Opinión |

Después de la rotunda derrota oficialista en las elecciones de renovación parlamentaria de medio turno, muchos analistas y no pocos ciudadanos, demuestran su hastío por lo pedestre de la discusión política argentina. Por lo insustancial y anecdótico del discurso (del Gobierno y, lamentablemente, también de la oposición).
Pero guste o no, nadie puede sustraerse a su realidad cotidiana, aunque no agrade lo que se ve o se escucha. Más grave en cambio es que las estridencias locales impidan escuchar otras voces más significativas para escudriñar nuestro futuro.
Para la globalización, impulsada como fuerza primaria por las finanzas, la crisis sistémica del sector financiero no deja de ser un retroceso serio. Los Estados de todo signo político han dado un gran paso al frente para montar operativos de rescate tras la fragilidad financiera, por no decir el colapso generalizado del sector.
En pocos años, el nuevo sistema financiero mundial será muy diferente: más pequeño, mucho más regulado, y en gran medida estatal. Cada país ha inyectado dinero en su economía para reactivar el consumo local. ¿Esos aportes se destinarán a pagar las importaciones de otros países y a subsidiar a sus productores? Más bien serán subsidios a las actividades locales. Lo que originará un rebrote virulento de proteccionismo y hasta de xenofobia a la hora de repartir las culpas.
Es evidente que estamos en vísperas de grandes cambios. Si la historia sirve como referencia, cada vez que hubo una crisis grave, un momento de ruptura, apareció algún estallido de creatividad que llevó el rumbo en otra dirección.
Al desempleo masivo, la volatilización de ingentes riquezas, continua perturbación económica, seguirán revoluciones en la producción, organización y suministro de productos y servicios.
Seguramente no será el fin de la globalización ni del capitalismo, pero sí la irrupción de nuevas fuerzas que moldearán el futuro cercano. No hay que ser profeta para augurar cambios de gran significación en el capitalismo que conocíamos. El sector financiero exhibe una nueva humildad, los fundamentalistas del mercado son cosa del pasado, y la intervención estatal campea por doquier. Hay una fragmentación del poder planetario, aunque Estados Unidos –por paradójico que parezca– puede resurgir como un polo poderoso (aunque no ya el único). Todo el sistema productivo, la industria en general, está en proceso de reinvención. La cuestión ambiental no es ya un tema de Greenpeace: es una obsesión de Gobiernos, empresas y ciudadanos. El inmenso avance tecnológico promete nuevas soluciones, y también como obligada contracara, puede causar graves calamidades.
¿Dónde estamos nosotros en este escenario? ¿Preocupados por saber si Scioli controla el Partido Justicialista, si Néstor Kirchner está buscando otra estrategia que le devuelva poder, si Cristina Fernández sabrá sortear escollos durante los dos próximos años?
Seguramente por todo esto, pero también deberíamos preguntarnos cómo será el mundo, la región y por ende el país en el futuro inmediato.
Vale la pena seguir de cerca lo que están haciendo nuevos actores de la escena internacional, entre ellos nuestro vecino y socio Brasil.
Nuevos actores internacionales
¿Alguien sabe dónde está Ekaterimburgo? Es una ciudad fundada en 1723 en los Urales que lleva el nombre de la emperatriz rusa Catalina la Grande, es el centro administrativo de la región Sverdlovskaya, en Rusia.
En ese lugar, en una reunión que mereció más atención de la prensa internacional que la que le dimos nosotros, se reunieron los presidentes del Grupo BRIC –Brasil, Rusia, India y China– el 15 y 16 de junio pasado.
Estas potencias emergentes, estos nuevos actores de la escena internacional, albergan a grandes productores de alimentos y de energía, y a grandes productores industriales y de bienes informáticos.
Lo que fue menos perceptible es que el encuentro transcurrió en simultáneo con la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai. En 1996, a iniciativa de Pekín, quedó constituido un discreto grupo integrado por cinco países eurasiáticos: Rusia, China, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Este “club de los cinco”, como se lo llamó entonces con cierta condescendencia parecía no tener otra función que la de lograr un espacio común de cooperación mutua y de negociación con potencias occidentales. Se multiplicaron los negocios con China, megapolo económico regional en vertiginosa expansión sediento de recursos energéticos que países como Kazajistán disponen en abundancia y sobre todo Rusia. La que además mantiene con Pekín fuertes lazos en materia de equipamiento militar (Rusia es el segundo exportador global de armas y los chinos absorben actualmente 70% de dichas exportaciones). Chinos y rusos fueron convergiendo arrastrando al juego a otros países de la región.
El BRIC se presenta como contrapeso natural al G8. Las cuatro naciones consideran que tienen los elementos para convertirse en motores de la economía mundial en las próximas décadas. Los gobernantes buscan sentar las bases de un mecanismo de diálogo y concertación con perspectivas de largo plazo tendiente a un futuro papel relevante de las cuatro naciones en el escenario global.
Los temas prioritarios son la reforma de las instituciones financieras internacionales y buscar la coordinación que hace falta para luchar contra las consecuencias de la crisis económica y financiera.
Brasil presenta, como uno de sus activos, su papel en el Mercosur, donde su socio, la Argentina, puede tener un rol que jugar en este nuevo alineamiento de poder internacional.
Emergentes: ¿la tabla de salvación para Occidente?
Antes, luego de turbulencias y crisis, Estados Unidos encabezaba los rebotes económicos y bursátiles. Hoy, tres países emergentes –China, Brasil, India– están en vías de desempeñar ese papel, pero no sin condicionamientos.
Aventando temores que datan de meses, esos tres gigantes se aprestan a recobrar –o consolidar posiciones en 2009-10. Así lo admiten una entidad tan ortodoxa como la Organización de Cooperación pro Desarrollo Económico (OCDE, club de 30 países ricos o ya no tanto), el Banco Central Europeo y el Gobierno de Beijing.
Por otra parte, Estados Unidos, la Unión Europea (Eurozona inclusive) y Japón muestran señales de una reacción tan pausada que no impide desplomes.
En lo tocante a China, Brasil e India, seguramente ayudarán a superar la recesión occidental, aunque no alcanzarán para hacer todo el trabajo. Además, el trío presiona ya al grupo de los 20 para forzar una reforma financiera y monetaria en escala global.
Al mismo tiempo, las diferencias entre economías occidentales y emergentes indican que vuelve la teoría del desacople, que postula escasa dependencia de las segundas respecto de las primeras. Como, en 2008, algunos mercados emergentes –no sus economías reales– parecían afectados por la crisis sistémica, varios gurúes salieron a hablar de “reacople”.
Ahora, observan la OCDE y el BCE (que predicaban el acople), “retorna el redesacople”, pues se aceleran los mercados emergentes. Sus productos brutos internos tornan a crecer sin, a menudo, haber sufrido las contracciones de las economías centrales. Un efecto temprano es el rebote de los precios petroleros, que se recobraron de US$ 33 a 37 el barril en febrero a US$ 66/71 en junio.
¿Por qué se dobla el valor de los crudos, si los países centrales continúan en recesión? Por ese desacople, en un marco muy distinto al de crisis anteriores. Merced a paquetes de estímulos como el chino (US$ 590.000 millones) o el estadounidense (US$ 787.000 millones), que varios analistas de Wall Street ya tachan de inflacionarios, la fase dura de la recesión parece tocar piso (salvo en la UE). Pero, nota la entidad con sede en París, “esta recuperación es frágil y desigual, debido a la persistencia del desempleo, la sobrecapacidad instalada y crisis locales en Europa central y oriental”.
Según el informe semestral de la OCDE, el PBI chino puede crecer 7,7% este año y 9,3% en 2010, más de lo estimado por otras fuentes. India tal vez avance 5,9% en 2009 y 7,2% el año siguiente. Brasil, que perdió impulso este año, quizá recobre 4% en 2010. Por el contrario, la economía estadounidense se contraerá 2,8% este año y se expandirá 1% el venidero. Cabe recordar que el informe de diciembre era mucho más pesimista.
Finalmente, desacople
La parte de las 22 mayores economías en desarrollo toca récord, pese a la recesión occidental. Solas, las bolsas chinas –excluyendo Hongkong– pasaron de US$ 1,8 billones en diciembre a 3 billones, marcados justo el empezar julio.
Se trata de las 22 plazas clasificadas como “emergentes” por el indicador de MSCI-Bloomberg, que mide capitalización desde 2003. Específicamente, los mercados chinos propiamente dichos superaron la cota de 3 billones y crecen 66,7% en un semestre.
Estos guarismos revelan una creciente confianza en economías otrora periféricas. En ciertos casos, se reflejan profundos reacomodos en flujos inversores y, como es el caso chino, influyen planes de estímulos sistémicos. Así, el índice MSCI aumentó 35% durante la semana y la capitalización pasa de US$ 5,1 billones (diciembre) a 8,6 billones.
“Todos quieren subirse al tren. Estos mercados prometen utilidades imposibles en occidente”. Esto señala un informe de la inversora londinense Schroeder’s, que maneja una cartera emergente de US$ 11.000 millones. El propio Fondo Monetario Internacional estima la expansión de ese grupo en 1,6% este año y 4% en 2010. Las economías centrales se contraerán 3,8% en 2009 y no crecerán el año siguiente.
Durante el segundo trimestre, fluyeron colocaciones de fondos accionarios por US$ 26.500 millones.

