jueves, 12 de marzo de 2026

    El gran cambio en la industria farmacéutica

    ESTRATEGIA | Empresas

    Eso parece cambiar. A medida como las principales firmas del mercado afrontan la expiración en 2011/13 de patentes exclusivas por alrededor de US$ 130.000 millones solo en Estados Unidos, ya no es posible depender de unas pocas especialidades para mantener o aumentar ventas. Por el contrario, tratan de diversificar o crear farmoquímicos a costos muy inferiores al promedio por producto citado como referente: algo más de US$ 800 millones.
    “Todos reconocen que los actuales modelos tienen menor tasa de retorno que en el pasado”, señala David Blumberg, asesor de la consultoría KPMG. “Las compañías apelan entonces a compra de pequeñas empresas, acuerdos de licenciamiento o desarrollo de drogas orientadas a pequeños grupos de pacientes, mal llamadas ‘sin mercado’”.
    En 2009 –año pésimo para la economía y las finanzas–, la biotecnia (el aprovechamiento con fines económicos de los procesos físico-químicos desarrollados por los seres vivos) acumuló un récord de US$ 55.800 millones, o sea 86% sobre 2008. Mucho de ese incremento se originaba en acuerdos de licenciamiento, por los cuales una compañía paga por los derechos a comercializar determinado compuesto desarrollado por otra.
    Durante 2010, continuó la racha. Por ejemplo, Pfizer licenció de la israelí Protalix Biotherapeutics –por US$ 60 millones y con alcance mundial– un tratamiento para el mal de Gaucher, raro déficit enzimático. Por ende, la mayor farmoquímica del planeta pasaba a cubrir necesidades de apenas cientos de pacientes, no ya los millones típicos del modelo convencional.
    Entretanto, la suiza Roche tercerizó algunos descubrimientos a la biotecnológica belga Galápagos. El convenio permitirá a esta obtener hasta US$ 573 millones aplicando el hallazgo de su licenciadora: un compuesto para tratar un trastorno obstructor pulmonar (TOP).
    Entre las experiencias más radicales se halla una decisión de la estadounidense Eli Lilly: permitir a contratistas externos ensayos con moléculas patentadas por el gigante. En los últimos 10 años, por cierto, grandes farmacéuticas han estado aceptando que operadores externos –universidades inclusive–conduzcan pruebas clínicas e investigaciones en sus laboratorios. Pero trabajar con moléculas en fases tempranas de desarrollo implica compartir secretos generalmente bien guardados, una estrategia muy poco usual en un sector tan cauto.
    Eli Lilly no está sola. La británica GlaxoSmithKline ha resuelto dejar que socios biotecnológicos menores vayan más allá de las etapas iniciales de desarrollo. En la actualidad, los científicos de GSK deben exponer ideas a paneles de ejecutivos propios y expertos ajenos, si desean obtener financiamiento para nuevos proyectos.
    Por su parte, otra hélveta, Novartis, directamente descarta el viejo modelo de medicamento para males de amplio mercado (por ejemplo, Alzheimer o tumores), a favor de enfermedades cuyos mecanismos son mejor conocidos. En otras palabras, donde existen más probabilidades de hallar terapias adecuadas.

    Foco en lo científico
    Estas estrategias suponen que, reenfocándose en lo científico, no ya en el marketing, las compañías vuelvan a producir especialidades efectivas. Es toda una apuesta, pero las farmoquímicas no tienen otras opciones a mano. “Afrontamos contextos innovadores, poco usuales”, señala Blumberg. “Cuando la tercerización comenzó a extenderse en varias industrias, se decía que no llegaría a lo estratégico, o sea al núcleo del negocio. Hoy, una farmacéutica tras otra tercerizan aspectos claves de investigación y desarrollo.
    Según Lawrence Hrebiniak, analista de Wharton, “los temas organizativos y estructurales atinentes a nuevos tipos de alianzas pueden ser tan espinosos como los técnicos y científicos. El problema es que se lidia con investigadores que quieren ser dejados solos. Por ende, resulta imposible intentar burocratizar o regimentar la innovación y someterla a pautas rígidas. Así, el socio tercerizador podría tomarse libertades incompatibles con la estrategia de la tercerizante, haciendo peligrar la coexistencia entre grupos en aras de la autonomía”.
    Invertir en alianzas tercerizadoras requiere también aptitudes todavía ajenas a las compañías farmoquímicas. Por ejemplo, Cisco Systems se ha hecho famosa por su estilo disciplinado hacia las fusiones y adquisiciones, centrado en entender qué nuevas tecnologías serán efectivas o rentables. En ese plano, sostiene Hrebiniak, “es relevante la diligencia debida en la localización de socios adecuados para F&A o emprendimientos conjuntos y en captar e integrar tecnologías asequibles”.
    Algunas farmoquímicas han demostrado que pueden hacer todo eso. Ya en 2009, en una movida que pareció estratégicamente correcta, Roche tomó 44% de la estadounidense Genentech. Esto consumaba una sociedad que ya había gestado tres específicos claves para Roche: los anticancerígenos Avastin, Hercetin y Rituxan.

    US$ 12.000 millones
    Las ventas de farmoquímicos en India vienen subiendo desde 2005 a razón de 14% anual acumulativo. Su motor es el aumento de ingresos individuales, amén del auge de cardiopatías, diabetes y tumores. El Gobierno federal y los provinciales prohíben publicitar especialidades bajo receta. Por ende, gigantes como GlaxoSmithKline (Gran Bretaña) o Pfizer (Estados Unidos y primero del mundo en tamaño) despliegan 100.000 visitadores este año y proyectan triplicarlos hacia 2020.
    Por cierto, US$ 12.000 millones anuales de facturación son un incentivo irresistible y explican el molesto asedio sobre los especialistas que recetan fármacos complejos y de alto precio.
    Naturalmente, los 10 mayores laboratorios autóctonos, con Ranbaxy, Cipla y Dr.Reddy’s al frente, incrementaron a más de 6.000 su fuerza combinada de promoción (no son vendedores sino agentes de propaganda médica). Esto solo en el ejercicio contable 2010/11, que cerró el 31 de marzo.
    Las cifras reflejan una peculiaridad india: la sobreabundancia de oferta. Existían a fines de 2009 unas 92.000 marcas registradas en el vademécum nacional. Cabe señalar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene en lista solo 340 específicos esenciales y drogas básicas.
    “La cantidad de marcas indias representa por lo menos 30 veces las de Estados Unidos o Europa occidental”, revela Chandra M. Gulhatí. Se trata de quien publica la edición local de la enciclopedia médica internacional (MIMS en inglés). Por supuesto, casi 90% de las recetas corresponde a genéricos, o sea medicamentos cuyas patentes exclusivas han vencido. En India, pues, abundan los “genéricos de marca”.
    Por ejemplo, Zocor –anticolesterólico de Merck– se comercia como Simvatin (Randaxy), Simcard (Cipla) y Starstat (Lupin). De acuerdo con MIMS, los precios pueden variar hasta 75% para arriba o abajo en el formato de 10 cápsulas.

     

    Steve Jobs se va… pero no del todo

    Timothy Cook, director operativo de Apple, pasa a presidente ejecutivo. Tras 14 años manejando la empresa, Jobs da un aparente paso al costado pero deja al vicepresidente, Philip Schiller. Ambas decisiones se aguardaban desde hacía tiempo.
    Por obvias razones de salud, ha llegado el momento de “no poder cumplir mis obligaciones ni expectativas”, señala en una breve comunicación donde consta la renuncia. A los 56 años, en marzo cortó sus vacaciones y apareció en público para presentar otra versión de iPad. Después, asistió a una comida ofrecida por Barack Obama a líderes tecnológicos en Silicon Valley.
    Pero la dimisión solo le llevó un e-mail y una nota formal al directorio. Ahora queda como mayor accionista de Walt Disney Company. Sugestivamente, Jobs señala en la misiva que le gustaría “servir como presidente de junta o empleado de Apple, si el consejo lo estima oportuno”.
    En otras palabras, no se marcha del todo y esto tampoco es una sorpresa. Otro mensaje para tranquilizar a accionistas e inversores sostiene que “los días más brillantes e innovadores restan todavía por venir. Espero contribuir a ese éxito en otras funciones” (à bon entendeur…). En rigor, la trayectoria de esta estrella fue accidentada: ayudó a fundar Apple en 1976, lo despidieron en 1985 y regresó en 1997.
    Jobs posee una fortuna personal de US$ 8.300 millones, según el quincenario Forbes, sobrevivió a un tumor pancreático en 2004 y a un transplante hepático en 2009. Pero, como observa Colin Gillis (BCG Financial), “a no asustarse: Jobs será presidente de junta, Cook presidente ejecutivo y Schiller nexo entre los dos”.