martes, 20 de enero de 2026

    Las alianzas que borran fronteras

    Rosabeth Moss Kanter se ha destacado como una de las escritoras
    más influyentes y conocidas en el terreno del
    management. Su libro When Giants Learn to Dance (Cuando los
    gigantes aprenden a bailar, 1989) recibió el premio
    Johnson, Smith and Kinsley que se otorga a “nuevas
    perspectivas en liderazgo ejecutivo” y fue traducido a diez
    idiomas.
    Otro de sus textos, Men and Women of the Corporation (Hombres y
    mujeres de empresa, 1977), ganó el premio C. Wright
    Mills como mejor obra del año en temas sociales. En total, lleva
    publicados 12 libros y más de 150 artículos. El último,
    World Class: Prosperar localmente en la economía global (Simon
    & Schuster, 1995), explica cómo tener éxito en la nueva
    economía con lo que denomina “ventaja de la
    colaboración”.
    Esta entrevista, realizada por Richard Hodgetts, del periódico
    especializado Organizational Dynamics, ayuda a comprender
    algunos de los grandes cambios que podrían ocurrir en la
    próxima década cuando municipios y estados compitan para atraer

    negocios internacionales.

    ¿Cuáles son las conclusiones fundamentales de su último libro,
    World Class?
    — El libro trata sobre el verdadero significado de la
    globalización para cada organización y cada gerente, no sólo
    para los
    pocos que hacen negocios internacionales. Muestra por qué y de
    qué forma las barreras se borran y por qué es importante
    hoy la ventaja de la colaboración, la capacidad de conseguir
    beneficios a través de alianzas, sociedades y uniones locales.
    Estoy tratando de comprender el impacto de la economía global en
    la empresa, en el lugar de trabajo y en la comunidad.
    Para comprender adecuadamente los negocios multinacionales, hay
    que analizar también los lugares donde operan,
    los países de donde surgen y las interacciones que tienen con
    proveedores, clientes, socios en el emprendimiento y la
    fuerza laboral, que generalmente es casi toda local.
    Para comprender lo que ocurre en las economías locales y
    regionales, uno tiene que poder analizar las decisiones y
    elecciones que están haciendo las empresas en la nueva
    economía.

    ¿Qué entiende usted por globalización?
    — Yo la defino a partir de dos cosas: la mayor actividad
    entre países, y también la tecnología que permite la
    comunicación
    instantánea. A su vez, estos dos fenómenos ayudan a crear
    fuerzas que provocan el efecto cascada de la globalización. La
    mayor actividad internacional de una empresa en un determinado
    sector comienza a repercutir en otras empresas de otros
    sectores.
    Una de esas fuerzas es la rápida movilidad de recursos. Hoy los
    recursos no están tan atados a un lugar como antes.
    El capital y las ideas fluyen mucho más libremente, en parte
    gracias a la comunicación instantánea. Incluso la mano
    de obra, en determinados momentos, cruza fronteras en aquellos
    sectores donde hay un mercado mundial, como
    ocurre con los técnicos, por ejemplo, o las enfermeras.

    Otro de sus presupuestos es que hay nuevos productos que se
    introducen simultáneamente en muchos países del
    mundo.
    — Básicamente, eso es así. En el sector de productos
    electrónicos de consumo masivo hubo una brecha de 12 años
    entre la introducción de televisores en blanco y negro en
    Estados Unidos y el momento en que finalmente entraron en
    naciones de menor poder económico. El fax, en cambio, llegó
    casi simultáneamente a todas partes. Lo cual es bueno,
    dicho sea de paso, porque si no hubiera un estándar único no
    podríamos tener comunicaciones instantáneas.
    Con los nuevos productos ahora hay grandes posibilidades de que
    las nuevas tecnologías se usen simultáneamente en todas
    partes. Pero con cierto tipo de productos más ligados a la
    cultura, la difusión es más lenta y la tasa de utilización
    varía
    según el país.

    ¿También se está haciendo más fácil entrar en los mercados
    mundiales?
    — No sé si es más fácil, pero ciertamente las viejas
    legislaciones están cambiando, gracias a la emergencia de lo que

    denomino la fuerza del bypass, del camino alternativo. Debido a
    la existencia de más mercados y más tecnologías, ahora es
    más fácil esquivar a los principales actores que antes
    monopolizaban un canal.
    Por ejemplo, cuando se envía una carta en Estados Unidos, uno ya
    no necesita pasar por el gobierno. Porque ya no
    tiene el monopolio del correo. Podría decirse que fue la
    desregulación lo que llevó a la división de AT&T y abrió
    la
    posibilidad de que redes privadas establezcan sus propios
    sistemas telefónicos. Son las nuevas tecnologías las que
    crean el bypass.

    ¿Usted mencionó tres factores que afectan los negocios
    internacionales: mayor actividad entre países,
    tecnología y bypass. ¿Hay más?
    — Sí, el pluralismo, que es producto de los tres. A medida
    que aumenta la cantidad de productos para vender en más
    lugares simultáneamente y los recursos se movilizan más
    fácilmente, es cada vez más difícil que haya superpotencias.
    En
    realidad, se torna más difícil ser verdaderamente dominante en
    un solo centro. Comienza a haber muchos centros de
    excelencia, muchos centros de investigación sobre cualquier
    tema, muchos lugares a donde ir en busca de un buen MBA,
    muchos lugares a donde ir a hacer casi cualquier cosa.
    Creo que también lo vemos en la política. Estados Unidos, en
    este momento, es una superpotencia que está
    envejeciendo y sufriendo su crisis de la edad madura. Y es muy
    difícil ser una superpotencia porque las cosas ya no
    se mantienen en el centro como antes. Consolidación global no
    significa que las casas centrales sean más
    importantes. Significa que las cosas son integradas, y que muchas
    partes del mundo asumen funciones de casa
    central.
    Bell Atlantic, por ejemplo, maneja su gestión financiera desde
    Filadelfia, pero la dirección ejecutiva opera en Virginia. De
    este modo se pone en marcha una cascada global que coloca el
    poder en manos de los clientes.

    ¿Si las multinacionales buscan proveedores de categoría mundial
    y van a elegir sólo a los mejores, ¿quiere decir esto
    que al final vamos a tener un pequeño grupo de proveedores
    sirviendo a las multinacionales?
    — No necesariamente. Recuerde que un pequeño número de
    proveedores puede obtener todo el negocio de un cliente
    global, pero esto no quiere decir que los otros proveedores
    queden fuera del negocio. Lo que hará esta tendencia
    incipiente es desplazar a los proveedores que son mediocres y que
    no pueden ir más lejos que sus áreas locales, y que
    por eso no pueden servir a grandes clientes en más de un lugar.
    Y también desplazará a los que no pueden brindar servicios
    adicionales, porque hay cada vez más empresas que quieren ir
    trasladando funciones a los proveedores, y también repensar la
    frontera entre lo que hace una parte y lo que hace la otra.
    Es cada vez más común que las grandes firmas pidan a sus
    proveedores que asuman funciones de almacenaje de stock y
    control de calidad. Estos proveedores también suelen participar
    en el diseño de productos en colaboración con sus clientes.
    O asumen algunas funciones de co-marketing, como promociones
    conjuntas para el consumidor final. Y a veces también
    realizan inteligencia de mercado, analizando los movimientos de
    la competencia. Las empresas toman en cuenta el costo
    total, que involucra el valor de todas las funciones que se
    ejecutan, y éste es un procedimiento revolucionario.

    ¿Cómo pueden las comunidades atraer y mantener los negocios
    globales?
    — Hay varias maneras de hacer esto. Algunas pueden
    desarrollar especialidades como manufacturas, comercio o
    conocimiento. Y cada una de ellas atrae determinado tipo de
    empresa y le ofrece ventajas.
    En el terreno de la industria, como ocurre con los centros
    siderúrgicos de Indiana, ofrecen mano de obra calificada y
    una infraestructura que aguante el proceso de manufactura,
    además de una oferta adecuada a las disciplinas que son
    importantes para las empresas fabricantes.
    Los comerciantes se posicionan en un punto de encuentro donde hay
    competencia para operar internacionalmente y también
    infraestructura para manejar mercancía que debe entrar y salir.
    Miami o Hong Kong son ejemplos de esto.
    Otras comunidades se especializan en el área del conocimiento y
    cuentan con profesionales que conciben cosas
    (desarrollo de productos, diseño), generan nuevas ideas y
    dirigen actividades: Boston, Seattle o el Silicon Valley, por
    ejemplo. El problema con los pensadores es que los centros de
    innovación tecnológica no crean trabajo para el grueso
    de la gente que vive en una comunidad. Los pensadores apoyan a
    los trabajadores de cuello blanco, pero arrojan al
    resto de la población al sector de los servicios. Los sueldos
    son menores, comparados con la industria manufacturera.
    ¿Tropiezan con problemas las ciudades cuando ayudan a sus
    empresas a pensar globalmente?
    — Hay bolsones de resistencia a la globalización entre la
    gente que tiene empleos inseguros y negocios pequeños, más
    aislados. Hay algunos proteccionistas: algunos prefieren
    “comprar norteamericano”.

    ¿Esto es fruto del temor provocado por la competencia
    internacional?
    — El temor es grande. Y esto es así aun entre gente que
    piensa, gente inteligente, racional, que dice que si no
    compramos norteamericano, no habrá más empleo para los
    trabajadores en Estados Unidos. Uno de los problemas
    con este razonamiento es que hay muy pocos productos que se
    originan totalmente en un solo país.

    ¿No tendrán que empezar a cambiar las empresas o países que
    tienden a ser más defensivos y a poner barreras a la
    entrada de productos?
    — Lo que vamos a ver, creo, es más uso de los acuerdos
    bilaterales. ¿Los japoneses quieren proteger su arroz? Entonces,

    nosotros no les compramos sus semiconductores. El crecimiento de
    la economía global y la apertura de las fronteras no
    significa que de pronto vaya a haber una libre circulación de
    productos. Habrá, en cambio, más gente ocupada en funciones
    de mediación y asuntos de comercio.
    Este es el tipo de problemas que los empresarios tendrán que
    enfrentar con mayor frecuencia. Yo no puedo decir que los
    cosmopolitas tengan razón y los locales estén equivocados, o al
    revés. Si miramos las herramientas y armas con que cuentan
    unos y otros, bueno, los cosmopolitas tienen sus productos, su
    conocimiento y sus conexiones en todas partes, pero los
    locales tienen sus leyes, su jurisdicción y el poder para fijar
    condiciones. El peligro es que, si ponen demasiadas
    condiciones, echarán a los cosmopolitas y por lo tanto perderán
    los recursos que aquellos les pueden acercar. Al revés, si no
    se fijan condiciones, el acuerdo puede no ser aceptable para la
    población local.
    Este tema no se limita al terreno internacional. Mire cómo
    Wal-Mart ha tenido que negociar para entrar en Vermont,
    porque los Wal-Marts no “lucen” bien en Vermont. La
    relación entre empresa y comunidad en una economía global es un

    tema vital. Y aun dentro de la empresa misma, las tensiones entre
    cosmopolitas y locales son un tema gerencial muy
    importante. Cuánto hay que decidir desde el centro —la casa
    central— y estandarizar, o hasta qué punto es preciso tener
    en
    cuenta las diferencias y distinciones locales.
    Siempre decimos: “El conocimiento local es tan importante
    que las cosas deberían hacerse a la medida del lugar”. Pero
    a
    veces, francamente, la supuesta diferencia no es más que una
    exhibición de fuerza para poder decir algo así: “No
    queremos
    hacerlo como lo hacen ellos. Nosotros también somos
    importantes”.

    De qué manera afecta a la estabilidad política mundial la
    emergente economía mundial, el pluralismo y su creciente
    necesidad de acuerdos multilaterales?
    La economía global contribuye a la estabilidad política de
    varias maneras. Como los países quieren participar en el juego
    de
    la economía global, sienten la presión para hacer reformas que
    atraigan inversiones extranjeras. Después de todo, a casi
    todos los empresarios les interesa mucho más la estabilidad
    —certeza para su propio planeamiento— que impuestos
    bajos o
    mano de obra barata.
    En segundo lugar, al tiempo que las multinacionales abren
    filiales y forman joint ventures en países que antes eran
    problemáticos, traen sus normas y valores y educan a la mano de
    obra local en sus formas de operar. En World Class yo me
    refiero a los cosmopolitas empresariales como sembradores:
    diseminan semillas de globalidad allí donde trabajan.
    Finalmente, como las empresas globales tienen un interés en los
    temas políticos, sus más altos ejecutivos ejercen influencia
    en la política exterior de sus países. En Estados Unidos,
    algunos han dicho que el Departamento de Comercio es ahora más
    influyente en algunas áreas de política exterior que el
    Departamento de Estado. ¿Por qué, si no, China retuvo el
    estatus de
    nación que quería (algo que a Comercio le interesaba para
    beneficiar a las empresas estadounidenses) a pesar de sus
    reiteradas violaciones a los derechos humanos (una preocupación
    del Departamento de Estado)? Tampoco es una
    exageración decir que ha llegado la paz al Medio Oriente o
    Irlanda del Norte porque son zonas que necesitan desarrollo
    económico y están dispuestas a enterrar las lanzas para
    lograrlo.
    ¿Qué papel le toca a Estados Unidos en este nuevo orden?
    — A Estados Unidos le va a ir muy bien en el nuevo orden
    mundial —como ya le está yendo—, porque es la primera
    “nación universal”, con un gran bloque comercial
    dentro de sus fronteras. Estados Unidos ha tenido que convivir
    con la
    diversidad desde su nacimiento como nación; todavía tiene el
    mejor y más grande sistema de educación superior y aporta
    cultura y tecnología a las empresas internacionales más que
    cualquier otro país.
    Pero no le seguirá yendo tan bien frente a otros países a menos
    que sus empresas piensen globalmente, fomenten las
    habilidades gerenciales multiculturales y presionen a sus
    escuelas para que produzcan gente con esas habilidades.
    Una parte de la fuerza laboral de Estados Unidos ya está educada
    para manejar esos cambios; otra parte no. Algunas
    empresas multinacionales como Hewlett-Packard y Gillette ya
    piensan en términos globales. Son la quintaesencia del
    cosmopolitismo: buenos ciudadanos locales en todas partes, que
    operan con normas mundiales donde quiera que estén. La
    gente que trabaja en estas compañías, incluso los obreros de la
    producción, quienes tal vez nunca tengan que abandonar su
    ciudad para trabajar, saben mucho de las tendencias y
    acontecimientos globales y de cómo pueden afectar su trabajo.
    Entonces, ya hay algunas empresas que fomentan el desarrollo de
    una mentalidad cosmopolita en su gente: no
    ofrecen entrenamiento abstracto, sino a partir de las
    experiencias que brindan en el trabajo. Otras compañías no lo
    hacen. Continúan con su actividad internacional, pero aislada de
    su personal local. Esas serán las que se queden
    atrás. Ahora hay grandes posibilidades de que las nuevas
    tecnologías se usen simultáneamente en todas partes. Pero
    con cierto tipo de productos más ligados a la cultura, la
    difusión es más lenta y la tasa de utilización varía según
    el
    país.