AGRONOMIA-DOW.
Hugo Cetrángolo, profesor de la cátedra “Seminario de Campo II”, que se dicta en la Facultad de Agronomía, era el encargado de acopiar las técnicas y métodos de evaluación de eficiencia agropecuaria experimentados en la casa de estudios durante años y desarrollados con los productores rurales en diversas zonas del país. Con los recursos oficiales en estado de languidez, apareció un nuevo mecenas, la Dow Elanco, interesada en brindar asesoramiento en los lugares de venta para diferenciarse de sus competidores.
La necesidad de la universidad de recibir apoyo para sus investigaciones y la estrategia de la empresa de ampliar su presencia confluyeron en una sociedad cuya finalidad es aplicar en el país el primer programa de “calidad total agropecuaria”, un método de control de plagas, cosecha y comercialización, que comenzó con la soja en las localidades santafesinas de Godeken (con 14 productores) y Maggiolo (10 productores), y se propone avanzar sobre el corazón agrícola pampeano.
Este sistema, que funciona desde diciembre de 1991, dio como resultado una disminución de 60% en las pérdidas. En 100 hectáreas donde se controló científicamente la dispersión de los procesos con respecto al nivel óptimo, se salvaron 435 quintales de soja y se ahorraron 24.650 litros de gas-oil. En total, se recuperaron US$ 7.395.
INTEMA.
Este centro de investigación aplicada depende de la Universidad de Mar del Plata y está orientado hacia el estudio de materiales nuevos y tradicionales. Por el camino de satisfacer necesidades específicas, variando la formulación y el procesamiento de ingredientes de distintas sustancias, el instituto es convocado por empresas para realizar proyectos específicos. A través de un convenio firmado con Petroquímica General Mosconi, los investigadores, técnicos y becarios preparan y estudian catalizadores para control ambiental en gases de combustión.
También, desde hace varios años, con la colaboración de universidades canadienses, desarrollan un proceso de soldadura -el Narroucap- que permite unir grandes espesores, sin preparación de juntas, de una sola pasada y a menores costos. La fabricación de espumas y poliuretanos con capacidad de aislación eléctrica para evitar la propagación de llamas, el desarrollo de tuberías de polietileno, estudios para seleccionar materiales que permiten el control y la protección contra la corrosión aplicables en calderas, tuberías y conductos en general, son algunos de los objetivos logrados.
UBATEC.
Una de las últimas piezas que se entregaron para terminar la dilatada (y esperada) obra de la Biblioteca Nacional lucía en su embalaje una sigla desconocida en el ámbito de los proveedores: Ubatec.
Es un consorcio científico-industrial que nació como sociedad anónima en junio pasado. Su paquete accionario se reparte entre la Universidad de Buenos Aires, la Unión Industrial Argentina (UIA), la Confederación General de la Industria (CGI) y la Municipalidad de Buenos Aires. Esta experiencia comercial que protagonizan docentes y estudiantes, aunque fuera de la casa de estudios, permitirá aplicar parte de las ganancias a la investigación de la UBA.
Desde 1987, hasta la creación del nuevo ente, la dirección de convenios y transferencia tecnológica de la universidad había ejecutado 180 contratos con la industria local por US$ 4 millones. Uno de los más importantes fue el de Interfaz X.25, firmado entre la Facultad de Ingeniería y la empresa informática Centro Instrumental Microtrol de Santa Fe, que permite interconectar computadoras por redes de transmisión de datos a través de una plaqueta diseñada por el Departamento de Electrónica, a cargo del profesor Julio Schuchner. El prototipo salió del laboratorio universitario, la firma que lo adquirió le añadió el software, lo fabrica y lo comercializa en América latina junto con una empresa brasileña bajo la marca Panadata International Systems
Technology.
Ubatec ya empezó a funcionar y entre los primeros proyectos, según informa su titular, Juan M. Dellacha, se encuentra un revolucionario sistema natural de preservación de productos frutihortícolas, llamado “tecnología de factores combinados”, que reemplazaría al enlatado, congelado y deshidratado. También organiza un concurso para empresas innovadoras, que premiará a las que hayan incorporado con éxito tecnología nueva en sus productos, procesos, equipos y componentes durante los últimos tres años.
