miércoles, 29 de abril de 2026

    El capitalismo de los recursos humanos

    En el libro que acaban de publicar, Thinking for a Living (Basic Books, Harper Collins Publishers, US$ 24), Ray Marshall, profesor de economía de la Universidad de Texas, y Marc Tucker, presidente del National Center on Education and the Economy, explican por qué el gobierno de Estados Unidos

    debería comenzar a emular a Japón y Alemania, donde las políticas y las inversiones del gobierno están orientadas a financiar ampliamente los servicios sociales y a brindar educación de calidad, en la escuela y en el trabajo. Si lo hace, dicen, mitigará los efectos de la pobreza y hará posible que todos los niños ingresen a la escuela con salud, confianza en sí mismos y dispuestos a aprender.

    Según el plan que proponen, alumnos y maestros deberán mantener un rendimiento de primer nivel.

    Los estudiantes que deciden no ir a la universidad deberían poder elegir una educación técnica con orientación profesional.

    Las empresas tendrían que seguir el ejemplo de Xerox, Motorola y de muchas firmas europeas y japonesas. Deben invertir en capacitación del personal para hacer realidad el aprendizaje permanente y el continuo perfeccionamiento en la tarea.

    La mayoría de las naciones industrializadas cuenta con amplios programas para lograr excelencia en la educación, en los servicios sociales y en la capacitación laboral. Pero en Estados Unidos, estos programas sólo están comenzando a aparecer. Sólo cuando estén plenamente desarrollados, los

    recursos humanos norteamericanos serán capaces de elevar la economía nacional a niveles internacionales.

    Siendo, como era, la primera potencia económica del mundo después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no tenía razón alguna para cuestionar su sistema de producción masiva. Los trabajadores prosperaban y grandes burocracias definían y controlaban sus empleos. Las empresas invertían en equipos más que en trabajo, y recuperaban sus inversiones produciendo altos volúmenes de artículos estandarizados.

    Las escuelas imitaban el modelo de la producción masiva. Grandes burocracias controlaban las actividades de los maestros. Los estudiantes practicaban las habilidades básicas y aprendían a obedecer órdenes. El programa no estaba destinado a enseñarles a aprender o a aplicar productivamente lo que aprendían.

    El éxito del sistema cegó al país, incapacitándolo para ver los cambios en el juego económico. Los avances en los medios de transporte y de comunicación crearon un mercado global. Las empresas podían operar en cualquier parte y vender sus productos al resto del mundo.

    De pronto, 70% de la producción de Estados Unidos estaba compitiendo con productos extranjeros.

    Los recursos naturales ya no eran la clave de la riqueza nacional, sino la tecnología y los recursos humanos que hacen falta para generarla y usarla productivamente.

    EL FACTOR ESTRATEGICO.

    Los que hoy ganan en el campo económico emplean trabajadores altamente calificados y muy bien remunerados. En la industria automotriz, por ejemplo, las fábricas tradicionales respaldan a cada obrero de ensamblaje con tres obreros de soporte. Pero las plantas de alto rendimiento reducen esa relación a dos por uno asignando tareas de apoyo a sus obreros de ensamblaje.

    Las empresas que emplean muchos trabajadores calificados pero pocos gerentes ganan en productividad y flexibilidad para satisfacer las necesidades rápidamente cambiantes del mercado. Al poder actualizar rápidamente su equipamiento y reentrenar a sus obreros, pueden aprovechar nuevas

    oportunidades de venta con productos innovadores y de alta calidad. Y como los nuevos productos son de excelente calidad, las empresas pueden fijar precios altos y pagar más a sus trabajadores por sus habilidades y contribuciones.

    Por el contrario, muchas firmas de Estados Unidos todavía creen que la clave de las ganancias está en el precio, no en la calidad.

    Sólo el capitalismo de los recursos humanos permitirá a Estados Unidos recuperar su liderazgo económico. Sólo a través de objetivos, estrategias y políticas nacionales se podrán aprovechar al máximo los recursos humanos y ayudar así a las empresas a lograr más competitividad y dar a sus

    trabajadores un alto nivel de vida.

    Para mantener un nivel de vida de primera línea, las empresas y la educación en Estados Unidos deben abandonar la producción masiva y crear una sociedad donde todo el mundo continúe aprendiendo y contribuyendo. Pero la nación sólo logrará esto si logra los siguientes objetivos:

    * Entrenar al 25% de estudiantes que abandonan la escuela.

    * Brindar educación técnica a la mayoría de los graduados de la escuela secundaria que no van a la universidad.

    * Invertir en entrenamiento del personal en ejercicio.

    TRANSFORMAR EL LUGAR DE TRABAJO.

    Es urgente observar el mercado y las prácticas de los competidores extranjeros. Detectar quién es el mejor y observarlo, departamento por departamento. Y luego tratar de superarlo, tanto en calidad como en costo.

    Para lograrlo, hay que involucrar a los empleados en la toma de decisiones, en la resolución de problemas y en la generación de ideas. Esas tres cosas deben convertirse en responsabilidad de todos. La dirección gerencial debe apuntar a la calidad total, en el proceso de producción y en el resultado final. Para eso, cada empleado debe hacerse responsable de satisfacer las necesidades de

    los consumidores.

    TRANSFORMAR LA ESCUELA.

    Una empresa competitiva y de alto rendimiento debe emplear trabajadores que puedan manejar tareas complejas y tomar oportunas y acertadas decisiones. Para hacer frente a estos desafíos, hacen falta las siguientes cualidades en los egresados de la escuela secundaria:

    * Pensamiento conceptual y abstracto que pueda aplicarse a problemas complejos, a menudo científicos, que no tienen una única respuesta correcta.

    * Comunicación efectiva, oral y escrita, además de la habilidad para comprender manuales técnicos y operar sistemas de computación.

    La capacidad para trabajar en grupo con mínima supervisión, para resolver conflictos y asumir responsabilidades.

    La mayoría de los habitantes de Estados Unidos no alcanzan estos niveles, y la falla está en el sistema educativo, no en los estudiantes.

    En esta década del ´90, Estados Unidos finalmente está comenzando a implementar estrategias educacionales nacionales para elevar a niveles mundiales los estándares de los alumnos. Una amplia coalición de políticos, educadores y empresarios se ha puesto de acuerdo en mirar hacia el año 2000

    en pos de las siguientes metas:

    * Todos los niños comenzarán el colegio en condiciones de aprender.

    * Por lo menos 90% de los estudiantes completarán la escuela secundaria

    * Los estudiantes completarán los sucesivos niveles con competencia demostrable en una serie de materias y con la habilidad de usar sus mentes para ejercer una ciudadanía responsable, encarar futuros estudios y empleo productivo.

    * Todo adulto será alfabetizado y poseerá las habilidades y el conocimiento para competir en una economía global.

    * Toda escuela estará libre de drogas y violencia, y todas ofrecerán un clima que favorezca el aprendizaje.

    ALTO RENDIMIENTO.

    Como proveedores monopólicos de servicios de educación, los sistemas escolares de Estados Unidos tienen pocos incentivos para mejorar su calidad o eficiencia. No hay recompensas por satisfacer las necesidades de los estudiantes y tampoco castigos por no hacerlo.

    Para que Estados Unidos consiga establecer un sistema de educación que compita entre los mejores del mundo, sus distritos escolares deben modelarse imitando las empresas de alto rendimiento. El informe de 1986 del Carnegie Forum sobre educación, titulado Una nación preparada: maestros para

    el siglo XXI, presenta una matriz para esta transformación. Actualmente, hace falta muy poco esfuerzo para recibir el certificado de estudios secundarios en Estados Unidos. Los estudiantes que asisten regularmente a clase y realizan tareas marginales casi siempre se reciben. Los sistemas escolares agravan el problema fijando estándares que no preparan a los estudiantes en los puestos

    de trabajo actuales.

    Las escuelas necesitan definir normas de resultados que especifiquen el conocimiento y las habilidades que los estudiantes deben lograr durante cada fase de su educación. Las normas estarían respaldadas por incentivos para estudiar y aprender, por oportunidades para que todos triunfen.

    EL APOYO FAMILIAR.

    Todos los estadounidenses pagan un precio muy alto por los millones de niños que carecen de una familia que los quiera y los apoye. Muchos de esos niños vienen de hogares pobres y crecen en condiciones que restringen para siempre su desarrollo físico e intelectual.

    Hoy, casi la mitad de todos los niños negros y un tercio de todos los niños hispánicos viven en la pobreza. Y la tasa de pobreza entre los niños blancos es más alta que la tasa general de pobreza de cualquiera de los grandes países industrializados.

    A pesar de lo que está invirtiendo en atención sanitaria, Estados Unidos ocupa el puesto 19º en el ranking mundial de mortalidad infantil y es la primera entre las naciones industrializadas en número de embarazos de adolescentes. Además, es el único país desarrollado que no tiene un sistema nacional de salud.

    Finalmente, Estados Unidos es uno de los pocos países que no brinda salario familiar a todas las familias con niños. Todos, pero especialmente los pobres, se pueden beneficiar con los sistemas de apoyo. Eliminar la pobreza y sus efectos es una cuestión de interés nacional. Los niños que crecen fuertes, saludables y dispuestos a aprender no suelen necesitar asistencia social y pueden hacer un valioso aporte a la sociedad.

    UN SISTEMA DE MERCADO LABORAL.

    El sistema de mercado libre norteamericano es menos efectivo en cuanto a acercar a empleadores y empleados, y en cuanto a establecer reglas de empleo, que los sistemas de mercado laboral que utilizan otros países. En Suecia, por ejemplo, un sistema amplio de preparación laboral y obtención

    de empleo convierte al seguro de desempleo en un verdadero último recurso. Suecia no tiene agencias de empleo privadas; en cambio, una red de oficinas locales, administradas por el Estado, lleva la cuenta de cada nuevo empleo que aparece en el país. Cada oficina cuenta entre su personal con consejeros especializados en ayudar a los que buscan empleo a identificar las mejores opciones para cada uno.