viernes, 3 de abril de 2026

    Mañana es demasiado tarde

    Doscientos ingenieros, recluidos en un laboratorio en las afueras de Nueva York, están gestando la próxima revolución de la informática. Fueron reclutados, en un esfuerzo conjunto sin precedentes, por tres gigantes de la electrónica: IBM, Toshiba y Siemens. Su misión es llevar adelante un proyecto que demandará no menos de un quinquenio y una inversión de US$ 1.000 millones: el chip de 256 megabits, la memoria que deberán contener las computadoras del siglo XXI.

    Este es el mayor desafío que se haya impuesto la industria de los semiconductores. Representa multiplicar por 16 la actual capacidad de almacenamiento de los chips de memoria y promete transformar a las computadoras en máquinas que hablan, escuchan y piensan.

    A los socios de esta ambiciosa aventura no los une la simpatía, sino el temor a quedar rezagados en una carrera despiadada. Sólo los mejores podrán cruzar la línea de llegada; muy pocos cuentan con la fortaleza financiera y la estatura tecnológica como para pensar siquiera en competir.

    Además, los potenciales beneficios tardarán bastante en llegar. El actual mercado de los chips de memoria parece saturado, con precios en franca declinación.

    ¿Por qué, entonces, este despliegue de esfuerzos e inversiones? Porque, como en el póquer, el que gane se lleva todo. Quien triunfe en esta carrera tendrá, literalmente, la llave del futuro, la matriz de las nuevas generaciones de computadoras.

    La tecnología actual permite fabricar chips con 2 o 3 millones de circuitos. Lo que se está buscando es un chip con más de 256 millones de transistores, lo que equivale a reducir a un “tamaño de bolsillo” un mainframe. El vicepresidente de IBM asignado a este proyecto, Michael Attardo, pronosticó, entusiasta, que “esto derribará todas las barreras y permitirá que las computadoras conquisten a las masas de consumidores”.

    HITO HISTORICO.

    Es verdad que la tecnología de los chips ha marcado las grandes transiciones en la industria de la informática. La memoria de 64 K abrió el camino a las PC´s. Luego, los chips de 4 y 16 megabits permitieron llegar a las notebooks. Los avances en el terreno de los semiconductores hicieron posible la introducción de la informática en los automóviles, los instrumentos médicos y las telecomunicaciones.

    La mayor capacidad de memoria permitirá que las computadoras más baratas funcionen con programas más complejos. La visión electrónica y el reconocimiento de voz serán características comunes para cualquier equipo standard.

    Las PC´s del futuro podrán hablar y responder oralmente. El teclado se habrá tornado obsoleto (excepto, quizá, para componer un mensaje escrito). Ya no será necesario pulsar teclas para comunicarse con la computadora.

    Pero aún queda por recorrer un largo camino. Nadie puede apostar, todavía, a la confiabilidad de un transistor reducido al espesor de unos pocos átomos. Hasta ahora, las características de un material de este tipo han sido probadas en laboratorios, pero no en aplicaciones comerciales. Las normas que exigirá su fabricación serán extremadamente rigurosas. Ya ahora, las plantas más avanzadas de producción de chips son más asépticas que un quirófano, pero las que vendrán tendrán que multiplicar esas condiciones de asepsia. Esto significa que los equipos deberán estar aislados del contacto humano, lo que a su vez plantea nuevas exigencias de automatización.

    Todo esto lleva a los observadores más optimistas a pronosticar que el megachip tardará entre cuatro y cinco años en llegar a la fase de producción masiva. El costo de construcción de una planta apropiada se estima en US$ 1.000 millones.

    Así y todo, la memoria de 256 megabits no es la “bandera de llegada” para la industria. Más allá se encuentra otra meta, en la que ya están trabajando los laboratorios de IBM y otras compañías: un chip de 1 gigabit, con cuatro veces más capacidad.

    Los fabricantes están trabajando, al mismo tiempo, en varias generaciones futuras de memorias. El chip de 16 megabits acaba de ingresar a la producción masiva, el de 64 megabits se encuentra en las últimas etapas de desarrollo, el de 256 megabits da sus primeros pasos en el laboratorio, y el de 1 gigabit está en la fase de investigación.

    Para la industria de los semiconductores, mañana siempre es demasiado tarde.