viernes, 3 de abril de 2026

    A la expectativa en el geriátrico chino

    Puede ser una exageración. Pero parece que el destino de China -el último gran bastión del marxismo y hogar de más de mil millones de habitantes- depende de quién sea más longevo: Den Xiaoping, de 87 años, o Chen Yu, de 86.

    Si primero desaparece Den, la reforma económica podría estancarse o retroceder, y la matanza de la plaza de Tianamen en 1989 pasaría a ser un pálido reflejo de la represión que puede sobrevenir. En cambio, si Chen Yu le precede, algo muy parecido a un capitalismo y hasta atisbos de libre mercado podrían surgir en apenas una década y, con este proceso, habría un deshielo político que toleraría a la oposición.

    Tal es el formidable poder de estos dos tremendos viejos. Den Xiaoping es un sobreviviente nato.

    Logró superar la purga de la Revolución Cultural con Mao Tse Tung, y a comienzos de los 80 introdujo la reforma económica. Se toleró la propiedad privada en el campo y en la ciudad; los campesinos pudieron vender las cosechas por su cuenta; nacieron pequeñas y medianas industrias, y comenzaron a llegar inversiones extranjeras.

    Al revés que en la Unión Soviética, los chinos optaron por impulsar la reforma económica y congelar todo disenso político. Pero la combinación de inflación y dificultades económicas, y el surgimiento de un fuerte movimiento democrático impulsó a la represión. Fue el tiempo del ala dura de Chen Yu, de persecución y matanza, de la caída de los protegidos de Deng y de la entronización de Li Peng como primer ministro.

    Como la situación económica ha mejorado, parecería que la liberalización proseguirá, porque los inversionistas extranjeros siguen llegando, y un nuevo sector de industriales y empresarios -no opositores- hace fuerte presión. En la reciente apertura del Parlamento, Li Peng se vio obligado a refrendar las tesis aperturistas de Deng.

    SORDA Y FEROZ LUCHA.

    Pero la jugada fuerte ocurrirá antes de fin de año. Será el tiempo de la reunión del decimocuarto congreso del Partido Comunista para fijar las directrices y autoridades por cinco años. Además de los dos ilustres veteranos, las figuras más prominentes son Peng Zhen, de 89 años, Yan Shangkun, de 84 (presidente del país y quien controla al ejército), y Bo Yivo, de 83. Es altamente probable que muchos de ellos hayan desaparecido para el próximo congreso general en 1997.

    La clave del proceso está en la cantidad y calidad de “discípulos” que cada uno de estos ilustres viejos -pero muy especialmente los dos primeros- logren colocar en puestos clave. Esa es la verdadera y sorda lucha de fondo que está teniendo lugar en este momento. La facción que predomine impondrá la línea con la que se comenzará el próximo siglo.

    Deng Xiaoping quiere avanzar en la liberalización económica siempre que ésta se acomode con la ideología partidaria. Es decir, en tanto no se cuestione la hegemonía política del Partido. Chen Yu cree que, inevitablemente, la reforma económica es burguesa y erosiona la base de poder partidaria.

    Preferiría una economía más tradicionalmente comunista, centralizada y rígidamente planificada.