A estas alturas de la era de la información, Japón suponía que ya tendría su propias empresas equivalentes a las norteamericanas Microsoft y Lotus. En Hitachi y Toshiba funcionarían fábricas de programas de computación de alta velocidad, revolucionando la economía global del desarrollo del software.
Sin embargo, las dos empresas de software más rentables del país son gigantes de los videojuegos:
Nintendo y Sega Enterprises. Eso no es exactamente lo que tenía en mente el Ministerio de Industria y Comercio Internacional (MITI, según siglas inglesas) cuando hace más de diez años declaró industria estratégica al software de computación.
“En su conjunto, la industria del soft no está tan bien”, admite un alto funcionario de la oficina de información de la división industrial del MITI.
La razón, según algunos, es que los grandes fabricantes de mainframes, como Fujitsu y NEC, no conservaron la paternidad de su software. Otros sostienen que los japoneses están culturalmente más cómodos fabricando hardware (los equipos de computación) y que carecen de la creatividad y sensibilidad para el diseño que son fundamentales para tener éxito con el desarrollo de programas.
Algunos especialistas en el tema juran que es porque Bill Gates nació en Seattle y no en Sapporo.
Hasta cierto punto, cada una de estas explicaciones es válida. Pero la razón más importante de por qué Nintendo y Sega son gigantes globales de software, mientras NEC y Hitachi no lo son, es que los primeros tienen mejores clientes.
MODELOS EXCLUSIVOS.
Los típicos adolescentes japoneses son más representativos del mercado global que la típica empresa japonesa. No es que los japoneses sean incapaces de crear software de primera calidad. Es que los clientes japoneses tienen el tipo de preferencias que dificultan extraordinariamente el crecimiento de la rentabilidad de una industria local de software.
Por ejemplo, a las grandes empresas japonesas, como Mitsubishi y Toyota, no les gusta la idea de comprar un software empaquetado. Quieren que el vendedor adapte el programa a sus necesidades especiales. “Las empresas japonesas prefieren soluciones a la medida de sus necesidades”, afirma
Tohru Saino, de Nikkei Information Strategies, una de las principales revistas sobre informática de Japón.
El desarrollo de un programa a la medida del usuario requiere mucho tiempo y dinero. Además, no se presta al tipo de modelo empresarial que ha caracterizado a los vendedores más famosos de software empresarial, como Oracle o Andersen Consulting. Uno termina con vendedores que adaptan
los programas para cada negocio, y no con Symantecs o Borlands, que pueden vender miles de paquetes en un día.
Y lo que es más importante, las empresas japonesas no han adoptado las PCs con el mismo entusiasmo de sus colegas en Estados Unidos. “En muchas áreas, la base de clientes está menos avanzada o es menor que en Estados Unidos”, observa un funcionario del MITI. “Los norteamericanos tienen 20 o 30 millones de PCs; nosotros tenemos solamente dos o tres millones. El mercado aquí no es lo suficientemente grande como para un desarrollo independiente de programación de redes.”
Por eso es que las empresas norteamericanas de software y de redes ahora dominan el negocio de la computación personal en Japón. Las recientes rebajas de precio por parte de empresas estadounidenses van a hacer las cosas más difíciles para los japoneses.
Pero hay razones más sutiles todavía que explican por qué las compañías japonesas tienen tan malos clientes de software. En Estados Unidos, la mayoría de las compañías no lograron mucho éxito en el intento de automatizar la planta fabril, y sí triunfaron en el proceso de computarizar al trabajador
administrativo. Contrariamente, las empresas japonesas han logrado excelentes resultados automatizando sus fábricas mientras que dejaron a la clase administrativa sin computadoras. “Yo creo que ésta es una razón muy poderosa”, dice el funcionario del MITI. “Las empresas japonesas se
preocupan mucho menos por la productividad de los trabajadores administrativos en comparación con la de los obreros fabriles, aunque esto está cambiando.”
Empresas como Apple y Microsoft tuvieron mucho éxito en Estados Unidos precisamente porque difundieron la idea de la productividad en la oficina. Hasta el año pasado, la compra de computadoras personales no era ni siquiera una preocupación para los altos ejecutivos de las principales empresas japonesas. ¿Qué tipo de software empresarial desarrolla uno si sus clientes del sector dicen que no están interesados en pagar más por obtener productividad?
NO LO ESCRIBA, DIGALO.
¿Mejorar las comunicaciones? Ni hablar. “La otra barrera para el software es cultural”, agrega el funcionario del Ministerio. “Nosotros nos comunicamos hablando unos con otros. No tenemos incorporada en nuestra cultura la costumbre de escribir memos como los estadounidenses. No tenemos máquinas de fax. Nos comunicamos personalmente o por teléfono. El correo electrónico no
es lo suficientemente atractivo como para hacer una gran inversión… aunque eso puede cambiar pronto.”
Con seguridad, todo está cambiando. Las empresas japonesas recién ahora están comenzando a buscar en el software lo que las estadounidenses tienen desde hace años. Las empresas norteamericanas instaladas en Japón disfrutan, mientras tanto, del lento aumento de la demanda. Mientras el MITI está tratando afanosamente de descubrir modos de reestructurar la industria local del software, la verdad es que Japón no va a tener una industria de software empresarial más inteligente hasta que no tenga clientes empresariales más inteligentes.
O hasta que Bill Gates decida emigrar.
Michael Schrage.
c MERCADO/Los Angeles Times Syndicate.
REVOLUCION EN EL MERCADO INTERNO.
Hay indicios de que se está produciendo un cambio fenomenal en el mercado interno de computación en Japón. Muchos clientes importantes están abandonando su tradicional predilección por los mainframes o grandes equipos, y comienzan a reparar en las ventajas que parecen ofrecerles redes de computadoras personales.
Los fabricantes locales se preparan para hacer frente a esta transformación intensificando las vinculaciones con productores occidentales, como lo demuestra Fujitsu cuando decide usar tecnología Siemens Nixdorf en algunas de sus computadoras grandes.
Mientras en otros países industrializados se vendían cada vez menos grandes equipos, los fabricantes nipones tenían buen control de su mercado interno a través de los sistemas cerrados. Los precios se mantenían altos porque, al ser difícil procesar el idioma japonés, la competencia externa quedaba restringida. Pero cuando aparecieron programas que superan la barrera de los idiomas, junto con la tendencia hacia sistemas abiertos, los modelos más baratos de Estados Unidos pudieron entrar a competir.
Los fabricantes japoneses sabían también que sus clientes estaban atrapados en los sistemas cerrados, en los que se invertían enormes sumas, haciendo muy difícil el cambio a sistemas abiertos y más baratos. De las primeras 100 empresas de Japón, 98 son clientes de Fujitsu.
Durante el último año, los precios de las PCs cayeron notablemente, debido a las unidades baratas que llegan del exterior y al número cada vez más grande de compañías que comienzan a experimentar con redes.
Fujitsu, que tiene más de 40% del mercado de computadoras grandes y medianas, ha sufrido una disminución de las órdenes de compra de 37% en 1988 a 26% en 1992. Se calcula que NEC y Hitachi sufrieron una contracción en sus ventas de computadoras grandes de 4 y 14% respectivamente.
Para las empresas japonesas, retirarse de un negocio es señal de fracaso. Sin embargo, las oscuras perspectivas han impulsado a Toshiba, Mitsubishi Electric y Oki a salir del negocio de la computadora grande, dejando en la arena a cuatro actores principales: Fujitsu, IBM Japón, Hitachi y NEC.
