jueves, 22 de enero de 2026

    Gunnar Myrdal

    Integrante de la generación escandinava de la escuela intervencionista junto a Wicksell, Ohlin, Nurkse, Kjellen y Haavelmo, compartió el Premio Nobel con Von Hayek en 1974. Enfrentó la enseñanza ortodoxa en casi todos los campos del análisis económico, enfatizando la desigualdad creciente entre las naciones originada en el descontrol de las fuerzas del mercado.

    Partidario de una fuerte intervención estatal que restableciera el equilibrio y la igualdad de oportunidades, negaba la automaticidad del reequilibrio derivado de una libre competencia que negaba, a la vez que analizaba las falsas analogías implícitas en los análisis universales aplicables a economías capitalistas, precapitalistas y feudales.

    En Teoría económica y regiones subdesarrolladas critica la “división escolástica” de las ciencias sociales en disciplinas distintas, cuando debería distinguirse entre factores pertinentes y no pertinentes.

    Observa que en el mundo marginal el crecimiento es desigual, inestable y circunscripto a los puertos.

    Coincide con Nurske en que el círculo vicioso de la pobreza impide toda acumulación de capital. La cuantificación económica de la pobreza la dará Sauvy (Costo y valor de la vida humana), de donde la conclusión final es que la pobreza general impide todo progreso sostenido por descapitalización del

    factor humano.

    Myrdal niega que haya tendencias automáticas hacia la estabilización; sostiene que, producido un desequilibrio, la brecha aumentará en la dirección en que se generó y en beneficio de quienes lo provocaron.

    Ejemplificaba las desigualdades que provoca el mercado libre con Italia, donde el Sur pobre y atrasado fue anexado al Norte industrial como mercado y proveedor de insumos, previa liquidación política y administrativa de los centros del Sur.

    Sostenía que los factores no económicos tienden a acrecentar las desigualdades, y negaba que la mano de obra barata sea atractiva para la industria, en cuanto son las economías externas las que deciden la inversión.

    Según Myrdal, los precios se manejan: no son sólo el resultado de las fuerzas del mercado, sino “precios políticos” que dependen de la actividad reguladora del Estado, de las organizaciones cuasi públicas y de interferencias de varias clases.

    Indica que sería contrario a la naturaleza que los grandes capitales se movieran voluntariamente hacia los países atrasados. Lo lógico sería -escrito en 1956- que los capitales de los países atrasados se dirigieran a los mercados avanzados. Acusó el impacto económico del colonialismo sobre los países atrasados, como traba del despegue. Dice que los países atrasados no tienen acceso a los mercados de capitales, sus habitantes no pueden emigrar, no tienen tradiciones de racionalidad ni de imperio de la ley: su única oportunidad económica está en la prioridad que se dé a escuelas y universidades para investigación y desarrollo científicos.

    Niega las “armonías de intereses” y destaca que no hay un caso en que un economista clásico recomiende que su país haga un sacrificio en favor del bienestar del resto del mundo.

    En 1971, Myrdal publicó su enorme Assian Drama, de 2.300 páginas, donde afirma que el atraso está en la cultura de los países afectados: su falta de disciplina, de solidaridad, de organización, de productividad, de previsibilidad, desconocimiento de métodos administrativos, jurídicos y comerciales habituales en el mundo avanzado, la cotidiana corrupción, considerada normal, y el fraude, malversación y nepotismo, reforzados por un dirigismo de apariencia socialista, cuando en el mundo avanzado este tipo de actividades se reprimen y reducen al mínimo.