Centenares de economistas, filósofos y políticos han aportado, durante el último siglo, ideas, planes y doctrinas para la construcción del socialismo. Otros han dedicado iguales esfuerzos a señalar y denunciar los males inherentes a los sistemas dirigistas o de planificación centralizada.
Curiosamente, el mundo está asistiendo al derrumbe de los regímenes comunistas, sin que se conozca aún una teoría que aborde la cuestión central: cómo emprender el camino de regreso al libre mercado.
En un ensayo recientemente publicado, el estadounidense Charles Wolff, decano de la escuela de graduados de la Organización Rand, enfoca el problema desde una perspectiva original. Los ejes de la transformación, sostiene, son esencialmente los mismos en la Unión Soviética, China o cualquier economía estatizada del Tercer Mundo.
Lo que sigue es una síntesis de las seis medidas estrechamente vinculadas entre sí que Wolff recomienda adoptar simultáneamente para llevar adelante la transformación.
* Reforma monetaria: Es necesario limitar el aumento de la oferta monetaria a la tasa real de crecimiento productivo. También se requiere administrar el crédito de modo tal que los beneficiarios no sean seleccionados por sus antecedentes políticos o sus conexiones con el poder.
* Control fiscal: Deben eliminarse o limitarse los gastos, subsidios y otros mecanismos que afecten la disciplina monetaria y el equilibrio fiscal, en especial las ayudas destinadas a empresas estatales deficitarias.
Se recomienda que las autoridades económicas y del banco central se mantengan institucionalmente separadas.
* Liberación de precios y salarios: Este tercer elemento está íntimamente ligado a los anteriores. La restricción fiscal y monetaria es una condición previa esencial para poner en marcha un proceso en el que los precios reflejen los costos reales y los salarios estén en consonancia con la productividad, para evitar una escalada inflacionaria.
* Privatizaciones: La privatización, la protección legal de los derechos de propiedad y el desmantelamiento de los monopolios estatales, deben acompañar a la liberación de precios y salarios para poner en marcha la competencia. La transferencia de empresas públicas a manos privadas puede hacerse con diversos mecanismos.
* Protección social: El establecimiento de un sistema de seguridad social es esencial para el éxito de la transformación. Sin este elemento, el proceso puede frustrarse bajo el peso de las tensiones y la inestabilidad política. En las economías de planificación centralizada, hay que reemplazar la protección a los trabajadores y sus familias, a cargo de las empresas estatales, por la que deberá prestar el gobierno, que financiará el nuevo sistema mediante impuestos.
* Libre convertibilidad de la moneda: Esta medida es necesaria para permitir la vinculación de la economía interna (y sus precios, salarios, productividad y desarrollo tecnológico) con el mercado mundial. sólo así pueden aprovecharse las ventajas y los costos comparativos.
Contrariamente a lo que se cree, la convertibilidad con una tasa de cambio flotante puede iniciarse y sostenerse sin contar con altas reservas de divisas, siempre que las otras medidas del paquete particularmente la disciplina fiscal y monetaria y la liberación de precios hayan sido eficazmente aplicadas.
Polonia estableció la convertibilidad de su moneda a principios de 1990, a pesar de que el país soportaba el peso de una deuda externa de US$ 50.000 millones. No utilizó, durante el primer año, un préstamo de US$ 1.000 millones concedido por EEUU para esos fines. Aun así, logró acumular reservas en divisas por US$ 2.000 millones.
EXPERIENCIAS RECIENTES
Según el esquema propuesto por Wolff Polonia es el país que con mayor coherencia y vigor ha llevado adelante la transición a una economía de mercado. Su déficit fiscal se redujo de 8 a 1% del PBI. Casi todos los precios fueron liberados y la moneda (el zloty) mantiene su convertibilidad a una tasa estable desde enero.
Sin embargo, los polacos no han hecho lo suficiente en materia de privatizaciones y eliminación de los monopolios estatales. Han demorado, por otra parte la reforma del régimen salarial, necesaria para crear incentivos a la productividad. Estas falencias se reflejan en los actuales problemas de inflación.
La Unión Soviética muestra los resultados más desalentadores entre los actuales intentos de transformación. Los precios de la mayoría de los bienes de consumo y de las materias primas básicas siguen controlados, aunque a niveles más altos fijados por el gobierno. A pesar de la intención oficial de recortar el gasto fiscal, continúan otorgándose subsidios y créditos a muchas empresas públicas deficitarias. Las convertibilidad del rublo permanece aún en el terreno de las discusiones teóricas.
El de China es un caso intermedio entre la audacia de Polonia y la renuencia de la URSS. La reforma emprendida en el sector rural durante los años ´80 tuvo resultados netamente positivos. Pero, a pesar de la progresiva desregulación de los precios, los salarios siguen bajo control. Las privatizadores, especialmente a través de emprendimientos conjuntos con inversionistas extranjeros, alcanzaron un modesto progreso.
Aunque no ha habido una decisión explicita de avanzar hacia la libertad de cambios, la disciplina fiscal y monetaria contribuyó a crear una situación en la que la paridad del yuan en el mercado negro es sólo 30% más alta que la tasa oficial.

