendentes de esta
encuesta surgen del capítulo dedicado a los salarios y las
relaciones laborales. Algo más de una cuarta parte (27%) de
los empresarios anticipa que habrá aumentos reales de las
remuneraciones, una opinión que suscribieron apenas 8% de los
encuestados en la medición anterior.
En aquella ocasión, los que formularon ese pronóstico
atribuyeron los aumentos, unánimemente, a decisiones de los
directivos de las empresas. Ahora, esa proporción
descendió a 85%. El creciente protagonismo público de
las centrales gremiales, o bien el alto acatamiento de las
últimas medidas de fuerza, parecen empezar a devolver
relevancia a las presiones sindicales, a las que 9% de los
encuestados adjudican ahora el papel de causantes de los incrementos
salariales.
En este mismo sentido apunta el vuelco observado en los
pronósticos acerca de la posibilidad de que surjan conflictos
laborales: la proporción de empresarios que responde
afirmativamente a esta pregunta se incrementó de 43% a 51% en
el último semestre. En consecuencia, son ahora más
(pasaron de 26% a 34%) los que anticipan relaciones “complejas,
aunque manejables” con los representantes sindicales. Y el grado
de incertidumbre sobre este punto es el más alto observado en
los cinco años transcurridos desde que se realiza la encuesta:
11% no arriesgó un vaticinio.
En materia de contratación de personal, las predicciones son,
en general, optimistas: 22% (frente al 16% de la medición
anterior) proyecta incrementar en hasta 10% su plantel. Y el
índice de los que creen que tendrán que despedir
empleados bajó de 20% a 17%.
Signos de cautela
La renuencia a endeudarse sigue firmemente instalada, a pesar de
todo. Sólo 8% de los encuestados proyecta incrementar
significativamente sus compromisos financieros el año
próximo. Y casi un tercio (32%) espera reducirlos.
Esto parece plantear una cierta contradicción a la hora de
anticipar el comportamiento de la banca: 49% de los empresarios
estiman que el acceso al crédito será más
fácil. (Es necesario remontarse a diciembre de 1992 para
encontrar un índice semejante.) Sólo 5% prevé
una prolongación de la sequía financiera.
Estas expectativas conservadoras en cuanto a la demanda de
crédito (aun en presencia de una recuperación de la
oferta) son coherentes, sin embargo, con los pronósticos
cautelosos acerca de la utilización de la capacidad instalada:
sólo 12% anticipa un aprovechamiento pleno, y 5% espera
mejoras sustanciales con respecto al año pasado.
De todos modos, la curva de los planes de inversiones sigue mostrando
una tendencia de leve ascenso: 78% manifiesta intenciones en este
sentido, aunque los montos en juego son, en general, modestos (51% no
pasa del techo de $ 1 millón).
El mayor signo de optimismo se advierte en el rubro de las
expectativas de rentabilidad: por primera vez en los últimos
cinco años, los que confían en una mejora suman
78%.
Por el contrario, las perspectivas se tiñen de pesimismo a la
hora de evaluar el impacto de las reformas impositivas en el
desempeño de las empresas: 64% anticipa un efecto desfavorable
y sólo 36% un resultado neutro o positivo. Vale la pena
recordar que en junio pasado 21% avizoraba un impacto favorable, 51%
se pronunciaba por la neutralidad y sólo 25% preveía
resultados negativos.
La reticencia frente al nuevo equipo económico se revela
claramente en la evaluación de los efectos futuros de su
gestión. Apenas uno de cada cuatro entrevistados (la
proporción más baja registrada desde 1992, cuando se
introdujo esta pregunta en el cuestionario) avizora resultados
favorables. Ninguno se inclina por la calificación de
“muy favorable”. Y 35% prevé impactos negativos de
la política oficial, un índice sólo comparable
con el que se obtuvo en julio de 1995, en plena crisis
post-tequila.
La falta de confianza en la administración se advierte
también en la contundente mayoría (57%) de respuestas
que prevén un déficit fiscal, frente a sólo 2%
que apuesta al equilibrio de las cuentas públicas.
El aumento en la credibilidad de la conducción
económica es un pronóstico formulado por apenas 30% de
los empresarios encuestados. Algo más de la mitad no espera
cambios y 10% avizora un deterioro.
Lo habitual en estas mediciones era que la caída de la imagen
gubernamental fuera un ingrediente más en un cuadro de signo
pesimista. Lo verdaderamente significativo de esta última
encuesta es que exhibe una modificación evidente de esa
tendencia. La gestión de Roque Fernández podrá
suscitar menos entusiasmo que la de su controvertido antecesor, pero
algo más de tres cuartas partes de los empresarios confirman
el optimismo en sus propias filas.
Dolores Valle
Ficha técnica
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