jueves, 2 de abril de 2026

    Thorstein Veblen

    De una generación anterior a Keynes, pero contemporáneo de Marshall, estadounidense hijo de noruegos, Thorstein Veblen vio los conflictos internos del sistema capitalista norteamericano y entró en combate, mezcla de profeta, sociólogo y economista.

    El antagonismo entre el Este y el Oeste de Estados Unidos, la lucha de la granja contra la fábrica, el desarrollo de la gran empresa y el capitalismo financiero, el nacimiento de una clase igual a la nobleza europea, originaron multitud de artículos y libros, siempre en tono satírico y combatiente.

    Comenzó por sostener que la economía, como ciencia, está atrasada en comparación con las ciencias naturales. Coincidía en esto con Marshall, cuyas recomendaciones de prudencia al economista son reiteradas.

    Veblen enfatizó el aspecto de la cultura pecuniaria en contraposición a la económica, una cultura del dinero por sí mismo con independencia de los factores reales. Denunció la “emulación pecuniaria”

    que lleva al “ocio y consumo conspicuos”, es decir, al derroche irracional de recursos para obtener prestigio social. Todo se adquiere, no por un valor intrínseco, sino por el efecto demostrativo, uno sí tiene lo que los otros no y es necesario escenificarlo para provocar sentimientos tan poco elogiables como la envidia y el resentimiento.

    Describe el antagonismo entre “negocio” e “industria”: el primer sector lo integran los negociantes, propietarios ausentistas y su séquito, que están muy alejados del proceso mecánico. La ganancia de dinero es la base de su conducta y ponen todo a prueba con ese criterio, como el razonamiento del sheriff de Texas que dice: “Los ricos siempre deben tener razón, porque si no la hubieran tenido no serían ricos”. La industria tiene pensamientos diferentes: se ocupa de las mejoras materiales de la producción y la integran los ingenieros, inventores y técnicos. No existe relación entre los medios de producción empleados por la industria y el capital pecuniario que le interesa al rentista. Los valores del capital pecuniario se capitalizan sobre la base de su capacidad para generar ingresos a sus dueños y se veneran en forma de papeles intangibles que no sirven a ningún propósito material, esto es, las acciones, títulos, warrants.

    Veblen halla que el conflicto entre el capital real y el capital simbólico es la manifestación de la lucha básica de la economía. El capital pecuniario (financiero) crece en forma autónoma debido a la complejidad de la organización moderna como reacción veloz frente a todo cambio externo, ya sea de mercados o de guerra. Por otra parte, el progreso técnico tiende, irrefrenablemente, a reducir el valor del equipo de producción: aparecen medios nuevos, aumenta la eficacia y la tasa de depreciación del equipo existente, disminuyendo la capacidad de generar ganancia.

    Desde el punto de vista rentista, el cambio tecnológico es una fuerza negativa, ya que disminuye sin parar el valor del equipo y crea depresiones económicas. Luego no habrá reintegro de créditos si el valor de las garantías bajó de tal forma.

    El autor analiza el ciclo de forma que los cambios en las condiciones económicas son la expresión de la inflación o deflación excesivas de los valores financieros sobre o bajo la capacidad de ganancia de los activos físicos que esos valores supuestamente representan. La tendencia es que los valores financieros (“pecuniarios”, los llama) aumenten fuera de toda proporción con los activos físicos. Las crisis son la consecuencia inevitable de esa inflación, no una desgracia o un desastre natural.

    Insiste en que la tendencia de la tecnología a progresar es muy poderosa, pero amenaza siempre con reducir el costo unitario y aumentar la producción pasando el límite en que los valores de la empresa pasan a ser gastos fijos, préstamos tomados para operar en condiciones ya inexistentes. Luego, los “custodios del crédito” (los bancos, obviamente) tienen que practicar un sabotaje con forma de negocio, una baja de la producción y un grado prudente de desocupación. La respuesta financiera al progreso tecnológico tiende a mantener los negocios en un estado de semidepresión.

    Veblen, quien escribió esto antes de 1923, pronostica así las crisis del futuro y profetiza que la empresa de negocios norteamericana será parte de una república industrial o retrocederá al feudalismo financiero dominante, una especialidad que los japoneses ya practicaban en 1920.

    ¿margamente, empalma sus digresiones sobre la clase ociosa, el consumo conspicuo, la veneración de los símbolos y la transferencia del poder de decisión económica a los administradores de dinero ajeno, la nueva jerarquía nobiliaria que prevé para el futuro.