domingo, 8 de marzo de 2026

    La imagen al alcance de sus manos

    TECNOLOGÍA |

    Por Mauro Maciel


    Peter Lang

    Hubiera sido muy difícil, de no contar con ese enorme generador de ventas que es la industria de Hollywood, batir semejantes cifras de récords como lo hizo Avatar, la película dirigida y producida por James Cameron y estrenada en 2010. Con un presupuesto inicial de casi US$ 250 millones, más otros US$ 150 millones en las acciones de promoción y difusión, en menos de dos meses se convirtió en el primer film en superar los US$ 2.000 millones en recaudación. Una situación similar sucedió con Alicia en el país de las maravillas, bajo la dirección de Tim Burton, presentada el mismo año.
    Ambas súper producciones contaron con la particularidad de que fueron exhibidas en formato 3D. Por ello, ante el éxito mundial de taquilla, resulta fácil creer que se trata del inicio de una nueva era en la comunicación audiovisual, que además del cine podrá extenderse a la televisión, Internet o los teléfonos celulares.
    En rigor, las películas de cine tridimensionales han llegado al público a través de olas progresivas y discontinuas. Uno de los primeros, o más reconocidos, filmes fue Terror en el museo de cera, del año 1953. Con el tiempo, fueron surgiendo a través de los años producciones en 3D cuya cualidad saliente fue la variabilidad constante de picos de éxito y de depresión, pasando desde la novedad al ninguneo. Pese a que la aceptación del público en la mayor parte de las veces era favorable, la necesidad de las salas de cine de tener que readaptar sus instalaciones para este tipo de iniciativas resultaba un argumento de peso suficiente para no dar continuidad a propuestas en esta categoría.
    Fuera del ámbito cinematográfico, las proyecciones 3D han adquirido un rol protagónico en museos, parques temáticos, exposiciones y lanzamientos de productos. “En el único lugar donde este tipo de películas ha funcionado bien (y aún lo sigue haciendo) es en parques temáticos, como Disney o Epcot”, señala Peter Lang, uno de los argentinos pioneros en las producciones audiovisuales, especialmente la multivisión y la tridimensión. “Tal vez la razón radique en que aquellas son instalaciones permanentes, que están muy bien hechas. Hoy una gran mayoría de los cines están equipados para proyectar en 3D, gracias a la tecnología digital y se espera que este año se abran en la Argentina cerca de 100 nuevas salas 3D. En ese sentido, la tecnología ha ayudado muchísimo a simplificar estos aspectos”.

    De la diapositiva al 3D
    En los comienzos de la década de 1970, aún en formato de diapositiva, Buenos Aires Uno fue el primer proyecto emblemático que Peter Lang llegó a presentar nada menos que en Nueva York o en sitios más remotos, como Teherán. Luego, la proyección se exhibiría en un evento organizado por Paloma Efron (Blackie), llamado La Ciudad, que además contaría con la música de Astor Piazzolla. “Para mí la imagen es una coreografía que sobrevuela la música”, señala Lang. “La música es lo que le da el carácter emocional a cualquier pieza audiovisual”.
    Por aquel entonces no existía el desarrollo en herramientas tecnológicas que hoy se encuentran a disponibilidad de editores y diseñadores, y que permite inclusive que muchos aficionados se animen a producir creaciones caseras con la sencilla excusa de encontrar un pasatiempo. “En aquella época no había tecnología y, por lo tanto, cada uno tenía que desarrollar su propia tecnología. Hoy nos encontramos con que existe más tecnología, que imaginación y contenidos. En la actualidad, la tecnología te soluciona todo”, sostiene Lang.

    Conceptos básicos tridimensionales
    No obstante, aun con la ventaja que implica contar con la tecnología como un aliado, hablar de contenidos cuyas producciones hayan sido realizadas auténticamente en 3D no es moneda corriente.
    “Auténticamente tridimensional significa que los contenidos estén fotografiados, grabados o filmados con dos cámaras separadas a la distancia interpupilar –explica Lang–, que en el contenido haya un concepto de lo que es el lenguaje tridimensional frente al lenguaje bidimensional. En dos dimensiones contamos con una serie de recursos creativos muy interesantes, tales como trabajar con foco diferenciado, teleobjetivo o poner un objeto fuera de foco adelante y otro detrás, por ejemplo. Todo eso no existe en 3D.
    Un elemento básico que no existe en 3D es el zoom, porque los seres humanos no tenemos zoom en la vista, y si queremos ver algo de cerca nos acercamos, y nos alejamos si lo queremos ver de lejos. Entonces, un buen manejo del 3D es respetar la fidelidad de la visión del hombre, y si se necesita ver un objeto, un sujeto o una escena con mayor precisión simplemente habrá que acercar la cámara”.
    Es probable que por esa razón, y quizá algunas otras, el uso de la tridimensión no ha llegado todavía a las transmisiones de eventos deportivos, donde la técnica del zoom se practica con normalidad. Según Lang, en esos casos será necesario respetar ciertas normas. “Aunque todavía no existen, habrá que crear un tipo de cámara especial. Los prismáticos, por ejemplo, tienen las lentes de adelante bastante separadas de las de atrás porque, con el teleobjetivo, si se conserva la distancia interpupilar, se achatan tanto los objetos que finalmente no se ven en 3D. Entonces, a medida que se aumenta la distancia focal de una lente, haciéndola más tele, habría que ir separando más los ángulos de la visión. Ese tipo de cámaras que todavía no existe, me imagino que la van a tener que inventar, si el objetivo es trasmitir eventos deportivos en 3D con la calidad que corresponde”.

    Usos y costumbres
    Otra cualidad observable en el ámbito 3D es el plano cultural. Por un lado, Peter Lang destaca los diferentes modos de abordar los contenidos tridimensionales que existen entre las personas más avanzadas en edad y las generaciones más jóvenes. Mientras que para los primeros, este tipo de tecnologías no deja nunca de ser una novedad, para los segundos, se ha convertido en un género tan atractivo como habitual. Sumado a eso, aparece el uso de los anteojos 3D, como accesorio vital para percibir las imágenes tal como han sido planeadas. No son pocos los que reconocen sentirse ridículos frente a una pantalla de cine o televisión con un par de marcos de cartón rellenos de papel celofán, montados sobre sus narices.
    “Por lo general, hasta ahora se ha hecho un mal uso de los anteojos que comúnmente conocemos, llamados de anaglifo, de color rojo y azul, nacidos a fines del siglo 19, cuando las películas estaban hechas en blanco y negro. En realidad, es un sistema creado para ver en blanco y negro, no para toda la gama cromática.
    Cuando empezaron a aparecer las películas en color y quisieron aplicar en ellas el mismo tipo de anteojos, lo que se consiguió fue ver una imagen muy desagradable de tinte violáceo o rosado que no permite distinguir bien los colores. Con los anteojos polarizados, en cambio, que son los que se usan ahora, los colores se ven de manera estupenda y la imagen es casi perfecta. Además, como se están respetando las reglas básicas del 3D, ya no produce cansancio visual tener que acomodarse a ver cosas que nuestros ojos no están acostumbrados a ver.
    De cualquier manera, en este campo existen señales de que pronto las gafas dejen de ser necesarias para el público. “Otra característica que permite que el 3D tenga una explosión de alcance global es la posibilidad de que hoy una producción tridimensional pueda ser vista en la computadora, en un plasma, en un celular, en el cine. Tal es así, que ya se está trabajando en los displays autoestereoscópicos, que permiten una visión tridimensional sin anteojos. Se trata de pantallas plasmas o displays como cualquier otro que tienen un sistema de lentes dispuestas en forma vertical, que hacen que el observador vea en forma fusionada con un ojo, un ángulo, y con el otro ojo, otro ángulo, alternativamente.
    La Argentina se encuentra más o menos en el mismo lugar que la mayoría de los países, en materia de 3D. Hay gente que hace tiempo está trabajando en tres dimensiones, sobre todo en animación. De hecho, el director premiado con un Oscar, Juan José Campanella, está por hacer una película en 3D animada. También Gaturro hizo un trabajo de animación tridimensional en 2010.
    “Entre los países más adelantados aparecen Japón, China y Corea –cuenta Lang–. Algo se está haciendo también en Europa, en Inglaterra y Alemania, aunque más enfocados a la parte técnica. Y desde luego que Hollywood está involucrado en este tipo de formatos”.
    Como si fuera poco, en los países de mayor desarrollo los contenidos tridimensionales también han empezado a tener presencia en ámbitos educativos, donde programas diseñados en asignaturas como geografía, biología o anatomía permiten alcanzar niveles de atención y retención de los alumnos que superan en 90% a los formatos tradicionales.