martes, 9 de junio de 2026

    ‘Los industriales pagaran hasta 20% menos’


    Según el último ranking de MERCADO,
    Gas del Estado ocupa el segundo puesto entre las empresas que
    más venden en el país, con $ 1.635,4 millones. ¿Qué
    sentido tiene privatizar una compañía de ese volumen,
    que además deja ganancias operativas?


    -Es cierto que Gas del Estado, históricamente,
    no fue deficitaria al más puro estilo de las empresas públicas
    argentinas. Lo que no quiere decir que fuera eficiente. Pero fue
    una empresa que se manejó con fondos propios, que nunca
    tuvo asistencia directa del Tesoro.


    Ahora bien, ¿por qué privatizarla? Lo
    que ocurre es que el Estado decidió no ser nada empresario.
    Y Gas del Estado está dentro de las generales de la ley.
    Por lo tanto, más allá de si la empresa es buena
    o mala, era una decisión de alta política, de filosofía
    de gobierno, que había que implementar.


    El paso inmediato fue racionalizar la empresa en
    dos planos, el interno y el externo. Más que una empresa,
    Gas del Estado era un resorte afectado por decisiones externas.
    La Secretaría de Energía decía a qué
    precio había que comprar el gas a YPF y a qué precio
    había que venderlo. Todo dependía


    de para qué lado caía la moneda. Una
    vez decía: compren a menor precio y vendan a un nivel más
    alto. Entonces los balances eran espectaculares. Ahora, si por
    diferentes razones decía: vamos a levantarle el precio
    a YPF pero no queremos pasarle el aumento a los consumidores,
    entonces el balance no andaba bien.


    A pesar de todo eso, el gas se fue desarrollando
    y ocupa hoy 40% de la matriz energética. Dentro del ranking
    mundial, la Argentina es el tercer país que tiene una participación
    del gas tan elevada. (La Unión Soviética es el primero,
    con 45%, y el segundo es Suecia, con 42%).


    El primer criterio básico fue despolitizar
    la cuestión. El gas tiene que ser pagado por las centrales
    eléctricas y por el consumidor privado.


    -¿En qué condiciones se entrega la empresa?


    -Hicimos todo lo necesario para entregar la casa
    ordenada. Por el propio sistema de privatización no se
    podía encarar ningún tipo de gran obra que significara
    endeudarla en el futuro. Pero había una gran falta de mantenimiento;
    entonces, nos dedicamos durante estos tres años a poner
    en condiciones todos los gasoductos.


    El segundo punto fue encarar una racionalización
    de personal ordenada, bajo pautas de retiro voluntario. Los primeros
    que decidieron si alguien se podía ir fueron los propios
    gerentes. Entramos aquí con aproximadamente 11.200 personas
    y la vamos a entregar con 8.200, lo que significa una reducción
    de 27%. Al mismo tiempo, las ventas desestacionalizadas aumentaron
    12%.


    -¿Cuál es el grado de endeudamiento de
    Gas del Estado?


    -La empresa tiene una deuda externa de alrededor
    de US$ 1.200 millones. Cancelamos todas las obligaciones que teníamos
    con Bolivia. No tenemos deudas previsionales ni impositivas. La
    entregamos saneada, funcionando, con un buen índice de
    productividad: atendemos a 4.500.000 usuarios con 8.000 personas.


    -¿Cuál es la filosofía con que
    se establecieron los criterios para privatizar Gas del Estado?


    -Los países donde el gas se ha desarrollado
    y exhibe tarifas descendentes son aquellos donde el gas está
    descentralizado. Esto se ve fundamentalmente en Canadá
    y en Estados Unidos. Con el tiempo, el equilibrio de mercado entre
    el distribuidor, el transportista y el productor ha permitido
    al industrial insertarse en la discusión del valor tarifario.


    Nosotros apuntamos a que el gas tienda a bajar de
    precio y además a que aparezcan las inversiones en exploración.
    En la Argentina, el gas aparece cuando se busca petróleo.
    YPF nunca buscó gas. Recién en este momento, desde
    1990 en adelante, YPF está recibiendo un precio acorde
    con su costo


    de exploración. Hoy es negocio buscar gas,
    pero no lo era hasta hace un tiempo. Se llegó a veces al
    extremo de que se taparan algunos pozos cuando aparecía
    gas.


    Con esas dos premisas tenemos que conseguir que se
    desarrolle un precio de búsqueda de gas y necesitamos que
    los principales actores del mercado, que en este caso son los
    industriales, tengan la posibilidad de discutir, de elegir su
    propia fuente de energía. El hecho de que el Estado tuviera
    Agua y Energía, Gas del Estado e YPF, hizo que la balanza
    energética la definiera el Secretario de Energía.


    -El consumidor de gas para uso residencial no tendrá,
    en cambio, opciones.


    -Está en una zona de distribución que
    es un monopolio natural, no hay opciones en esto. Lo que sí
    está previsto es que haya un ente regulador que defienda
    sus intereses, para que no pague un sobreprecio teniendo en mala
    calidad de servicio.


    Lo que va a aparecer en el sector residencial es
    una política para inducir al consumidor a usar más
    gas, cosa que hasta ahora no se hizo, porque no había capacidad
    de suministro. Por ejemplo, nunca entraron al país los
    equipos de aire acondicionado a gas. Ahora sería importante
    tenerlos, porque hemos levantado nuestra capacidad de producción
    y hay que mejorar la curva de venta de gas en verano. Hay que
    decirle al señor de su casa que gaste gas, se lo venderé
    más barato que la electricidad. Ahí es donde empieza
    la competencia entre gas y electricidad.


    -En cuanto a la fijacion de tarifas, ¿dónde
    está el elemento de la competencia?


    -La tarifa de transporte y distribución entre
    niveles máximos por cinco años. Son tarifas en peso
    convertible o dólar. Pueden vender por debajo, pero no
    por arriba. Cada cinco años, los transportistas y distribuidores
    se sientan a conversar con el ente regulador y se fijan nuevas
    tarifas que pueden ser mayores o menores, según el desarrollo
    del mercado. Este es el sistema que funciona en Estados Unidos
    y en Canadá. No es un precio por suma de costos, sino una
    relación trabajo-servicio-mercado.


    Para decidir la división en zonas se tomaron
    en cuenta, fundamentalmente, las unidades de costo. La idea es
    crear compañías que tengan una masa crítica
    que les permita prestar el servicio y desarrollarse, y no compañías
    que sean o muy pequeñas o tan grandes que produzcan un
    desbalance del sistema. Las empresas empiezan a tener un punto
    óptimo de servicio cuando llegan a los 200.000 usuarios.
    Cuando pasa de 300.000 usuarios ya hay que crear una compañia
    nueva porque ni siquiera hay sistemas de computación que
    permitan atender a esa cantidad de clientes. El segundo fue establecer
    una base de un millón de metros cúbicos vendidos
    por día. Con eso se fueron componiendo las zonas. Lo que
    se hizo fue analizar y agrupar provincias para que dieran estas
    masas mínimas.


    En cuanto a la cuestión tarifaria, lo que
    se hizo fue arrancar con tarifas a nivel industrial menores a
    las actuales. Realmente, a partir del 1º de enero el industrial
    tendrá tarifas menores a las actuales, en algunos casos
    hasta 20% más bajas.


    -¿Qué va a pasar con el sector energético
    y especialmente con el gas en los próximos cinco años?


    -La curva de producción de gas está
    aumentando ya de manera mucho más fuerte que en años
    anteriores. Al privatizar las áreas, aparecen nuevos jugadores
    que han pagado por algo y quieren empezar a recuperar, para lo
    cual tienen que producir. En los próximos cinco años
    la oferta de gas en boca de pozo tiene que aumentar entre 20%
    y 25%. Por otra parte, con más gas disponible, el negocio
    del transportista es tener mayor capacidad. Creo que en los próximos
    cinco años se definirá la construcción de
    nuevos gasoductos, sobre todo en la zona norte y de Neuquén
    hacia Buenos Aires.


    -¿Hay posibilidades de exportar gas?


    -Sí. El gasoducto a Chile es una realidad.
    Se tardará un año más, pero vamos a exportar
    a Chile. Con Brasil, la cuestión es diferente. Mientras
    Petrobras funcione con un esquema de subsidio, es imposible que
    Argentina le llegue a exportar porque no cerrarán las cuentas.
    Pero creo que al día siguiente de que Petrobras empieza
    a funcionar como una empresa que disputa los mercados,


    aparecerá la difusión del proyecto
    de gasoducto. Todo este sistema se va a alimentar desde un centro
    que es Bolivia-Argentina. Las cuencas gasíferas son verticales,
    corren de norte a sur. Las cuencas que nacen en Bolivia terminan
    en Jujuy, en Salta. Ese va a ser el gran pulmón que va
    a alimentar un centro industrial como San Pablo.


    -YPF, aun con sus costos distorsionados, era el brazo
    explorador en la Argentina. Ahora, la prospección va a
    estar ligada a la ley inexorable del mercado. Esto puede hacer
    bajar el nivel de reservas comprobadas y puede obligarnos a importar
    peróleo en algún momento. ¿Es posible que ocurra
    algo similar con el gas?


    -El horizonte petrolero para la Argentina está
    hoy en 10 años, el gasífero, en cambio, está
    en 37 años. Es decir que, al ritmo de consumo actual, las
    reservas comprobadas alcanzan para alrededor de 37 años.
    Por lo tanto, es muy difícil que ocurra esto por un problema
    de prospección. Por otro lado, a mí tampoco me asusta
    que algún día el mercado decida importar. Si es
    más conveniente importar desde el Golfo por razones de
    costo, utilicemos lo que sea más barato. Este no es un
    problema de filosofía liberal, es una cuestión pragmática.



    M. A. Diez.