A diferencia de otros sectores más dinámicos, la petroquímica exhibe períodos de maduración muy largos. La demanda crece en forma paulatina, pero la oferta, debido a las grandes inversiones que requiere la industria, avanza en forma escalonada. Entre 1992 y 1995, el sector pasó por una fuerte crisis debido a la caída de los precios internacionales, que en algunos renglones llegó a 30%. En la Argentina, a este proceso se sumó la desregulación y la baja de los aranceles de importación de materias primas petroquímicas que en promedio pasaron de 40% a 8%. Todo esto indujo una vigorosa reestructuración del sector, con el cierre de 15 plantas (como Electroclor de ICI-Duperial), una reducción de alrededor de 30% en el personal ocupado y la fusión de compañías. Pero, sin dudas, el principal detonante del cambio fue la decisión del Estado de desprenderse de todas las empresas que tenía bajo su órbita, como Petroquímica Mosconi -que pasó a manos de YPF- y Petroquímica Bahía Blanca, cuya mayoría accionaria fue adquirida por el gigante norteamericano Dow Chemical. El precio que tuvo que pagar Dow para potenciar su presencia en el mercado local fue, por cierto, elevado. En noviembre de 1995 y con una inversión superior a US$ 550 millones, la empresa se alzó con el control de PBB, Polisur e Indupa, asociada con YPF y la japonesa Itochu. La triple operación le permitió alcanzar una posición dominante en el circuito petroquímico, ya que, a través de su socio YPF, controla la provisión de gas y con PBB se asegura el abastecimiento de etileno, la materia prima utilizada por sus dos fábricas de polietileno, Polisur y la ex Petropol, recientemente adquirida. “La estrategia de la empresa apuntó siempre a invertir en los negocios donde somos líderes a nivel mundial, como el polietileno, y la oportunidad en la Argentina se nos abrió con las privatizaciones del polo de Bahía Blanca”, explica Oscar Vignart, presidente de la filial local de Dow Chemical. En la actualidad, la empresa controla 58% de PBB (el resto se lo reparten YPF con 24%, Itochu, con 18%, y otros socios, con 7%) y 70% de Polisur (YPF tiene 30%). Su capacidad de producción de polietileno -el insumo utilizado para fabricar envases flexibles, principalmente para la industria de los alimentos- supera las 200. 000 toneladas anuales, entre las que se incluyen las más de 60. 000 correspondientes a la planta de la ex Petropol. Horizonte de crecimientoA nivel local sus únicos competidores son ICI-Duperial, con una producción de 18. 000 toneladas anuales, e Ipako (recientemente absorbida por su controlante, Garovaglio & Zorraquín), que después de salirse del negocio del polipropileno y vender su participación en Polisur y PBB, conserva su planta de polietileno en Ensenada, que produce unas 15. 000 toneladas anuales. “El mercado del polietileno en la Argentina va a seguir creciendo a un promedio de 5 a 7% anual, porque continúa el proceso de sustitución de envases y algunas actividades impulsan la demanda, como la instalación de redes de gas a través del uso de caños de este material. Nuestro objetivo es duplicar la producción en cuatro años. En 1996, de nuestra facturación estimada de US$ 580 millones, aproximadamente US$ 280 millones van a corresponder a este negocio. El resto se lo repartirán PBB con US$ 120 millones, y Dow Blanco y Dow Química -nuestras divisiones químicas en la Argentina- con US$ 180 millones”, asegura Vignart. Tras haber invertido US$ 550 millones en la Argentina, la empresa planea desembolsar una cifra casi similar en los próximos cuatro años para ampliar la planta de etileno de PBB -aumentando su capacidad de producción de 250. 000 a 600. 000 toneladas anuales- y sus instalaciones de polietileno. “Vamos a destinar US$ 300 millones a la planta de etileno, y otros US$ 200 millones a la ampliación de la capacidad de producción de polietileno, incluyendo una nueva fábrica, aunque este emprendimiento está ligado al proyecto Mega de YPF, en el que vamos a participar con una inversión de US$ 50 millones”, sostiene el presidente de Dow. El proyecto Mega, que menciona Vignart, constituye una de las claves del futuro de la petroquímica local, ya que su puesta en marcha es fundamental para aumentar la disponibilidad de gases, que constituyen las materias primas utilizadas por las empresas del sector. YPF ya llegó a un preacuerdo con la brasileña Petrobras para instalar una planta que procesará gas natural en el yacimiento neuquino de Loma de La Lata. Allí se separarán los componentes ricos del gas natural, que serán transportados a través de un poliducto a Bahía Blanca, donde a su vez se construirá una planta de fraccionamiento, para separar los diferentes cortes que componen la mezcla (etano, propano, butano y gasolina). El proyecto demandará una inversión de US$ 500 millones. El inicio de las obras está previsto para el segundo trimestre de 1997 y se estima que comenzará a operar tres años después. La pioneraYPF fue una de las pioneras del desarrollo petroquímico en la Argentina, con la inauguración de la planta de isopropanol en San Lorenzo en 1943. Una vez privatizada la empresa, se tomó la decisión estratégica de profundizar su participación en este sector, a través de la compra de los activos de Petroquímica General Mosconi, que pasó a llamarse Petroquímica La Plata. En 1994 adquirió 50% de Petroken Petroquímica Ensenada y un año después participó en la compra de PBB, Indupa y Polisur. En la actualidad, el negocio petroquímico representa aproximadamente 4% de la facturación de YPF, que en 1995 alcanzó a US$ 4. 970 millones. La empresa fabrica una gran variedad de productos: aromáticos, oxoalcoholes, buteno 1 y MTBE en Petroquímica La Plata, LAB en Refinería La Plata, polipropileno en Petroken, etileno en PBB y todo tipo de polietilenos en Polisur, también en Bahía Blanca. Además, es el principal proveedor de materias primas petroquímicas (nafta virgen, gases licuados) con los que atiende, entre otros, a Pasa, Petroken, Petroquímica Cuyo, Bridas, Ipako y PBB. El tercer gran jugador dentro del sector petroquímico argentino es el grupo Pérez Companc, para el cual la refinación y el negocio petroquímico representan hoy casi US$ 1. 000 millones anuales. El holding tiene una muy fuerte presencia en los negocios de estireno, fertilizante, polipropileno, ABS y SAN, a través de sus controladas Pasa, Unistar y Petroquímica Cuyo. De todas ellas, la empresa estrella es Pasa, fundada en 1963, y que desde 1994 pertenece totalmente a Pérez Companc. La firma cuenta con dos plantas (en San Lorenzo y Campana) y tres negocios principales: caucho, estirenos y fertilizantes. En este último, Pasa tiene en estudio un proyecto junto con YPF para levantar una planta de urea, con una capacidad de 1 millón de toneladas anuales, y una inversión de US$ 400 millones. La nueva fábrica prácticamente duplicará el consumo local de este fertilizante que actualmente se ubica en las 500. 000 toneladas anuales. “Apostamos a que el crecimiento del mercado se va a mantener. Hasta 1993 prácticamente nadie fertilizaba el campo en la Argentina, pero los nuevos esquemas económicos obligaron a los productores rurales a empezar a trabajar con estos productos”, explica Javier Sato, gerente de Marketing de Pasa. Y los proyectos de la compañía no se terminan con los fertilizantes. Contando los distintos emprendimientos que tiene en carpeta, que en varios casos son compartidos, la empresa invertirá cerca de US$ 700 en los próximos tres años, incluyendo una planta de etilbenceno en San Lorenzo (US$ 20 millones) y una ampliación de sus actuales instalaciones de amoníaco y urea (US$ 15 millones). Además también está estudiando la factibilidad de contar con una fábrica de MTBE (un aditivo para las naftas que reemplazó al plomo, como antidetonante) en Campana, junto con YPF (US$ 50 millones), y una incursión en el negocio del PET asociada con Rhodia (US$ 90 millones). El emprendimiento más importante, junto con el de urea, es el de una planta de estireno -la materia prima utilizada en la fabricación de envases descartables- en el polo petroquímico de Triunfo en Brasil, en lo que constituye la primera inversión de Pasa en ese país. La firma del grupo Pérez Companc participa asociada, en partes iguales, con las brasileñas Copesul (del grupo Odebrecht) y Petroflex. La planta de estireno tendrá una capacidad de 180. 000 toneladas anuales (frente a las 110. 000 que tiene la de Pasa en San Lorenzo) a un costo de US$ 90 millones. A su vez, el proyecto también comprende la construcción en el mismo complejo de una fábrica de poliestireno -el plástico que se obtiene a partir del estireno-, lo que haría trepar la inversión total a US$ 156 millones. “Ya no se puede pensar más en la Argentina como un único mercado. Todas las inversiones se deciden considerando al Mercosur como una unidad, en función de la disponibilidad de materias primas y la capacidad de logística del lugar”, explica el gerente de Marketing de Pasa, cuya facturación estimada para 1996 rondará los US$ 320 millones, aunque en la compañía esperan duplicar las ventas el año 2000. Un mercado para veinteEn la actualidad, el sector se encuentra muy concentrado. Según cálculos de la Cámara de la Industria Química y Petroquímica (Ciqyp) no más de 20 empresas controlan los US$ 2. 000 millones anuales que factura la petroquímica local. A su vez, las industrias petroquímicas y química en su conjunto -que tienen varios puntos de contacto- representan 20% del Producto Bruto Industrial de la Argentina y emplean a 24. 000 personas. “En los últimos tres años el sector vivió una fuerte reconversión, con un aumento de 50% en términos de tonelada producida por empleado y, lo que es muy importante, sin contar con apoyo estatal. La Argentina y Estados Unidos son hoy los únicos países en toda América en los cuales el Estado no participa en la provisión de materias primas”, señala José María Fumagalli, director ejecutivo de Ciqyp. “Aunque en Brasil hay operadores más grandes que en la Argentina, como Odebrecht o Ipiranga, el Estado conserva un rol muy importante. Frente a esta situación, nuestro país cuenta con ventajas competitivas muy fuertes como la gran disponibilidad de recursos humanos y materias primas”, explica Fumagalli. La provisión de gas se convierte en elemento decisivo para las empresas instaladas en la Argentina a la hora de competir con sus colegas brasileñas, ya que este fluido permite, por ejemplo, producir etileno, a un costo mucho menor que en Brasil, donde el proceso de cracking se realiza en base a nafta. Sin embargo, esta ventaja puede desaparecer si finalmente prospera el desarrollo de un cuarto polo petroquímico en Río de Janeiro, a base de gas, a cargo de la compañía Río Polímeros. Al igual que lo que sucedió con Dow, la posibilidad de contar con una materia prima más barata como el gas también jugó un papel fundamental en la decisión de Solvay de instalarse en el polo petroquímico de Bahía Blanca. A principios de este año, la compañía belga les pagó a YPF y Dow US$ 90,8 millones para adquirir 70% de Derivados Petroquímicos Sociedad de Inversión, el consorcio que controla 38,12% de Indupa, fabricante de PVC. De todos modos, Solvay quedó ligada a Dow, ya que para abastecerse de etileno está prácticamente obligada a pasar por la ventanilla de PBB, debido a un acuerdo firmado después de la compra. En ese convenio hubo otros compromisos: YPF y Dow deberán venderle a Solvay el resto (30%) del holding que está en sus manos a un valor de US$ 39 millones. A su vez, la firma belga tiene que comprarle a PBB, por US$ 43,8 millones, la cuota de 12,89% que posee en Indupa y venderle otra porción minoritaria (5,5%) que tiene en PBB por US$ 19,8 millones. El otro pacto entre las empresas era que Dow adquiriera la planta de polietileno de alta densidad de Indupa (ex Petropol), por US$ 88 millones, lo que se concretó a mediados de agosto. “Después de la venta de Petropol esperamos levantar el concurso de Indupa, ya que 92% de la deuda de US$ 98 millones se convirtió en Obligaciones Negociables. A partir de ahí debería concretarse la venta de participaciones cruzadas que va a llevar a que Solvay tenga 51% de Indupa. El resto quedará en manos del público”, cuenta Raúl Bustamante, director general de la firma. Aunque a nivel mundial Solvay fabrica polietileno y polipropileno, en la Argentina prefirió no incursionar en esos rubros. “Para obtener polietileno haría falta el etileno, y ése es un insumo que controla Dow”, admite Bustamante. Por eso van a dejarle ese negocio a la norteamericana y dedicarse a los productos que fabrican en el Mercosur, ya que, con la compra de Indupa, Solvay pasó a producir 25% del cloro-soda y 40% del PVC de la región. En la Argentina, sólo tienen que competir con la importación y con Imextrade SA, una firma de inversionistas argentinos, que en febrero le compró a Indupa, por US$ 3,6 millones, la planta de Cinco Saltos, en Río Negro, con una capacidad de 20. 000 toneladas anuales. El mercado de PVC sumó 125. 000 toneladas durante 1994 pero bajó a 100. 000 el año pasado, y Bustamante estima que llegará a 130. 000 en 1996. Su empresa, con una capacidad de 76. 000 toneladas anuales, proveerá unas 60. 000 al mercado local y exportará el resto de la producción. Sin embargo, señala que “el objetivo de largo plazo es tener a Indupa competitiva, lo que significa contar con una capacidad mayor de 140. 000 toneladas anuales. Para eso hay que preparar nuestras plantas de cloro, soda cáustica y VCM, que son insumos del PVC”. En el sector se habla de que las inversiones de Indupa podrían alcanzar a US$ 200 millones. Sin embargo, en la empresa sólo confirmaron un desembolso de US$ 15 millones en actualización tecnológica y protección del medio ambiente. En el ejercicio finalizado en junio, la compañía facturó US$ 204,1 millones y acumuló un rojo de US$ 413 millones, que incluyó las correcciones que se hicieron al valor libro de la firma. Poder de atracciónOtra de las multinacionales que le echó el ojo al mercado argentino fue la norteamericana Eastman Chemical, que invertirá cerca de US$ 130 millones para levantar una planta de PET en Zárate, después de 15 años de trabajar sólo con productos importados. Las razones de su decisión son contundentes: el consumo de este plástico, usado principalmente para envasar gaseosas, aguas y aceites, creció de unas 9. 000 toneladas en 1991 a 60. 000 el año pasado, y el único productor local es Unipet, que tiene una capacidad de 6. 000 toneladas anuales. Eastman, que facturó más de US$ 5. 000 millones el año pasado a nivel mundial y cerca de US$ 270 millones en América latina, inaugurará su fábrica en mayo de 1998, con una capacidad de 130. 000 toneladas métricas. Al mercado local sólo se destinará 35% de lo producido, mientras que 57% se exportará a Brasil y 7% a Chile. “De las 100 hectáreas que tenemos en la provincia de Buenos Aires, utilizaremos 10, y en un año y medio vamos a decidir si fabricamos otro tipo de productos”, señala James Ray, director de operaciones en la Argentina. Entre los candidatos figuran los químicos que hoy importan con mayor demanda en el país: texanol y acetato etílico, usados para la industria de la pintura. En Eastman también debieron calcular cómo se iban a abastecer de insumos. “Tuvimos que ampliar nuestra planta de PTA -que es la materia prima del PET- en Kinsport, Tennessee, para poder proveer a la de Zárate. Sólo se justificaría construir una fábrica de PTA en la Argentina si hacemos una segunda planta de PET”, indica Ray, cuya empresa abastece, todavía con productos importados, a Aceitera General Deheza, Alusud, Baesa, Cipet, Johnson Controls, Molinos y Treviplast, entre otras. Detrás de Eastman, otras grandes salieron a anunciar la construcción de plantas de PET. En 1998, con una inversión de US$ 150 millones, Shell e YPF comenzarán a producir el plástico en Ensenada. Pero el proyecto de las petroleras es ir más allá y dedicarse también a la fabricación de envases. Shell tendrá 50% de la sociedad y el restante 50% estará en manos de YPF y de la mexicana Petrocel-Temex, que serán las encargadas de abastecer a la planta con PTA. De la producción de 150. 000 toneladas que alcanzará el centro fabril, la mitad se destinará a Brasil. Rhodia, que tiene una planta en Brasil, se asoció con Pasa e invertirá US$ 90 millones para construir una fábrica con una capacidad de 80. 000 toneladas. Con estos gigantes en puerta, Unipet decidió dedicarse a la especialización y dejar los commodities a los pesos pesados. El año pasado, después de que Indupa saliera del negocio, se asoció con la italiana Mossi & Ghisolfi y está ampliando la capacidad de su planta de Quilmes para llegar a las 12. 000 toneladas a mediados de 1997. “Somos un buen proveedor de las empresas chicas y una rueda de auxilio de las grandes, y nunca pretendimos tener la estatura de Eastman o Shell”, sintetiza Rodrigo Fernández Alonso, gerente general de la empresa argentina. “El aumento exponencial del mercado se va a estabilizar porque la vuelta a la botella de PET retornable en los supermercados puede traer como consecuencia que la evolución de la tasa de crecimiento pierda impulso”, vaticina. El directivo calcula que habrá un crecimiento algo menor a 10% anual de ahora en más y que, este año, el mercado no superará el volumen de 1995. Socios y rivalesAunque YPF y Pérez Companc comparten otros negocios, en el del polipropileno compiten a través de sus controladas Petroken Petroquímica Ensenada y Petroquímica Cuyo, únicas productoras de este plástico en el país. Ambas se reparten más de 90% de las 110. 000 toneladas que se consumen al año, y el resto se lo llevan los productos importados. Petroken nació en 1992, como un emprendimiento conjunto entre Shell e Ipako. Pero, a mediados de 1994, el grupo Garovaglio y Zorraquín vendió su participación de 51% a YPF por US$ 42 millones y, actualmente, cada petrolera es dueña de la mitad de la empresa. La otra fabricante es Petroquímica Cuyo, hoy en manos de Pérez Companc (40% del capital y el control operativo), el grupo Panam (40%) y Phoenix (20%). La compañía tiene una planta en Mendoza, inaugurada en 1988. “Antes de que empezáramos a producir, el mercado del polipropileno se mantuvo durante diez años en 40. 000 o 50. 000 toneladas, pero entre 1991 y 1996 registró un crecimiento de 11,5% anual y, para este año, calculamos un incremento cercano a 7%”, estima Jorge Sampietro, gerente general de Petroquímica Cuyo. El año pasado, la firma recaudó US$ 80 millones con ventas de 70. 000 toneladas, de las cuales exportaron 28%. “Mientras que en la Argentina se consumen anualmente 3 kilos de polipropileno per capita, en Europa el promedio es de 15 kilos”, calcula Leopoldo Garcés Castiella, presidente de Petroken, para quien entre los rubros de mayor demanda potencial se encuentran los caños y las autopartes. El crecimiento del consumo del polipropileno (que se usa, entre otras cosas, para la fabricación de películas, envases, rafia, muebles de jardín y autopartes) llevó a las dos productoras locales a embarcarse en proyectos de expansión que, como en todo el sector petroquímico, están invariablemente ligados a la disponibilidad de materia prima. Cuando YPF entró en Petroken no se vieron precisamente signos de alegría en su competidor. Es que la petrolera provee, desde Luján de Cuyo, 85% del propileno que necesita Petroquímica Cuyo para producir el plástico, a través de un contrato que caduca en el 2003. El resto del insumo se lo compran a Pasa y a compañías chilenas. Sin embargo, para no depender de la empresa más grande del país, están estudiando otras fuentes de abastecimiento. “Se podría fácilmente llevar a 120. 000 toneladas la capacidad actual de la planta, que es de 90. 000, con una inversión cercana a US$ 20 millones, pero estamos estudiando la posibilidad de disponer de mayor cantidad de materia prima, que podría concretarse a través de Pasa”, cuenta el ejecutivo. Según Sampietro, Petroquímica Cuyo tiene 45% del mercado de los homopolímeros, una categoría de producto que representa 85% de las ventas locales, y 75% de los copolímeros, que se llevan el restante 15%. En Petroken, sin embargo, afirman que poseen 55% del mercado total. La compañía destina alrededor de la mitad de su producción anual de 100. 000 toneladas a los mercados externos. Al igual que su rival, también está haciendo estudios -que concluirán antes de fin de año- para ampliar su capacidad y elaborar otras especialidades de polipropileno. Como Petroken se provee del propileno de sus dueños, Eg3 y Petroquímica Bahía Blanca, sus proyectos de expansión están sujetos a los de YPF y Shell. “El plan de inversión es importante: serán cerca de US$ 100 millones en los próximos diez años”, asegura Garcés Castiella, cuya compañía facturó US$ 112 millones el año pasado. Lugar para crecerA diferencia de lo que sucede en el mercado del polipropileno donde se libra una dura competencia entre Petroken y Petroquímica Cuyo, en el negocio del poliestireno -utilizado para la fabricación de potes para yogur y dulce de leche, bandejas y vasos para supermercados, juguetes y casetes-, Unistar reina sin sobresaltos, ya que prácticamente no tiene competencia a nivel local. La firma surgió en 1991 como un joint-venture, en partes iguales, entre Pasa y la norteamericana Monsanto. Su capacidad de producción se ubica hoy en 52. 000 toneladas anuales, aunque la demanda interna no supera las 45. 000 toneladas, y el resto se exporta a países limítrofes y Europa. “Alrededor de 70% de nuestra producción está destinada a los envases de alimentos, que a partir de 1991 tuvieron una evolución muy favorable, gracias a la expansión de los supermercados y el aumento de la demanda de la industria. El año pasado la recesión golpeó al mercado, aunque lo compensamos con mayores exportaciones, y todavía creo que hay un trecho muy grande para crecer: hoy el consumo de plásticos en la Argentina está en 25 kilos anuales per capita, frente a los 100 kilos de los países del Primer Mundo”, asegura Oscar Mazza, gerente general de Unistar. La empresa, que el año pasado facturó US$ 88 millones, planea una inversión de US$ 10 millones para aumentar en 30% la capacidad de producción de poliestireno en su planta de Zárate. Sin embargo, este mercado no es el único al que apunta Unistar. El poliestireno se lleva 85% de las ventas, y el restante 15% lo representan el ABS y el SAN, dos resinas plásticas utilizadas para los sistemas de refrigeración para heladeras y la industria autopartista. En este campo, la empresa produce 6. 000 de las 7. 500 toneladas anuales que representa el mercado total en la Argentina. El escalón finalEl último eslabón dentro de la cadena petroquímica es el de las empresas que trabajan con polímeros base para transformarlos en materias primas y polímeros de ingeniería, utilizados por otras industrias, como la automotriz, la eléctrica y la de electrodomésticos. Este mercado representa alrededor de US$ 60 millones al año, y a partir de 1991 creció en forma paralela a la demanda de autos. “Hace cinco años se utilizaban 3 kilos de polímeros de ingeniería en un vehículo. Ahora el valor está entre 6 y 7 kilos y crecerá hasta 11 kilos para fin de siglo”, asegura Horacio Kantt, gerente Regional de Polímeros de Ingeniería de DuPont Argentina, una de las empresas líderes en este negocio. Para hacer frente a esta demanda creciente, la firma puso en marcha un plan de inversiones para los próximos dos años por US$ 9 millones, destinados a incrementar la capacidad de producción de resinas de nylon en su planta de Berazategui. “El mercado argentino está en expansión porque seguimos una tendencia mundial y porque partimos de una base muy atrasada en el uso de plásticos. Tenemos una expectativa de crecimiento superior a 15% anual para los próximos cinco años”, pronostica Kantt. Uno de los principales competidores de DuPont en el mercado local es Polímeros Argentinos, una Pyme creada en 1984. “A diferencia de las empresas petroquímicas tradicionales, nosotros trabajamos con materiales a medida, involucrándonos con el cliente a un nivel técnico. Lo que vendemos no son commodities en un sentido estricto, ya que trabajamos con polímeros base a los que les agregamos valor”, explica Donato Consoli, presidente de Polímeros Argentinos. Desde que inició sus operaciones, la empresa cuenta con la representación para la Argentina del negocio de polímeros de General Electric, a la que hace siete años le sumó la de Allied Signal y su división de poliamidas. En 1995, su facturación sumó US$ 15 millones, y a principios de este año estrenó una nueva planta en Tortuguitas, con una inversión de US$ 4,2 millones. Su última incorporación fue la licencia de los acrílicos de ICI Duperial que, a su vez, inició la retirada del negocio petroquímico en el mercado local. Aunque la empresa es la inventora del polietileno, hoy en la Argentina se está replegando hacia el abastecimiento a nichos de mercado, ya que “es a nivel del producto que tenemos ventajas porque por costo no se puede competir con Dow”, admite Jorge Galli, gerente general de la filial argentina de la empresa británica. En su planta de San Lorenzo, Santa Fe, ICI produce 20. 000 toneladas anuales de polietileno, uno de los seis negocios de la firma a nivel mundial. La estrategia internacional de ICI es desplazarse de los productos básicos a los masivos, como la pintura o los explosivos, pero el pasaje será a largo plazo, ya que todavía el negocio de químicos industriales representa 40% de sus ingresos. Por eso se desprendieron de sus actividades petroquímicas: salieron de PBB en 1993 y van a mantenerse en el negocio de polietileno en el país “mientras la planta sea generadora de caja, ya que hoy hay clientes y un mercado que justifican nuestra presencia”, explica Galli. Esta afirmación se entiende mejor traducida en números: el año pasado, de los US$ 120 millones que facturó ICI, US$ 25 millones los aportó el área de polietileno. El otro grande que abandonó el negocio petroquímico en la Argentina fue Bunge y Born, que en marzo de este año selló la venta de Petroquímico Río Tercero a la firma Piero en US$ 48 millones. El interés del comprador tiene un objetivo bien claro: abastecerse de la gomaespuma sintetizada en la planta de la petroquímica cordobesa para la fabricación de sus líneas de colchones.
Ahí vienen los brasileños
En Brasil también hay grandes proyectos de inversión en marcha. Odebrecht, un grupo para el que hasta hace apenas diez años la construcción representaba 90% de sus negocios, en tanto que la petroquímica aportaba apenas 10%, hoy es uno de los gigantes de ese sector, con una facturación de US$ 4. 300 millones. Controla 47% del mercado brasileño, mediante la producción de 900. 000 toneladas de etileno, polietileno y polipropileno al año, y 20% del mercado de polietileno de baja densidad de la Argentina. El grupo es dueño de Copesul, que invertirá US$ 450 millones para elevar de 600. 000 a 1. 100. 000 la producción de etileno en sus instalaciones de Triunfo, en Rio Grande do Sul, uno de los tres polos petroquímicos brasileños. OPP Petroquímica, el holding de Oderbrecht, desembolsará US$ 200 millones para construir, también en Triunfo, una planta de polietileno. El otro grande brasileño es Ipiranga, que a través de un joint-venture con Hoescht, también está incursionando en el negocio del polietileno. Ahora planea aumentar en un tercio la capacidad de su planta de Triunfo. En PET, un mercado de 100. 000 toneladas anuales, la única productora es Rhodia Ster, un joint-venture entre Celbras y Rhodia. A través de Rhodiaco (51% de RhodiaSter y 49% de Amoco) producen PTA, la materia prima del PET, en Paulinia (San Pablo). En esa planta invertirán US$ 80 millones para elevar la capacidad de 130. 000 a 250. 000 toneladas anuales. Parte de la producción se enviará a la Argentina para abastecer a la futura planta de Rhodia y Pasa.
