Según el último ranking de MERCADO,
Gas del Estado ocupa el segundo puesto entre las empresas que
más venden en el país, con $ 1.635,4 millones. ¿Qué
sentido tiene privatizar una compañía de ese volumen,
que además deja ganancias operativas?
-Es cierto que Gas del Estado, históricamente,
no fue deficitaria al más puro estilo de las empresas públicas
argentinas. Lo que no quiere decir que fuera eficiente. Pero fue
una empresa que se manejó con fondos propios, que nunca
tuvo asistencia directa del Tesoro.
Ahora bien, ¿por qué privatizarla? Lo
que ocurre es que el Estado decidió no ser nada empresario.
Y Gas del Estado está dentro de las generales de la ley.
Por lo tanto, más allá de si la empresa es buena
o mala, era una decisión de alta política, de filosofía
de gobierno, que había que implementar.
El paso inmediato fue racionalizar la empresa en
dos planos, el interno y el externo. Más que una empresa,
Gas del Estado era un resorte afectado por decisiones externas.
La Secretaría de Energía decía a qué
precio había que comprar el gas a YPF y a qué precio
había que venderlo. Todo dependía
de para qué lado caía la moneda. Una
vez decía: compren a menor precio y vendan a un nivel más
alto. Entonces los balances eran espectaculares. Ahora, si por
diferentes razones decía: vamos a levantarle el precio
a YPF pero no queremos pasarle el aumento a los consumidores,
entonces el balance no andaba bien.
A pesar de todo eso, el gas se fue desarrollando
y ocupa hoy 40% de la matriz energética. Dentro del ranking
mundial, la Argentina es el tercer país que tiene una participación
del gas tan elevada. (La Unión Soviética es el primero,
con 45%, y el segundo es Suecia, con 42%).
El primer criterio básico fue despolitizar
la cuestión. El gas tiene que ser pagado por las centrales
eléctricas y por el consumidor privado.
-¿En qué condiciones se entrega la empresa?
-Hicimos todo lo necesario para entregar la casa
ordenada. Por el propio sistema de privatización no se
podía encarar ningún tipo de gran obra que significara
endeudarla en el futuro. Pero había una gran falta de mantenimiento;
entonces, nos dedicamos durante estos tres años a poner
en condiciones todos los gasoductos.
El segundo punto fue encarar una racionalización
de personal ordenada, bajo pautas de retiro voluntario. Los primeros
que decidieron si alguien se podía ir fueron los propios
gerentes. Entramos aquí con aproximadamente 11.200 personas
y la vamos a entregar con 8.200, lo que significa una reducción
de 27%. Al mismo tiempo, las ventas desestacionalizadas aumentaron
12%.
-¿Cuál es el grado de endeudamiento de
Gas del Estado?
-La empresa tiene una deuda externa de alrededor
de US$ 1.200 millones. Cancelamos todas las obligaciones que teníamos
con Bolivia. No tenemos deudas previsionales ni impositivas. La
entregamos saneada, funcionando, con un buen índice de
productividad: atendemos a 4.500.000 usuarios con 8.000 personas.
-¿Cuál es la filosofía con que
se establecieron los criterios para privatizar Gas del Estado?
-Los países donde el gas se ha desarrollado
y exhibe tarifas descendentes son aquellos donde el gas está
descentralizado. Esto se ve fundamentalmente en Canadá
y en Estados Unidos. Con el tiempo, el equilibrio de mercado entre
el distribuidor, el transportista y el productor ha permitido
al industrial insertarse en la discusión del valor tarifario.
Nosotros apuntamos a que el gas tienda a bajar de
precio y además a que aparezcan las inversiones en exploración.
En la Argentina, el gas aparece cuando se busca petróleo.
YPF nunca buscó gas. Recién en este momento, desde
1990 en adelante, YPF está recibiendo un precio acorde
con su costo
de exploración. Hoy es negocio buscar gas,
pero no lo era hasta hace un tiempo. Se llegó a veces al
extremo de que se taparan algunos pozos cuando aparecía
gas.
Con esas dos premisas tenemos que conseguir que se
desarrolle un precio de búsqueda de gas y necesitamos que
los principales actores del mercado, que en este caso son los
industriales, tengan la posibilidad de discutir, de elegir su
propia fuente de energía. El hecho de que el Estado tuviera
Agua y Energía, Gas del Estado e YPF, hizo que la balanza
energética la definiera el Secretario de Energía.
-El consumidor de gas para uso residencial no tendrá,
en cambio, opciones.
-Está en una zona de distribución que
es un monopolio natural, no hay opciones en esto. Lo que sí
está previsto es que haya un ente regulador que defienda
sus intereses, para que no pague un sobreprecio teniendo en mala
calidad de servicio.
Lo que va a aparecer en el sector residencial es
una política para inducir al consumidor a usar más
gas, cosa que hasta ahora no se hizo, porque no había capacidad
de suministro. Por ejemplo, nunca entraron al país los
equipos de aire acondicionado a gas. Ahora sería importante
tenerlos, porque hemos levantado nuestra capacidad de producción
y hay que mejorar la curva de venta de gas en verano. Hay que
decirle al señor de su casa que gaste gas, se lo venderé
más barato que la electricidad. Ahí es donde empieza
la competencia entre gas y electricidad.
-En cuanto a la fijacion de tarifas, ¿dónde
está el elemento de la competencia?
-La tarifa de transporte y distribución entre
niveles máximos por cinco años. Son tarifas en peso
convertible o dólar. Pueden vender por debajo, pero no
por arriba. Cada cinco años, los transportistas y distribuidores
se sientan a conversar con el ente regulador y se fijan nuevas
tarifas que pueden ser mayores o menores, según el desarrollo
del mercado. Este es el sistema que funciona en Estados Unidos
y en Canadá. No es un precio por suma de costos, sino una
relación trabajo-servicio-mercado.
Para decidir la división en zonas se tomaron
en cuenta, fundamentalmente, las unidades de costo. La idea es
crear compañías que tengan una masa crítica
que les permita prestar el servicio y desarrollarse, y no compañías
que sean o muy pequeñas o tan grandes que produzcan un
desbalance del sistema. Las empresas empiezan a tener un punto
óptimo de servicio cuando llegan a los 200.000 usuarios.
Cuando pasa de 300.000 usuarios ya hay que crear una compañia
nueva porque ni siquiera hay sistemas de computación que
permitan atender a esa cantidad de clientes. El segundo fue establecer
una base de un millón de metros cúbicos vendidos
por día. Con eso se fueron componiendo las zonas. Lo que
se hizo fue analizar y agrupar provincias para que dieran estas
masas mínimas.
En cuanto a la cuestión tarifaria, lo que
se hizo fue arrancar con tarifas a nivel industrial menores a
las actuales. Realmente, a partir del 1º de enero el industrial
tendrá tarifas menores a las actuales, en algunos casos
hasta 20% más bajas.
-¿Qué va a pasar con el sector energético
y especialmente con el gas en los próximos cinco años?
-La curva de producción de gas está
aumentando ya de manera mucho más fuerte que en años
anteriores. Al privatizar las áreas, aparecen nuevos jugadores
que han pagado por algo y quieren empezar a recuperar, para lo
cual tienen que producir. En los próximos cinco años
la oferta de gas en boca de pozo tiene que aumentar entre 20%
y 25%. Por otra parte, con más gas disponible, el negocio
del transportista es tener mayor capacidad. Creo que en los próximos
cinco años se definirá la construcción de
nuevos gasoductos, sobre todo en la zona norte y de Neuquén
hacia Buenos Aires.
-¿Hay posibilidades de exportar gas?
-Sí. El gasoducto a Chile es una realidad.
Se tardará un año más, pero vamos a exportar
a Chile. Con Brasil, la cuestión es diferente. Mientras
Petrobras funcione con un esquema de subsidio, es imposible que
Argentina le llegue a exportar porque no cerrarán las cuentas.
Pero creo que al día siguiente de que Petrobras empieza
a funcionar como una empresa que disputa los mercados,
aparecerá la difusión del proyecto
de gasoducto. Todo este sistema se va a alimentar desde un centro
que es Bolivia-Argentina. Las cuencas gasíferas son verticales,
corren de norte a sur. Las cuencas que nacen en Bolivia terminan
en Jujuy, en Salta. Ese va a ser el gran pulmón que va
a alimentar un centro industrial como San Pablo.
-YPF, aun con sus costos distorsionados, era el brazo
explorador en la Argentina. Ahora, la prospección va a
estar ligada a la ley inexorable del mercado. Esto puede hacer
bajar el nivel de reservas comprobadas y puede obligarnos a importar
peróleo en algún momento. ¿Es posible que ocurra
algo similar con el gas?
-El horizonte petrolero para la Argentina está
hoy en 10 años, el gasífero, en cambio, está
en 37 años. Es decir que, al ritmo de consumo actual, las
reservas comprobadas alcanzan para alrededor de 37 años.
Por lo tanto, es muy difícil que ocurra esto por un problema
de prospección. Por otro lado, a mí tampoco me asusta
que algún día el mercado decida importar. Si es
más conveniente importar desde el Golfo por razones de
costo, utilicemos lo que sea más barato. Este no es un
problema de filosofía liberal, es una cuestión pragmática.
M. A. Diez.
