Opinión |

Hace pocos meses, nadie hablaba de la falta de liderazgo político en los países centrales. Tímidamente, el tema se abrió camino después que Estados Unidos coqueteó con el default, al borde del abismo. Pero desde hace unas semanas, con la interminable crisis en la Eurozona, la afirmación vuelve a ser moneda corriente.
En días aciagos, o al menos inquietantes, se pretende mayor firmeza y decisión de los dirigentes políticos y sociales en cualquier comunidad.
En Latinoamérica, una de dos: o ya hay liderazgos fuertes y oportunos, o la situación todavía nos lo torna necesarios. Cada vez que los dirigentes europeos montan un show de unidad tras un “gran plan”, las bolsas y los mercados financieros reaccionan con entusiasmo, hasta que la esperanza se desvanece y todo se derrumba nuevamente.
Pero sin duda la situación es grave. Es probable que finalmente, en la primera mitad de noviembre haya realmente un plan de acción. Pero aun así, si se evita una catástrofe como el colapso griego, el panorama de la economía mundial es deprimente y el crecimiento se detiene o se torna muy lento.
En tanto, hay que lograr resultados concretos en la situación griega, fortalecer a los bancos europeos y salvar a otros países del continente del riesgo de insolvencia. Lo que esta situación tiene de inédito es que se está registrando “la gran convergencia” en los niveles de vida entre países ricos y pobres, a medida que estos adoptan la tecnología, las habilidades y muchas de las políticas que dieron ventaja al Occidente capitalista.
Cierto: China e India son buenos ejemplos de esta tendencia, pero otros países asiáticos, africanos, y en especial toda América latina se suman al proceso. A este ritmo, estima el FMI, en 2013 los países emergentes estarán produciendo más de la mitad del producto bruto global, por lo menos medido en PPP (purchasing-power parity). Los países occidentales son cada vez menos ricos, en proporción, y los emergentes ascienden en la escala de la riqueza. Tres cuartas partes de los países pobres –no productores de petróleo– tuvieron un ingreso per cápita más rápido que Estados Unidos entre 2000 y 2007. Si los mercados emergentes siguen creciendo tres puntos por encima de EE.UU. (una estimación conservadora) representarán dos terceras partes del producto mundial para 2030.
La región, a prueba
Aunque por ahora la región sigue resistiendo bien la crisis en Estados Unidos y Europa, sus economías ya no muestran los marcados superávits ni las expectativas de crecimiento a que se habían acostumbrado en el último quinquenio. La profundización de la crisis podría poner a prueba la solidez de la economía de unos cuantos países.
Beneficiada actualmente por los precios de las materias primas, la región tiene previsto crecer un promedio de más de 4% este año y algo menos el año próximo. El FMI pronostica en su World Economic Outlook que Brasil, por lejos la mayor economía de la región, crecerá 3,8% en 2011 y 3,6% en 2012, lo mismo que México, la segunda.
Con una salvedad: si se instala la recesión en Estados Unidos, México, los países caribeños y centroamericanos podrían verse fuertemente afectados. También una desaceleración económica en China podría provocar una caída en los precios de los commodities, lo cual aplicaría un paño frío a los principales productores sudamericanos, como la Argentina y Perú.
Eso, a su vez, podría llevar a una rápida salida de capitales, lo cual llevaría a un ajuste de las tasas de intercambio y a mayor déficit de cuenta corriente. Hasta ahora, la gran defensa contra esto era el alto nivel de reservas.
Pero si bien el panorama inmediato aparenta ser de color de rosa, el Banco Mundial advierte que la creciente exportación a China de productos agrícolas y minerales sudamericanos no parece estar aumentando la productividad, algo necesario para el crecimiento a largo plazo. Según el banco, las dificultades de América latina para aumentar la productividad se debe en parte a las exigencias salariales de sus trabajadores calificados. Sin embargo, la experiencia de Asia muestra un aumento sostenido en los retornos sobre la educación, lo que sugiere que el sistema educativo de América latina no está produciendo las habilidades que las compañías necesitan para competir en sectores de la nueva economía. La excepción está en el sector commodities, donde se observa un importante movimiento hacia arriba en la cadena de valor.
La zona en estado de alerta
La reducción paulatina de la demanda en Asia y del precio de los commodities se pasea sobre América latina como un fantasma que amenaza con poner fin a la suerte que hasta ahora permitió que toda la zona se salvara de la Gran Recesión 2008-09.
Hay consenso en que una nueva recesión haría más daño que la anterior y no gozaría de los mismos efectos positivos del crecimiento en India y China. Además, sería mucho más global y atemorizaría mucho más a los mercados mundiales.
El cobre, principal exportación de Chile y Perú, los dos mayores productores del metal, cayó 27% este año a US$ 6.990 la tonelada, precio que está por debajo del promedio de los últimos cinco años. La soja, que representa la cuarta parte de las exportaciones argentinas, cayó 11%.
Mientras tanto, el petróleo, que representa 90% de las exportaciones de Venezuela, se mantiene relativamente bien. Pero a US$ 100 el barril, el Brent está 20% por debajo del pico de este año y solo US$ 17 por encima del promedio del quinquenio. No obstante, la escasez de la oferta significa que la caída va a ser leve y no dramática.
Para impedir la desaceleración interna, las economías mejor manejadas de la región todavía tienen armas poderosas para usar. Hay margen para recortar las tasas de interés, los niveles de deuda soberana siguen bajos y las reservas de divisas, altas.
Pero lo cierto es que hoy tienen menos munición fiscal para disparar de la que tenían hace algunos años. El Fondo Monetario Internacional advierte que el gasto de los Gobiernos sigue alto, especialmente en la Argentina y Venezuela.
Varios países están acumulando déficit estructural de presupuesto luego de implementar los fuertes paquetes de estímulo de 2009. Pero, en términos generales, puede decirse que América latina ha manejado el reciente boom de commodities mejor que en ciclos anteriores.
Nadie, entonces, está anunciando catástrofes para una región que en muchos sentidos está en mejor situación macroeconómica que el mundo desarrollado. Los sistemas bancarios están sólidos, aun cuando muchos de los bancos son extranjeros. Las cuentas fiscales están sólidas y la inflación es baja.
Según el FMI, en 2011 y 2012, la desaceleración económica global va a resultar en un “deterioro modesto” para las economías latinoamericanas de mayor crecimiento. Con todo, una caída prolongada de los precios de las materias primas significaría el primer test real a lo que casi se ha convertido en la nueva ortodoxia regional.

Brasil, desacelera
La economía brasileña se encamina a un enfriamiento. Goldman Sachs anunció una revisión de su pronóstico para el PBI brasileño de 3,5% este año, que sería menos de la mitad del de 2010, cuando su economía se expandía a razón de 7,5%.
La economía sigue boyante apoyada en un fuerte crecimiento en servicios, que representa alrededor de dos tercios de la economía, comparado con solo 15/20% para el sector industrial. Las ventas minoristas siguen creciendo mientras el consumo se expande. Pero la fortaleza del real, que a pesar de recientes caídas sigue firme frente al dólar, hace difícil a los fabricantes nacionales competir con las importaciones baratas, especialmente las provenientes de Asia.
La producción industrial de agosto cayó 0,2% comparada con el mes anterior, lo cual indica un estancamiento o una contracción de la manufactura en el trimestre que finalizó en septiembre.
Una contracción marcaría el segundo trimestre consecutivo de caída en la producción industrial en comparación con el trimestre anterior y señalaría una recesión en la industria nacional. La consiguiente erosión de la confianza lleva a una mayor volatilidad del mercado, algo que podría convertirse en otro lastre para la actividad industrial en los próximos meses.
Uno de los sectores más afectados es el automotor, que con menos ventas, resulta en un acrecentamiento involuntario de los inventarios.
Si bien los consumidores brasileños todavía compran con entusiasmo, la baja en los precios de los commodities y el menor ingreso de capitales podrían poner un freno al crecimiento.
El banco central ya comenzó a recortar las tasas de interés, pero si el crecimiento se reduce a menos de 3,5 /3%, el Gobierno podría intervenir con medidas monetarias y fiscales más agresivas.

