
LIBRO BLANCO DE LA RSE | Carta del Directo20

Hace dos años, lo que se presentaba como “la mayor recesión en más de un siglo” fue conjurada con una medida heroica: la inmensa deuda privada de las potencias centrales fue estatizada. Pasó a estar en cabeza de los estados nacionales. Ahora, dos años después de lo que parecía la salida de la crisis, la amenaza vuelve redoblada.
Pero ahora es peor. No quedan instrumentos que utilizar. Sin embargo, los estados centrales siguen emitiendo títulos y papel dinero en su afán de lograr alguna recuperación. Y es probable que obtengan magros resultados positivos. Pero también es cierto –tal vez en dos o tres años más– que se acerca el momento del gran sinceramiento.
¿Qué harán las empresas –todas, y en especial las que adhieren a la RSE– ante este contexto? Cuando hay viento a favor, las empresas dedican esfuerzos y recursos para desplegar acciones y programas. Pero cuando viene una crisis, el instinto de supervivencia está primero y los programas se congelan. Los que discrepan, recuerdan que fue en la crisis de 2001 cuando la idea se expandió a enorme velocidad. Pero los que creen que la RSE es hija de la bonanza económica señalan retrocesos a partir de 2008 con la crisis de ese momento.
La primera consecuencia es la discusión en torno a un cambio de paradigma. Los nuevos hechos han puesto bajo las luces algunas realidades que hasta hace pocas semanas merecían solamente discusiones académicas.
Es probable que el estado del debate sobre la Responsabilidad Social Empresaria cambie y se acelere en forma notoria. El gran tema en discusión será si el desarrollo sustentable forma parte de la RSE, o si en verdad la RSE es un mero capítulo del desarrollo sustentable.
Una revisión integral
El concepto que gana en profundidad es el desarrollo sostenible o sustentable.
Pero además, todos deben revisar criterios y presupuestos teóricos. Aun los impulsores del modelo sustentable creían hasta hace poco que el eje era salvar la brecha entre países ricos y pobres, impulsando un capitalismo nuevo, más inclusivo. Pero al paso que avanzan los acontecimientos tal vez haya que plantearse una refundación integral del capitalismo y analizar el nuevo rol del sector privado en este contexto.
Los ejecutivos que eligen ignorar el debate sociopolítico no advierten la dimensión del riesgo. Cuando un negocio no percibe el cambio del viento político o social, puede ser tomado por sorpresa y señalado culpable de pecados que desconoce.
Con este marco teórico y fáctico, esta edición del Libro Blanco de la RSE pasa revista al estado del debate a escala global, al grado de discusión en nuestro país, con las opiniones y puntos de vista de los principales actores en nuestro medio.
Sobre estrategias sostenibles, es evidente que hay mayor innovación social y empresaria en la agenda. La gente tiende a advertir que un planeta con 9.000 a 10.000 millones de habitantes en la segunda mitad del siglo será imposible. No importa cuánto progreso tecnológico se logre ni cuántos cambios geopolíticos afecten –para bien o para mal– los sistemas de gobernabilidad.
Queda claro que ser sustentable pasa a ser buen negocio. Todo parece indicar que la sociedad, hiper informada y atenta, exigirá cada vez más a las empresas una conducta social y ambientalmente responsable. Esto, enfrenta a los futuros ejecutivos al desafío de lidiar con temas imprescindibles pero que, hasta el momento, poco se aprenden en las escuelas de negocios.
Como siempre, publicamos dos encuestas: una entre público general para determinar la percepción de la opinión pública sobre la RSE y sobre el mérito de lo que hacen las empresas; y la otra, entre directivos de empresas que evalúan en qué punto se halla la cuestión.
La sexta encuesta anual de DatosClaros para testear la opinión pública ratifica que la mayoría ni siquiera escuchó el concepto de RSE. Pero, también, que pretenden que las empresas lo apliquen y hasta dicen que podrían basar sus compras en eso. Surge quiénes son socialmente responsables y quiénes no en el imaginario colectivo.
El gran tema cuando el universo está conformado por directivos de empresa –la segunda encuesta– es si tiene sentido el accionar en RSE. Por un lado, los ejecutivos dirán que sí, porque consideran que mejora los lazos con el cliente y deja a la empresa mejor parada ante una crisis, entre otras cosas. Sin embargo, año a año viene reduciéndose el porcentaje de compañías que encaran programas de sustentabilidad.
El foco está puesto –a través de los testimonios de importantes actores en el campo de la RSE– en la aparición de un conjunto de tendencias sociopolíticas que afectan radicalmente la vida de la gente, de la comunidad y de la sociedad. Por el otro, la gente, el público, tiene cada vez más poder para hacer valer sus intereses.
Está por definirse un nuevo paradigma.

