jueves, 22 de enero de 2026

    La enseñanza por otros medios

    En la era de las telecomunicaciones, cuando los avances tecnológicos han modificado la forma en que la gente trabaja, viaja, compra y goza de su tiempo libre, es difícil ignorar que la tecnología puede ser la clave para liberar al proceso educativo de los estrechos límites impuestos por las paredes de la escuela.

    El debate no es nuevo en la Argentina, donde hubo no pocos intentos de ampliar la oferta educativa a través de la radio y la televisión, que generaron años de debates sobre si el esfuerzo y la inversión se justifican. Pero la aceleración de los cambios tecnológicos se llevó las polémicas por delante y hoy hay mucha más predisposición entre los docentes argentinos a aceptar los multimedios en

    educación.

    Hay por lo menos tres niveles donde la tecnología puede enriquecer la enseñanza y el aprendizaje.

    PAPEL COMPLEMENTARIO.

    En el primer nivel, radio, televisión, video y computación son herramientas de ayuda para la educación formal, o sea para el educador en la escuela. Programas magistrales, preparados por equipos de primer nivel -integrados éstos por expertos de medios y expertos en contenidos-, se ponen al servicio de las escuelas más aisladas del país a través de las redes nacionales y provinciales de radio y televisión.

    Pero, para que este esfuerzo rinda buenos resultados, es preciso contar con importante financiación que permita elaborar programas de una calidad todavía no conocida en el país. La financiación deberá provenir de quienes crean que vale la pena el esfuerzo. Por ejemplo, la empresa privada.

    PAPEL PROTAGONICO.

    En el segundo nivel de aplicación, las tecnologías de comunicación adquieren un papel más protagónico en todo lo que atañe a la educación no formal, con el objetivo de hacer del aprendizaje una experiencia nacional permanente y compatible con todos los niveles económicos de la sociedad.

    Ellas pueden utilizarse, por ejemplo, para quebrar la dicotomía entre educación y trabajo.

    La especialización en una actividad no acaba con la última materia de la carrera; pero cuando el egresado comienza a trabajar no dispone ya de tiempo para asistir a cursos complementarios, si acaso existen. La televisión estatal podría brindar espacio para la transmisión de bloques educativos, con cursos de actualización, entrenamiento o revisión, para ayudar a quienes, habiendo terminado la universidad, comienzan a trabajar sintiéndose inseguros ante la responsabilidad y la falta de experiencia. El video, por otra parte, libera al usuario de las limitaciones de días y horarios de la televisión abierta.

    Hay infinidad de carencias que podrían suplirse mediante el uso de radio, video y televisión educativa. Cursos de equivalencias escolares para dar una segunda oportunidad a los que no pudieron ir a la escuela o a los que la abandonaron temprano; programas de alfabetización para adolescentes y adultos; actividades juveniles con propósitos educacionales; programas comunitarios de instrucción sanitaria y de nutrición.

    También en este terreno hay antecedentes en el país y también aquí la piedra de tranca fue -y sigue siendo- la falta de recursos, o de gente dispuesta a creer que una propuesta de este tipo significa para la nación grandes beneficios a largo plazo.

    PAPEL REVOLUCIONARIO.

    El tercer nivel de aplicación de tecnología suena, en estas latitudes, como a planteo de ciencia ficción. La postura es tan revolucionaria que muy pocos se animan a proponerla. Parte del supuesto de que el sistema educativo convencional no es un modelo para repetir en el siglo XXI.

    Lewis Perelman, en su último libro, El fin de la escuela: hiperaprendizaje, la nueva tecnología y el fin de la educación, afirma que destinar recursos para reformar la escuela tiene tanto sentido como invertir en coches de caballos al final del siglo XIX. Así como el automóvil reemplazó al transporte de

    tracción a sangre, el hiperaprendizaje barrerá con la educación como se la entiende ahora.

    La enseñanza actual es una actividad de trabajo sumamente intensivo en la que cientos de miles de maestros dan clases más o menos idénticas ante sus respectivos grupos de estudiantes. Las técnicas son intrínsecamente ineficientes porque las capacidades de los alumnos son dispares, y porque la

    atmósfera competitiva de las aulas inhibe a muchos estudiantes capaces.

    Mediante la combinación de todas las tecnologías conocidas: computación, video, teléfono, módem y fax, podrá crearse un ambiente educativo supernovedoso para el alumno.

    La esencia de estos argumentos es que la nueva tecnología proporciona los medios para dar una forma de educación más económica, flexible y personalizada. Aprender, dice Perelman, es tan natural como comer. El problema es que mucha gente pierde el apetito frente a sistemas rígidos y limitados.