jueves, 15 de enero de 2026

    Nuevos sectores ganadores

    DOSSIER |

    En lo industrial, otros sectores también ligados al consumo interno han ganado dinamismo de la mano de las restricciones a las importaciones, y se han convertido en fuertes receptoras de inversiones. Estos son los desafíos que se plantean para alcanzar un crecimiento sostenible.
    En cada edición de Mercado hay, por lo menos, una radiografía de un mercado vertical. Pero en esta ocasión, el enfoque es diferente. No es la clásica revisión sistemática de sectores que practicamos todos los meses. Es otra visión: detectar los nuevos sectores ganadores. Para ello se contó en este caso con el decisivo aporte de abeceb.com y de su nueva división sectoresonline.com. Este Dossier se concentra en cinco sectores relevantes desde la perspectiva planteada de lograr crecimiento sostenible y buena inserción internacional.

    Dos grupos atractivos

    Potencialidad y sustentabilidad

    El crecimiento sostenido de los últimos ocho años ha alcanzado una tasa de 7,2% promedio anual, impulsando el dinamismo en sectores económicos en los que la Argentina ya presenta un desarrollo consolidado y un sistema productivo arraigado (agroindustria, automotriz, siderurgia, etc.), pero también brindó un marco favorable para el despegue de nuevas actividades.

    Por Horacio Lazarte (*)


    Horacio Lazarte

    Entre ellas se destacan dos grandes grupos de sectores: los relacionados al mercado externo, que pese a la lenta recuperación de la economía mundial hoy se encuentran favorecidos por el empuje de los países emergentes y el incremento en el precio de los commodities; y los que encuentran el dinamismo del consumo interno como motor de crecimiento. Este último grupo se divide a su vez entre los inspirados por nuevas tendencias de consumo y aquellos cuyo empuje se complementó a través de las políticas de resguardo del mercado local –en este caso sectores no tan nuevos–.
    Uno de los interrogantes reside, además de la potencialidad cierta, en la sustentabilidad de su crecimiento en el mediano plazo y el desafío de aprovechar las ventajas del buen escenario internacional, las tendencias de consumo de las generaciones actuales más dinámicas y el apoyo a las industrias de parte de los Gobiernos que, si bien se da con fuerza en nuestro país, no es un aspecto que se limita a nuestras fronteras.
    En este marco, mirando el contexto internacional, los primeros sectores en los que se piensa son aquellos con una potencialidad a partir de ventajas comparativas, produciendo de manera más eficiente que otros países, por lo cual su especialización resulta altamente viable en el mercado internacional. En este grupo se encuentra el sector de biocombustibles.
    En primer lugar, la preocupación de los organismos gubernamentales y multilaterales por una matriz energética más amigable con el medio ambiente y de mayor se­gu­ridad impulsa a los estados a incentivar el consumo de las energías alternativas a los combustibles fósiles, donde los biocomustibles encuentran un alto potencial. En este contexto, la Argentina se inserta con la tercera producción mundial de soja y una industria aceitera competitiva, aunque deberá enfrentar desafíos para consolidar su liderazgo en el mercado mundial.

    Madurez y complementariedad
    Otro sector en el que se piensa es el de minería, aunque su ventaja posee un concepto más absoluto que relativo, ya que el hecho de contar con innumerables recursos no convierte al país en un país minero. Aunque la extracción de estos recursos no es nueva, la explotación eficiente resulta relativamente reciente respecto a países con tradición minera. Si bien naciones más experimentadas pudieron lograr una ventaja comparativa, su especialización generó una alta concentración de su actividad y exportaciones en las economías de menor desarrollo. No obstante, en países de mayor desarrollo relativo la actividad se desenvuelve de manera eficiente y sustentable, siendo complementaria al desarrollo interno. Este último enfoque es el que debe privilegiar nuestro país, aunque primero deberá lograr cierta madurez y superar las posiciones desencontradas actuales.
    Por otro lado, las tendencias actuales nos hacen focalizar en otro grupo con dos tipos de sectores. Aquellos en los que al impulso del mercado interno se le suman los cambios en las tendencias de consumo globales, con la posibilidad de brindar mayor sustento al buen pasar de la coyuntura y de alcanzar un desarrollo interno en el mediano plazo.
    Por un lado, el sector de telecomunicaciones cuenta con un fuerte dinamismo de la demanda favorecida por cambios culturales, entre ellos, la incorporación del teléfono celular como un bien socialmente “necesario”, el recambio tecnológico, la creciente demanda de contenidos online con mayor transmisión de datos.
    Por el otro, el sector de motovehículos se posiciona como uno de los grandes ganadores. Primero por un efecto precio en relación a un automóvil y por el efecto ingreso ante las políticas de mejoras del salario medio, y luego por un efecto contagio, principalmente en el interior, donde las cortas distancias en las zonas urbanas lo transforman en un vehículo eficiente. Si bien estos factores generaron un “boom” del consumo, el potencial resulta aún elevado dado que el proceso de cambio cultural se da de manera gradual con un bajo uso en los grandes centros urbanos.
    Por último, la denominada explosión del consumo fue capitalizada como principal bandera de crecimiento desde una política que apostó al impulso del mercado interno como motor de desarrollo industrial. Esto es complementado con un mercado protegido bajo los argumentos de sectores sensibles, industria naciente, competencia desleal externa y la supuesta invasión de una ola de productos provenientes de mercados excedentes. Dichos argumentos están siendo fuertemente capitalizados por sectores industriales en donde se observa cierto proceso de inversión y sustitución de importaciones de manera heterogénea e incipiente.
    Sin embargo, estas medidas además de beneficios focalizados también incurren en costos para la sociedad en términos impositivos, de relaciones comerciales y hacia el consumidor. El desafío será aprovechar estos beneficios para lograr el despegue en determinados segmentos y consolidar una industria con competitividad genuina.

    (*) Horacio Lazarte es economista de sectoresonline.com.

    Sectoresonline.com

    Por Mariano Lamothe (*)

    Sectoresonline.com responde a la necesidad de acceder a información útil, organizada y de ágil lectura. Refleja la realidad de los sectores de la economía argentina, sus jugadores, escenarios inmediatos y oportunidades.

    La actividad sectorial es el eje fundamental de la estructura productiva y empresarial argentina. Sin embargo, no ha habido hasta el momento un desarrollo suficiente de estudios y estadísticas que permitan un mejor conocimiento sobre las características específicas y la evolución de cada sector, herramienta fundamental para el empresario que necesita diseñar políticas y estrategias para su crecimiento. Para quien busca de manera constante oportunidades comerciales, es esencial detectar cuáles son los sectores donde hacen falta mayores inversiones. Así como también, para aquellos que necesiten entender las particularidades regionales, para generar nuevas condiciones de competitividad que den sustento de largo plazo al crecimiento económico. Para ellos, será importante determinar cuáles son aquellos sectores en los que hace falta invertir, analizar los desafíos existentes al interior de cada una de las actividades y luego desarrollar políticas sectoriales y regionales que se adecuen a las necesidades según cada caso en particular.
    A partir de esto, considerando la escasez de información, y con la intención de satisfacer la necesidad de nuestro mercado objetivo, nace sectoresonline.com, la línea sectorial de abeceb.com. Una propuesta original que brinda acceso a información cualitativa de gran valor, de manera sistemática, sintética y dinámica, presentada con un enfoque multidisciplinario y dedicado a fomentar la interacción en la búsqueda de soluciones.
    Sectoresonline.com monitorea la actividad de más de 40 sectores de la economía, produciendo informes tanto estructurales como coyunturales, y actualizando constantemente más de 50.000 series que registran las variables fundamentales para entender cada sector.
    La nueva línea sectorial le aporta a abeceb.com una ventaja competitiva que radica en la dinámica del manejo de la información, produciendo informes que permiten entender la situación estructural de sectores específicos, y que a su vez siguen de cerca la coyuntura de cada uno de ellos.
    Asimismo, los contactos establecidos con diversas cámaras empresariales y organismos públicos y privados permiten obtener un resultado de mayor envergadura, otorgando la posibilidad de contar con información de alta calidad y que en muchas ocasiones es de difícil acceso, con un elevado grado de profundidad en el análisis cuantitativo y cualitativo, que hace de sectoresonline.com la combinación perfecta para comprender el funcionamiento de cada sector de la economía.

    (*) Mariano Lamothe es economista jefe de abeceb.com

    Biocombustibles

    Cómo se incentivan consumo y producción

    Esta producción energética se ha convertido, en los últimos años, en un segmento de rápido crecimiento, de fuerte interés para el sector público y privado y una fuente de atracción de inversiones a escala mundial. El foco de interés reside en apostar a una diversificación de la matriz energética.

    Además, desde el punto de vista de los organismos públicos nacionales y multinacionales, se busca una mayor seguridad de suministro, y –quizás el más ponderado– una respuesta a los impactos ambientales derivados de la utilización de combustibles fósiles, principalmente de la emisión de monóxido de carbono.
    En este marco, y frente a una demanda energética mundial que crece de la mano de la recuperación de las economías desarrolladas y del fuerte impulso de las economías emergentes, y de una población que insume cada vez más tecnología a través de aparatos eléctricos y electrónicos, cada vez son más los estados nacionales que elaboran políticas para incentivar el consumo y producción de biocombustibles.
    Brasil fue uno de los pioneros en la región, con la implementación del programa Proálcool a mediados de los 70. Pero son varios los países que tienen incorporados programas de corte de naftas y gasoil con biocombustibles, entre los que se destacan Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania y China. Aun así, la producción mundial de biodiésel y etanol en el año 2009, apenas alcanzó 0,5% del consumo mundial de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón).
    A esto se le suma, una coyuntura de elevada liquidez internacional que impulsó la cotización del petróleo crudo a niveles superiores a US$ 90 el barril, lo que genera incentivos para que los países importadores de combustibles fósiles continúen apoyando la producción de energías alternativas, y también ejerce una presión alcista sobre los precios de los combustibles sustitutos, incentivando las inversiones en la nueva tecnología.
    La apuesta es fuerte. Las proyecciones de OECD-FAO hablan de un crecimiento en la producción mundial del etanol de 5,5% promedio anual hasta 2015, y de 6,9% anual para el biodiésel. En el primer mercado, Estados Unidos y Brasil explican más de 75% de la producción mundial, el primero en base al maíz y el segundo por la caña de azúcar. En el segundo mercado, lideran Alemania y Francia con 22% y 17% de la producción mundial de biodiésel respectivamente, ambos con base en aceite de colza.
    Una de las principales dudas que genera la apuesta al biodiésel y el etanol es su impacto sobre el precio de los commodities alimenticios. Ambos se inscriben en lo que se denomina biocombustibles de “primera generación”, que tienen como principal insumo para su producción, cultivos agrícolas también utilizados para consumo humano y alimentación animal.
    Este factor podría imponer un techo a los incentivos gubernamentales y el apoyo de organizaciones multilaterales, desviando en el mediano plazo, más inversiones hacia lo que se denominan los biocombustibles de “segunda generación”, que se producen a partir de materias primas no comestibles (residuos orgánicos, algas, etc.). Sin embargo, dicha tecnología es costosa y todavía se encuentra en desarrollo.

    La potencialidad argentina
    La Argentina se destaca en el mercado internacional como uno de los cinco mayores productores de biodiésel, con 11% de la producción mundial del biocombustible, que produce principalmente sobre la base de aceite de soja.
    Es uno de los complejos oleaginosos más eficientes del mundo, lo que le reporta una importante ventaja comparativa. Desde el punto de vista de los recursos, cuenta con la tercera producción de soja a escala mundial, ubicada a pocos kilómetros de los principales puertos de exportación, donde se encuentran las principales plantas de crushing. La industria aceitera, caracterizada por un importante sesgo exportador, se encuentra liderada por empresas multinacionales, que cuentan con tecnología en planta e infraestructura portuaria propia. Ellas dan cuenta, a su vez, de más de 50% de la capacidad instalada para la producción del biocombustible en el mercado local.
    En sus inicios, la producción de biodiésel se dirigía casi exclusivamente al mercado internacional, orientada mayoritariamente al mercado europeo, en el que España, los Países Bajos e Italia concentraron más de 90% de los envíos. En tanto, en enero de 2010 entró en vigencia el Régimen de Promoción para la Producción y Uso Sustentable de Biocombustibles, que abrió la puerta a un importante mercado interno al establecer el corte obligatorio de 5% del gasoil comercializado en el territorio nacional con biodiésel.
    El régimen le dio mayor participación en el cupo a las empresas independientes en relación con las grandes aceiteras, a fin de incentivar un desarrollo menos concentrado de la actividad. De esta manera, mientras que las empresas independientes participan en un poco más de 40% de la capacidad instalada, concentran casi 70% de la asignación del cupo oficial.
    El porcentaje del corte fue elevado a 7% a mediados de 2010, en medio del conflicto con China en el que se restringieron las ventas de aceite de soja a dicho país. La ampliación del mercado interno tiene la ventaja de reducir la dependencia de la producción nacional en las exportaciones. Más allá del conflicto con el país oriental, gana importancia considerando las presiones de la industria europea para restringir las importaciones del biocombustible y reactivar su actividad que cuenta con una amplia capacidad excedente.
    El dinamismo de la demanda permite proyectar una producción de 2,5 millones de toneladas en 2011, lo que implica un crecimiento de 38% interanual en toneladas y una facturación de US$ 3.000 millones. La potencialidad de crecimiento en la demanda en el mediano plazo radica en la perspectiva de la ampliación del cupo y en la consolidación en el mercado internacional como uno de los mayores productores de biodiésel.
    En esta dirección, son dos los principales desafíos que enfrenta la industria. En el mercado internacional, apuntar hacia una diversificación de mercados de exportación, y en el mercado interno, que continúe la transparencia en la determinación del precio oficial que rige para el corte de 7% del biodiésel, que trastabilló a principios de año con el congelamiento de precios de los combustibles líquidos por parte de la Secretaría de Comercio Interior.

    Menos etanol
    En el caso del etanol, el desarrollo de la industria es más incipiente y no tiene un posicionamiento significativo a escala internacional. Con una producción de 96.000 toneladas en el año 2010, el biocombustible se destina al mercado interno casi en su totalidad.
    El establecimiento del corte de 5% con las naftas implicó un fuerte incentivo al sector, en el que ya hay comprometidas inversiones para alcanzar una capacidad instalada superior a las 550.000 toneladas anuales hacia el año 2015, lo que implica un incremento de 250% respecto a la actual.
    Al igual que en el caso del biodiésel, el Régimen de Promoción para la Producción y Uso Sustentables de Biocombustibles abrió las puertas a un significativo mercado interno, y con un esquema de determinación de precios que cubre los costos de producción más un margen de rentabilidad.
    Inicialmente, las inversiones estuvieron en manos de nueve ingenios azucareros que producen etanol a partir de la melaza, y que hoy cuentan con una capacidad instalada que alcanza unas 220.000 toneladas anuales, que superarían las 290.000 toneladas hacia mediados de 2014. Pero además, a partir de 2010 se adjudicaron cupos a empresas productoras de etanol a partir de maíz, que comenzarían a incorporarse a fin de año y alcanzarían una capacidad de más de 260.000 toneladas anuales hacia principios de 2015.
    En el primer caso, la Argentina cuenta con la ventaja comparativa de tener una producción excedente de azúcar. Si bien en el mediano plazo la producción de azúcar será suficiente para acompañar el crecimiento esperado en la demanda interna y la producción de etanol, será necesario incrementar la superficie implantada a fin de que no se vea ajustado el saldo exportable. En este sentido, hay capacidad de ampliación en las provincias de Tucumán, Salta y Santa Fe.
    En el caso del maíz, también se cuenta con un importante saldo exportable, de aproximadamente 12 millones de toneladas para esta campaña. Esto marca el gran potencial de las inversiones en la producción de este biocombustible, aunque desde el punto de vista energético, la producción de etanol a partir del maíz presenta una menor productividad por área de cultivo y resulta menos eficiente con relación a la energía producida y la demandada para producir tal energía.
    En términos generales, la industria de biocombustibles representa un nuevo segmento de generación de valor agregado que surge de una ventaja comparativa dada por la disponibilidad de recursos alimenticios. En ambos casos, las perspectivas son positivas en el mediano plazo en el marco de un nuevo paradigma que busca la sustitución de combustibles fósiles y que genera políticas de promoción de la producción y el consumo de biocombustibles a escala internacional.
    En el mercado local, facilita el hecho de que la Argentina sea excedente en todos los cultivos, y que no se genere una presión alcista en el precio de los alimentos en el plano local. Esto permite apostar a un régimen de promoción que genera un mercado interno con potencialidad de crecimiento tanto por la dinámica propia de la demanda de combustibles como por la posibilidad de ampliar el porcentaje del corte. En este sentido, será clave preservar la transparencia en la determinación del precio oficial, a fin de continuar motivando las inversiones del sector privado.

     

    La minería

    Una actividad lista para dar el salto

    Si bien es conocida, aunque poco difundida, la existencia de recursos existentes en la cordillera que compartimos con Chile, país netamente minero, resulta oportuno evaluar las potencialidades, oportunidades y desafíos en el marco del crecimiento vivido en el sector en los últimos años, los proyectos existentes y las visiones tajantes en cuanto a la explotación.

    Mucho se habla de la conflictividad vivida en las regiones de explotación como también del carácter antagónico de las posiciones de algunas provincias en cuanto a la explotación o no de la actividad.
    Lo cierto es que aprovechando las ventajas absolutas, la minería en la Argentina puede convertirse en otro sector protagonista en lo que respecta a la explotación de recursos naturales. Esto se relaciona con el sustento de su demanda, además del viento de cola en el que se ve montada la actividad por el “boom” de precios internacionales de la coyuntura actual.
    Los países en vías de desarrollo encabezados por los que cuentan con población de características más dinámicas que los avanzados y los europeos bautizados como grandes emergentes son los que impulsarán el crecimiento mundial en los próximos años, por lo cual sus tasas de crecimiento conjunto se encontrarán en promedio más de cuatro puntos porcentuales por encima de las de los desarrollados. La necesidad de abastecimiento por parte de estos países para enfrentar el crecimiento sustenta la demanda de metales en términos reales, fortaleciendo sus fundamentos.
    A estas tendencias se suman las de un escenario de fortalecimiento de las monedas de los países emergentes frente al dólar. Por un lado, la debilidad de la recuperación de la economía estadounidense y la priorización del Gobierno en cuanto a recuperar el nivel de actividad seguirán generando políticas monetarias laxas, por lo que la tasa de interés permanecerá en niveles bajos, al menos durante el próximo año. Asimismo, las tasas de crecimiento de los emergentes en un contexto de precios de commodities elevados están provocando incrementos de precios internos, por lo que algunos decidieron incrementar sus tasas de interés.
    Estos factores, sumado al hecho de que los metales preciosos reciben un mayor uso como reserva de valor ante el incremento mundial de precios y la debilidad del dólar, impulsaron el crecimiento de los precios de los metales en los últimos años: el oro en dólares se multiplicó en 2,07 veces y en 1,98 en euros en los últimos cuatro años, mientras que la plata lo hizo 2,5 veces en dólares y 2,31 en euros.
    Las mineras entendieron claramente esa coyuntura y luego de finalizada la crisis de 2009, mientras que los precios de los metales recobraron más rápido de lo previsto su tendencia de largo plazo, los presupuestos exploratorios se recuperaron con fuerza. El conjunto de compañías mineras en el mundo incrementó en 45% sus presupuestos exploratorios durante 2010 respecto al año anterior y América latina se encuentra liderando el destino de estos fondos, con una participación de 27% del total, a través de México, Perú, Chile, Brasil y la Argentina. El oro es el principal foco (abarca más de la mitad de dichos presupuestos), seguido por el cobre. Vale destacar que la región viene siendo la más atractiva desde el año 1994 y aparentemente este liderazgo continuará.
    La Argentina, a partir del año pasado, se encuentra en una posición privilegiada pasando a estar entre los 10 países con mayor destino de gastos de exploración. Los 10 primeros países ocupan 69% de los fondos mundiales de las mineras, mientras que la Argentina representa 3% en ese total, desplazando a Sudáfrica (país tradicionalmente minero) al décimo lugar.

    En el plano local
    El sector ha vivido en los últimos años un auge sin precedentes en el país, con un crecimiento del valor de su producción medido en exportaciones de 67% el año pasado. Dicho desempeño resulta comparable con el registrado en 2006, cuando se puso en marcha la ampliación del proyecto Bajo la Alumbrera en la provincia de Catamarca, a lo que se sumó la construcción del proyecto Agua Rica –que demandó una inversión de US$ 1.000 millones–, emprendimientos que contribuyeron a que el PBG de la provincia del noroeste casi se duplicara, marcando un incremento de la actividad minera a precios constantes en torno a 326%. Hasta el año pasado, los anuncios de inversión en el sector presentaron una tasa de incremento promedio anual de 63% desde el año 2004, alcanzando así un nuevo récord en 2010.
    Uno de los factores determinantes para el desarrollo minero en nuestro país fue sin dudas la reforma estructural en el marco regulatorio impulsada por el Banco Mundial a partir de la sanción de la Ley de Inversiones Mineras en 1993, la cual posee un carácter promocional de la actividad, con importantes beneficios tributarios y comerciales.
    Entre ellos se pueden destacar los siguientes. Por un lado, la estabilidad fiscal por 30 años para emprendimientos nuevos o ampliación de los existentes, no pudiendo ver afectada su carga tributaria extendiéndose a los regímenes arancelarios desde el momento del estudio de factibilidad. Por el otro, beneficios en el impuesto a las ganancias como la deducción de 100% para los gastos de prospección y exploración, la amortización acelerada de capital, exención de gravamen para utilidades provenientes de minas y capital social de empresas comprometidas, deducción de 5% del costo de extracción en concepto de previsión especial para subsanar el medio ambiente, avalúo de reservas capitalizables hasta en 50% del patrimonio –con las acciones para la capitalización exentas de impuestos nacionales–.
    Sin embargo el real beneficio diferencial frente a otros países mineros es la reducción de la base de cálculo para las regalías provinciales, a partir del valor neto recibido luego de descontados los costos de producción. Como resultado, hasta 10 años atrás, la Argentina producía 21.000 onzas de oro anuales y hoy posee una capacidad de producción anual casi 100 veces mayor.

    Potencial expansivo
    Frente a este futuro auspicioso en el contexto internacional y al crecimiento de los últimos años en el país, la pregunta es si estamos frente a un sector maduro y, por otro lado, cuál es el potencial de la Argentina para seguir expandiéndose.
    Vale la pena repasar los recursos potenciales a partir de los estudios geológicos y de factibilidad por región, producto de las exploraciones de las empresas existentes.
    Noroeste:
    Se destacan proyectos como Pirquitas, Linderos, Quevar, y las minas en Bajo la Alumbrera y Aguilar. Entre todos los proyectos existentes y estudios de factibilidad según GEMERA, se estiman recursos por 10 millones de onzas de oro y 200 millones de onzas de plata.
    Cuyo:
    Se trata de la región con mayores reservorios de oro. Se estiman 45 millones de onzas para ese metal precioso y 500 millones para el caso de la plata. Las principales minas en la región son Veladero, Gualcamayo y Sierra Pintada, mientras que el proyecto destacado por excelencia es el binacional Pascua-Lama, con reservas de oro de 20 millones de onzas y 650 millones de plata.
    Sur:
    Cuenta con la mayor parte de los proyectos en exploración (36% del total del país). Allí se estiman recursos por 15 millones de onzas de oro y 600 millones de onzas de plata.

    Desafíos próximos
    Teniendo en cuenta las fuertes potencialidades del sector en la Argentina y el empuje del contexto internacional tanto del lado de la demanda real como de los precios, el país deberá enfrentar algunos desafíos en los pró­ximos años. En primer lugar, tratar de evitar posiciones antagónicas respecto a la explotación de la actividad y encontrar una posición consensuada y madura que permita el desarrollo de la actividad en condiciones sustentables.
    Para ello se deberá trabajar en la desestigmatizar al sector, para lo cual se requerirán controles adecuados a partir de las experiencias regionales y adoptando además aquellas de países con tradición minera en la región que viven de la actividad como Chile, Perú o México y de los desarrollados como Canadá, Australia o Sudáfrica.
    Ello demandará elaborar la definición de un marco que permita trabajar con la minería en condiciones de sustentabilidad y no con un país dividido entre provincias pro y anti minería, donde las consecuencias no resulten favorables respecto a la soberanía de las formas de control. Como dato a tener en cuenta, los ingresos por regalías durante 2010 en la provincia de San Juan provenientes de las minas Veladero y Gualcamayo alcanzaron a $97 millones, lo que representó un tercio de los recursos no tributarios de la provincia¹. Considerando la importancia de los recursos en las provincias, la falta de un marco regulatorio consensuado tiende a erosionar la mencionada soberanía al tiempo que genera incertidumbre entre los operadores por lidiar con diferentes criterios según cada una de las jurisdicciones.
    En segundo lugar, la Argentina ya estableció las bases del marco jurídico para la promoción de la actividad. Lo que resta es definir de manera específica las regulaciones, lo que también demanda un sinceramiento de los efectos ambientales que la experiencia minera a cielo abierto produjo en diversos países del mundo.
    En países con tradición minera, las regulaciones de la actividad se dan por parte de los Gobiernos federales o centrales. Allí se establecen especificaciones, lineamientos y límites aplicables a la actividad en materia de tratamiento del agua, del aire, la contaminación de suelos, el cuidado de vidas silvestres y el tratamiento de residuos peligrosos y ruidos. Estos instrumentos otorgan una mayor certidumbre de manera consensuada, asumiendo los costos de los efectos ambientales que produce.

    1- Diario de Cuyo 23/09/2010.

    Telecomunicaciones

    Clave: alta receptividad e innovación permanente

    Se ha destacado dentro de los sectores más dinámicos en los últimos años, no solo dentro de los servicios, sino en la actividad económica en general. Mientras que el Indicador Sintético de Servicios Públicos creció a una tasa anual promedio de 11% entre 2007 y 2011, la telefonía lo ha hecho a un ritmo de 23% promedio anual en el mismo período.

    Las cuatro principales empresas (Telefónica, Telecom, Claro y Nextel) figuran en lo alto del ranking anual de las 1.000 empresas que más facturan en el país (ver Mercado de junio), con ingresos que en 2010 superaron los US$ 11.800 millones y que equivalen a 3% del PBI.
    Si bien en sus inicios, el núcleo del negocio se basó en la prestación de servicios de telefonía fija, hoy presenta un crecimiento tendencial (8% en los primeros cinco meses de 2011), en concordancia con un mercado que ha alcanzado una significativa madurez, al tiempo en que han surgido nuevas tecnologías de comunicaciones.
    Luego, fue la telefonía móvil la que irrumpió con fuerza en el ciclo del negocio, alcanzando también una importante penetración en todos los segmentos socioeconómicos a través de las llamadas y los mensajes de texto. La fuerte inserción se relaciona con que el teléfono celular dejó de ser visto como un bien de lujo para pasar a ser uno de consumo masivo. Como resultado, la cantidad de teléfonos celulares en servicio se cuadruplicó en los últimos siete años, pasando de 13,5 millones de equipos hacia fines de 2004 a 57,9 millones en mayo de 2011.
    Hoy por hoy, es el tráfico de datos el que se posiciona como el futuro en el negocio de las telecomunicaciones. Desde el lado de la telefonía, una de las apuestas es hacia la mayor difusión de los teléfonos inteligentes, y la estrategia apunta a ofrecer paquetes integrales que incluyan la renovación de equipos, mayor disponibilidad de minutos y la posibilidad de conexión permanente a las redes sociales y al correo electrónico, para atraer tanto al público joven como al adulto. La tecnología 3G ofrece, adicionalmente, nuevas oportunidades que van de la mano de la introducción de las tablets y los dispositivos de banda ancha móvil, que presentan un importante potencial de crecimiento.
    Las empresas tradicionales de Internet también se anotan en la promoción de la banda ancha, tanto en su formato móvil (con tecnología 3G) como el tradicional formato de cable, con una estrategia basada en el armado de nuevos paquetes a mayores velocidades para el público residencial, en el que todavía hay potencial para ampliar la inserción en los distintos segmentos socioeconómicos.
    En tanto, en el segmento de grandes empresas y Pyme también se apunta a expandir el servicio de data center (provisión de espacio o cuidado de servidores), redes de datos (por ejemplo, la interconexión entre sucursales para compartir información) o los servicios de valor agregado (contenidos, servicios multimedia, etc.).

    Innovación permanente
    Un factor clave a la hora de entender el dinamismo del sector de telecomunicaciones radica en la permanente innovación tecnológica que se genera a escala mundial sobre los equipos y servicios, y que se unen a un ambiente empresarial local competitivo y a un consumidor que es altamente receptivo visto desde una comparación internacional.
    De acuerdo a un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para las Tecnologías de la Información y la Comunicación, la Argentina se encuentra en tercer puesto dentro del ranking de Desarrollo de las TIC en América, luego de Estados Unidos y Canadá, y liderando dentro de los países latinoamericanos. El buen posicionamiento se explica por las facilidades de acceso y aptitud de la población para el uso de tecnologías, aunque el estudio marca que todavía existe terreno por avanzar en la ampliación de su uso.
    A esto se le suma, la favorable coyuntura económica actual en donde el consumo continúa traccionando, de la mano de aumentos salariales cercanos a 28% en promedio, un mercado laboral que se mantiene estable, y un marco de expectativas de inflación elevadas y de falta de alternativas de inversión que llevan a un adelantamiento del consumo de bienes durables.
    Mirando hacia adelante, el marco regulatorio ha instaurado una serie de desafíos que las empresas de telecomunicaciones deberán tener en cuenta a fin de no perder participación en el mercado. El más próximo es la implementación de la portabilidad numérica hacia inicios de 2012, que en el plano regional ha generado migraciones que alcanzan a 1% de los abonados. Sin embargo, inicialmente el porcentaje podría ser mayor, dado el importante volumen de quejas que se acumula en las oficinas de defensa del consumidor.
    Por otra parte, el Plan Nacional de Telecomunicaciones Argentina Conectada apunta a duplicar la red federal de fibra óptica (73.450 km hacia 2012) con el fin de ampliar la cobertura de individuos, organismos públicos y entidades a quienes actualmente la lógica de mercado no contempla en términos de rentabilidad por cuestiones de ubicación geográfica o situación socioeconómica.
    La meta es llegar a 2015 con más de 10 millones de hogares conectados, duplicando el número de domicilios con acceso a los servicios de telefonía, Internet y video, y con la ampliación del servicio de Internet de banda ancha y de la conectividad inalámbrica 3G/ 4G. A su vez, se complementa con el programa Conectar Igualdad.com.ar, que tiene como objetivo proporcionar computadoras a alumnos y docentes. Con lo cual, con ambas iniciativas se estaría apuntando a incorporar un nuevo segmento de la demanda, que hoy no tiene cobertura.
    La marca Articom de AR_SAT será gestora de infraestructura, equipamiento y servicios de telecomunicaciones, que serán desarrollados junto a empresas privadas, cooperativas y entidades universitarias. En este sentido, el Plan Federal apunta como objetivo a fortalecer la competencia y el ingreso de nuevos operadores, con lo cual plantea un desafío a las empresas hoy líderes en cuanto a la participación que lograrán en este segmento.

    Actividades conexas
    La posibilidad de ampliar el desarrollo económico potenciado por el mundo de las telecomunicaciones también involucra a encadenamientos hacia industrias y servicios conexos. Uno de los casos más patentes ha sido el importante salto que se vio en la fabricación de teléfonos celulares en Tierra del Fuego, que en 2011 muestra un incremento de 250%, alcanzando las 3,4 millones de unidades en el acumulado de los primeros cinco meses. Influyó en el despegue la implementación del “impuesto tecnológico” y de las licencias no automáticas, que brindaron incentivos para la producción y ensamblaje de equipos en la isla, y redireccionó el dinamismo de la demanda de nuevos aparatos hacia la producción nacional.
    Por otra parte, la innovación en conexiones de mayor ancho de banda permiten la utilización de aplicaciones más complejas, y así pueden significar un impulso adicional a la industria de software y servicios informáticos. De acuerdo a CICOMRA (Cámara de Informática y Comunicaciones de la República Argentina) el mercado de informática representó $21.500 millones en 2010, y presentó un crecimiento promedio superior a 23% en los últimos años.
    Las perspectivas para el sector de telecomunicaciones permanecen entonces muy favorables. La demanda continúa mostrando un importante crecimiento en un mercado que se caracteriza por una elevada receptividad frente a un producto que ofrece innovaciones permanentes y que todavía presenta margen en cuanto a la expansión el acceso y el grado de utilización.
    Las tendencias en regulación apuntan a un mercado de prestación de servicios más competitivo por medio de la portabilidad numérica y la expansión de la red de fibra óptica. Esto implica una oportunidad para la inclusión de nuevos jugadores y un desafío para las empresas líderes en cuanto a fortalecer su estrategia de captación de clientes para no perder market share. A su vez, constituye una oportunidad para las industrias anexas, que tienen la posibilidad de consolidarse en el mercado interno, de la mano de la expansión en la cantidad y calidad de conexiones.

    Motos

    Crecimiento sostenido, pero también dirigido

    El sector da muestras positivas y lo hace en todas sus variables. Ventas, producción, inversiones, empleo, nacionalización de partes. Tras un 2010 que culminó con un récord absoluto de ventas de unidades nuevas, el segmento de motovehículos confirma su buen momento en el primer semestre de 2011.

    Las muestras de que era un sector poco explotado habían quedado evidenciadas durante el año 2008, cuando las ventas alcanzaron las más de 460.800 unidades inscriptas, con lo que se logró quebrar un máximo y que significó un crecimiento interanual de 42,5%. La irrupción de la crisis financiera que sacudió a las economías desarrolladas puso dudas en el desempeño de la esfera local y de su capacidad para esquivar el golpe, trasladando esa incertidumbre a las ventas de motovehículos. El año 2009 culminó con una caída en ventas de 20,9%. Así, el despegue definitivo se postergó para 2010 y un nuevo récord de ventas fue fijado: 559.861 motos nuevas en el mercado argentino.
    Las variables que juegan a favor del sector no han cambiado y son las que contribuyeron al logro alcanzado durante el pasado año. Una economía que crece con creación de empleos da seguridad en las fuentes de ingresos y permite así aprovechar la gran disponibilidad de financiamiento para la compra de bienes durables. Con tasas y precios accesibles, el motor de las ventas de motovehículos se ubica en la combinación de salarios que se ajustan en mayor proporción a lo que lo hacen los precios de las motos.
    Como parte fundamental del modelo económico que dirige el Gobierno, las ventas de motos fueron un refugio para los ahorros ante un contexto de inflación y tipo de cambio estable y previsible en el mediano plazo. Sumado al consumo postergado por la crisis, el resultado forjado en 2010 no podía ser menor al finalmente logrado.
    Ese buen desempeño, que se explica en las condiciones económicas que favorecen el consumo, trae aparejado una reconversión de la industria local de motocicletas, que busca ser suministro de ese mercado en auge. Desde enero de 2010 las unidades nacionales inscriptas superan a las importadas, un dato que es consustancial con el crecimiento de la producción/ensamblaje de unidades en territorio nacional. En 2008, del total ofrecido al mercado, 38% era producido en forma local a partir de la importación de motos completas sin ensamblar o de motores. El año pasado, ese porcentaje representó 56,8% de la oferta.
    Es el Ministerio de Industria el que ha tomado la resolución de instar a la industria a acompañar el buen momento del mercado y su objetivo es concreto: lograr que la inserción de piezas y unidades completas importadas se reduzca hasta generar una balanza comercial equilibrada a través del compromiso de las firmas para generar exportaciones o inversiones locales que permitan la integración de motopartes nacionales. El resultado de las medidas adoptadas hasta el momento es notorio: mientras la oferta creció entre 2010 y 2009 en 77%, la producción nacional lo hizo en 91%.

    La potencialidad del sector
    Un indicio claro del futuro del sector lo da el nivel de inversiones que es volcado en el ramo y que es una demostración acabada de las expectativas sobre un mercado al que hay que abastecer por la sencilla razón de que continúa creciendo. Son plantas que se instalan, turnos de producción que se agregan, nuevas líneas de armado que implican la remodelación de las plantas ya en funcionamiento, la incorporación de personal, nuevas oficinas de logística. Todos anuncios que atestiguan el crecimiento de esta industria.
    Con seis meses concluidos, las ventas registradas de motovehículos ya superan las 356.000 unidades y con ellas, la variación interanual supera en 50% lo comercializado en igual período del año pasado. Las proyecciones son dispersas y van desde un conservador cierre del año en 620.000 unidades hasta una ambiciosa igualdad con las ventas de autos esperada para este año, cifra que superaría las 800.000 motos. Un pronóstico mesurado es estimado en un total de 700.000 unidades para el fin de 2011, un nuevo récord con una mejora frente al desempeño logrado en 2010 no menor a 25%.
    La Argentina ha mostrado un profundo cambio en su cultura vial y eso ha favorecido el consumo de motos. Las grandes ciudades con fuertes congestiones de tráfico, el alto costo del transporte público y el uso creciente de las motos como herramienta de trabajo son algunos de los cambios que explican un vuelco favorable para la incorporación de las motos entre los vehículos que hacen al parque nacional.
    La composición de las ventas tiene una fisonomía particular que se dinamiza gracias a la incorporación de nuevos modelos, pero que tiene cuotas bien definidas de participación. Las motos más populares, de no más de 110 cc y denominadas “Cub”, conservan más de 50% de los registros realizados en el primer semestre del año mientras el grupo siguiente, en el que podemos reunir las unidades “Business”, “On/Off” y “Sport”, no solo mejora sus números sino que se presenta como un segmento de migración para el consumidor, un estrato cuya oferta de mayor cilindrada y precio comenzará a absorber la porción “madura” de la demanda.
    Las importaciones que se están realizando y la capacidad técnica de la industria en sí ya incorporan modelos de más de 200 cc para continuar proveyendo este tipo de consumo desde plantas locales.
    Sin afectar los pronósticos, la situación actual expone algunas variantes al escenario que contribuyó al récord del año pasado. Mientras la financiación fue el instrumento preferencial para acceder a una moto –cerca de 60% de la operatoria de los concesionarios–, las ventas actuales muestran un menor uso de esa herramienta por el aumento de los ingresos por sobre el de los precios. La recomposición salarial en un contexto de precios que no crecen a la par permitió que se realicen compras al contado sin necesidad de recurrir a plazos para efectuar compras. Esa realidad ha cambiado levemente en la primera mitad de 2011 ya que, poco a poco, los precios se ajustan y en niveles que asemejan los porcentajes de las paritarias salariales.
    El objetivo manifiesto del Ministerio de Industria de generar una industria local mantiene su vigencia en este semestre. La resolución 45/2011 sancionada en marzo ha puesto a la totalidad de las importaciones de motos bajo el régimen de licencias no automáticas, extendiéndose “certificados de excepción” únicamente a aquellas unidades que ingresan desarmadas para ser ensambladas en el país.
    Esta medida se complementa con el pedido formal del ministerio para lograr un equilibrio en la balanza comercial del sector a través de un control auditado de las importaciones de unidades ya ensambladas (CBU) de las que se autorizaría el ingreso de una por cada dos motos a ser ensambladas en el país (CKD) o una producida con más de 50% de piezas nacionales. De esta manera, la autoridad busca darle un nuevo ímpetu a la industria y una orientación dirigida a la sustitución de motopartes, la formación y desarrollo de motopartistas y la integración efectiva de la cadena de valor.
    Para el logro pleno de ese objetivo se cuenta con un mercado en alza y una demanda próspera y aún no explotada a su máximo nivel. Su desafío será consolidar una industria que progrese en un contexto futuro de madurez de mercado y evitar que las medidas adoptadas para generar una producción local con tendencia a incorporar motopartes nacionales y la gestación de esos proveedores queden circunscriptas a satisfacer un mercado interno. El corolario será alcanzar un grado suficiente de productividad y competitividad que permita insertarse en los mercados regionales con motos producidas en el país. Los instrumentos están disponibles, resta orientarlos a ese logro.

    Sectores protegidos

    Oportunidad con rasgos de una economía cerrada

    Los planetas se alinearon en el universo del denominado “boom” del consumo provocando una especie de “big bang” para los sectores identificados como protegidos subidos a la ola de descuentos y promociones. Electrodomésticos, textiles, indumentaria y calzados se encuentran sumergidos en los beneficios de un mercado en su momento de apogeo.

    El mercado que ha sido impulsado por las políticas de fogoneo que intenta sostener esta variable como principal motor del crecimiento económico. Ante semejante coyuntura resulta pertinente repasar los drivers del crecimiento de los últimos siete años para ilustrar lo mencionado.
    Entre 2003 y 2010, el consumo agregado creció en términos reales en 70% con un crecimiento promedio anual de 6,9% representando 69% del crecimiento acumulado del PBI en el período mencionado. Este proceso fue impulsado por varios factores.
    En principio, el crecimiento del empleo y la masa salarial mediante la mejora del poder adquisitivo, las políticas de subsidios como el congelamiento de tarifas y las asignaciones sociales (jubilaciones y planes sociales), y en mayor medida la carrera salarial de los sectores sindicalizados. Asimismo, el sostenimiento del empleo como prioridad en estas políticas y la caída de las expectativas de perderlo contribuyeron a la propensión de financiar consumo.
    Factores como la recuperación de la confianza del consumidor y una elevada expectativa de inflación en un contexto de dólar controlado y tasas bajas reduciendo las alternativas de ahorro en pesos (por altas expectativas de inflación) o en dólares (por bajas expectativas de devaluación) se agregaron a los anteriores. El efecto en el asalariado fue adelantar consumo, refugiándose en mayor medida en bienes durables y ampliándose en sectores como el de indumentaria estimulada por la aplicación de ventas mediante cuotas sin interés.

    Déficit, sensibilidad y protección
    Mientras la demanda crecía, las luces de emergencia del rojo comercial se encendían. Durante 2008, el déficit comercial de estos sectores se profundizaba llegando a los máximos históricos a la par con el crecimiento del mercado, marcando cierta restricción en la capacidad de abastecerlo y deficiencias de carácter estructural ante la limitación de internalizar el dinamismo de la demanda en un contexto de tipo de cambio elevado. Incluso con la devaluación de 2002, el déficit comercial llegaba a su máximo luego de seis años.
    El rojo del sector textil más confecciones alcanzó en aquel año US$ 1.000 millones, el de calzado US$ 350 millones, el de máquinas y aparatos eléctricos y electrónicos superó los US$ 4.000 millones y el de autopartes US$ 6.000 millones.
    La necesidad de sostener el superávit comercial global y el advenimiento de la crisis internacional no hicieron demorar las reacciones del Gobierno. Ante la amenaza de contracción del mercado local y la invasión de los supuestos excedentes mundiales que se canalizarían en países desprevenidos, el Gobierno implementa las medidas de resguardo comercial en principios focalizadas en estos sectores considerados sensibles.
    A partir del mes de octubre de 2008 la Resolución 330/08 incorpora al régimen de licencias no automáticas mediante la exigencia de certificados de importación 35 posiciones arancelarias del sector textil (a nivel NCM) y al mes siguiente se agregan 68 posiciones. Durante marzo de 2009 se incorporan 58 posiciones de diversos sectores (confecciones, muebles, cubiertos, tornillos, maquinaria agrícola) mediante la Resolución 61/09. A esa altura, el número de posiciones que exigían certificado de importación ascendía a 219. Poco después se fueron incorporando productos durante el resto de 2009 para finalizar ese año con 406 posiciones afectadas.
    En el cierre del año 2009, la caída del déficit comercial de cada sector protegido se contrajo, aunque el efecto de las medidas quedó disuelto con los de la crisis reflejado en un menor nivel de consumo local. Claro está que la peor parte se la llevaron los productos de origen extranjero cuando se priorizaba la producción nacional en un mercado que se achicaba. Como resultado, el déficit comercial en su conjunto para los sectores en cuestión –calzado, maquinaria agrícola, textil e indumentaria, autopartes y materiales y artefactos eléctricos– pasó de US$ 12.884 millones a US$ 8.799 millones mostrando una caída de 32%.
    Sin embargo, el rebote de la economía y el regreso a las tendencias de crecimiento durante 2010 pusieron en evidencia nuevamente las debilidades del saldo comercial que se incrementó en 57% para el conjunto los sectores mencionados, al alcanzar US$ 13.800 millones y superar incluso la marca de 2008 y el superávit comercial global del año pasado (US$ 11.680 millones).
    Este factor puso en duda la efectividad de las medidas ante un mercado que volvía a crecer. No obstante ello, se aplicó el mismo remedio y de manera más rigurosa. En febrero de 2011 mediante las Resoluciones 45/11 y 77/11 se agregaron 170 posiciones al listado de licencias no automáticas, ante la evidencia del crecimiento del déficit y con la intención de resguardar el mercado interno a la producción nacional.
    El beneficio del dinamismo de un mercado con protección se evidenció en el crecimiento de la participación de la producción nacional durante 2010 en algunos sectores como calzados (más de 80%) y electrodomésticos a partir de la instalación de plantas de producción. Estos últimos favorecidos por el régimen promocional de Tierra del Fuego gozando de beneficios diferenciales frente a la competencia tanto de origen extranjero como dentro del territorio continental mediante el denominado “impuestazo” tecnológico. Entre las principales ventajas de la isla, reducción de impuestos internos1, exención del pago de IVA2, al tiempo que se goza de la exención de aranceles de área aduanera especial.
    A partir de los beneficios obtenidos, independientemente de los argumentos de sectores sensibles o eterna industria naciente, la pregunta es cómo aprovecharon las ventajas de la protección y de la promoción industrial.
    En principio, se generó un impulso en la producción de estos sectores. En 2010, la producción de hilados y fibras manufacturados creció en 50% y el sector textil en 15%, la de calzado 10,5% y sembradoras 40%.
    Los efectos en la isla fueron más elocuentes, la producción de LCD se multiplicó por tres en un año, las de aire acondicionado casi por dos y las de teléfonos celulares por más de 12 veces.
    Asimismo, los anuncios de inversión de los sectores electrodomésticos, textil y calzado según la base de abeceb.com se incrementaron durante 2010 en 235% en su conjunto llegando a US$ 289 millones y en la primera mitad de 2011 más que duplicaron el monto total del año anterior. Esto principalmente de parte del rubro en electrodomésticos mediante los anuncios de empresas como LG, TLC, BGH, Carrier, Celistics, Samsumg, Banghó, Mabe, Iatec, Gafa, por mencionar algunas que de­sem­barcan en la isla.
    Sin dudas, los regímenes de protección y promoción trajeron beneficios al sector productor impulsando el crecimiento de la producción local y mayores márgenes para la oferta, pero no se encuentran eximidos de costos. En ese sentido, además del que incurre el sector público ante la menor recaudación por los beneficios mencionados, otra parte del costo la asume el consumidor abonando mayores precios. Esto se da cuando en el mercado existe una demanda en crecimiento y una oferta restringida, ante la imposibilidad de aumentar la capacidad de producción de la noche a la mañana, por lo que el ajuste se da vía precios internos.
    De hecho, midiendo el incremento en dólares en indumentaria y calzado3, el aumento en moneda extranjera alcanza 8,6% promedio anual en los dos últimos años. Si se compara con los precios en EE.UU.4, se verá que se mantuvieron prácticamente constantes. Más allá de las diferencias en la coyuntura, el encarecimiento en dólares de los productos locales atenta contra la competitividad tanto externa como frente a las importaciones y por lo tanto el saldo comercial, intensificando la dependencia de la protección.
    En términos de empleo, argumento de la protección, se generaron entre máquinas y aparatos para el hogar, textil y calzado –en términos netos– unos 3.500 puestos de trabajo formales en todo el país entre el cuarto trimestre de 2009 y 2010 (2.169 de electrodomésticos, 3.400 de textil e indumentaria y una caída de 2.000 puestos en calzado y partes). Si bien la isla generó unos 4.000 puestos en el mismo período, lo hizo a un costo salarial mayor en 75% respecto al total del país ($10.448 frente a $5.954 promedio).
    Dejando de lado los matices, lo que resta es un análisis en términos sociales en cuanto a costos y beneficios de la promoción y protección. Los desafíos recaen en la capitalización de los beneficios mencionados (con sus consecuentes costos asumidos por otros sectores sociales) para el fortalecimiento y la consolidación de determinados segmentos de la industria donde puedan lograrse mejoras de competitividad.
    Así lo hicieron en su momento economías asiáticas que gozaron de un mercado cerrado con la contrapartida (un tanto más exigente) de mejorar su productividad y competitividad. La débil performance en términos de exportaciones en estos sectores brinda señales negativas en ese sentido, como también el crecimiento de los precios en dólares y la continuidad en el deterioro del déficit comercial pese a las protecciones. El peor escenario en términos sociales sería el recuerdo de una época de oro con un beneficio fugaz que se perdió con el tiempo.

    1- En la isla la tasa nominal llega a 6,5% frente a 17% en el continente.
    2- Se factura 21% pero no genera un débito fiscal, mientras que el resto pasó de pagar de 10,5% a 21%.
    3- Tomando índices de precios provinciales.
    4- Bureau Labor Statistics.