Es cierto. A ningún analista financiero se le ocurriría extraer conclusiones sobre la salud y fortaleza de un banco con una mirada al mero ranking de depósitos. Hay otros indicadores que son más reveladores, como la relación entre préstamos y total de activos; o la de depósitos con total de pasivos; la de gastos totales sobre activos totales para revelar la eficiencia operativa; o, por último, la de utilidades sobre total de activos para demostrar la rentabilidad.
Sin embargo, la capacidad de captar depósitos, por anacrónica que pueda parecer como indicador tiene una magia especial. No sólo demuestra tamaño y presencia en el mercado. Establece un orden, un cuadro de honor bancario.
Desde la segunda mitad del año pasado, el primer puesto de ese ranking que tradicionalmente le correspondió al Banco Río (entre los privados), conoció una novedad. El Banco de Galicia se encaramó discretamente en esa posición, aunque el segundo permanecía a escasa distancia. Desde entonces, la alternancia parece insinuarse entre las dos instituciones. Con mínimas diferencias, puede decirse que en materia de captación de depósitos hay por el momento un liderazgo compartido.
En este contexto es interesante contar con una radiografía del Banco de Galicia, y muy especialmente una visión de la estrategia diseñada por la tradicional entidad bancaria. Para ello se entrevistó al presidente del banco, Eduardo J. Escasany, y a dos gerentes en áreas clave para el desarrollo futuro.
Lo que sigue es la condensación del diálogo con Escasany.
– En los últimos meses el Banco de Galicia disputa el primer puesto entre los bancos con mayores depósitos. ¿A qué se debe esa expansión?
– No es el resultado de una política circunstancial. Es, más bien, la consecuencia de una trayectoria dentro del sistema financiero. El Banco de Galicia siempre ha estado en las posiciones de vanguardia en el ranking de depósitos.
La clave de la actual posición se basa en la cobertura y buena distribución de la red de sucursales que facilita el acceso al segmento de personas individuales, lo que permite contar con una base muy diversificada y permanente de clientes y recursos.
Paralelamente, este banco se ha caracterizado por su dinamismo en cuanto a adecuar su estructura organizacional y de productos a las necesidades de sus clientes de acuerdo con la evolución del mercado. Aquí hay que mencionar la reestructuración llevada a cabo por la entidad en el segundo trimestre de 1990, el acceso al mercado de capitales nacional e internacional y la significativa inversión en tecnología, que permitió la conexión en tiempo real de todas las operaciones del banco y configurar, mediante la conexión de todas las sucursales del interior, la red satelital bancaria más importante del país.
– El sector inmobiliario tuvo siempre un papel muy destacado en la evolución del Galicia. ¿Cómo visualiza ese mercado? ¿Cuál es la participación que actualmente tiene el banco en la construcción de unidades nuevas en todo el país?
– Con respecto a la participación del Banco de Galicia en la construcción de unidades nuevas, hemos alcanzado una posición de liderazgo dentro del sector, mediante la financiación de aproximadamente 100 obras ubicadas en Capital, Gran Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Río Cuarto, Mar del Plata, Bahía Blanca, Neuquén y Pinamar.
Lo cierto es que la significativa caída de la tasa de interés que se produjo luego de la puesta en vigencia del Plan de Convertibilidad produjo una importante revalorización de activos, entre ellos los inmuebles. Asimismo, la aparición de líneas de financiación a mediano plazo potenció este efecto en determinados segmentos del mercado.
Aun así, la posibilidad de mantener en el tiempo un crecimiento sostenido del negocio inmobiliario depende de las posibilidades de financiación de los inmuebles terminados. La mayor demanda potencial del mercado se encuentra en unidades que oscilan entre los 40 y 100 metros cuadrados, y cuyos demandantes requieren de mayores plazos de financiación que los vigentes para acceder a las mismas. Para lograr esta ampliación se necesita un tiempo prudencial de estabilidad económica que permita el alargamiento de los plazos de los recursos captados por los intermediarios.
– En los dos últimos años el Galicia concretó una activa política de emisión de obligaciones negociables. ¿Cuál fue el destino de esos fondos?
– La emisión de obligaciones negociables tuvo por objeto disponer de líneas de crédito a mediano plazo para financiar, fundamentalmente, los proyectos de inversión de las pequeñas y medianas empresas. Asimismo, esos fondos permitieron el retorno del banco a un negocio en el que fue líder en el pasado como es el inmobiliario, financiando la construcción y compra de inmuebles.
– Otros bancos también utilizaron esas líneas para créditos al consumo. ¿Ocurrió algo similar en el caso del Galicia?
– Muy poco. El crédito para el consumo lo financiamos con recursos propios. Aunque, evidentemente, como dicen los ingleses, al final del día todo es fungible. Pero en nuestro ordenamiento las obligaciones negociables las dedicamos al financiamiento de las PyMES y el sector inmobiliario, mientras que los recursos para el consumo los financiamos con los depósitos que son recursos de más corto plazo. Porque las obligaciones negociables forman parte de un programa que puede ser a 90 o 180 días, pero son renovables, lo que en realidad las convierte en un recurso a plazo más largo que lo que puede ser un depósito a 30 días.
Hay dos situaciones distintas. La gran empresa o la mediana-grande es la que emite la obligación negociable y algunos bancos le hacen la colocación en el mercado, a veces le hacen el underwriting y luego la colocación. Pero la PyMe no tiene posibilidad de emitir obligaciones por un problema de volumen, ahí es donde el banco emite sus propias obligaciones negociables y les coloca los fondos a la PyMe.
– En materia de obligaciones negociables, si empezamos por las empresas de primera línea y luego las medianas que exporten y por ahí se sigue bajando, ¿no corremos el riesgo de que haya un exceso y aparezca un mercado de junk bonds (bonos basura) en la Argentina?
– Creo que ese riesgo siempre está latente. Yo no me preocuparía por la emisión de las obligaciones negociables de las empresas grandes, pero hablando de las empresas pequeñas que no tienen respaldo suficiente, eso sí que es un peligro. Por eso es importante la función de la Comisión Nacional de Valores y de los organismos que intervienen en la emisión y su posterior cotización en los mercados.
En el MAE debe haber un mecanismo de autorregulación importante. Ese mecanismo no solamente se refiere a la regulación, inspección, contralor de los agentes intervinientes, ya sea bancos o agentes extrabursátiles, sino también a los agentes emisores que en este caso serían las empresas. La preocupación es que, si en el MAE se llegan a negociar acciones, tiene que haber una comisión de títulos que diga cuáles se pueden negociar en ese mercado. Para eso hay que investigar de qué empresas estamos hablando, cuáles son sus balances.
– A pesar de que el banco aumentó el patrimonio neto, ¿esta política de emisión de obligaciones negociables no puede provocar un excesivo endeudamiento?
– No. El Banco de Galicia pudo aumentar su patrimonio neto, a pesar de los desequilibrios que caracterizaron al sistema financiero a lo largo de la década de los ´80, como consecuencia de haber mantenido un nivel de rentabilidad satisfactorio.
Con respecto al nivel de endeudamiento, debo destacar que, debido a la continua desmonetización de la economía argentina hasta el lanzamiento del plan de convertibilidad, el sistema financiero en su conjunto muestra una muy baja relación de pasivos con respecto a su patrimonio neto.
En el caso del Banco de Galicia, al final de 1992, esa relación no alcanzaba a 7, cuando en los países con sistemas financieros desarrollados los bancos tienen una relación de entre 15 y 20. Medido por esta ratio, el sistema financiero argentino es uno de los más solventes del mundo.
En realidad no sólo el endeudamiento no es excesivo, sino que sería conveniente que aumente, para reducir los costos unitarios de funcionamiento de las entidades.
– ¿Cómo avizora el desarrollo del mercado financiero y cuáles son las posibilidades de que las tasas activas exhiban un acercamiento con las tasas inflacionarias?
– Dadas las necesidades de inversión en la Argentina para recuperar un crecimiento sostenido, la tasa de interés del país superará, por un tiempo prolongado, a las tasas internacionales.
En un contexto de consolidación de la estabilidad, el negocio bancario tendrá a su favor la posibilidad de contar con volúmenes crecientes de intermediación y servicios, pero deberá enfrentar el desafío de una mayor competencia que presionará hacia una reducción de los márgenes de intermediación.
El aumento de la intermediación, asimismo, se llevará a cabo en un contexto distinto. El nuevo ordenamiento normativo del sistema que privilegia la emisión de deuda y la eventual puesta en marcha de un sistema privado de jubilaciones harán que una significativa proporción de la intermediación se efectúe vía el mercado de capitales. Por otra parte, las transformaciones que se están llevando a cabo en la economía argentina implicarán profundos cambios en los aspectos cualitativos del negocio financiero. Una economía estable, abierta y en crecimiento necesita de un sistema financiero inserto en el sistema de flujos internacionales de capital, con entidades capaces de competir en igualdad de condiciones con el resto de los participantes. Esto obligará a delinear nuevas estrategias empresarias.
Probablemente habrá un abandono del modelo de banca universal. Así, un significativo número de entidades se especializarán en la atención de determinados clientes y/o negocios. Otras, por su parte, intentarán acceder al mercado masivo de personas, dado el aumento esperado de la demanda de servicios financieros por parte de los mismos.
– ¿No existen expectativas exageradas con respecto a las futuras Administradoras de Fondos de Jubilaciones Privadas? ¿Quién va a ser el primer beneficiado? ¿No será el Estado, a través de la colocación de títulos de la deuda pública?
– Evidentemente, en el caso de las AFJP va a haber un período de transición. Para que el sistema de reparto pueda subsistir es necesario que los Fondos de Pensión inviertan una cantidad muy importante de su portafolio en títulos públicos, que son los que van a financiar el cambio del sistema. Habrá, después, una caída gradual pero que va a llevar tiempo hasta que los fondos de pensión puedan tener recursos para tener peso en el mercado de capitales. Y hay una escalera a partir del segundo año según la cual se les empieza a incrementar a los fondos de pensión la posibilidad de invertir en otros valores que no sean los títulos públicos, llámense acciones. O sea que ya a partir del segundo año hay una escalera donde empiezan a incrementar sus inversiones. Aparte de eso, las AFJP no van a ser los únicos inversores en el mercado y yo creo que una de las preocupaciones del gobierno y del ministro Domingo Cavallo en particular será la de estimular el ahorro en general de toda la comunidad.
– ¿Cómo será en los próximos años la competencia en el sector financiero? ¿Habrá productos sustitutivos y nuevos actores?
– El mercado se acerca rápidamente a una cada vez mayor desintermediación por parte de las empresas grandes y medianas-grandes, que van a acceder directamente al mercado de capitales sin pasar por el sistema bancario. Eso, por un lado, nos va a hacer perder negocios, pero por otro lado vamos a tratar de intermediar en esa desintermediación, aunque por supuesto los rendimientos van a ser menores.
Es un proceso inexorable, que se ha dado en casi todos los países más avanzados. Por otro lado, y ésta es una opinión del banco, creemos que la Argentina tiene un porcentaje de bancarizados, de gente que tiene algún tipo de relación con el banco, que es bajo en relación con el usual en otros países del mundo. Si seguimos con esta estabilidad va a haber más gente que empezará a utilizar los servicios bancarios.
– De alguna manera, en los últimos dos años se ha puesto al marketing en el vértice de la pirámide de prioridades de los bancos.
– En el punto más alto, yo diría. Cambiaron las prioridades. Antes se hablaba de la pelea de los administrativos y los comerciales en cada institución. Esa pelea ahora no existe. Por lo menos en nuestro banco. Lo comercial es número uno, lo demás es un soporte para poder hacer lo comercial. Y lo comercial, a su vez, está en función de la necesidad del cliente.
Miguel Angel Diez.
VENDEDORES DE DINERO.
Daniel Llambías, gerente de la División Mayorista, y Eduardo Arrobas, gerente de la División Minorista del Banco de Galicia, son dos de los mayores vendedores de dinero de la Argentina. Por sus oficinas transitan los intereses de 300 mil clientes personales, 40 mil cuentas de sociedades y entre 60.000 y 70.000 carpetas de crédito, sin contar las tarjetas. No se vanaglorian de tanto movimiento, porque saben que, más allá de las fronteras, los grandes bancos manejan por lo bajo dos millones de cuentas.
Apuestan a aumentar la cantidad de operaciones para automatizarlas y reducir los costos por aplicación de economías de escala. La entidad lleva invertidos US$ 40 millones en tecnología y estructuras con ese propósito. “Tenemos orientado el crédito a tres sectores: personal, PyMEs y grandes compañías”, sostiene Llambías. “Nuestra mayor presencia es en PyMEs y personales, gracias a las 170 sucursales con que contamos en todo el país. La cartera más sólida, sin embargo, es la agropecuaria, porque sólo en la Pampa Húmeda disponemos de 40 bocas de atención.”
Llambías descarta que “los préstamos al consumo hayan sido los más dinámicos, como dicen por ahí, y que los bancos sean causantes de inflación. Estamos en un marco de financiación de mayor producción que consumo. De nuestra cartera, la industria absorbe 22%, el hipotecario, 35%. El consumo son monedas. En total tenemos 60 mil clientes particulares”.
De la composición de los créditos del Galicia, las PyMEs poseen 32%, el agro 13%, grandes empresas 19%, y el resto son financieros. La distribución se canaliza en 105 casas dentro del área metropolitana y 63 del interior, hacia donde va 53% de las operaciones.
El crédito pasó de los 30 a los 180 días. El plazo promedio de la cartera es de 210 días, exceptuando las cuentas corrientes y las operaciones calientes. Pero aún prevalecen las operaciones en dólares porque “como no manejamos las variables macroeconómicas existe menos previsibilidad de lo que sucederá con los pesos. Aún es el Banco Central el que dicta los encajes y las políticas de reservas. En diciembre, expandieron la masa de pesos en el equivalente a US$ 1.000 millones -recuerda- y todavía hay sobreliquidez por 500/600 millones de pesos no absorbidos, que ahora se lanzaron a recoger mediante la venta de dólares”.
Los ejecutivos del Galicia se preparan para 1993 mirando la pauta oficial de crecimiento de 5%.
“Prevemos una desaceleración de los créditos de consumo que toman los particulares y nos imaginamos que se orientarán hacia los inmuebles y los autos”, señalan.
También se proponen entonar el réquiem a las colas. “El desafío que nos propusimos es pasar de una baja insatisfacción lograda en el ´92 al mínimo en las filas que se forman adelante de las cajas. Una vez concluida esta etapa, pensamos en una indemnización al cliente mal atendido, como se hace en algunas instituciones bancarias de Estados Unidos cuando una persona está más de 7 minutos en una cola”, promete Arrobas.
EL BANCO EN CIFRAS.
El balance del Banco de Galicia al 31 de diciembre, que abarca un período de seis meses, muestra ingresos por $ 229 millones y una ganancia de $ 23 millones. Sobre el capital de $ 117,7 millones estos beneficios determinan una rentabilidad de 20%, que disminuye a la mitad si el cálculo se efectúa con respecto al patrimonio neto ($ 238 millones), que además del capital, incluye reservas por $ 69 millones y ganancias anteriores no distribuidas por $ 50 millones.
A esa fecha, mantenía depósitos por un total de $ 1.125 millones, que sumados a otras obligaciones elevaban las deudas totales a $ 1.758 millones.
Dentro de los depósitos, $ 562 millones (49,9%) estaban integrados por operaciones a plazo fijo y $ 349 millones (31%) por cuentas en caja de ahorro común y especial.
Al cierre del balance, sus activos totales sumaban $ 2.033 millones, de los cuales $ 1.283 millones estaban constituídos por préstamos y $ 111 millones por los bienes del activo fijo.
